sentir-la-lluvia

meine-lieeebe asked:

1, 2, 3, 4, 5

1: Nombre: Abreviado “ Ale “

2: Edad: 15 años e.e

3: 3 Miedos: Miedo a los insectos, miedo a las inyecciones y a que me llegue a faltar mi madre u.u

4: 3 cosas que amo: Mirar la luna, sentir las gotas de la lluvia, e ir a los juegos mecánicos ^^

5: 4 cosas que me excitan: Mm no sé la verdad :c

Me gusta asomar mi cara por la ventana mientras llueve para poder llorar y confundir mis lágrimas con la lluvia

Para sentir el anonimato de la lluvia

Volver al jardín de mis sueños recurrentes.

Las calles del pueblo onírico.

Los adoquines mojados por la lluvia.

Sentir la lluvia en mis sueños.

Saber que ese lugar se mantendrá eterno. Sin importar los años.

Soñar despierta con otros mundos. Mundos que se vuelven cada vez más reales. Más complejos. No sé no vivir en esa tierra lejana.

Soñar me hace sentir viva.

Hace algún tiempo no veía los rayos, escuchaba los truenos, veía la lluvia o sentía el agua. Lo digo en parte no como la manera de literal de hacerlo, al menos no sólo en ese sentido pero también en la manera en la que me siento.

Al darme cuenta de que es lo que me pasa en automático trato de entender para sobre-analizarlo. Solía hacer miles de preguntas retóricas para encontrar un significado vano y por lo regular sin sentido, pero a manera en que la vida se ha venido desenvolviendo me doy cuenta de que las cosas no tienen muchos lados.

Por eso cuando comienzo a sentir la lluvia y escuchar los truenos y ver los rayos me refiero ha que hay una tempestad a la que no he cedido desde hace mucho tiempo, a una tormenta que ha durado más de lo que debió.

Caminar por la lluvia en medio de la madrugada hace que tomes perspectiva de algunas cosas como que: Está frío y húmedo; me puedo resfriar. Está sólo y despoblado; algo me puede pasar. Estoy sólo en medio de la lluvia y veo todo en forma familiar pero en oscuro, con tintes de nostalgia y sabor a malas decisiones. 

La casa está lejos y está lloviendo ¿porqué salí? Sabía con todo mi instinto y razón que no debía salir de mi casa y lo hice de todas maneras. Sabía que no me recibiría y de cualquier manera lo hice. ¿Lo apreció? ni idea, quizás estaba durmiendo o quizás me veía por la ventana a pesar de mis gritos, llamadas y piedras en los cristales.

Tal vez se cobró una, dos, tres, ¡mil! y disfrutó el verme varado bajo la lluvia en medio de la nada. Camino a casa pensando en eso, solamente en eso. La lluvia me moja, mi camisa está empapada, no se si del sudor de la caminata  de la lluvia, mis zapatos mojados y mis pies con todos sus defectos ortopédicos me miran en silencio como cualquier aliado que está contigo en las buenas o en las malas pero te mira con esos ojos que dicen: “no te fallo, pero deja de fallarte”

Casa está lejos y llevo arrastrando el paso algunos kilómetros, la lluvia se serenó, un descanso no está mal. Contemplo el ícono de río frente a mi, no tiene agua, no tiene reflejo, no tiene nada. Contemplo las estructuras y hago retrospectiva:

Cuantas veces he hecho esto antes: sacrificar mi paz por una cruzada sin sentido, sin éxito, sin nada: puro esfuerzo que anuncia un fracaso anunciado, una mala inversión, el cobro de una factura apócrifa, un mal augurio, una vaca flaca; mi necedad errante e ilusa.

No me recibió, sabía que vendría y no me esperó, no se preocupó por lo que haría, no se molestó en pensar un segundo, no dudó ni titubeó. Calló su martillo resonante y no dio marcha atrás. Quería que esto pasara tal vez. No es casualidad que esté lloviendo.

Retomo el paso y continuo hasta la casa. Mientras me ducho la cama me reclama sus advertencias y me obliga a pensarlo: Me han puesto límites ante las más caras, sinceras y demostrativas formas de afecto y atención. Me han ignorado y me han hecho sentir que nada de lo que considero lo más importante valga la pena. Me ha dejado para después, me han rechazado incluso cuando demostré que no me iría. 

A mi manera cambiante siempre expresé mi respuesta pero no le interesó, se limitó a obstaculizar todo. ¿Que si le hice daño? ¿que si le han hecho daño? ¿que es lo que importa cuando tienes a alguien mojándose fuera de tu casa en la lluvia…? ¿Que importan los tiempos si asistes en la madrugada, sacrificando el confort por la atención de acudir? ¿Egoísmo? ¿Es esto egoísmo de mi parte? No señor… Si pretendes que las personas te busquen las incentivas para ello de otra manera las mandas a volar.

Quizás este es un mensaje que no he captado muy bien, ¿quieres atención pero cuando la tienes y toca ser recíproco te alejas y la suministras bajo reglas de operación? no… eso es atención de la mala, atención nefasta de niño consentido, reina del drama a todo lo que da. Felicidad incumplida por medio de fallas personales sin resolver: ¡soberbia pura!

Me fui a dormir y por la mañana cuando el cielo se despejó me llamó para que la siguiera buscando. Pensé en buscarla pero volvió a llover. Esto es un mensaje pero soy demasiado necio para verlo: Le he dado toda mi atención este tiempo, como la niño que se siente abandonado y busca quién lo atienda y quién lo admire. Suficiente. 

La cama tenía razón, no debí buscarte, me lo había advertido antes. Solía encontrarte en ella,  en mis sueños y cuando eran buenos. Ahora te encuentro y son pesadillas, son dolores sofocados bajo premisas sin cumplir. Son suspiros acumulados que se volvieron gritos. Son nudos en la garganta que son imposibles. Son deseos que murieron y están comenzando a apestar.

Por eso tengo que prepararme y dar un poco de lo que me han dado: límites. Pero no con todos, ellos no tienen la culpa. A estas alturas sé en quien debo de confiar y quien no se merece mi confianza. Comprendo que las cosas pasan por una razón pero que a veces esa razón no es más que la estupidez y la negligencia misma de uno.

Es por eso que ahora límites, hay que comenzar a reservar esas distancias y esos paseos por la madrugada lluviosa por quien si los aprecia y soltar falsas ideas que se amontonan en mi. 

Aplicar y esperar. Sobrepasar y dejar pasar. Olvidar.