sosten

No eres la talla de tu sostén, ni eres la anchura de tu cintura. No eres el color de tu cabello, de tu piel, ni el color de tu lápiz labial. No te defines por la cantidad de hombres y mujeres a las que les llamas la atención. No eres la foto de perfil que tienes, ni los me gustas que puedes obtener. No eres ese diminuto vestido rojo, ni la camiseta que muestra tu ombligo. No eres el piercing ni los años que puedas tener. Eres las cosas por las que sonríes, las palabras que dices. Los pensamientos y sentimientos que tienes. Eres hermosa, no por la forma de tu cuerpo sino por la cualidad de persona que eres.

No sabés cuanto me gustaría
verte al lado mío cada mañana,
no te imaginás lo perfecto que
sería para mí, poder besar
tu boca cada vez que lo necesite.
Como me gustaría poder ver
tu sonrisa cada tarde, mientras
tomamos café y vemos tu serie
o película favorita.
Me encantaría leerte mis textos
preferidos, y cantar con vos esas
canciones que me hacen sentir en
el cielo, al igual que tus abrazos.
Me gustaría sostener tu mano
cuando tengas miedo, besar cada
rinconcito de tu cuerpo y acariciarte
el pelo para que te duermas en mi pecho.
Me encantaría escucharte tararear
por las mañanas esas canciones que
siempre escuchas en la ducha.
Me encantaría ser la persona que más
te conoce y la que te ama más que nadie.
Me encantaría que vos también me ames,
que sepas todo de mí y yo todo
de vos.
Que nos amemos por esa
misma razón. Por esas razones.

No te voy a pedir que me des un beso. Ni que me pidas perdón cuando creo que lo has hecho mal o que estés equivocado. Tampoco voy a pedirte que me abraces cuando más lo necesito, o que me invites a cenar el día de nuestro aniversario. No voy a pedirte que dejes todo por mí, o que nos vayamos a recorrer el mundo, a vivir nuestras experiencias, y mucho menos te voy a pedir que me tomes de la mano cuando estemos en el centro de esa ciudad. No te voy a pedir que me digas lo guapa que voy, aunque sea mentira, ni que me escribas bonito. Tampoco te voy a pedir que me llames para contarme como estuvo tu día, ni que me digas que me echas de menos. No voy a pedirte que nos veamos, ni que te rías de mis tonterías. No voy a pedirte que te quedes conmigo y te hagas el tonto cuando mis ánimos están por los suelos, y por supuesto, no te voy a pedir que me apoyes en mis decisiones. Tampoco te voy a pedir que me escuches cuando tengo mil historias que contarte. No te voy a pedir que hagas nada, ni siquiera que te quedes a mi lado para siempre.

Porque si tengo que pedírtelo, ya no lo quiero.

Tranquila ¿si? Sé que estás cansada de sentirte así, de que das lo mejor de ti y todo va peor, hey, calma, te quiero, estoy aquí para ti, tal vez no puedo resolver el problema, (que ojalá pudiera) pero puedo sostener tu mano y ayudarte a levantar.
—  Ross.