simulacron 3

Welt am Draht

Simulacron III (1964)  por Daniel F.Galouye, es una novela de ciencia ficción estadounidense en la que se plantea una primera descripción literaria de la realidad virtual.

 Aunque la concepción de la realidad virtual y el ciberespacio se puede localizar ya en los años sesenta, su tecnología no se volvió accesible sino hasta finales de los ochenta. Daniel F. Galouye propuso una de las ideas clave de la rv. 

La novela discute el problema de la simulación por ordenador desde un punto de vista epistemológico, más que tecnológico. ¿Se puede reconocer como tal la simulación? ¿Podrían la realidad y la objetividad depender de otros factores que no sean sólo el observador? Galouye aborda problemas relativos a infiernos de modelos de percepción y problemas concomitantes relativos al control por un observador externo. La historia se refiere a una empresa, Test plc, que instala una gigantesca simulación por ordenador de una gran ciudad cuya población vive bajo la ilusión de que habita un “mundo real”. Los productos se prueban sobre estas personas simuladas en su metrópolis simulada antes de ser lanzados al mercado real, esto es, a nuestra propia realidad. El truco es que los habitantes simulados de la ciudad están específicamente diseñados para ser complejos hasta el punto de poder generar su propia simulación posterior de un mundo modelo subordinado, cuyos habitantes viven bajo la ilusión de estar viviendo en un mundo real. Sus observaciones llevan a los ingenieros de Test plc a concluir retrospectivamente que quizás también ellos no sean más que fantasías de un mundo aparentemente real, que de hecho es la simulación subordinada de un observador superior (y externo al sistema); la veracidad de sus crecientes sospechas se insinúa con fuerza en la trama. El libro es una evocación asombrosa y convincente de un principio que llamamos “principio endofísico”. 

Fassbinder la llevó al cine con “Welt am Draht” (el mundo en el alambre) en 1973. 

“La endofísica se desarrolló a partir de la teoría cuántica y del caos (a la que Otto Rössler viene contribuyendo desde 1975, sobre todo con su famoso Atractor Rössler de 1976). Otro aspecto de la endofísica es la reinterpretación de temas relacionados con la física cuántica, que ha introducido en la física el problema del observador. La endofísica difiere de la exofísica en que las leyes físicas de lo que uno está observando suelen ser diferentes de las leyes extraídas desde un punto de vista externo imaginado o real. Por el contrario, el teorema de la indefinición de Gödel sólo es válido internamente, dentro del sistema. Un observador explícito ha de entrar en el mundo modelo de la física con el fin de volver accesible la realidad existente. La endofísica aporta una “aproximación doble” al mundo. Aparte del acceso directo al mundo real (mediante la interfaz de los sentidos), se abre una segunda posición de observación a partir de una posición imaginaria de observador. ¿Es la llamada realidad objetiva tan sólo el lado endo de un mundo exo? (…)

En cuanto seres humanos formamos parte de un mundo que también somos capaces de observar. Por tanto sólo podemos percibirlo desde su interior. Aun así, los habitantes del mundo (sus observadores internos) siempre intentarán acceder a la perspectiva de algún Super Observador para obtener la información que pudiera describir su mundo de manera comprehensiva. La endofísica aporta una pequeña aspillera a través de la cual se podría lograr este acceso (…) A través de un modelo de métodos mundo o meta experimentos, surge la oportunidad de ir al otro lado de la interfaz (“mirar tras la cortina”) y desentrañar en parte las distorsiones específicas del observador que se producen en nuestro mundo (…) De hecho, la conclusión de Kant de que, objetivamente, el mundo es diferente tal y como por lo general se percibe, incluye ya una hipótesis de la interfaz”.