siempre-lo-creere

Diosa de la transformación

Mucha intuición para evidenciar mi picardía, la de los abrazos para zafar de cualquier problema que no tenga salida. Puede que si, a veces exageras pero “mejor prevenir que lamentar” y conmigo “mejor cuidar que pagar”. Si lo que toque rompí y así aprendí a escucharte cuando lo que más quería en mis manos se deshacía. Lloraba mucho sin hacer nada, no hacía nada más que llorar. Pusiste un freno ahí, no podía seguir así. A esa tristeza que manchaba todos mis días no la endulzaba un mate cocido ni las facturas recién hechas. Era más bien amarga y tan larga que no alcanzaban los brazos para contenerla. Me dijiste “No la abraces, no la detengas mejor que este afuera”.

Nunca entendí a la primera. Aunque llegué primero siempre a creer que lo me decías era que a la tristeza hay que dejarla ser para que te deje ser. Un abrojo en el corazón, las ideas desatadas y con las rodillas gastadas de tropezar, yo sé que fácil no debe ser sacarle las manchas a la vida pero si podemos pintarle encima y aunque en el fondo aún se sienta el golpe con color cicatriza la herida.

“ ¿Cómo no me iba a enamorar? Humilde corazón, con tu convicción de que es el amor el que hace la revolución “

Quiero bloquear mis oídos de tus mentiras, cerrar mis ojos para no ver en los tuyos esa pequeña chispa de esperanza, y dejar de sufrir por lo que no fue, empezando porque no debo creerte nada.