sociedade de consumo

La sociedad de consumo nos condena a vivir en un estado de insuficiencia perpetua, a desear siempre más de lo que podemos comprar. Se nos aparta implacablemente del estado de plenitud, se nos tiene siempre insatisfechos, amargados por todo lo que no podemos permitirnos. Se ha dicho que el sistema del consumo comercial es un poco como “el tonel de las Danaides” que además sabe aprovechar el descontento y la frustración de todos.
—  Gilles Lipovetsky

Ya no estamos en la sociedad del consumo, sino en la del híper-consumo, aplicada a la postmodernidad. En la década del 50 ó 60 había un televisor, un teléfono y un automóvil por familia. El consumo era colectivo, familiar. Hoy, vemos un pluri-equipamiento de los hogares, ya que allí donde antes existía equipamiento colectivo, ahora existe equipamiento por persona. Vemos una híper-individualización del consumo. Incluso los hogares de los desempleados tienen hasta tres televisores. Antes el consumo era ostentatorio, para impresionar o buscar algún estatus frente al entorno. Hoy, el consumo compra y busca otras ganancias a nivel personal: placer, emoción, aventura, comunicación con el prójimo, experiencias lúdicas.

El consumo de hoy crea algo relacional, para estar en contacto con quienes nos rodean. De esta manera, pasamos del capitalismo de producción al capitalismo cultural, pasamos de un consumidor de estatus y homogénico a otro consumidor de tipo emocional y atomizado. Ya no compro para otros, sino para mí mismo. Hay una suerte de intimización del acto; la gente quiere sentir cosas, vivir experiencias nuevas.

Gilles Lipovetsky

Estamos concibiendo el concepto de sociedad de consumo, en contraposición con el de sociedad de necesidades de períodos culturales precedentes. Pues, este cambio ha dado paso a la instauración de necesidades artificiales en el individuo; su subjetividad ha sido invadida con imposiciones desde el sistema de producción; las multinacionales, la publicidad y la moda, por nombrar algunos. En esta lógica, las necesidades pasan de ser vitales a impuestas. El individuo transita de tener la necesidad de comer, a requerir determinados productos light, diet, etc. Esto es debido a que la acción se acomoda y encamina en función de las exigencias del sistema productivo. Las necesidades buscan alcanzar la condición de trascendentes, mostrando al consumo como la vía hacia la consecución de la perfección, la autoestima y el éxito social.
—  Foucault, consumo y subjetividad
"Ser como ellos" por Eduardo Galeano


En un hormiguero bien organizado, las hormigas reinas son pocas y las hormigas obreras, muchísimas. Las reinas nacen con alas y pueden hacer el amor. Las obreras, que no vuelan ni aman, trabajan para las reinas. Las hormigas policías vigilan a las obreras y también vigilan a las reinas.

La vida es algo que ocurre mientras uno está ocupado haciendo otras cosas, decía John Lennon. En nuestra época, signada por la confusión de los medios y los fines, no se trabaja para vivir: se vive para trabajar. Unos trabajan cada vez más porque necesitan más que lo que consumen; y otros trabajan cada vez más para seguir consumiendo más que lo que necesitan.

Parece normal que la jornada de trabajo de ocho horas pertenezca, en América Latina, a los dominios del arte abstracto. El doble empleo, que las estadísticas oficiales rara vez confiesan, es la realidad de muchísima gente que no tiene otra manera de esquivar el hambre. Pero, ¿parece normal que el hombre trabaje como hormiga en las cumbres del desarrollo? ¿La riqueza conduce a la libertad, o multiplica el miedo a la libertad?

Ser es tener, dice el sistema. Y la trampa consiste en que quien más tiene, más quiere, y en resumidas cuentas las personas terminan perteneciendo a las cosas y trabajando a sus órdenes. El modelo de vida de la sociedad de consumo, que hoy día se impone como modelo único en escala universal, convierte al tiempo en un recurso económico, cada vez más escaso y más caro: el tiempo se vende, se alquila, se invierte. Pero, ¿quién es el dueño del tiempo?

El automóvil, el televisor, el vídeo, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para ganar tiempo o para pasar el tiempo, se apoderan del tiempo. El automóvil, pongamos por caso, no sólo dispone del espacio urbano: también dispone del tiempo humano. En teoría, el automóvil sirve para economizar tiempo, pero en la práctica lo devora. Buena parte del tiempo de trabajo se destina al pago del transporte al trabajo, que por lo demás resulta cada vez más tragón de tiempo a causa de los embotellamientos del tránsito en las babilonias modernas.

No se necesita ser sabio en economía. Basta el sentido común para suponer que el progreso tecnológico, al multiplicar la productividad, disminuye el tiempo de trabajo. El sentido común no ha previsto, sin embargo, el pánico al tiempo libre, ni las trampas del consumo, ni el poder manipulador de la publicidad. En las ciudades del Japón se trabaja 47 horas semanales desde hace veinte años. Mientras tanto, en Europa, el tiempo de trabajo se ha reducido, pero muy lentamente, a un ritmo que nada tiene que ver con el acelerado desarrollo de la productividad. En las fábricas automatizadas hay diez obreros donde antes había mil; pero el progreso tecnológico genera desocupación en vez de ampliar los espacios de libertad. La libertad de perder el tiempo: la sociedad de consumo no autoriza semejante desperdicio. Hasta las vacaciones, organizadas por las grandes empresas que industrializan el turismo de masas, se han convertido en una ocupación agotadora. Matar el tiempo: los balnearios modernos reproducen el vértigo de la vida cotidiana en los hormigueros urbanos.

Según dicen los antropólogos, nuestros ancestros del Paleolítico no trabajaban más de veinte horas por semana. Según dicen los diarios, nuestros contemporáneos de Suiza votaron, a fines de 1988, un plebiscito que proponía reducir la jornada de trabajo a cuarenta horas semanales: reducir la jornada, sin reducir los salarios. Y los suizos votaron en contra.

Las hormigas se comunican tocándose las antenas. Las antenas de la televisión comunican con los centros de poder del mundo contemporáneo. La pantalla chica nos ofrece el afán de propiedad, el frenesí del consumo, la excitación de la competencia y la ansiedad del éxito, como Colón ofrecía chucherías a los indios. Exitosas mercancías. La publicidad no nos cuenta, en cambio, que los Estados Unidos consumen actualmente, según la Organización Mundial de la Salud, casi la mitad del total de drogas tranquilizantes que se venden en el planeta. En los últimos veinte años, la jornada de trabajo aumentó en los Estados Unidos. En ese período, se duplicó la cantidad de enfermos de stress.


Fragmento de Eduardo Galeano, “Ser como ellos y otros artículos”

anonymous asked:

¿Qué piensas de Donald Trump?

Creo que si conoces un poco de mí, sabrás que no simpatizo con nadie que promueva cualquier clase de odio: homofobia, xenofobia, racismo, discriminación o lo que sea. Y él tiene bastante de eso.

Diré que honestamente no tengo una información completa de él, o de Hilary, o de lo que pasa en Estados Unidos, pues verdaderamente no tengo voz ni voto en lo que ocurra en ese país y tengo otras cosas por hacer, por tanto, lo que sé no es más que superficial por una otra cosa que he visto o escuchado en internet, periódicos, y amigos y demás.

Pero yo creo que si la mayoría de gente, o por lo menos, la mayoría de cosas que he visto, apuntan a que Trump es un Monstruo, y hasta hay ideas de que es el próximo Hitler, o que habrá una guerra mundial 3, lo cual espero que sea sólo una exageración, es porque alguien tendrá ideas o razones para llamarle así.  Tiene casi el odio de medio mundo, y no entiendo cómo pudo ganar.

Viendo todas las cosas que uno escucha, no logro entender cómo gente con cerebro puede votar por alguien que tiene ideas tan destructivas. Y eso habla mal no sólo mal de Trump, sino de las personas que lo eligen, ¿en qué clase de sociedad vivimos? ¿cómo uno pude votar por alguien así?

A mí literalmente me han enseñado toda la vida a amar, a respetar la diferencia, y creo que a lo largo de la historia hemos visto que la guerra y el odio no nos llevan a ningún lado.

 Lo que más preocupa es que Donald es presidente de un país que es potencia mundial, por tanto, lo que pasa en Estados Unidos, afecta a todo el mundo.

Además, yo considero que un presidente tiene que ser una persona que tiene un compromiso por su gente, por su pueblo, que quiere ayudar a crecer a su país, a construir relaciones con los demás, pero yo no veo nada de eso en él.

Trump tiene espíritu de empresario, no de un político, él nunca ha ocupado cargos públicos, y por eso no tiene ni idea de eso. Él tiene otro tipo de intereses.

Para mí, un verdadero político, enfrentaría los problemas de una manera en la cual no se afecte a nadie, pero él definitivamente afectará muchas vidas.

Y ese es el punto, cuando a alguien le importa sólo el dinero, sólo el poder, las vidas humanas, los daños, las muertes no importan para nada.

Él ya tenía poder, dinero, fama, ¿por qué no darle la oportunidad a alguien que verdaderamente le interese el pueblo, y el mundo, por supuesto?

No me importaría que él tuviera ideas o pensamientos distintos a los míos, pero él está jugando con cosas que yo considero sagradas como la vida, y el medio ambiente.

El mundo quedó asustado ante tal impacto.

En algún lugar leí que Trump dijo que el Calentamiento global era un invento de China para poder quedarse con la producción y que por eso él rompería todos los tratados y produciría sin importar los impactos ambientales

¿acaso no hay que ser un mico para pensar de esa forma? ¿no hay que salir a la calle para ver que el calentamiento global es una realidad?

Pero bueno, en una sociedad de consumo, llena de odio y guerra, ¿qué podemos pedir?

Y de verdad lo siento por tantos gifs, pero tenía que utilizarlos.

Finalmente: ¡JODETE TRUMP!

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Estamos concibiendo el concepto de sociedad de consumo, en contraposición con el de sociedad de necesidades de períodos culturales precedentes. Pues, este cambio ha dado paso a la instauración de necesidades artificiales en el individuo; su subjetividad ha sido invadida con imposiciones desde el sistema de producción; las multinacionales, la publicidad y la moda, por nombrar algunos. En esta lógica, las necesidades pasan de ser vitales a impuestas. El individuo transita de tener la necesidad de comer, a requerir determinados productos light, diet, etc. Esto es debido a que la acción se acomoda y encamina en función de las exigencias del sistema productivo. Las necesidades buscan alcanzar la condición de trascendentes, mostrando al consumo como la vía hacia la consecución de la perfección, la autoestima y el éxito social.

Foucault, consumo y subjetividad

Citas de Bauman

El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas hechas sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas


Hoy la cultura no consiste en prohibiciones sino en ofertas, no consiste en normas sino en propuestas. Tal como señaló antes Bourdieu, la cultura hoy se ocupa de ofrecer tentaciones y establecer atracciones, con seducción y señuelos en lugar de reglamentos, con relaciones públicas en lugar de supervisión policial: produciendo, sembrando y plantando nuevos deseos y necesidades en lugar de imponer el deber


Si quiere que su relación sea plena, no se comprometa no exija compromiso. Mantenga todas sus puertas abiertas permanentemente



Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor 

La nuestra es una sociedad de consumo: en ella la cultura, al igual que el resto del mundo experimentado por los consumidores, se manifiesta como un depósito de bienes concebidos


Los intentos de superar esa dualidad, de domesticar lo díscolo y domeñar lo que no tiene freno, de hacer previsible lo incognoscible y de encadenar lo errante son la sentencia de muerte del amor 



Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista

Si no existe una buena solución para un dilema, si ninguna de las actitudes sensatas y efectivas nos acercan a la solución, las personas tienden a comportarse irracionalmente, haciendo más complejo el problema y tornando su resolución menos plausible


La verdad sólo puede emerger al final de una conversación, y en una conversación genuina (es decir, aquella que no es un soliloquio disfrazado) ninguno de los interlocutores sabe o puede saber a ciencia cierta cuándo llegará a su fin (en caso de que lo haya)


La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir


El progreso, en resumen, ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal


El amor es la supervivencia del yo a través de la alteridad del yo


Ninguna clase de conexión que pueda llenar el vacío dejado por los antiguos vínculos ausentes tiene garantía de duración


El consumismo actúa para mantener la contrapartida emocional del trabajo y de la familia. Expuestos a un continuo bombardeo publicitario a través del promedio diario de tres horas de televisión (la mitad de su tiempo libre), los trabajadores son persuadidos de “necesitar” más cosas


La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido


Si la felicidad prevista no llega a materializarse, siempre está la posibilidad de echarle la culpa a una elección equivocada antes que a nuestra incapacidad para vivir a la altura de las oportunidades que se nos ofrecen 

Ésa es la materia de la que están hechos los sueños, y los cuentos de hadas, de una sociedad de consumidores: transformarse en un producto deseable y deseado


Los celulares ayudan a estar conectados a los que están a distancia. Los celulares permiten a los que se conectan… mantenerse a distancia


El amor y la muerte no tienen historia propia. Son acontecimientos del tiempo humano, cada uno de ellos independiente, no conectado (y menos aún causalmente conectado) a otros acontecimientos similares, salvo en las composiciones humanas retrospectivas, ansiosas por localizar —por inventar— esas conexiones y comprender lo incomprensible


La tendencia a olvidar y la vertiginosa velocidad del olvido son, para desventura nuestra, marcas aparentemente indelebles de la cultura moderna líquida. Por culpa de esa adversidad, tendemos a ir dando tumbos, tropezando con una explosión de ira popular tras otra, reaccionando nerviosa y mecánicamente a cada una por separado, según se presentan, en vez de intentar afrontar en serio las cuestiones que revelan

El invariable propósito de la educación era, es, y siempre seguirá siendo, la preparación de estos jóvenes para la vida. Una vida de acuerdo con la realidad en la que están destinados a entrar. Para estar preparados, necesitan instrucción, «conocimientos prácticos, concretos y de inmediata aplicación», para usar la expresión de Tullio De Mauro. Y para ser «práctica», una enseñanza de calidad necesita propiciar y propagar la apertura de la mente, y no su cerrazón


Es estéril y peligroso creer que uno domina el mundo entero gracias a Internet cuando no se tiene la cultura suficiente que permite filtrar la información buena de la mala para el consumo, todos ellos en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes, empeñándose en captar esa atención más allá del pesta


En una palabra, el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida

El precio de ser uno mismo Por Benito Taibo.

 

Nos imaginábamos a nosotros mismos como aquellos que habrían de cambiar al mundo. Imaginábamos un futuro luminoso lleno de aventuras, donde saltara la pasión como un conejo a la vuelta de cada nueva esquina.

Hacíamos ladrillos imaginarios para construir la casa donde habitara algún día el hombre nuevo.

Éramos sin duda muy jóvenes, un poco ingenuos, muy echados para adelante. Creíamos firmemente en la amistad, la solidaridad, la revolución que tendría que venir del pensamiento. Usábamos palabras poderosas y despreciábamos el canon, lo establecido, la sociedad de consumo.

Nos llevábamos de a cuartos con Janis, con Hendrix, con Mick. Teníamos de nuestro lado la espada de Sandokan, los fragmentos de un discurso amoroso, los cañones que suenan al final de la 1812, el poema 20, a los hermanos Marx (sobre todo, Groucho y Carlos), una guitarra que disparaba sueños, las barricadas de París, la plaza de las tres culturas y unos zapatos que lo aguantaban todo.

Y en el camino se nos fueron acumulando las obligaciones, las deudas, los hijos, los contratos, el día a día, el despertador, la despensa y otras maldiciones varias.

Todo esto viene a cuento, porque hace unos días me encontré a Ramón.

Ese que caminó siempre a nuestro lado y contaba las mejores historias, sabía por puro instinto por donde salir corriendo a la hora de los golpes, poemas de Brecht, viejas canciones de mineros, donde encontrar libros de segunda mano a precios de tercera. Sí, ese que siempre estuvo prendado de su novia de la primaria a la que le escribía largas cartas de amor que no leía nadie nunca.

Nos topamos en la calle. Nos abrazamos muy fuerte después de 30 largos años.

—Estoy organizando a los pizcadores de cereza en el norte de Canadá. Todos mexicanos.— Me dijo cuando le pregunté en que andaba.

No tiene casa, ni perro, ni hijos. Vive al día y va de aquí para allá haciendo lo que está convencido que tiene que hacer. Sonreía todo el tiempo. Tiene muchas menos canas que yo y ni siquiera una cuarta parte de mi panza. Parecería que los años no le pasaron encima como a los demás.

Me contó, que él sigue haciendo esas largas cartas de amor que todavía nadie lee. También me contó que es inmensamente feliz y que no necesita nada.

Hoy, lo traje hasta aquí para presentárselos. Con un enorme orgullo. Ramón encarna lo mejor de mi generación. La demostración de que si no pudimos cambiar al mundo, el mundo por lo menos, no pudo cambiar a uno de los nuestros.

Y eso, debe ser un empate…

¿Cuántas veces he sido un dictador? ¿Cuántas veces un inquisidor; un censor, un carcelero? ¿Cuántas veces he prohibido, a quienes más quería, la libertad y la palabra? ¿De cuántas personas me he sentido dueño? ¿A cuántas he condenado porque cometieron el delito de no ser yo? ¿No es la propiedad privada de las personas más repugnante que la propiedad de las cosas? ¿A cuánta gente usé, yo que me creía tan al margen de la sociedad de consumo? ¿No he deseado o celebrado, secretamente, la derrota de otros, yo que en voz alta me cagaba en el valor del éxito? ¿Quién no reproduce, dentro de sí, al mundo que lo genera? ¿Quién está a salvo de confundir a su hermano con un rival y a la mujer que ama con la propia sombra?
—  “Días y noches de amor y de guerra” - Eduardo Galeano.

Se o mundo é falso e nada é real, então tudo é possível. A caminho de descobrir o que amamos, achamos o que bloqueia o nosso desejo. O conforto jamais será confortável. Um questionamento sistemático da felicidade. Corte as cordas vocais dos oradores carismáticos e desvalorize a moeda. Para confrontar o familiar. A sociedade é uma fraude tamanha e venal que exige ser destruída sem deixar rastros. Se há fogo levaremos gasolina. Interrompa a experiência cotidiana e as expectativas que ela traz. Viva como se tudo dependesse de suas ações. Rompa o feitiço da sociedade de consumo para que nossos desejos reprimidos possam se manifestar. Demonstre o que a vida é e o que ela poderia ser. Para imergimos no esquecimento dos atos. Haverá uma intensidade inédita. A troca de amor e ódio, vida e morte, terror e redenção. A afirmação tão inconsequente da liberdade, que nega o limite.

Aunque no es necesario hacer ningún regalo material y seguramente será mil veces mejor salir a jugar y dedicarle nuestro tiempo a lxs más chicxs, si vas a regalar algo estaría bueno que pienses bien qué.

¿QUÉ JUGUETE VAMOS A REGALAR?

Día de lxs niñxs y los juguetes

Nuevamente el calendario nos marca una fecha que, inevitablemente, asociamos a una sola cosa: juguetes. De esta manera, dejamos por fuera inagotables discusiones, aportes y reflexiones que se pueden generar en torno a la niñez y qué tipo de políticas deberían aplicarse para que realmente este sea un “feliz día” para todxs lxs niñxs del país.

Ahora bien, muy pocas veces la compra de esos juguetes están asociadas a una reflexión sobre el por qué y para qué le damos juguetes a lxs niñxs. Una de las respuestas más rápidas sería “para que se diviertan”, sin embargo ignoramos que al momento de ir a una juguetería estamos reviviendo una práctica cultural que nos posiciona en el centro mismo de la trama donde los juguetes funcionan como símbolo, mediadores y atributo de la infancia.

Tanto juguetes como juego son de naturalezas diferentes, siendo los primeros productos de cambios sociales, culturales y económicos producidos en la modernidad. De esta manera, el desarrollo del capitalismo permitió que los juguetes adquieran un estatus cultural que antes no poseían, posibilitando que el negocio en torno a los mismos creciera, posicionando a lxs adultxs como proveedorxs en lugar de guías/formadorxs.

Sin embargo, el consumo infantil no puede percibirse solamente como un problema económico, sino que a su vez es un problema cultural, ligado a la construcción de identidad de lxs más pequeñxs. El consumo simbólico de los juguetes, entre tantas otras cosas, es compartido por muchxs niñxs sin importar una posibilidad de compra real, la disponibilidad de los recursos o el nivel socioeconómicos de lxs mismxs.

El bombardeo publicitario a través de diferentes soportes comunicacionales, no solo promueve el consumo de juguetes, sino que transmite otras construcciones culturales en torno a los roles de género que se deben asumir dentro de la sociedad y la naturalización de ciertas prácticas como la violencia.

Como objetos socioculturales complejos que son, los juguetes nos permiten conocer diversos aspectos de la sociedad que los produjo, en las cuales representan mucho más que el juego ya que portan valores, una forma de ver el mundo, como se concibe a lxs niñxs y la infancia. A su vez transmiten modelos de sociedad, mensajes; unen, enlazan, promueven un cierto tipo de sociabilización, dan sentido a formas de intercambio, representan un modo de concebir el uso y la circulación de bienes. Funcionan como puente, como un nexo para la transmisión de experiencias y testimonios entre generaciones y culturas.

Debemos ser consientes que no solamente estamos inmersxs en una sociedad de consumo, dentro de un sistema capitalista, sino que el sistema patriarcal (que prepondera lo masculino por sobre femenino y otras identidades de género) encuentra en los juguetes la manera de establecer mandatos y roles definidos a niños y niñas.

De esta manera no resulta raro que, desde muy temprana edad, encontremos distinciones sexistas en relación a los colores y tipos de juguetes. Rosa para las nenas, azul/celeste para los nenes. Autitos, motos, pelotas, superhéroes, trenes y juguetes relacionados a la construcción, los deportes y profesiones como médico, bomberos o policías para los niños; señalando que su lugar para desenvolverse cotidianamente es el espacio público. Todo lo contrario sucede con las niñas, destinadas a ocupar un rol dentro del espacio privado, a las que se le regalan juguetes dedicados al cuidado y maternidad (bebotes, casas de muñecas, osos de peluches), a las tareas domesticas (cocinita, set de limpieza) y aquellos que representen/fomenten un cierto tipo belleza.

El juguete responde a una intención de lxs adultxs, puesto que son quienes lo conciben, lo fabrican y los obsequian a lxs niñxs para que jueguen y es en el juego donde se trae aparejada una práctica social. Lxs niñxs como destinatarixs reciben esa carga simbólica que se les provee, donde la cultura lxs moldea según costumbres, modos de pensar y de trabajar.

A su vez está naturalizado que se le regale a niñxs juguetes bélicos como armas, tanques, granadas, soldados y otros que encubren en el juego la aceptación de una práctica violenta, la supremacía de ciertos actores sobre otrxs, la conquista y la colonización sobre pueblos y territorios, la resolución de problemas mediante las armas y la agresividad. Desde las publicidades y el accionar de lxs adultos, lxs niñxs no identifican a estos juguetes como violentos y peligrosos, se naturaliza y acepta la muerte como consecuencia de un enfrentamiento bélico y que para la resolución de los conflictos la única salida es mediante una guerra o la violencia.
Entendemos que los mejores juguetes son aquellos que permiten a lxs niñxs realizar la mayor cantidad de operaciones, los que permiten desarrollar su imaginación, inteligencia, ampliar su realidad, desarrollar su ingenio y probar sin temor al error o al fracaso. Pero por sobre todas las cosas, son aquellos que les despiertan las ganas de jugar.

Es importante ofrecer nuevos patrones y modelos de relaciones entre géneros, ya que no son naturales sino que se aprenden. La superación de los estereotipos marcados culturalmente no se van a romper haciendo que los niños jueguen con muñecas y las niñas con autos, sino cuando se apunte a que lxs niñxs usen indistintamente éstos juguetes y que lxs adultxs les posibiliten las diversas formas de interactuar con ellos. Así mismo, la cultura de violencia y guerra actual en que los juguetes bélicos se producen son los que los posicionan como legítimos. Es importante poder problematizar tanto el uso y fin de los mismos, como así los valores y prácticas que se fomentan y transmiten mediante ellos.

Es por ello que al momento de comprar un juguete, en las diferentes fechas impuestas por el mercado o simplemente cuando sintamos las ganas de hacerlo, debemos pensar en cómo el mismo posiciona a niñxs frente a nuevas sensaciones y experiencias que abren un abanico de posibilidades. Los juguetes son herramientas que permitirán a lxs niñxs construirse y ser libres mediante el juego.

¡REGALÁ LA LIBERTAD DE ELEGIR!
¡NO A LOS JUGUETES SEXISTAS!
¡NO A LOS JUGUETES BÉLICOS!

Julio Cortázar: el escritor y sus armas políticas. (Entrevista de Paco Urondo a Julio Cortázar)

En noviembre de 1970, Julio Cortázar asistió a la asunción presidencial de Salvador Allende y luego, antes de volver a su casa en París, estuvo diez días en Buenos Aires.  Francisco Urondo, como periodista de la revista Panorama, le realizó una extensa entrevista que a continuación abreviamos en sus pasajes más interesantes.

Urondo:  -Usted acaba de sostener que las diferencias sociales podían ser el común denominador para los países de América Latina. Antes, había hablado de un destino socialista de esos países. El hecho de ir caminando hacia el socialismo, ¿es otro punto común, otro parámetro?

Cortázar: -Yo no diría caminando. Diría que a esta altura de las cosas, después de lo que ha hecho Cuba y de lo que estamos viendo en Chile (y las tentativas más tímidas pero interesantes en Bolivia y en Perú), parecería que cada vez más hay, aunque parezca una paradoja, una toma de conciencia inconsciente por parte de las grandes masas que, durante mucho tiempo, aceptaron su situación sin mayores protestas, salvo los grupos de choque. Pero toda esa masa indiferente, ese campesinado, fue sometida al régimen de gamolnales, de los patrones y de los grandes capataces. Ahora tengo la impresión de que eso se está quedando rápidamente atrás, es decir que el último peoncito tiene ya en el fondo de la cabeza la noción de que algo puede pasar, de que algo va a pasar: un individuo que puede ser perfectamente incorporable a un movimiento que vaya hacia el socialismo. Y se irá en la medida en que tengamos los hombres, las vanguardias. Yo soy muy desconfiado del concepto de caudillo: cuando sale un Fidel Castro, vale la pena, pero cuando salen… bueno, para qué nombrarlos, los Somoza, los Trujillo y “compañía limitada”… Por eso no es fácil decir que estamos en camino hacia el socialismo. Yo creo que hay una cierta tendencia. Parecería que se están empezando a cumplir algunas condiciones básicas que facilitarían -que van a facilitar, de eso estoy convencido- un avance hacia la izquierda. Sería una ruptura de la alienación, del estado de enajenación de las grandes masas latinoamericanas.  

U: -Habló usted también de la desnivelación social. ¿Cree que los problemas del hombre de América estarían resueltos con una nivelación económica?

C:  -No, no lo creo. Por empezar, creo que esa nivelación se puede lograr, pero solo a través de la revolución, como consecuencia de una revolución; pero yo dudo mucho que se pueda lograr por una vía reformista o progresista.  

U:¿Tiene entonces dudas sobre el proceso chileno?

C: -Me parece que el gobierno de Chile, tal como se autodefine, puede tomar una serie de medidas y dar una serie de pasos bastante importantes y algunos bastante radicales. Pero tendremos que ver que pasará el día -si ese día llega- en que el gobierno intente o procure realmente dar el gran paso hacia un socialismo auténtico y no institucional. En ese momento creo que habrá toda clase de tentativas para echar abajo el gobierno, para neutralizarlo. Tentativas internas y tentativas con las complicidades externas obvias. Creo que en Chile puede darse un caso parecido al que se da en llamar el socialismo en Argelia. No conozco muy bien los problemas de Argelia, pero es obvio que el socialismo de Boumedienne es un socialismo bastante tímido.

U : -Si se concretase la liberación económica -sea como fuere- del continente, ¿cree que allí terminaría el proceso?

C: -No, por supuesto. Es fundamental que la gente coma, pero de que serviría que la gente coma y eso le dé un cierto equilibrio si es que sigue tan alienada como antes y sometida, por ejemplo, a la influencia yanqui en todos los aspectos. Viviría el mismo drama que viven las sociedades de consumo. (…)

U: -En estos últimos ocho largos años que pasó fuera del país, han ocurrido estas cosas, estos cambios en América Latina y en usted. Al cabo de todo eso, usted ha regresado. ¿Cómo lo ve? 

C:  -Esto hará sonreír irónicamente a todos los que reprochan mi alejamiento. Afectivamente, sigo estando tan vinculado con la Argentina como cuando me fui. De aquí se podría inferir que cuando me fui yo no estaba muy vinculado y es verdad en alguna medida; yo me creo un argentino y he tenido siempre con la Argentina una relación de tipo amoroso, esa clase de vínculo con una mujer con la cual se tienen relaciones difíciles, profundamente amorosas, pero difíciles, continuos choque, continuas repulsas. Y cuando digo la Argentina, quizá tenga que decir América Latina, y Cuba también: en mi temperamento hay un montón de cosas que se adecuan mejor con lo europeo que con lo latinoamericano. Y me complace decirlo porque no decirlo sería una cobardía; es la verdad. Me importa un bledo que a partir de aquí vuelvan a acusarme de europeo disfrazado de latinoamericano. Por ejemplo, he llegado aquí a Buenos Aires, hace dos o tres días; todo el mundo me decía que Buenos Aires estaba muy cambiado. Pero por lo poco que he andado por la calle no veo la ciudad nada cambiada: me siento como si mañana tuviera que dar examen en el Mariano Acosta, igual que cuando era estudiante. Es exactamente igual, no han pasado treinta años. A lo mejor es porque mi sentimiento del tiempo es un tantoanormal; yo vivo en untiempo que es evidentemente distinto. Cada uno es loco a su manera, y yo tengo mi locura: mi espacio y mi tiempo son diferentes. Entonces vengo aquía la Argentina y ya no digo ocho años: son veinte años los que están abolidos. Tengo que hacer un esfuerzo para aceptar que la confitería London ya no está como estaba, porque, en el fondo, me sigue pareciendo que está.  

U: -Cuando usted vio la esquina y las obras de refacción, recordó que ahí empezaba y terminaba su novela Los Premios. Luego dijo que lo había entristecido verla así. 

C: -Claro, me entristeció porque es el café de mi juventud, ese café donde yo me juntaba con todas mis novias y donde me encontraba con mis amigos y donde todos los mozos eran mis amigos. Y no sé, había una cosa en ese café que me gustaba. Ese café y el Boston, que desapareció antes; bueno, y que sé yo, y algunos Paulistas. Son “los cafés” y los cafés son un poco para mí como las galerías cubiertas en mis cuentos y en mis novelas: lugares mágicos de pasaje. Uno entra en un café y es una tierra de nadie, un punto donde uno va a encontrarse con alguien o a buscar algo, y cuando se sale siempre ha sucedido algo o puede suceder algo: los cafés son para mí una especie de puente.Entonces, claro, me entristeció ver que ya no es el London.

U: -Si, y parece que esta vez su esquema se hubiese dado al revés: es el café el que cambió; lo de afuera está como estaba. 

C: -Una ciudad es muchas cosas, pero la estructura general de la ciudad, es decir, la cara de la ciudad, me ha parecido la misma. Lo vi al salir del subte. Me quedé asombrado al ver la calle Florida: estaba el monumento a Sáenz Peña, la casa Etam con su cartel luminosos, tal como yo los he visto siempre, tal como estaban hace veinte años.

U: -¿Y recordó que la palabra Etam era “mate” al revés?

C:  -Si, yo juego mucho con dar vuelta las palabras, porque además es un medio de conocimiento. Creo que los cabalistas tenían razón: en las palabras hay cosas muy extrañas.

U:  -Además de los cabalistas, los reos usan el “vesre”.

C: -Y seguro, porque los reos por algo son reos; no cualquiera es reo. Es una cosa que hay que merecerla, como ser loco. Desde luego: abogado es cualquiera, pero reo no es cualquiera; es una cosa muy importante.

 

 U: -¿Usted se considera un reo? 

C: -Bueno, yo soy muy bien educado, como se habrá podido dar cuenta. 

U: -¿Pero se considera un tipo auténticamente de barrio? 

C: -¡Cómo no! Me crié en un suburbio, en Banfield, y me eduqué en el barrio de Once; viví en Villa del Parque y en Villa Devoto, que eran bastante espesos en esa época. He sido un tipo de andar por los cafés de La Paternal y de Villa Urquiza, que tienen lo suyo. Son esas las zonas de Buenos Aires que conozco mejor. Y el centro también. 

U: -¿Tipo del centro también? 

C: -Si, sobre todo a partir de cierta edad.

U: -Tipo de barrio, tipo de centro; usted es tipo internacional, de mundo, si se quiere. Creo que esto tiene mucho que ver con usted y con su lenguaje, donde parecen hablar a veces esos reos y locos, por citar personajes que le resulten respetables. Me llamó la atención cómo el otro día se interesó cuando yo dije la palabra “yeite”. 

C:- Claro, porque para mí era “guille”, “yeite” es una novedad. Las denominaciones del dinero, por ejemplo; la primera vez que oí la palabra “luca”, no supe lo que era, porque en mi tiempo no se decía “luca”.

U: -Creo que esto también tiene que ver. Que todo tiene que ver con todo.

C: -Yo también.

¿Cuántas veces he sido un dictador? ¿Cuántas veces un inquisidor; un censor, un carcelero? ¿Cuántas veces he prohibido, a quienes más quería, la libertad y la palabra? ¿De cuántas personas me he sentido dueño? ¿A cuántas he condenado porque cometieron el delito de no ser yo? ¿No es la propiedad privada de las personas más repugnante que la propiedad de las cosas? ¿A cuánta gente usé, yo que me creía tan al margen de la sociedad de consumo? ¿No he deseado o celebrado, secretamente, la derrota de otros, yo que en voz alta me cagaba en el valor del éxito? ¿Quién no reproduce, dentro de sí, al mundo que lo genera? ¿Quién está a salvo de confundir a su hermano con un rival y a la mujer que ama con la propia sombra?
—  Eduardo Galeano, Días y noches de amor y de guerra

–Enamorarse por internet es una estupidez… ¿Cómo alguien puede enamorarse de otra persona que vive a miles de kilómetros de distancia y que seguramente nunca conocerá?

–Esa es tu opinión, sé que parece tonto y complicado… Pero yo también me pregunto ¿Cómo puede sentir amor una persona por alguien que le causa tanto sufrimiento? A mí me parece más estúpido lastimar a la persona que te quiere y que está a tu lado; que llegar a sentir algo especial por otra persona a través de una conversación sincera en un chat.

–Son cosas totalmente distintas. El amor por internet es una ilusión sin futuro y lo que tú dices es masoquismo e ignorancia.

–Amor es amor sin importar la forma en que se presente. No hay diferencia cuando lo que une a las personas son los sentimientos y no las circunstancias. Cada quien entiende por amor solo lo que ha experimentado.

–Yo puedo decir que he aprendido mucho con el simple hecho de ver el comportamiento de los demás motivados por ese sentimiento. Finalmente, todos sufren luego de ser felices y la gente dice que hay que luchar para vivir por ese amor… Pero si algo ya me pertenece y es mío por su propia voluntad ¿Por qué razón debería luchar por ello?

–Uno lucha por dos razones: Para conquistar y para defender. ¿Cómo sentirías que realmente lo mereces, sino eres capaz de conquistarlo? O… ¿Cómo serías capaz de disfrutarlo, si ni siquiera eres capaz de defenderlo?

–Defender el amor… ¿De quién? ¿De la misma persona que me lo da luego de haberle conquistado? No tiene caso. Yo lucharía solo para poder decir que si la relación fallo, al menos no fue culpa mía. Siempre se comentarán errores de ambas partes y aunque se supere y se aprenda, el daño será irremediable. Y luego ves que el amor es como cuando tienes un celular nuevo. Cuando se te cae la primera vez, sientes que se desarma una parte de tu cuerpo. Lo recoges, lo limpias, lo acaricias y vez que aun funciona bien, entonces lo continúas utilizando. Si se te cae nuevamente, te vuelve a doler, pero esta vez no tanto como la primera, lo recoges y vez que aún es utilizable y luego piensas que deberías tener más cuidado porque te costó mucho para adquirirlo y en el mercado cada vez es más costoso encontrar uno que se ajuste a tu gusto y presupuesto. Pero se te cae por tercer vez, cuarta, quinta, y tantas veces que poco a poco dejas de sentirlo y deja de importarte hasta que ya no funciona por completo. Así que finalmente no queda más que comprar uno nuevo y deshacerte de lo que simplemente ya no sirve aunque en algún momento te haya hecho feliz.

–Aplausos… ¡Bravo! Déjame decirte que es una fascinante analogía. Muy bien planteada. Pero también déjame decir que ese es el mayor motivo de fracaso de las personas en sus relaciones. Gracias a esta sociedad de consumo y a esta cultura materialista, hemos aprendido a ver el amor como cualquier objeto capaz de desgastarse y capaz de reemplazarse. Tal vez yo no sepa exactamente lo que es el amor en realidad, pero tengo la certeza de que no vale la pena considerar al amor y a mi relación como si fueran cualquier objeto manipulable y reemplazable. Ya sea algo físico o virtual, la realidad de un sentimiento se construye con lo que llevamos dentro y no tiene que depender de las circunstancias externas.

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Dos testarudos hablando de amor, Víctor Valladares

vía ojalaqueloleas