El amor no tiene que ser necesariamente hermoso, no es parecido a como los libros lo describen, tratan la parte más ficticia de él. A veces si se acaba, se desgasta y llega a un punto irreversible donde el final es inevitable porque, quizás hace tiempo que no había nada, nada que salvar, sólo habían títulos sociales que los comprometían en una farsa.

Asumo automáticamente que a la gente no le agrado, así que no hablo con nadie a menos que se acerquen a mí primero. No puedo ser parte de la multitud, porque siempre tengo la sensación de que no pertenezco a ningún lugar.