soy el doctor

Capítulo VI
El día que volviste a la Tierra.

Los huesos me duelen más que el no tener a mi hija a mi lado. En su lugar se encuentra una máquina pesada y grande conectada a mi pectoral izquierdo mediante alambres gruesos. De pronto llega un señor con una bitácora en sus manos. Al llegar a mi cama levanta las cejas y abre los ojos, algo le ha sorprendido.

- Señor Ocampo. Nos alegra que haya despertado. Yo soy el Doctor… -le interrumpo.-

- ¡¿Que ha pasado?! ¡¿Dónde está Celeste?!

- Tiene que calmarse. Como puede ver, ha sufrido un accidente. No se preocupe su hija se encuentra bajo los cuidados necesarios. Está bajo un pequeño coma, pero esperamos que pronto despierte. A decir verdad, nos preocupaba más usted. Hemos estudiado su condición…

- Si, ya lo sé. Mi corazón hace que me recupere pronto. -Nuevamente le interrumpo.-

- Lo sabemos, caballero. Pero ese no es el caso de su hija. Le pedimos, por favor, sea paciente y espere con calma la evolución de su hija. Como le mencionaba, su hija despertara muy pronto.

Desaparece más rápido de lo que puedo levantarme a reventar esos ojos retadores.

Este entorno es desconcertante, no sé en qué habitación está mi hija. Ahora no tengo un radio a lado de mi cama para escuchar qué es lo que está haciendo, como antes de que cumpliera 5 años. Mis recuerdos me toman de la sombra y me sumergen en una grieta que me lleva directo a la casa del diablo. Fue mi culpa. Yo he ocasionado todo esto.

Mi cuerpo está entumecido por todos estos yesos y sedantes que me han inyectado. Mis lagrimales parecen recuperar su humedad poco a poco. La enfermera que me cuida en mi habitación está espantada. Estoy seguro que nunca ha visto unos ojos tan negros como los míos. En combinación con mis gestos faciales mis ojos son idénticos a los de Lucifer. Empiezo a sentir odio hacia mi mismo. Como aquel día que mi madrina falleciera delante de mí sin poder hacer nada. ¿Estare destinado a perderlo todo? Para una persona tan ansiosa como yo, la incertidumbre es su peor enemiga. No recuerdo mucho pero de nadie más sería la culpa sino mía. Mi Celeste, sus ojos están cerrados, sus manos calientes, que anteriormente sostenían un café ahora están heladas sosteniendo la esperanza de seguir viviendo. Sus ojos están cerrados y no luciendo su brillo por todo México. Ella ya no está a mi lado. Le he fallado.

- Su hija se encuentra en el área de pediatría. Está atravesando el Hospital. - Me responde la enfermera después de preguntar por Celeste.-

- ¿Sería tan amable de llevarme ahí?
Lo siento señor. Eso es imposible.
Entiendo. ¿Entonces al menos podría conseguirme algo para leer?

- Claro. ¿Que le gusta leer?

- No se cualquier cosa, lo primero que encuentre.

He conseguido librarme de la enfermera. Ahora tengo que juntar fuerzas para deshacerme de estos yesos y poder ir con mi hija. Como personaje de algún anime japones tengo que acomular pasion al rojo vivo en mis heridas para que estas sanen más rápidamente, no me toma más de 10 segundos. Ahora me concentro en encontrar la habitación de mi hija. Parezco una momia dentro de la película Una noche en el Museo, que en la noches toma vida y camina en los pasillos del Museo. Aún cojeo y me siento débil, aunque a cada paso que doy mi corazón late unos segundos más rápido. Es señal de que me estoy recuperando. Las enfermeras me miran con dudas en sus ojos, se preguntan si deben de hacer algo o si tengo permiso para caminar sobre los pasillos infernales del Hospital. Aquí todo es tan blanco que es imposible que mis ojos no contrasten con tanta facilidad.
Poco segundos después he logrado caminar erecto sin cojear. Me he quitado lo que restaba de mis yesos y le he preguntado a una enfermera del área de pediatría sobre la pequeña Celeste Ocampo. Me ha dicho que está en coma y tiene quemaduras de tercer grado en el 60% de cuerpo. Tan solo imaginarla ha hecho que mi corazón se acelere aún más, recordar las 8 veces que he estado con ella, sin falta, en sus cumpleaños. La primera vez que fue al colegio, cuando aún no sabía hablar del todo y su cuerpo era tan frágil como una rosa, sus ojos tan brillantes como una estrella y su amor tan grande como un planeta.
Sólo hay dos opciones para mi en este momento: mi corazón podría quemarse por tanta rabia dentro de él o podría congelarse al derramar una lágrima de tristeza. En ambas ocasiones yo moriría. Negro: si mi corazón arde no habría nada más, dudo que tengan en este hospital un corazón compatible con mi cuerpo. Rojo: si mi corazón llegase a enfriarse lo suficiente entonces ya no podría soportar las heridas internas que aún permanecen curándose lentamente y entonces moriría. Sólo queda una opción restante; verde: salvar a Celeste.
Voy en camino a su habitación, como en el sueño de cualquier padre: iré a salvar a mi hija. Estoy seguro que de mi cuello sale una larga y roja capa que se extiende hasta mis pies.
Su mejilla izquierda está tapada con gasas que le llegan a la mitad de su pecho.

- Todos tenemos un cierto límite de cosas que podemos hacer en nuestra vida. En mi vida lo único que pude hacer y, que estoy seguro va a trascender, fuiste tú. Consentirte, educarte, protegerte lo mas que pude y por eso mismo estoy seguro que seras alguien excepcional. Te he fallado Celeste. Ni siquiera un corazón como el mío, es capaz de proteger a la persona que más amo en mi vida. Te heredare lo más preciado para mi. Por favor, tomalo como disculpa por todo en lo que te he fallado. Varias veces me he preguntado si realmente eres feliz. Tu sonrisa me engañaba, nunca me di cuenta que te hacía falta tu mamá. Ahora, mi amor, tendrás que ser más fuerte de lo que haz sido estos 8 años. Estarás sola, pero yo te acompañaré y te ayudare en todo lo que pueda. Cuando me extrañes tan solo pon la mano en tu corazón, ahí estaré.

Procedo a poner mi mano en el lado izquierdo de su pecho. Las vendas se queman al contacto con mi mano. La máquina que indica los latidos de su corazón se vuelve loca. Un sonido espantoso envuelve la habitación. De su pequeño pecho sale una luz roja que opaca las lámparas blancas del Hospital. En la pared detonan nuestras sombras. Sus delgados párpados se abren y sus pupilas se queman, toman un color negro profundo. Mi pasión recorre su cuerpo. Las quemaduras de su cuerpo desaparecen poco a poco, su iris se vuelve blanca mostrando su inocencia. Mi piel abandona su color, mis heridas dejan de sanar y un fuerte dolor interno me tumba al suelo.

- Te amo. Celeste.

Su corazón arde, el mio cede.

Signos como frases de dr. House

(Discutiendo con entre doctores sobre un paciente) “Ponle inmunoglobulina a, si mejora gano yo, si muere ganas tu.” Aries


“¿Tienes alguna objeción ética a lo que hago que puedas expresas de un modo que llegue a hacerme pensar que me equivoco aunque no lo admitiré?” Tauro


“Perdona, bostezo porque intento demostrar aburrimiento.“ Géminis


“Si las emociones te hicieran actuar racionalmente, no se llamarían emociones.” Cancer


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anitanitauniverse  asked:

hola otra vez jeje pasaba para hacer un pedido =) creo que sabes que es sobre BTOB jaja XD queria una reaccion de ellos al tu contarles que eres una vampira o vampiresa..? (no se cual seria la correcta manera de decirlo jeje), ya que te da miedo lo que ellos pudieran pensar de ti cuando se enteraran, pero querias decirles porque realmente los amas. esto se me ocurrio mientras veia "the vampires diaries" jeje gracias, saludos =)

Quiero contarte que ésta es la primera vez que escribo algo así, me refiero a genero de vampiros ajajajajaj, espero hacerlo bien, y que te guste. Gracias por tu pedido😘😊.


Eunkwang

Pensaría que se trataba de alguna broma.

“Y yo soy el doctor Jekyll” -Haciendo ruidos de monstruo-

Pero cuando le mostraras que no estabas bromeando, se le borraría de a poco la sonrisa.

“¿C-cómo es posible?… ¿entonces los hombres lobo existen?, ¿y los demás seres fantásticos?”

“¿Y-ya no me quieres?” -Mirándolo triste-

“¡NO!, no digas éso, yo siempre te seguiré amando” -Abrazándote-

Originally posted by pervingonkpop

Minhyuk

No sabría que decir, pensaría que estabas jugando con el, pero al ver que no era así, se quedaría sin palabras.

“¿O-oppa?” -Intentando tocarlo-

Cuando lo tocaras, daría un pequeño salto.

“Y-yo… no sé que decir…pensé que no existían” 

Al notar que tu rostro se tornaba triste, él te abrazaría fuerte.

“No me importa si eres vampira, siempre seguirás siendo tú… el amor de mi vida”

Originally posted by sehundult-ig-blog

Changsub

Se quedaría anonadado. Después de que le mostraras que no jugabas con lo que decías, se quedaría mirándote sin decir nada. Luego de unos minutos de silencio, se acercaría a ti.

“T-tú…eres… ¡INCREÍBLE!” -Abrazándote fuerte-

Para él seguías siendo la misma de siempre, pero, ahora eras más ‘genial’ que antes.

Originally posted by mycutiepiechangsub

Hyunsik

Al igual que Changsub, se quedaría sin habla, no querría decir algo que hiciera ponerte mal, o que reaccionaras mal, pensaba que tal vez, podrías ponerte algo violenta, pero después de ver como te ponías triste, se daría cuenta que seguías siendo tú.

-Acercándose a ti- “No pongas ésa cara” -Acariciando tu rostro- “Sabes que sin importar que, yo siempre te amaré, hasta el día de mi muerte, siempre seras el amor de mi vida” -Abrazándote-

Originally posted by jungilhoon

Peniel

Pensaría que era una broma, pero cuando le mostraras tus colmillos, se asustaría. 

“No tengas miedo, y-yo no te haré daño” -Dando un paso hacía él-

Te sentirías muy triste al ver como había reaccionado, al ver como te ponías mal, Peniel se sentiría muy culpable.

“T/N, perdóname, no pude evitar asustarme, no es por ti, tu sigues siendo tú, sin importar que, tu mirada me lo demuestra” -Sonriéndote- “Perdóname, te amo” -Abrazándote-

Originally posted by jungilhoon

Ilhoon

Se reiría al escuchar la noticia.

-Riendo- “Por favor, no digas cosas absurdas” 

Cuando viera que no era broma, dejaría de reír, y se acercaría a ti.

-Tocando tus colmillos- “¿S-son de verdad?… ¡carajo!, ¿desde cuando?”

Te pediría que le contaras todo, porque seguiría sin poder creerlo.

Originally posted by geokkulo

Sungjae

Se quedaría fascinado por la noticia.

“¡E-es en serio!, ¡¿no estás jugando conmigo?!” -Agarrándote de los hombros-

“Nunca bromearía con algo así” -Abriendo la boca, mientras le mostrabas tus colmillos-

“¡ESTO ES GENIAL!” -Tocando tus colmillos-

No te dejaría en paz, desde que se enterara de que eras una vampira, estaría preguntándote cosas.

“¿Y cómo te convertiste?, ¿tus padres son vampiros?, ¿existe Dracula?, ¿puedes convertirte en murciélago?, ¿me puedes convertir a mi?, ¿te gustaría probar mi sangre?”

Originally posted by infinitblaq

Precioso Regalo (Resubido: Versión Explícita)- Mpreg

Advertencia: lo que se vea así es lo que edité de la versión anterior; o en otras palabras, material gráfico de lo que sería el parto de un hombre.

One shot desde mi punto de vista muy extenso.

———————

-Guillermo…

Susurré, mirando a la persona de espaldas en la cama junto a mí.

-… ¿Guillermo…?

No recibí ninguna respuesta; de seguro debía seguir durmiendo.

Suspiré comenzando lentamente a incorporarme; algo que como muchas otras cosas, se me dificultaba bastante estos últimos meses.

Como pude me senté en el borde de la cama, apoyando mi mano sobre mi muy hinchado abdomen, estremeciéndome ante el frío del ambiente.

-… Mhn… ¿Samuel…?

Me volteé un poco, viendo como Guillermo me miraba somnoliento.

Sonreí al ver como cerraba los ojos, y lentamente volví a tumbarme a su lado, abrazándole con cariño y apegándome a su cuerpo, con mi abdomen junto al suyo.

Me quedé mirándolo, aparentemente estaba a punto de dormirse de nuevo; la verdad es que todavía era muy temprano y conociéndole, no me sorprendería que en cualquier momento cayera dormido.

De pronto le vi sonreír aún sin abrir los ojos y a pesar de saber el motivo, quise preguntarlo.

-¿Qué ocurre?

-Se mueve…- susurró sin dejar su sonrisa.

Efectivamente, nuestra pequeña se movía, y mucho; le daba los buenos días a Willy.

-Te está saludando- murmuré.

Bajó su mano hasta mi vientre, acariciándolo con delicadeza.

-Hola, mi amor- le susurró a nuestra hija.

Empezó a moverse aún más; parecía emocionada, estaba muy inquieta.

-Willy; vamos a dormir- le sugerí.

-Mhnm…- respondió suavemente.

Ya así; cerré mis ojos e intenté dormir junto a él. Por lo menos hasta que una punzada de dolor en mi vientre me sobresaltó.

Hice un esfuerzo por aguantarlo y dormir un poco; pero me fue imposible, puesto que en unos minutos éste se detuvo, para luego intensificarse.

-¿Gui-guillermo?…- llamé, poniendo mi mano sobre la suya, apoyada en mi vientre.

-¿Uhm?…- murmuró.

Mi respiración se agitó un poco y sentí como mi cuello y frente se humedecían levemente por el dolor.

-Ah… ¡Guillermo!- gimoteé, apretando su mano con fuerza- ¡la… la bebé!

-… ¿La bebé…?

Y entonces entendió lo que sucedía, y su reacción fue tan graciosa que de no estar sintiendo tanto dolor, seguramente me hubiera reído.

-¡La bebé!- despertó de golpe, arrojando las sábanas y levantándose de un salto.

Comencé a sentarme, pero una fuerte punzada me lo impidió y me vi obligado a recostarme de nuevo.

-¡Guillermo!- solté un sollozo, poniendo un brazo sobre mi abdomen y cerrando con fuerza los ojos.

-¡Ya voy!, ¡ya voy!- respondió exaltado; mientras buscaba algo desesperadamente por todo el cuarto.

Finalmente encontró lo que tanto buscaba; su móvil.

-Samuel- oí como me llamaba y le miré, él sonreía un poco- ¿estás bien?

Asentí levemente, cerrando de nuevo los ojos y soltando un suave jadeo.

-Bien- dijo tomando el móvil- llamaré al doctor.

Escuché el sonido de las teclas del aparato y luego la voz alterada de Willy, explicando al hombre lo que ocurría.

Un escalofrío me hizo estremecerme completamente, ante la desagradable sensación de agua corriendo entre mis piernas…

-¡Guillermo!- susurré entre dientes; sujetando con fuerza mi abdomen.

Se dirigió hacia mí; levantando las sábanas y mirando entre mis piernas como la cama se encontraba completamente húmeda.

Él afirmó en la conversación que tenía por teléfono; contándole al hombre lo que había sucedido hasta ahora.

-Muy bien, muchas gracias- exclamó.

En ese momento oí que colgó la llamada, al tiempo que se sentaba a mi lado en la cama.

-No te preocupes, ya viene- confirmó suavemente, pasando delicadamente su mano por mi frente.

-Él dijo que no debes quedarte con esa ropa mojada; te puedes enfermar- continuó jalando mis pantalones del pijama.

Fue entonces cuando la primera contracción se hizo presente; haciendo que me doblara un poco y emitiera un largo quejido.

Pasaron aproximadamente treinta minutos eternos; donde Guillermo no dejó de mimarme con caricias amorosas y palabras reconfortantes.

Y es que a cada minuto que pasaba; el dolor no hacía más que intensificarse y hacerse más constante.

Comenzaron a dolerme las caderas y la espalda baja; además de que casi no me podía mover.

-Willy…- llamé fastidiado; esto cada vez se ponía peor.

-¿Qué ocurre, amor?- se apresuró a contestar.

Le dediqué una mirada fiera, y murmuré:

-… Te odio…. y apenas pueda… te juro que te mataré.

Él sonrió antes de tomar mi mano y responder.

-Vamos, yo sé que tú puedes hacerlo.

Quise responder a sus estúpidas frases de apoyo; pero otra contracción me tomó desprevenido, ahogando mis palabras en un grito de dolor; el cual opacó la queja de Guillermo al estar casi cortándole el pulso.

-¡S-samuel!, ¡¿estás bien?!- interrogó preocupado, apenas me pasó el dolor y solté un poco su mano.

Asentí levemente, con los ojos fuertemente cerrados y la respiración descontrolada y errática.

-Gui-llermo- jadeé- tengo miedo…

De pronto se oyó la puerta, cosa que nos sobresaltó a ambos; o mejor dicho a los tres, puesto que ella se agitó conmigo.

Me removí incomodo, al sentir como hacía lo mismo la criatura en mis entrañas; acción que vino acompañada con una increíblemente fuerte contracción. Pude percibir como ella bajaba; su pequeño cuerpo descendía en el mío, en busca de la vida.

-Iré a abrir- mencionó Guillermo; levantándose rápidamente y corriendo hasta la puerta.

Oí como ésta era abierta y cerrada, y los dos pares de pasos de dirigían hacia la habitación.

Escuché que conversaban, pero no logré entender lo que decían. Aunque supongo que eran cosas relacionadas conmigo, puesto que no lo veía sentido a que estuvieran hablando del clima, mientras yo paría en la habitación al final del pasillo.

-Samuel; el doctor está aquí- me dijo el capitán obvio desde el marco de la puerta.

El hombre se aproximó a la cama, y mientras ponía una mano sobre mi brazo, se presentó.

-Buenos días, Samuel- exclamó- soy el doctor Alberto Albino y yo seré quien te ayude a tener a tu bebé, así que rélajate y verás que todo saldrá bien.

Por Dios que deseaba que en verdad fuera así.

-Muy bien, lo primero que debes hacer… ¿supongo que sabrás que es?- preguntó, a lo que negué sin abrir los ojos- primero voy a revisar si estás listo para empujarle. Te pediré que por favor abras las piernas.

Esa petición me avergonzó bastante; pero obviamente hice lo que me dijo, y mucho más cuando sentí otro dolor agudo en mi bajo vientre. Por mi niña haría lo que fuese necesario.

Tras confirmar que estaba listo; se puso sus guantes y procedió a dar la primera orden:

-¡Puja!

Tardé un poco en obedecer, y cuando lo hice sentí aun más agua y probablemente sangre correr entre mis piernas. También pude percibir como la pequeña descendía un poco más.

-¡AH!- me quejé en voz alta; girándome un poco en la cama- ¡GUILLERMO!

Él se apresuró a tomar mi mano; sentándose al lado de la cama.

-Lo haces muy bien, ¡sigue!

Joer… con tantas ordenes “¡puja!”, “¡sigue!”, “¡haz esto!”, “¡haz aquello!”; a ver si un día de estos se ponían a parir ellos y seguían dando tantas órdenes.

-¡Vamos, Samuel!, ¡PUJA!

No tenía idea ya de quien me había dicho eso, pero de igual forma obedecí.

En eso me invadió un dolor diferente en la entrepierna, una presión en mi abdomen bajo junto con una sensación como si me quemara.

-¡ME DUELE!- lloré; apretando con fuerza la mano de Guillermo y oyéndole quejarse.

-¡Bien, Samuel!, ¡le veo!; ¡sigue, puja!- me animó el mayor.

Hice caso a su orden y pude sentirla aún más abajo que antes, hasta que por fin apareció su cabecita pelinegra.

-Aquí estás…- murmuró más para él que para nosotros- ¡Guillermo, ven a ver esto!

Entreabrí por primera vez los ojos; viendo como Guillermo se levantaba, asomándose un poco sobre mí y dirigiendo su vista hacia la parte baja de mi cuerpo.

Maldecía no haber tenido la oportunidad de grabar su expresión, la cual fue invaluable: adoptó una mueca de impresión demasiado graciosa, poniéndose tan pálido que creí haberle visto ya desmayado en el suelo.

Regresó su mirada hacia mí; sentándose a mi lado de nuevo y viéndome fijamente con los ojos muy abiertos.

Conseguí reírme un poco en medio del dolor por su reacción; lo que logró hacer que él lo hiciera también, sin recuperar aún su color.

-Le vi…- musitó algo sorprendido al parecer.

-Muy bien, Samuel; vas perfecto- me felicitó- ahora sólo tienes que ayudarle a sacar los hombros y verás como lo demás lo hará por su cuenta.

Quise confiar en sus palabras, así que comencé de nuevo con mi recién interrumpida faena.

-Tú puedes, amor- oí como me animaba Guillermo, apretando suavemente mi mano.

-Ya casi…- masculló, tomando entre sus manos la cabeza de la criatura y jalándola con cuidado; lo cual se me hizo muy incómodo pero ayudó bastante.

-¡Ah!- exclamé al sentir como un poco de presión se liberaba.

-¡Ya casi está, Samuel!; sólo un poco más y podréis conocer a vuestro milagro- exclamó emocionado.

Obedeciendo a su orden; empujé con fuerza, decidido a traer de una vez por todas a nuestra pequeña. Estreché con desesperación la mano de Guillermo, incluso creí por un momento habérsela torcido.

Me arqueé un poco en el último esfuerzo; sintiéndome desfallecer y caer en la cama al notar como ella abandonaba mi cuerpo.

-¡A-ah!- solté un sollozo al tiempo que cerraba los ojos; perdiendo todas mis fuerzas y dejándome caer totalmente exhausto en el colchón.

Siete horas y media de labor no eran un chiste.

Este era otro punto para añadir a mi lista de “Cosas que ni loco volveré a hacer mientras viva”: embarazarme.

Si alguna vez Guillermo volvía a llegar con la estupidez de “tengamos un hijo”, ya tenía claro quien iba terminar pariendo.

Y empezó a llorar. La oí gritando con fuerza, dándose por primera vez el lujo de respirar.

-¡Muy bien!; ¡lo lograste, sabía que lo harías!- gritó Guillermo eufórico.

-¡Felicidades!

Sí, sí; denme un premio.

-Guillermo- escuché al hombre llamando a mi pareja, el cual volvió su vista rápidamente hacia él- ¿podrías pasarme esa manta blanca?

Miré hacia abajo; alcanzando a ver entre lo borroso de mi visión como Guillermo le entregaba la manta y él la envolvía en esta, cortándole después el cordón para llevarla hasta una báscula al lado de la cama, donde mi pareja le siguió para verla.

-¡Pero que grande eres!,- dijo, mirando impresionado a la cría- supongo que pesarás unos cuatro kilos.

Con razón me había costado tanto traerla…

-Samuel…

Dirigí mi vista hacia arriba, encontrándome con un muy sonriente Guillermo.

Se acercó a mí; tomando mi mano y arrodillándose al lado de la cama.

-¿Cómo estás?

A pesar de estar agotado y adolorido, me limité a sonreír como respuesta.

-Ella… ¿cómo está ella?…- pregunté preocupado.

Miró al otro extremo de la habitación; donde un hombre examinaba exhaustivamente a la criatura que no hacía más que llorar.

-A juzgar por como grita- rió- me parece que bien.

El hombre de mayor edad por fin se aproximó a nosotros con la cría en los brazos.

-Felicidades,- exclamó sonriendo discretamente- es una niña preciosa; y con unos muy buenos pulmones.

Mencionó lo último con una suave risa y me entregó con suma delicadeza a la pequeña.

-Bueno, jóvenes. De nuevo, muchas felicidades, fue un placer- dijo antes de retirarse.

Regresé mi vista hacia ella: estaba arremolinada en la misma sábana en que la habían envuelto para que el frío no le hiciera daño inmediatamente nació.

Era hermosa; y no lo decía porque fuera mía, sino porque de verdad era hermosa.

Además se parecía mucho a mí.

-Hola, amor- susurró Willy, inclinándose sobre mí para verla bien.

Pareció tranquilizarse un poco al oírle, y con los ojos buscó la voz de Guillermo.

-Aquí estoy, mi vida- habló suavemente, situándose para que le viera bien.

Se la entregué a él; y fue cuando se calmó completamente, mirándole fijamente y aferrándose a su camiseta.

-Bienvenida; mi precioso regalo- susurró con dulzura.

———————-

Voy a morir

Lo prometido es deuda; y vaya deuda :vv

Es la primera vez que escribo algo así de gráfico :vvvvvvv

No se imaginan cuanto me costó escribirlo :v, cada vez que iba a poner algo TAN explícito, literalmente cerraba los ojos :V

*Si hay heridos, echenle la culpa a suicide-morphine, ella me tentó :v*

No es verdad; la culpa es toda mía por escribirlo

GTA V ONLINE: MI CUMPLEAÑOS!

Minuto 8:19

V: Subimos
W: Subo atras, subo atras, como un crack, vamoos!
V: Sube sube como si hicieses de… se que en esta parte se le ocurre la magnifica idea madre mia vamos a jugar a los medicos, por mi cumpleaños willy
W: Genial, vamos!
V: Yo soy el doctor y tu el enfermo, ¡Uf!

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TIENEN QUE DECIRME QUE NO FUI EL UNICO QUE LO MAL PENSO!

Por el único motivo por el cual estudiaría algo como medicina, sería porque podría hacer que las personas se quitaran la ropa y me hicieran caso. No importa si llegan con un dolor de cabeza o con un dedo cortado, yo de seguro les haría quitar la ropa, y no podrían decir nada porque yo soy el doctor.
Dr. De Luque : El hermano de Sebastian.
  • <p> <b></b> “¡Ayúdame Samu!” Fue lo último que escuché salir de sus labios blancos y quebrados, la enfermedad había acabado con él y yo no había podido hacer nada para ayudarlo, la impotencia y las ganas de patear cada pared que se me presentaba me inundaban el cuerpo de una forma que nunca había sentido. Desde ese día me prometí ayudar a cada persona que tuviera la enfermedad que Santiago tuvo, esa enfermedad que lo arrebató de mi lado dejándome sin nada en la vida, con un hoyo en el corazón más grande que mis ganas de vivir, pero por ello decidí estudiar oncología, poder ayudar a las personas que pasan por lo mismo que Santiago pasó, pero que haya un final completamente distinto es lo que yo busco y eso espero lograr.<p/><b></b> —Doctor De Luque, lo buscan en el área infantil— Me dijo una de las enfermeras mientras yo revisaba los registros junto a la puerta de la cual había salido<p/><b></b> — ¿No hay doctor en turno? — Le pregunté, normalmente me llaman a esa área cuando no hay doctor en turno y algún niño que se accidentó y necesita que suture o pongan un yeso llega al lugar.<p/><b></b> —No doctor, esto es algo de su área, lo llamaron directamente a usted así que creo que es alguno de sus mini pacientes— “Mini pacientes” así llamaba a los niños con algún tipo de cáncer a los cuales trataba, las enfermeras me dan el hilo alguna veces.<p/><b></b> — ¡Oh¡ Muy bien, voy allá enseguida— Me moví solo un poco por el escritorio y quedé frente a frente con otra de las enfermeras — ¿Me pedirías algo de comer a la cafetería Matty? — Matty es una de las enfermeras que tienen más tiempo en el hospital, es una delicia de persona, es como mi madre del hospital.<p/><b></b> — No jovencito, usted baja a comer que la vida sedentaria no es buena— Tomó el folder de mis manos y lo puso en una de las gavetas. — ¡A curar personas se ha dicho! — Solo con la mirada que me dio pude sentir ese regaño maternal, le lancé un beso y me dirigí al área infantil del hospital, todo se me hace muy extraño, normalmente mis mini pacientes eran atendidos en el área de oncología, donde yo estaba, que me hayan llamado para acá no me suena muy bien, antes de cruzar la puerta al área infantil se escuchó una voz robótica diciendo “Doctor De Luque, se le solicita en el área infantil, paciente enlistado”, crucé la puerta y me encontré a Samantha, la única de las enfermeras que se atrevía a llamarme Samuel.<p/><b></b> —Hasta que te presentas Samuel, tengo a uno de tus pacientes en el cuarto 009— Me apuntó a una de las puertas que, como normalmente, estaba abierta —Toma. — Me tendió un vaso de agua.<p/><b></b> —No tengo sed, Sam, gracias— Me miró y se rió.<p/><b></b> —Si no es para ti, es para la madre del chico, estaba algo alterada hace un rato, creo que hasta lo sigue hacia el baño. — Tomé el vaso que me tendió.<p/><b></b> — Es normal, saben que están perdiendo a un ser amado. — caminé hacia la habitación y me encontré con un chico recostado en la cama, de aproximadamente veintidós años, piel blanca, ojos pequeños, iba en vaqueros y una camiseta roja algo desgastada, estaba concentrado en su teléfono y parecía ignorar mi presencia; me aclaré la garganta y dije. — ¿No estás un poco grande para esta área? — Dejé el vaso en la mesa junto a la puerta. Levantó la mirada de su pantalla hacia mí y me sonrió, tenía una nariz pequeña y una sonrisa muy linda, se levantó de la cama y caminó hacia mí.<p/><b></b> — No soy yo el que está aquí, es mi hermanito, solo estoy acompañándolo a él y a mamá. — Levantó su mano frente a mí y dijo. — Guillermo Díaz. — Podía ver como volvía a sonreír de manera vacilona. — ¿Eres el doctor? — Observé su mano un momento y después levanté la mía para estrecharlas.<p/><b></b> — Efectivamente, soy el doctor Samuel De Luque. — Del pequeño baño de la habitación salió Sebastián, o Sebas, uno de mis mini pacientes, el cual tenía un tumor cerebral por desgracia maligno, lo he estado tratando desde hace casi un año, pero nunca supe que tenía un hermano.<p/><b></b> — ¡Doctor! — fue a darme un abrazo y yo se lo acepté con mucho gusto.<p/><b></b> — Hola Sebas, has venido a visitarme. — Me sonrió y apuntó a su madre.<p/><b></b> — Mamá me ha traído. — La madre de Sebastián me miró preocupada.<p/><b></b> — Muy bien, pues si mamá te ha traído entonces debo hablar con mamá. — La mujer salió de la recamara y yo fui detrás de ella. — No destrocéis la habitación. — Dije antes de salir, Sebastián levantó una mano como diciendo “lo prometo” y yo salí cerrando la puerta. Observé a la mujer que parecía haber envejecido quince años desde que la conocí hace unos meses.<p/><b></b> — Hoy olvidó como atar sus zapatos. — Fue lo primero que me dijo. — Olvidó como tomar la cuchara ayer y hace tres días que tengo que ayudarle a cambiarse. — Sus ojos estaban a punto de explotar si no sacaba esas lágrimas. — No me molesta, Dios, claro que no, pero tengo mucho miedo, no sé qué hacer y por eso lo he traído hoy, dime que puedes hacer algo — La miré con un poco de pena.<p/><b></b> — Todo lo que puedo hacer ya lo estoy haciendo, créame que desearía poder hacer más, pero lo que está pasando es inevitable, Sebas debe pasar por estos retos para luchar por su vida, y el apoyo que usted le brinda es indispensable, es lo mejor que puede hacer por él, ayudarlo en lo que empiece a dificultársele — La mujer soltó las lágrimas que estaba conteniendo.<p/><b></b> — Entonces, ¿hoy no se puede hacer nada? — Me preguntó aun con un poco de esperanza de que yo pudiera hacer algo contra lo que estaba comenzando a pasar.<p/><b></b> — Le haré una resonancia magnética para revisar la evolución que ha tenido el tumor como para comenzar a dar estos avisos, lo dejaré internado aquí para practicársela mañana antes de que pida desayuno. — Le sonreí en manera de apoyo. — Vamos adentro a comunicárselo al mini paciente. — Limpió los restos de lágrimas de sus mejillas y entró detrás de mí a la habitación. — Bueno Sebas, Sebas, Sebas, me han dicho que has tenido un poco de problemas con los listones de los zapatos. — Me miró atento y me mostró los zapatos.<p/><b></b> — Si, Guille tuvo que atarlos por mí, mis manos están algo torpes. — Apuntó a su hermano, el cual estaba parado junto a su madre.<p/><b></b> — Bueno, algunas veces uno debe arriesgarse a los actos peligrosos. — Sebas rió como si aquello hubiera sido realmente muy gracioso.<p/><b></b> — ¿Verdad que mi hermano es genial, Samuel? — Le sonreí.<p/><b></b> — Bueno, eso ya lo veremos. Por lo tanto jovencito, le aviso que pasará la noche aquí y tendrá una ligera visita a la sala de resonancias por la mañana. — Sebastián había pasado por esto tantas veces que solo asintió.<p/><b></b> — Bueno pero, ¿podría decirle a mamá que puede irse a casa? Sé que anoche no durmió muy bien y se le nota muy cansada. — La mujer se puso un poco roja.<p/><b></b> — Yo voy a quedarme aquí contigo Sebastián. — le comunicó al pequeño. — Mamá, lo que dice Sebastián en verdad, no has dormido bien, yo voy a quedarme aquí acompañando al enano, mientras tú vas a ir a descansar a casa. — Le señaló.<p/><b></b> — No es necesario Guille. — Este la miró con un poco de superioridad.<p/><b></b> — Si no te estoy preguntando, te estoy avisando. Toma tu bolsa y quiero que vayas a descansar, yo me quedaré aquí, además, el doctor está aquí y en mejores manos no lo podrías dejar.<p/><b></b> — Guille…— No la dejó terminar y le dio un gran abrazo.<p/><b></b> — Te queremos, mamá, por favor ve a descansar. — La mujer observó a Sebastián y luego a mí, se acercó al pequeño y le dio un beso en la frente.<p/><b></b> — Volveré mañana por la mañana para ver cómo fue esa visita a la sala de resonancias— el niño asintió.<p/><b></b> — No habrá mucho que contar, pero te veo mañana mami. — La mujer se acercó al mayor de sus hijos y le dio un beso en la mejilla.<p/><b></b> — Gracias Guille… por todo— Este le sonrió y le devolvió el beso.<p/><b></b> — Eso está de más decirlo, mamá. — Se sonrieron por última vez y la mujer se fue.<p/><b></b> — Bueno, ordenaré que te traigan la play y algo de cenar. — Tomé el teléfono del cuarto y le pedí a Samantha que me llevara una bandeja de comida y la consola. Tuvimos que esperar un rato pero al fin llegó.<p/><b></b> — Bueno Samuel, a la próxima me avisas que quieres una consola de juegos en cada habitación ¿vale? — Me preguntó sarcástica pero algo divertida.<p/><b></b> — Muy bien Sam, yo te aviso. — me dio un pequeño golpe en el brazo y salió. — Creo que yo también iré a comer— les avisé.<p/><b></b> — Mi hermano aun no come, ¿podría ir con usted? — Me preguntó Sebastián.<p/><b></b> — Bueno pero que ganas de correrme. — reclamó Guillermo.<p/><b></b> — Es que tú no me dejarás la consola, Guille, además es cierto que no comiste. — Ambos nos reímos.<p/><b></b> —Oh no, yo no permito eso en mi turno, ¡vamos a comer! — le dije, me sonrió.<p/><b></b> — Ahora vuelvo, enano. — le dijo a Sebastián y este solo asintió con una sonrisa de oreja a oreja.<p/><b></b> Salimos de la habitación caminando al mismo paso, fui directamente hacia Samantha. —Iré a comer Sam, si me necesitas para algo ya sabes dónde encontrarme. — Le guiñé un ojo porque sabía que se molestaría, y efectivamente lo hizo<p/><b></b> —Veamos, te lo diré de nuevo Samuel yo-no-soy-tu-secretaria espero que ahora si se te grabe. — Sonreí<p/><b></b> —Está bien, está bien, iré a comer. — Me alejé de su sitio con Guillermo a mi lado. — ¡Me avisas si se necesita algo! — Y prácticamente corrí, cuando estaba en el ascensor podía escuchar una risa ahogada detrás de mi<p/><b></b> —Nunca imaginé que así se llevaran las personas en los hospitales. — Decía un Guillermo con los ojos más pequeños que antes y las mejillas ligeramente rojas, el verlo así me hizo reír más a mí.<p/><b></b> —Buscamos un poco de diversión entre toda la presión que el hospital te carga, si no fuera así, perderíamos la cabeza y pasaríamos a ser un paciente mas.-Le expliqué tratando de contener mi risa. Llegamos a la cafetería y me acerqué a la barra. — Hola Mery. — Saludé a la mujer que me ha alimentado más veces de las que me alimenté en casa.<p/><b></b> —Hola doctor De Luque, ¿mucho trabajo el día de hoy? — Me preguntó con esa sonrisa que siempre está en su rostro<p/><b></b> —Y cuándo no, Mery. — Soltó una de esas risas que te hacen sentir en confianza. — ¿Me das una ensaladita con pollito? — Me tendió una bandeja rápidamente.<p/><b></b> —Ya la tenía lista para ti, corazón. — Tomé la bandeja.<p/><b></b> —Como te adoro, Mery. — Le lancé un beso. Entonces recordé al chico que venía conmigo. — ¿Oh, también podrías darme una para mi amigo? — Volteé a ver a Guillermo. — ¿Quieres Guillermo? — Él solo me observaba.<p/><b></b> —No gracias, yo… no me gustan las verduras. — Confesó. Vale que a mí tampoco es que sea mi alimento favorito pero sé que hay que comerlas. Noté como Mery le sonrió muy tierno y sacó un plato con frutas diferentes.<p/><b></b> — ¿Las frutas si te gustan, cariño? — Guillermo asintió como cuando le ofreces una paleta a un niño pequeño. Tomó el plato que Mery le tendió y le dio las gracias, caminó junto a mi hacia una de las mesas y nos sentamos.<p/><b></b> —Así que no te gustan las verduras. — Lo dije más como una afirmación ya que si fuera pregunta ya sabía la respuesta.<p/><b></b> —Ajam, tienen un sabor asqueroso. En cambio las frutas son tan dulces, jugosas y ricas. — Noté que separaba las fresas de las otras frutas.<p/><b></b> —¿Y no te gustan las fresas? — Le pregunté señalando su plato<p/><b></b> —De hecho, son mis favoritas ¡Pim pam fresitas! —La risa que se acumuló en mi garganta fue tan grande y sonora que cuando logró escapar los otros doctores y familiares de pacientes que se encontraban en la cafetería me observaron. — Oh, pero que risa macho. — Se rio. Mi risa es aguada, pero no me reía así desde que Santiago vivía conmigo, cuando aún podía escucharlo. —<p/><b></b> ----------------.-------<p/><b>Espero que les guste, para continuarlo digo, espero opiniones :</b> 3 👌😍✌💙💚 en wattpad estoy como "proyectowigetta" por di dudas, ciai vioa<p/></p>