sobre mi cuerpo

Estaba preciosa.
Aún la recuerdo. El sol moría en el horizonte, mientras un “nosotros” empezaba a nacer desde el fuego. De ese tipo de fuego que emana una chispa sobre un bosque marchito.

Me senté al borde de mi vida para ver cómo mi mundo se derrumbaba mientras ella no dejaba de sonreír. Ver que, más allá del dolor, también hay unos ojos que esperan por ti para verte como si existieras tú. Solamente.

Era un poco tímida, pero a veces quería comerse el mundo que, dicho sea, lo llevaba también al borde del precipicio. Rugía como leona cuando no podía más y en el último aliento, me asomaba, y le daba un beso, y se quedaba en silencio tras haber pasado unos minutos ya del desorden de sentimientos.

—Somos dos mundos en ruinas que colapsaron, pero que en el intento se hicieron una herida mortal —le dije una vez.
—Una herida mortal puede volver a cualquier humano inmortal. Y yo detesto lo permanente. Sabes que fluyo como el viento, que, a diferencia, el día que me voy, jamás vuelvo.

Y desde aquel instante supe que la odiaría. Odiaría echarla de menos para siempre. Buscarla entre las hojas del otoño y saber que estoy buscando en vano lo que jamás volveré a encontrar. Gritarle a los cuatro vientos que la amo y que ella jamás me amó. A veces me quería. A veces. A ratos. Casi nunca. Fueron tan pocas las veces en las que lo hizo. Sólo cuando lloraba. Cuando no quedaba de otra que sentir y bailar al ritmo del amor. O como quieras llamarlo: ruinas, destrucción, metanfetaminas. Cada quien tiene su propio concepto de amor y el mío lleva su nombre.

Ojalá se hubiese enamorado de mi desastre, también. Y no solamente de las vistas preciosas que conducían mis manos sobre su cuerpo; de las canciones que le dedicaba de madrugada cuando, aún dormida, la despertaba con un beso en la frente; de los abrazos cuando se sentía rota y no quedaba de otra que ser fuerte.

Hubiese querido que se enamorara de mis malos ratos, de mi rebeldía, de mis adicciones, de mis manías, de mis ataques de pánico, de mis fobias, de mis nervios minutos antes de ser feliz, de mis quejidos cuando cogía gripe, de mis ansiedades. Hubiese querido que permaneciera allí, inmóvil, en silencio, cuando yo también no podía más conmigo mismo.

Fui el verano de sus días.
Y ella, el invierno de los míos.

Éste es el último escrito que lleva entre líneas su nombre. Éste es el último balazo que se escucha en mi habitación. Y ésta es la última ruina sobre la cual decido construir un nuevo amanecer.

Posdata: Te amo como siempre.
Hasta nunca.
—  “Carta por si algún día la lees”, Benjamín Griss

Claro que yo también quise ser princesa
y el centro de su universo
y un poema.
Y que llegara tarde al trabajo alguna vez
por mi culpa.
Que una mezcla de sus genes y los míos
jugara a las muñecas en el salón.
Que los domingos se parecieran a cualquier cosa
menos a domingos.
Que los eneros no tuviera que recurrir a la estufa
para calentarme los pies.

Yo quería un jardín y rosales
y un mar con sus olas,
una talla mas de pecho o quizás dos,
un cruce de piernas más erótico
y una voz más femenina.

Quería un montón de fotos con la sonrisa desnuda,
un viaje a Grecia,
un trabajo más decente.
Quería aquello
y eso
y lo otro
y un poco de aquí
y otro poco de allá
y a el.
Sobretodo yo lo quería a el.

Que mis orgasmos no se los tragara el desagüe,
ni mi corazón se quedara sin cobertura
y que los espejos y los hombres
me dijeran la verdad sobre mi cuerpo.

Quería tartas en todos mis cumpleaños
y una posdata que dijera “te echo tanto de menos”
y sexo sin condón ni asientos de coches
y “cariño” y “amor” y “gordita”
y un “¿como estas de tu jaquecas?”
y un ” te sienta tan bien ese vestido".

Quería desnudarme en sus pupilas,
comer helado en su espalda,
fumarme un cigarro en su boca,
un silencio que rompiera su palabra,
un hombro que durmiera mis bostezos,
que me sentara mejor aquella falda
y esa blusa
y su piel.
Sobretodo su piel.

Y es que aunque ahora no te lo creas
yo solamente quise ser feliz.

—  Ernesto Pérez Vallejo
10

Yo aborté y soy la empleada doméstica del 5º “A”
Yo aborté y soy la funcionaria del Ministerio de Salud
Yo aborté y soy la maestra que enseña a tus hijas/os
Yo aborté y soy la promotora barrial que reparte las cajas
Yo aborté y soy la esposa del taxista que te lleva a bailar
Yo aborté y soy la enfermera que te controla la presión
Yo aborté y soy la profesora universitaria que habla de “género”
Yo aborté y soy la kiosquera que conoce tu marca de cigarrillos
Yo aborté y soy la canillita que te reserva el diario del domingo
Yo aborté y soy la diputada que vota leyes contra las mujeres
Yo aborté y soy la adolescente que estudia en un colegio privado
Yo aborté y soy la artista que pinta los rostros de la pobreza
Yo aborté y soy la obstetra que dirige tus partos
Yo aborté y soy la vendedora de celulares que trabaja en la calle
Yo aborté y soy la cajera del hipermercado que reclama descanso
Yo aborté y soy la prostituta que visitás todos los jueves
Yo aborté y soy la obrera de la fábrica que duerme en el colectivo
Yo aborté y soy la jueza que garantiza un estado laico
Yo aborté y soy la periodista que soporta los chistes misóginos
Yo aborté y soy la modelo que admirás en las revistas
Yo aborté y soy la veterinaria que atiende a tus gatas
Yo aborté y soy la psicóloga que escucha tus problemas
Yo aborté y soy la abogada que defiende a los violadores
Yo aborté y soy la discapacitada a quien violó su tío
Yo aborté y soy la católica que se golpea el pecho en las misas
Yo aborté y soy la bisexual a la que se le rompió el preservativo
Yo aborté y soy la deportista exitosa que seguís con fanatismo
Yo aborté y soy la de mesa de entradas que recibe tus notas
Yo aborté y soy la piquetera que corta rutas contra el hambre
Yo aborté y soy la policía que te detiene porque abortaste
Yo aborté y soy la desaparecida por los militares genocidas
Yo aborté y soy todas las mujeres que en este país se ven forzadas a la maternidad
Yo aborté y soy todas las mujeres que mueren por abortos clandestinos
Yo aborté y soy todas las mujeres que sobreviven a un aborto clandestino
Yo aborté y soy todas las mujeres que gritan y reclaman: MI CUERPO ES MÍO!

Por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito

Mi cuerpo tiembla.
Sé lo qué se aproxima
Puedo sentir su olor impregnándose por todas partes!
Mi respiración se agita cada segundo .
Escucho su respiración a centímetros de mi.
Sus pasos se deslizan de un lado a otro.
Ronda a su presa como un lobo hambriento.
Me tortura con la imaginación
Saber que pronto me hará gritar de dolor!
Sacara su instinto salvaje conmigo
Desea mi dolor para su satisfacción.
Y a mi me gusta entregárselo por mero placer!
Suya en cuerpo, mente y Alma.
Mis deseos llevan su nombre y apellido.
Espero a mi dueño, sus marcas sobre mi cuerpo…

Ride.

10:40 p.m

Hace frío. Puedo ver como las nubes comienzan a formarse sobre el oscuro cielo, no hay estrellas y pequeñas gotas de lluvia comienzan a caer. Sin embargo no me preocupo por acelerar el paso para llegar a casa antes de que terminase empapado.

La gente a mi alrededor comienza a dispersarse, quizás realmente llevan prisa o tal vez por el mero hecho de que una tormenta se aproxima. Tal vez porque alguien los espera en casa, o llegan tarde a una cita.

Entonces recuerdo el motivo por el cual no tengo prisa: Nadie me espera en casa.

A unos pasos me topo con una mujer, ella es pelirroja y se encuentra realmente triste y enfadada, intento no escuchar demasiado su conversación por teléfono sin embargo ella grita “Mi vida sería mejor si no te hubiera conocido” e inevitablemente me siento mal por la persona del otro lado de la linea y pienso que quizás estar solo no es tan malo después de todo.

11:30 p.m

Estar solo definitivamente es terrible.

No solo está lloviendo sino que me encuentro empapado de pies a cabeza ¿Es posible que lloviera tanto? De ser así nunca hubiera salido de casa desde un principio. Desde ahora comenzaría a ver más seguido el clima.

Caminar a casa bajo la lluvia no era mi mayor problema sino el hambre con el que tenía que cargar además del aburrimiento, quiero decir, hablar solo por rato es entretenido pero luego de un rato comienza a ser estresante y realmente comenzaba a replantearme mi vida hasta llegar a la conclusión de que no debería haber nacido.

Y antes de siquiera comenzar a planear un suicidio digno un lamborghini negro se estaciona a mi lado y me hace señas para que me acercase.

¿Qué debía hacer? Subir al auto de un extraño y así de fácil? 

¿La gente hace eso?

Un vago recuerdo de mi madre diciendome a mi yo de pequeño que no debo subir al auto de un desconocido vino a mi mente, pero entonces recordé que nunca mencionó nada sobre subir a un lamborghini. Y en mi cabeza parecía tener sentido entonces avancé hasta la ventanilla y la golpee dos veces, para ese momento quizás lo volví a reconsiderar y la opción de seguir caminando y evitar problemas comenzaba a ser más razonable.

Sin embargo ya me encontraba dentro del coche como si no tuviera control sobre mi cuerpo, quizás se trataba del instinto que buscaba protección o descansar un momento los pies, pero luego note al joven de cabello oscuro y pequeños ojos con grandes pestañas sobre el volante mirandome en silencio con una mueca divertida y deseché cualquier opción de salir huyendo.

“Um. Hola, graci-”

“Oh no es nada, te vi allí en apuros. Supuse que necesitarías que alguien te acerque a casa ¿No es así?” interrumpe y su voz suena más profunda de lo que imaginé. 

“Sí, no esperaba que lloviera y aún me quedaba un largo camino de vuelta a casa.” repentinamente me encuentro algo incomodo y quiero huir nuevamente. 

 ¿Se supone que sea tan guapo? 

“Pues, la próxima ten cuidado, no deberías de andar solo por esta zona” menciona tomando el volante regresando nuevamente a la carretera. 

“¿Por qué lo dices?” 

“Honestamente, no es por juzgar, pero hay gente peligrosa por estos lares. De hecho, te cogí porque creí que vendías hierba.” me dice entre risas, ¿Qué mierda? Y no, realmente no es divertido en absoluto porque me siento un completo idiota. 

“Oh. Bueno, tú podrías habermelo dicho” medio rio con ganas de detener una bala con mi cabeza. “Um. Si te molesta puedo bajar no hay problema con eso” hago un esfuerzo por parecer calmado sin embargo dentro de mi cabeza me aventé del coche en marcha unas siete veces ya. 

“Descuida bonito, no eres un problema” me dice sonriente con aires de grandeza. “Pareces agradable, y realmente llevo un largo rato solo necesito hablar con alguien o voy a volverme loco. Así que dime, ¿Como es tu nombre?”

Bonito. 

El extraño desconocido me llamó bonito. 

“Está bien. Samuel, mi nombre es Samuel” 

“Me gusta, pega con tu cara” señala con una mano mi rostro tocando la punta de mi nariz, e intento ignorar el contacto y me pregunto qué parte de mi hace verme como ‘Samuel’ Incluso suena extraño pensarlo de esa forma.
“Puedes llamarme Willy” agrega con una sonrisa de lado y entonces presiona el acelerador a fondo logrando hacerme encoger sobre mi asiento. 

 Sospechaba que probablemente Willy era un suicida homicida pero honestamente no tenía intenciones de averiguarlo esta noche.

“Ya que estamos, cuentame algo sobre ti” me atrevo a decir para romper el hielo. 

“¿Algo sobre mi?” hace una breve pausa y observo como sus cejas se elevan y su lengua filosa se desliza por su labio inferior pero su mirada sigue intacta hacía el frente. “Bueno tengo veintitrés años, vivo solo. Um tengo una hermana, mi mejor amigo se llama Frank y mi hobbie es salir a pasear en mi precioso lamborghini. Mi color favorito es el azul y creo que eso es todo” 

 Ese era Willy desde su punto de vista, desde el mío, Willy es: Adorable y caliente, una mezcla extraña. Bonita piel, largas pestañas, lindo perfil. Auto costoso igual a vida lujosa, aunque eso solo es una teoría. 

“Ahora tú” me dice en un tono aniñado imposible de ignorar, y entonces me veo obligado a voltear mi vista hacía ‘cualquier lado que no sea su rostro que acaba de voltear a verme’ y en uno de esos instantes en los que regreso a la tierra recuerdo que hemos ido en dirección contraria a mi casa y que de hecho, jamás mencioné donde vivo. 

Y lo más importante, aún me encontraba con un desconocido, no tan desconocido ahora. ¿Qué haría mamá en estos momentos? 

“¿Donde estamos yendo Willy?” cambio de tema e inevitablemente sueno asustado y este ríe ante eso. 

“Tranquilo, no soy un asesino en serie o un violador si eso es lo que estás pensando. Solo quiero enseñarte algo.” me dice calmado y divertido, y por un momento me siento como si estuviera hablando con un amigo de toda la vida y no tuviera porqué temer o entrar en pánico entonces me relajo y suelto todo el aire retenido en mis pulmones. 

12:20 a.m.

 Observo en silencio como Willy estaciona el coche a un costado de la carretera, pero no me asusto, simplemente espero a que algo suceda. 

 Entonces él enciende la radio y una canción empieza a sonar. 

 X

“¿Te gusta?” pregunta en un susurro como si estuviera por contarme un secreto que nadie podía oír.

 Es preciosa.

“Sí” 

“Es mi canción favorita” me dice ilusionado, “Cierra tus ojos Samuel, solo un momento” 

 Realmente sonaba extraño pero nadie estaba allí, así que hice lo que me pidió sin desconfiar de él. 

 Mis parpados se sellaron y pronto todos mis sentidos se agudizaron, podía sentirlo todo. La letra de la canción, las gotas de lluvia cayendo con rudeza. 

Podía escuchar mi corazón latiendo, podía escuchar el corazón de Willy también. 

También pude escucharle acomodarse sobre su asiento e inclinarse hacía delante, entonces decidí abrir mi ojos. 
Él se encontraba mirandome con una pequeña sonrisa y quise besarlo, y así lo hice. 

 Tomé de su suave mejilla y rocé aquellos labios rosados y suaves con los míos. Más que un beso se trataba de una caricia, una caricia hacía un desconocido que me enseñó que aún podía sentir mi corazón dentro de mi, que aún latía a pesar de tanto daño hace años atrás.  

“Me agradas” le escucho decir al apartarse entonces sonrío, es absurdo y no deja de ser extraño pero es agradable. Willy es agradable. 

“Tú también me agradas. Tal vez, podríamos ser amigos.” 

“Te llevaré a casa” me dice entre risas y me siento perdido.

“¿Qué pasa?” 

“Es que tú, tienes un concepto extraño por amigos” me explica volviendo a partirse en risas y no me defiendo ante eso, porque quizás está muy en lo cierto pero no quiero llamarlo de otra forma de momento, así que está bien. Él sigue riendo y pronto me uno y ambos estamos riendo ahora, y ya ni siquiera es gracioso pero no nos detenemos. 

01:00 am.

 Aún sigue lloviendo pero eso no importa porque Willy me ha traído de vuelta a casa. 

—————-

 Feliz cumpleaños @celylovegood te quiero mucho, espero que te guste.♥

Mi corazón estaba tan roto, que no quería que nadie más entrara en mi vida. Me habían lastimado tanto, que cuando nos conocimos por casualidad, ni si quiera era capaz de hablarte por si tú también te cansabas de escuchar mis problemas. Nunca sabía qué decir por si de nuevo lastimaba a alguien, por si mis temas de conversación te parecerían monótonos o aburridos. No sólo era un manojo de inseguridades y complejos, si no que cargaba en la espalda el creerme insuficiente.

Me avergonzaba cuando decías que te gustaba alguna parte de mí, en la cuál nunca antes me había fijado. No podía evitar que mis mejillas se enrojecieran cuando te miraba y encontraba tus ojos sobre mi cuerpo, contemplándolo en silencio. Como si quisieras adentrarte en mi piel, navegar entre mis lunares y atracar en el puerto de mis caderas. Como si yo fuese una obra a la que admirar, a la que contemplar desde cerca. Te preguntaba qué ocurría y tú simplemente te reías, mirando hacía otra parte y acariciando algunos mechones de mi pelo. Tu tacto se sentía familiar, el roce de tus dedos siempre me sabía a poco, y tal vez en una de esas caricias, algo dentro de mí se volvió a encender.

Tu olor me embriagaba hasta tal punto de olvidarme de la hora de regreso a casa, de no querer volver si no era a tu cama. Deseaba recordarlo para cuando no estuvieras a mi lado, para quedarme dormida cuando me doliera tu ausencia y hubiera demasiada distancia como para poder abrazarte.

—  12/4/17

Viernes, 28 de Abril del 2017 - Argentina.

Ni una menos.

Hace tres años creía que sí, que era importante luchar por la violencia de género, pero que mejor sería luchar por la violencia en general. No entendía que diciendo eso le quitaba legitimidad al problema en cuestión.
Hace tres años tampoco entendía que el aborto debía ser legal, seguro y gratuito.

Hace dos años entendí por qué no debía usar “puta” como insulto. Entendí que nadie más que yo tiene derecho a decidir sobre mi cuerpo. Entendí por qué “ni una menos” y no “nadie menos”. Entendí que sí. Que era necesario que la causa sea grande, y que era necesario que se haga algo. Que todas las mujeres del mundo deberíamos poder vestirnos como queramos y salir a la hora que queramos sin tener consecuencias por eso. Pero también me di cuenta que no todos lo entendían como yo, y que, lamentablemente, los que no lo hacían, eran mayoría. Entendí que no podía estar tan tranquila, y que no debía hacer oídos sordos.

Hace un año fui a mi primer marcha de Ni Una Menos y me di cuenta que no estaba sola. Me di cuenta que la lucha cada vez crece más, y que nunca vamos a parar. También me di cuenta que nosotros, todos los que participamos ese día, los que entendíamos, no estábamos haciendo oídos sordos. Pero había alguien que sí. Hace un año entendí que el Estado también es culpable.

Hace una semana tomé un colectivo para ir a la casa de una amiga. Llegando a la parada, toqué el timbre para que abran las puertas. Mientras bajaba, sentí que alguien me agarraba la mano, pero salí rápido de cualquier manera. No entendía por qué alguien me había dado la mano así. Me di vuelta y lo vi. Vi la cara del único hombre que estaba sentado en la última fila, el que me había agarrado la mano, tirándome besos desde la ventana mientras el colectivo arrancaba nuevamente. Nunca imaginé que una cara podía transmitir tantas cosas horribles en tan poco tiempo. Me dio asco. Me dio asco su cara de superioridad, su cara de “sos mía, y puedo hacer con vos y de vos lo que quiera y cuando quiera”. Porque puede que ese hombre sólo me haya tocado la mano, pero no tengo dudas de lo que me transmitió, no tengo dudas de que no soy la única a la que se lo hizo y tengo miedo de que haya hecho o pueda hacer algo peor. Me dio asco ese hombre, me dio asco el colectivo, y me dio muchísimo asco la mano que me había tocado. Mi mano. Me la quería lavar lo antes posible. Me la quería lavar con mucho jabón. La quería lavar dos, cinco, diez veces. Después de finalmente lavarme las manos en la casa de mi amiga, me puse a pensar. Si a mi me había dado asco mi mano por el sólo hecho de que me la toquen, qué sentirían las miles de chicas a las que les habían llegado a hacer algo más? De sólo pensarlo me dan escalofríos. Es increíble que una persona nos pueda hacer sentir que nuestro cuerpo no sirve, que somos muñecas, que somos objetos. Que no somos.

Ayer me fui a dormir triste después de haber leído casos de más chicas desaparecidas. Me fui a dormir después de compartir una foto de Araceli Fulles, todavía desaparecida desde hacía casi un mes. Triste porque los medios no la difundieron, como no difunden a ninguna de las chicas que desaparecen a diario en Argentina. Triste porque la policía no hace nada. Triste porque el Estado no hace nada. Triste, pero con la mínima esperanza de que tal vez, sólo tal vez, todavía esté viva.

Hoy, 28 de Abril del 2017, lo primero que leí al despertar fue que encontraron a Araceli. No, no la encontraron a ella, porque ella ya no es. Ya no es desde el día en que se la llevaron, porque alguien creyó que tenía el poder de destruírla, y lo hizo. Así como así. Hoy encontraron su cuerpo descuartizado. Sí. Descuartizado y enterrado, como si fuera tierra. Como si fueran piedras. Y hoy los medios se pelean por la noticia. Porque hoy Araceli es noticia para ellos. Hoy, que apareció muerta, pero no durante todo el tiempo que la estuvimos buscando. Ya no sé qué pasa por mi mente. No lo entiendo. No sé si me pongo triste, no sé si me enojo, aunque creo que es todo junto. Hoy entendí que seguimos igual, o que estamos peor. Entendí que los que tienen el poder de hacer algo, siguen haciendo oídos sordos. Entendí que los femicidas saben que nos pueden dañar pero que a ellos el sistema no los daña. Saben que se pueden salir con la suya, y lo hacen.

Necesitamos ayuda. Necesitamos que no se naturalice lo que está pasando. Necesitamos estar tranquilas. Necesitamos poder decidir. Necesitamos ser nuestras propias dueñas. Necesitamos ser iguales.

Necesitamos seguir luchando.

Necesitamos que nos escuchen.

Necesitamos ser libres.

Necesitamos ser.

No me había
dado cuenta
cuánta falta me hacías

hasta que te volviste
a meter furtivamente en mi copla.

Me envolviste en
tus ojos de aguamansa
como envuelve el mar a
la arena dormida.

No me había
dado cuenta
cuán tiernas eran tus manos,
paseando,
explorando sobre mi piel,
cuánta falta me hacía
tu sol sobre mi sombra,
(dos cuerpos en danza ceremonial)
y había olvidado
cómo se sentía tu beso
enclavado en la mitad de mi deseo.

No me había
dado cuenta ,
pero es así.


Rosa Amelia Alvarado Roca, Añoranza.

Puedo sentir el sabor salado de las primeras lagrimas en mis labios;  Puedo sentir la sensación ahogante que se instala en mi garganta;  Puedo sentir como mis brazos comienzan a temblar;  Puedo sentir el peso sobre mis hombros y como mis músculos se tensan;  Puedo sentir la inundacion que se aproxima en mis ojos;  Puedo sentir el hueco en mi estomago;  Puedo sentir el escalofrió que recorre mi cuerpo cuando el miedo se apodera de el;  Puedo sentir como los ruidos externos se alejan mientras comienzo a perderme en mi cabeza;  Puedo sentir como los impulsos incontrolables me acorralan;  Puedo sentir como todo lo que he intentado ocultar durante el dia, se rebela e intenta manipularme;  Puedo sentir como todo se vuelve frio y oscuro mientras, de alguna forma, me hace sentir yo misma;  Puedo sentir como poco a poco la única persona que puede ayudarme es remplaza por otra que quiere destruirme. Y, aunque este sintiendo todo esto sobre mi cuerpo y mi mente, no me siento mal, mal me he sentido todo el día, pero justo ahora, que libere la porquería y no tengo que seguir aguantándola, me siento bien. Me siento tan bien porque por fin PUEDO.
Depresión.

Me duché
Depilé mis piernas y me maquillé
Elegí la ropa más bonita de mi placard
La perfumé sobre mi cuerpo
Todo estaba bien
Hasta que apareció
Aquel que arruina todo
Que llega cuando menos lo esperas
No le importa si estás en una reunión o con amigos
No le importa si ya estabas por salir
Arruina tus planes sin justificación
El que no te da respiro cuando se instala
Porque en realidad, no te deja hacer nada
Tu cuerpo y mente le pertenecen a él
Y no de buena manera
Aquella oscuridad que carga sobre tus hombros
Haciendo que tu joroba sea cada vez más grande
No te podes deshacer de él
Aunque lo hayas intentado varias veces
Y sientas que no va a volver
Lo hace
No te liberas de él
Haciéndote creer que no hay nada mejor que la soledad.

Me quedo con los viejos amores
Aquellos que conquistaban con poemas
En secreto imaginaba en el momento
De robar por primera vez un beso y más que eso

Me quedo con los viejos amores
Desnudo el recuerdo de los atardeceres
Que se funden en siluetas de colores con el canto de los ruiseñores

Son arrugas que dejó el dolor sobre mi cuerpo
Son el tiempo que dormido esperan mis secretos
Son la sombra que pinta de ojeras mi desvelo

Espero por los viejos amores
Como el viento espera el abandono del otoño
Para fugarse con las hojas amarillas
Entre las pecas que iluminan tus mejillas

Son arrugas que dejó el dolor sobre mi cuerpo
Son el tiempo que dormido esperan mis secretos
Son la sombra que pinta de ojeras mi desvelo
Son arrugas que dejó el dolor sobre mi cuerpo

—  Catalina García
Mi flaco

Quien te va a querer tanto, tanto como yo?
Me gusta despertar y verte dormido nada mas, pero estoy lejos y triste, deseo abrazarte y enredarme en ti.

Esta lloviendo me acuerdo de esa vez, no puedo dormir de que me sirve este país, si no puedo reír contigo, no puedo hacer el amor contigo, te extraño mi flaco.

Llueve y llueve en mi corazón todo este blanco me perturba y me priva de la razón.
Llueve y llueve y te extraño mas, me duele tanto, tanto amarte en la soledad.

Y quien me va a querer tanto, tanto como tu? Y quien me va a aguantar así con toda tu quietud? Imagino tu pelo suelto, te recuerdo sobre mi cuerpo, te extraño mi flaco.

Llueve y llueve en mi corazón todo este blanco me perturba y me priva de la razón.
Llueve y llueve y te extraño mas, me duele tanto, tanto amarte en la soledad.

traigo la cabeza llena de desapariciones por ti
los besos que me diste me secuestran
estoy amarrado en la parte trasera de tu camioneta
rumbo a la soledad perpetua
rompes mis costillas
te vienes
me bañas de gasolina
dices que esta es la última vez que nos vemos
tus palabras son un cigarro
cayendo sobre mi cuerpo
las llamas de la soledad me devoran los huesos
hasta que es imposible identificarme
no quiero justicia
quiero volver a abrazarte
dormir contigo en nuestra pequeña fosa
desde que te fuiste
me siento ceniza en una bolsa
un velorio sin cuerpo presente
una marcha de gente indignada
que como tú y yo
no se entienden
—  Fragmento de “La balada de la violencia mexicana” de Ashauri López. Texto completo en http://ashauri.tumblr.com/post/116415539630/la-balada-de-la-violencia-mexicana

Son minutos de silencio,
los ríos en mis ojos comienzan a desbordarse,
mas no llegan a las raíces de mi corazón,
sólo resbalan sobre mi cuerpo sediento de amor…

Otra inundación me ha de arrebatar todo,
y veo como a hurtadillas se aleja cuando ya me ve ahogada en desdicha,
son minutos de agonía,
de gritar a todo pulmón.

Son minutos de silencio,
y los cuervos vuelan en círculos,
observando mi desesperada
lucha de levantarme.

Extraño esos días donde era desierto
y no lo notaba.

— 

The Lady of the Flowers