Sé que debería dejar de escribirte o de extrañarte. Sé que tú ya diste vuelta la página y ya ni piensas en mi como antes…
—  Pero yo aún sigo enganchada de ti. (Que patética)
Alguien que trata de esconderse de si mismo, dentro de él mismo. Se desmorona..
—  Audioslave - Be Yourself
Odiaba esa boca. Sus curvas, aquellos dientes alineados, su estocada letal al tiempo cuando lo congelaba. Odiaba aquel cuello, los hombros y el torso firme y altivo. Odiaba sus caderas, sus muslos y sus pantorrillas. Sus brazos, sus manos, sus pies y sus dedos. Aquellas uñas esmaltadas. Las odiaba todas. Odiaba aquel recuerdo, la máscara de lo inconsciente, lo que me hacía actuar de manera disoluta cada vez que la soñaba. La odiaba a ella, quizá porque era mi manera de quererla. Odiándola. Para que no me doliese luego cuando se fuera. Para que al irse me llevara consigo. Para que no se le ocurriera volver sin intenciones de quedarse para siempre. La odiaba sin temor ni mesura, sin más ardor que el frío de un te quiero apagado. La odiaba porque seguro que me odiaba a mí mismo tanto como para no admitir que por ella hubiese entregado hasta la vida. La odié entonces, porque viví por ella y me olvidé del resto. De aquello que realmente me mantenía vivo. La odié por llegar, no por hacerme olvidar de todo. La odié por existir luego de haber agradecido que lo hiciera. Y la odié de nuevo. Su boca injusta, sus ojos que nunca me miraban. Sus hombros y sus muñecas, las costillas que se insinuaban bajo su piel desnuda. Sus pretextos y razones, su maldita forma de celarme, de mantenerme aguardando un algo que nunca llegaba. De hacerme oír la lluvia en mitad de un desierto. De decirme que iba a quedarse y de no aparecer al día siguiente. Ese abrir y cerrar de ojos. El sí y el no escritos en una misma línea. La odiaba a ella. Su vida y la mía. El que no hubiésemos sucedido nunca.
—  Heber Snc Nur

Primero: te fuiste

y no consigo conciliar el sueño.

Todo es insomnio.

Segundo: te pienso

y por las tardes lloro.

Todo es tristeza.

Tercero: no volverás

y por las mañanas te recuerdo.

Todo lleva tu nombre.

Y por último,

no consigo olvidarte.

                                                                                        (Roger Álvarez)