sobacos

Una vez me puse a discutir en Facebook con dos tipos en dos grupos distintos sobre temáticas distintas. Horas después me escriben ambos por privado diciéndome prácticamente lo mismo: uno me dijo “chúpamela” y el otro “solo deberías abrir la boca para comer pollas”. En otro momento en que estaba hablando sobre la presión social que recibimos las mujeres a la hora de depilarnos los sobacos, otro tipo me contestó, “a nadie le importa cómo te depiles el coño lmao”.

Cuando las mujeres debatimos con otros tipos, las conversaciones acaban a menudo con ellos espetándonos comentarios o chistes con doble sentido sexual o directamente insultos de esa índole. Pasa casi siempre. Pasa sobre todo cuando la chica que debate defiende su opinión y no la cambia, cuando sus convicciones son sólidas o es buena debatiendo. El objetivo es callarla, devolverla a su lugar como objeto sexual, humillarla, incomodarla, asustarla, reducirla a un mero órgano sexual, recordarla que en última instancia tanto ella como sus opiniones no tienen ningún valor y que más le valdría callarse. También se busca descalificarla ante otras personas que podrían estar interesadas en lo que dice.

Y, por último, también es esclarecedor cómo los hombres usan el sexo como arma para humillar y ejercer control sobre las mujeres.

—  femsolid.
Y nada era interesante, nada. Todo el mundo era igual, reprimiéndose y controlándose. Y yo tenía que vivir con esos mamones el resto de mis días, pensé. ¡Dios mío! Todos tenían un agujero en el culo y órganos sexuales y bocas y sobacos. Se sentaban y charloteaban y eran tan estúpidos como la cagada de un caballo. Las chicas tenían buen aspecto vistas a distancia, con el sol filtrándose entre sus ropas y cabellos. Pero cuando se acercaban y mostraban sus cerebros a través de la cháchara de sus bocas, te sentías con ganas de excavar una trinchera en una colina y esconderte con una ametralladora. Verdaderamente nunca sería capaz de ser feliz, casarme y tener hijos. Demonios, ni siquiera podía obtener trabajo como lavaplatos.
A lo mejor podría ser un asaltante de bancos. Algo realmente emocionante. Algo con relumbre y pasión. Sólo tenemos una oportunidad. ¿Por qué ser un limpiaventanas?
Encendí un cigarrillo y seguí bajando la colina. ¿Era yo el único en agobiarme por un futuro sin posibilidades?
—  La senda del perdedor, Charles Bukowski.
Me parece que la vida está totalmente desprovista de interés, y esto sucedía especialmente cuando trabajaba ocho o doce horas al día. Y la mayor parte de los hombres trabajan ocho horas por día un mínimo de cinco días a la semana. Y tampoco ellos aman la vida. No hay ninguna razón para amar la vida para alguien que trabaja ocho horas al día, porque es un derrotado. Duermes ocho horas, trabajas ocho, vas de un lado a otro con todas las tonterías que tienes que hacer. Una vez discutimos esto con un amigo y vimos que uno que trabaja ocho horas al día con todas las restantes cosas que tiene que hacer, recoger el permiso de conducir, comprar neumáticos nuevos para el coche, pelearse con la novia, comprar comida: a alguien que trabaje ocho horas al día le quedan sólo dos horas o una hora y media libres para sí mismo. Puede vivir de veras sólo hora y media al día. ¿Cómo es posible amar la vida si sólo se vive una hora y media por día y se pierden todas las demás horas? Y esto es lo que yo he hecho durante toda la vida. Y no la he amado. Creo que si hay alguien que la ame es un enorme idiota. No hay manera de poder amar este tipo de vida.
—  Lo que más me gusta es rascarme los sobacos, Entrevista de Fernanda Pivano a Charles Bukowski