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Socorrista. ONE SHOT WIGETTA.

Samuel se sacó la camisa, dejando al descubierto su gran físico. Le sacó la lengua a Guillermo, ya que este no le dejaba de repetir que no se metiera a bañar antes de las dos horas de comer.

— Pero macho, que recién te haz tragado un kilo de comida. Te dará un calambre. — dijo Guillermo enojado mientras se sentaba en la silla de playa.

Un foco se encendió en la cabeza de Samuel. Tenía ya todo planeado. Iba a asustar a su compañero.

— Qué dices. Si yo soy todo un crack. Y esas cosas no le pasan los cracks. — le mostró una gran sonrisa al chico, para luego meterse a la fría agua del océano.

No pasó más de medía hora para que Samuel empezara a actuar. Éste sería el momento indicado para sentir los labios del chico sobre los de él. Pero claro, Willy pensaría que se estaba ahogando y necesitaría respiración boca a boca.

— W-willy… Ayuda. — Gritó “desesperado” mientras se hundía aún más en el agua. — ¡G-Guillermo, me ahogo!

Willy maldijo en su interior y dejó todas sus cosas a un lado para ir a salvar a su compañero, no quería que éste se ahogara y muriera.
Se sacó la camisa rápidamente para luego correr en dirección a Samuel y lanzarse al agua. — La mejor imagen del mundo, según Samuel —

Al ver que éste se acercaba a él empezó a hacerse el muerto, hasta que Willy lo sacó de aquel lugar y lo colocó en la arena.

— No te puedes morir, macho. Qué hago yo sin ti. — Cerró los ojos y rápidamente empezó a hacerle respiración boca a boca a Samuel. Pero en un cerrar de ojos notó como él le respondía y rodeaba los brazos en su cintura, para luego dejarlo debajo de él.

— Que delicioso besas, chiqui. — dijo Samuel con una gran y tonta sonrisa en su cara, mientras dejaba pequeños besos en las mejillas de Guillermo, las cuales amaba cuando estaban pintadas de un color carmesí.

Guillermo no dudó en darle un duro golpe en el abdomen, el cual le dolió más a él que a su compañero. Sus mejillas se volvieron de un color carmesí para luego esconder su cara en el cuello del mayor.

— Anciano estúpido. Casi me matas del susto. Si querías un beso sólo tenías que pedírmelo, no casi matarme. — susurró regañándolo mientras se acomodaba para así ver el atardecer junto a su chico, a la orilla del mar.