suben al cielo

Luisa, lo que traigo en el estómago
no son mariposas, mejor dicho,
son hadas fosforescentes
que pronuncian tu nombre
y se queda en mis venas
se evapora en mis átomos
luego suben al cielo, llueven,
caen en la tierra
en forma de palabras
que alguien que encuentra
la sintonía de un amor
también puede saborearlas,
como yo saboreo tu aroma
y extiendo en mis sueños
mi brazo para acariciar tu rostro
como una ola que baila
un tango con la arena
Luisa, aquella vez
que nos tomamos de la mano
sentí que amarnos
iba a ser el mejor regalo
que la vida podría darnos
yo puedo ir por ti al trabajo
para que no regreses sola
y si no
puedo esperarte aquí
en estos labios
que son tus labios
—  El color de los tallos, Quetzal Noah