sosten

No eres la talla de tu sostén, ni eres la anchura de tu cintura. No eres el color de tu cabello, de tu piel, ni el color de tu lápiz labial. No te defines por la cantidad de hombres y mujeres a las que les llamas la atención. No eres la foto de perfil que tienes, ni los me gustas que puedes obtener. No eres ese diminuto vestido rojo, ni la camiseta que muestra tu ombligo. No eres el piercing ni los años que puedas tener. Eres las cosas por las que sonríes, las palabras que dices. Los pensamientos y sentimientos que tienes. Eres hermosa, no por la forma de tu cuerpo sino por la cualidad de persona que eres.

No te voy a pedir que me des un beso. Ni que me pidas perdón cuando creo que lo has hecho mal o que estés equivocado. Tampoco voy a pedirte que me abraces cuando más lo necesito, o que me invites a cenar el día de nuestro aniversario. No voy a pedirte que dejes todo por mí, o que nos vayamos a recorrer el mundo, a vivir nuestras experiencias, y mucho menos te voy a pedir que me tomes de la mano cuando estemos en el centro de esa ciudad. No te voy a pedir que me digas lo guapa que voy, aunque sea mentira, ni que me escribas bonito. Tampoco te voy a pedir que me llames para contarme como estuvo tu día, ni que me digas que me echas de menos. No voy a pedirte que nos veamos, ni que te rías de mis tonterías. No voy a pedirte que te quedes conmigo y te hagas el tonto cuando mis ánimos están por los suelos, y por supuesto, no te voy a pedir que me apoyes en mis decisiones. Tampoco te voy a pedir que me escuches cuando tengo mil historias que contarte. No te voy a pedir que hagas nada, ni siquiera que te quedes a mi lado para siempre.

Porque si tengo que pedírtelo, ya no lo quiero.