sinfonia de letras

Y en mi soledad pensé en Sophia y no en Inés. Sí, en Sophia, la de ojos tristes y los abrazos cálidos, la de la piel suave bajo mi piel. Porque hay amores que son etéreos, que como el incienso te embriagan la mente pero se escapan de entre los dedos; como el amor a los dioses o el amor a Inés. Y otros que son tangibles, cotidianos como el sol que sale cada mañana y se pone cada noche; simplemente imprescindibles, como el amor a Sophia.
—  La piel dorada, Carla Montero.
Le conté una historia de dos personas. Dos personas que no deberían haberse conocido, y que al principio no se caían demasiado bien. Pero descubrieron que eran las dos únicas personas en el mundo que podían comprenderse.
Quiero saber si esto es verdadero, si esto que me hiciste sentir es amor correspondido, o si simplemente es un capricho de un joven que vive de ilusionar y escribir falsas canciones
—  Soley Guerra (Cartas a un amor lejano)
DESPEDIDA

Me iré de ti con el mismo ruido que hacen los corazones cuando se rompen y con el mismo estruendo con que el amor nace en los silencios. No habrá palabra que anude la carrera ni gesto que preserve los recuerdos. Y dolerá porque sigo mirando al frente y es difícil borrarte del futuro. Pesarás como pesa lo que pudimos ser y ya no fuimos. Y diremos un día que el tiempo fue el que tuvimos, que el amor fue el que desechamos y la esperanza esa que se quebró.

Siempre es fácil asumir los acontecimientos como un designio del destino, justificarlo en razones a futuro, donde ya es más sencillo desvanecer los fantasmas o simplemente abandonarlos en los rincones, donde hacen menos estorbo. Pero seguiré estando, yo que sí estuve. Estaré enredado en las promesas que dijiste y no pudiste sostener, en ese Te Amo con el que se atragantó el miedo, en cada una de las palabras que planté en tu boca para que defendieras mejor lo que siempre has sido. Seré todo lo que vas a ser, seré todo lo que pronuncies, seré cada beso que repartas y todos los sudores que se peguen a tu piel.

Este es mi primer intento de silencio. No me juzgues si luego, al caer, te llega el murmullo de algo que deja de ser. Saber decir adiós, también es amor.