seta-magica

Me marché.

Me marché en una calurosa noche de verano.
Me marché sin decir adiós, sin hacer ruido, sin molestar.
Me marché, porque presentía que esa vida ya no era mi vida.
Me marché, porque la apatía empezaba a nublar mi pensamiento.
Me marché, sin rumbo fijo y hacia ninguna parte.
Me marché, huyendo de mi pasado y desdibujando el presente.
Me marché tan despacio… que todavía me ves sentada a tu lado.

¿Qué ves?

Veo la vida pasar por mis manos, el ayer y el hoy. Todo lo que queda por venir y todo lo que muere a su paso.

El paisaje es efímero y cambiante, el único punto clave es tu ser. La metamorfosis cobra forma.

Veo los ojos de la esperanza y de la inocencia entrelazados con ojos borrosos llenos de melancolías y vivencias.

Veo lo que fue y lo que puede ser. Veo una gran tristeza, añoranza, vacío…

Veo la luz, el miedo a lo desconocido… la vida abriéndose paso…

¿Un suspiro puede durar toda la vida?

Fotógrafo: Toni Catany

La vida pasaba.

Se asomaba a la ventana, una y otra vez,
ávida de amor, sedienta de luz.

Sólo vivía por y para ese momento, todos los días
a la misma hora abría el portón y frente a ella
se asomaban los castaños, los cerezos y los ficus centenarios,
donde se posaban tan tímidos como su propia mirada,
pajarillos que componían la banda sonora de ese delicado momento.

Y sólo miraba…y no se atrevía a más… mientras sus ojos se tornaban brillosos.


Lo veía pasar, en silencio, observaba su cara, su pelo, su cuerpo…
un análisis exhaustivo que duraba a penas unos segundos.

Y sólo miraba, porque no se atrevía a más…y mientras, las horas pasaban,
los años pasaban… la vida pasaba.