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Tener el corazón roto es parte de la vida. Pero la gente olvida que cualquiera tiene el poder de romperte el corazón. Le damos demasiada importancia al corazón roto por un amor fallido, pero, a mí parecer, ese es el corazón roto con la herida menos profunda.
Todos pueden romperte el corazón. Tu familia, tus amigos, y principalmente los supuestos “mejores amigos”. Puedes “evitar” el amor romántico, pero no puedes evitar querer tener a tu familia contigo, y no puedes evitar querer amigos.
Si tener el corazón roto es algo natural y común en esta vida, por qué no aprendemos de ello? Mi respuesta es esta: No queremos aprender. Somos almas tercas, caprichosas y carentes, y queremos creer en los demás.
No importa cuántas señales te de la humanidad, cuántas decepciones, cuantos cuchillos atravesando tu corazón, siempre queremos creer en los otros, y eso al final, solo nos trae puñaladas nuevas.
No importa cuánto intentes, cuántas barreras pongas en tu vida, y cuanto empeño tenga que poner alguien para atravesarlas, “demostrándote” ser diferente… Todos te rompen el corazón. Pero aún sabiendo todo esto, queremos creer.