siempre y cuando me ames

No me importa enamorarme de un diablo. Siempre y cuando me ame como a su infierno favorito. Recordó esa frase y una sonrisa se posó en sus labios. Todo estaba en calma. La tormenta había cesado pero no la intranquilidad que posó sobre el cuerpo de cada uno. La cena estaba siendo preparada, su olor llegaba hasta la habitación de la escorpiana y esto le levantó él hambre, no había comido nada desde… bueno, desde lo de acuario. En su mente discutía si esa había sido la mejor tarde de todas o la más extraña.

3 horas antes

El pelo de la escorpiana se enfrentaba contra el viento mientras sus piernas recorrían todo el lugar. El aire pegaba con fuerza en su rostro y congelaba su nariz, sus manos, su espalda. Sin embargo no quería que esa sensación desapareciera, así que siguió corriendo. Siguió avanzando mientras dejaba impregnado su perfume en el viento que se posaba detrás de sus pasos. Ella no veía a nadie delante y, quería cerrar los ojos, pero no era capaz. La desconfianza no se lo permitía. Hacía mucho tiempo que no estaba en un bosque. No recordaba sus hojas marchitas listas para ser aplastadas, ni el piar de los pájaros, nunca había escuchado el zumbido del viento tan cerca de sus oídos. Era como escuchar su melodía preferida al lado de los oídos sin necesidad de auriculares. Si tan solo pudiera haber seguido con esa sensación al menos por una hora más…

-¿Por qué a veces parece que te importa tan poco la gente?-preguntó acuario después de esa carrera, falto de aire.

-¿A qué viene eso?

-A que a veces pienso que eres incapaz de no sentir nada por nadie y otras que eres un mar de sentimientos, y la pregunta es: al ser todo eso, ¿cómo puedes no morir?

-Mi intención no es hacer sentir mal a la gente, pero a veces no queda otro remedio.

-¿No queda otro remedio? Déjame dudarlo.

-Tú siempre intentas que te entiendan, hay personas que no lo hacen. Tienes el poder de cambiar eso, tú tienes una mente diferente y también argumentos para dejar mal a alguien. Yo también podría preguntarte que por qué no los utilizas para que no te hagan sentir mal, pero puedo adivinar que no sabrías cómo responder.

-Intento ponerme en el lugar de las personas.

-Haciendo eso sólo conseguirás creer en la gente, sin que la gente con la que vivas te haga el favor de comprenderte.

-Yo no lo veo así.

-Tienes que dar a conocer todo el trabajo y esfuerzo que empleas para hacer una cosa, si no, te harán sentir menos.

-¿Por qué te preocupa eso?-dijo el acuariano, la escorpiana frunció el ceño al reprimir las palabras que se tragó. Él, al ver que no obtendría respuesta se sentó en el suelo pegando su espalda a un árbol.

-Cuéntame algo que nunca hayas contado.

-¿Y eso por qué?

-Tú cuentas algo, yo cuento algo.

-No me fío.

-Está bien. Yo primero: sigo teniéndole miedo a mi madre.-dijo bromeando con una sonrisa en sus labios. Moviendo de un lado a otro el pie en el barro.-Te toca.

-No he dicho que lo vaya a hacer.-la escorpiana dejó de sonreír.

-No hace falta que sea verdad.

-De acuerdo.

-¿Y bien?

-Siempre me he sentido solo, aunque tuviera demasiados amigos, en el fondo nunca me he sentido del todo entendido. Cuando expreso mis ideas las malas miradas me persiguen hasta mi cama y ahí comienzo a pensar en por qué tuve que ser así. En el fondo siempre me he sentido solo.-la escorpiana sinceró la mirada al mostrar tristeza, sabía que eso era pura verdad. Se acercó a él lentamente y se sentó a su lado.-Hasta que empezaste a quererme. Y sé… sé que he sido un cabron por hacerme el loco con todas tus señales pero, pensé que para ti era mejor. Y… aunque cayera una bomba atómica aquí, y lo arrasase todo, si me pillara abrazado a ti, me daría igual.-¿Eso que significaba? ¿Que la quería? ¿Y si la respuesta era sí, por qué no hacía algo? La verdad era que ella también podía hacer algo, pero aquellas palabras se le clavaron en la garganta como alfileres dejando solo los murmullos como gotas de dolor. Acuario bajó la mirada, sonrió, se levantó y se marchó.

La escorpiana oyó a su familia recibir a alguien, pensando que sería acuario salió corriendo de su habitación. Tan solo era un amigo de su tío. Le sonrió amablemente y se fue a la cocina. Se sentó en una de las sillas y comenzó a jugar con sus dedos. Como si estuviera esperando a alguien. Esa era la verdad, estaba esperando a acuario. Pero no creía que pudiera a aparecer después de todo. Suspiró y miró al frente. Escuchó el timbre y puso los ojos en blanco, ¿más gente? Dios, ¿no se suponía que era una reunión familiar? Oyó la voz de acuario. El corazón se le paró por dos segundos y luego le martilleó el pecho para decirle que estaba allí, que no la dejaría sola. Las manos le comenzaron a sudar y la garganta se le secó. “Al menos respiras”-se dijo así misma-“¿eso es bueno o malo?-se preguntó. No le dio tiempo a responderse. Delante suya. Acuario.

La miró, agachó la mirada y pasó a su lado. Ella no lo siguió con la mirada y se alejó. A varios metros lejos de él cerró los ojos fuertemente y se volvió hacia él. Caminó con normalidad y acarició su mano sin parar su paso. Acuario miró hacia su lado entrecerrando los ojos. Sin verla sabía que había sido ella, era la única capaz de hacerlo así y de hacerle sentir así. Escorpio sonrió. Era extraño. Ya no sentía esa inseguridad. Se dio la vuelta a acuario y siguió su paso. Le volvió a acariciar la mano y ambos cerraron los ojos. Escorpio fue hacia su habitación con la idea de que acuario la seguiría, pero no fue así.

A la hora de la cena la escorpiana se sentó al lado de su tía. Acuario se sentó al lado del padre de la escorpiana, justo en frente de ella. Todos comenzaron a hablar de temas familiares. Que si viajes, que si más reuniones, que si unos días en la casa de campo del abuelo. Casi todos preguntaron por acuario, pero este no contestaba así que se vio obligado su padre a decirles que la escorpiana los había invitado para no aburrirse. Las bebidas en la mesa se terminaron y la escorpiana al notar esto soltó con naturalidad:

-Voy a por más bebidas.-dijo sin más, miró de reojo a acuario y suplicó que notará la indirecta. Acuario sonrió cabizbajo. Al coger su vaso no fue tan natural como ella al hacer la excusa no muy evidente para ir a la cocina.

-Uy, perdón,-las risas se escucharon entre su habla- iré a la cocina a coger servilletas.-se levantó con dificultad entre tantos asientos.

-Tráeme una cerveza sin alcohol para mí. Acuario asintió. Fue a la cocina intentando divisar a escorpio y abrió la nevera para buscar la cerveza. No veía a escorpio por ninguna parte así que decidió volver al salón. Una cesta cayó llamado la atención del acuariano. Escorpio estaba detrás de una columna que hacía esquina con otra pared y donde se encontraba una ventana para salir. El acuariano fue lentamente con la mirada fija en los ojos de aquella chica. Intentando respirar calmado fue avanzando hasta quedar a cinco centímetros de los ojos de la escorpiana. Ella miró al salón con discreción y abrió la puerta para salir. La oscuridad les esperaba fuera. Cuando ya estaban lejos de la casa se acercaron, Escorpio acarició las mejillas de acuario y este solamente la miraba hechizado, tanto, que ni siquiera se dio cuenta de que la cerveza que tenía en la mano se le cayó cuando la escorpiana le dio un beso en la mejilla lentamente. Cuando estuvo lo bastante lejos para mirarle a los ojos le sonrió. Le sudaban las manos y le temblaba todo el cuerpo, la gracia era que no podía parar. Era demasiado tarde para inseguridades. Acuario reaccionó. Acarició las manos de la escorpiana y sonrió. Las dejó lentamente a ambos lados de las caderas de ella. Escorpio apoyó su frente en los labios de acuario sonriendo, suspirando, intentando respirar profundamente, calmándose. Calmando su pulso. Calmando las palpitaciones y el martilleo constante de su corazón. El acuariano rozó con la yema de sus dedos los brazos de la escorpiana hasta llegar a su nuca y tocar cada centímetro que había de ella hasta sus mejillas, posando su pulgar en sus labios. Acercándose más. Agachando la cabeza para encontrarse con los ojos cerrados de la escorpio, con sus pestañas rebeldes que daban un exquisito paisaje cada vez que decidirán abrir sus ojos La oscuridad se arrastraba por sus cuerpos.

-Déjame hacer eso a mí. Por favor. -suplicó el acuariano en un suspiro que alimentó los labios de la escorpiana cuando se acercó más a él, no haciendo falta las palabras para saber lo que le estaba implorando. Un roce. Tan solo un roce. Y se volvió la obsesión más pura que tuvieron los dos en esta, y en sus siete vidas pasadas. Un roce. Un beso. Una estancia en los labios de alguien. Una galaxia con billones de estrellas expandiéndose en tan solo un beso. No. Un beso no. El beso. Sus brazos estaban hechos de ramas de un sauce blanco, sus huesos eran de piedras calizas , sus mejillas se iluminaban con suaves copos de nieve y sus pensamientos eran un revoltijo de residuos estelares al borde de una explosión. Y aún así, sintiendo eso, en tan pocas acciones, en tan pocos segundos terrenales, no murieron.

Bueno, creo que esta historia me quedó más larga que la otra:’))). ¡Espero que te haya gustado muchísimo! O al menos no te hayas dormido leyéndola w-w @alone-in-madness