sebastian ayala

Uno de los mejores días de mi vida (suena dramático… well, it is)

Les contaré la crónica de mi día. 

Empezando porque en el propedéutico me fue muy bien, entendí perfectamente lo que me dieron mis dos áreas preferidas, y traté a unas muchachas de ahí que no había tratado anteriormente que me parecieron bien simpáticas.

Al salir de allí, almorcé en un CC cercano, y luego a la plaza Alfredo Sadel, y respecto a esto… Me pasó algo gracioso/penoso/nosabríaquéadjetivo, porque vemos a un hombre vestido con camisa blanca y bluejean, no muy alto, y con mohicano bajo, que va a cruzar la calle en nuestra dirección, a lo que me dicen “Ese de camisa blanca no es uno de ellos?” y yo pensando “…Hm, no creo que sea él, caminando normalín por ahí?” pero aún así la cara se me hacía demasiado familiar, nos pasó por al lado, estamos hablando de la 1 de la tarde, y en verdad pensé que no podía ser él… nos situamos al lado de la plaza, dado que no dejaban entrar aún, y vemos que el muchacho pasa de nuevo pero esta vez en dirección a la entrada de atrás, y se sube a la tarima (…) por lo que la POKER FACE QUE TUVIMOS NO FUE NORMAL, ahí dimos con que nuestras sospechas eran ciertas, era nada más y nada menos que Henry D'Arthenay, el vocalista de La Vida Bohème, una banda venezolana, que en perfomance/ideología/estilo en general es, a mi parecer, la mejor de mi país, no había tenido la suerte de escucharlos en vivo, de ser lo contrario lo habría reconocido ipso facto.

Entonces ahí se me prendió el foco “Están haciendo prueba de sonido, andan relajados, iré a pedirles un autógrafo aprovechando que tengo papel” y bueno, nos pusimos en plan groupie-stalkers, pregunté si podía entrar para pedirle un autógrafo a Henry y de una forma diría que cínica no me lo permitieron, y evidentemente, busqué otros medios. Nos colocamos detrás de la tarima, por lo que estuvimos aún más cerca, hicimos contacto visual con Henry unas cuantas veces, más aún con el bajista, Rafael Pérez, y par de veces con el baterista, Sebastián Ayala. Mi pena pudo más que todo y no dijimos nada en ese momento, pero en el instante en que se bajaron de la tarima al culminar la prueba de sonido, fuimos al lado en donde ellos estaban *-* y le pedí el autógrafo al baterista, su firma me había parecido bien extraña, tanto que le pregunté “esa es tu firma y tal?” y me escribió eso, es el primero que sale que nos había pillado, me abrazó *-* y nos preguntó que si nos quedaríamos a ver el concierto, yo le pregunté que cómo les había ido en la gira por EEUU y dijo que bastante bien, y al despedirse me abrazó de nuevo *-*, luego nos sentamos a esperar a los otros, cazándolos… y pasa el bajista… que según un testimonio ajeno me veía de una forma un poco extraña, pero ajá. Llegué con el carisma a mil y le pedí un autógrafo, que es el segundo que sale, nos presentamos… y me preguntó que qué quería estudiar, le respondí que psicología o idiomas, que en dónde (UCV), y dijo que le echara bolas… y pues, luego de un buen rato de acosar a Henry como los propios francotiradores, pasa y de un salto ya estaba frente a él, le dije que perdonara el acoso JAJA y que si me podía dar un autógrafo, es el tercero. Lo que más sorprende de él es que a pesar de ser tan famoso, exitoso y admirado, trata a los demás como sus iguales, y así debe ser, no es humildad forzada, es pura humanidad.

Al empezar el evento propiamente dicho, apareció Maickel Melamed, un atleta de mi país, tremendo hombre, tremendas ideas, y un excelente ejemplo a seguir, dio un discurso que nos aguó el guarapo a más de uno. Si no saben quién es él, recomiendo que busquen información. Me emocioné demasiado en ese momento, fueron de las mejores palabras que he escuchado, y que sé que escucharé.

Luego apareció La vida Bohème para estremecernos a todos, “ponernos a sudáa” y de ahí en adelante, con bases, puedo decir que es el mejor toque al que he ido, quizás porque realmente tenía ganas de verlos, o porque sencillamente son demasiado buenos. En algún momento llegué a pensar que Henry me vio, dudé porque tenía a un tipo al lado que no sé si conocía, capaz era a él, pero es una de esas dudas que siempre tendré.

La compañía, el ambiente… todo, hizo que hoy fuese tremendo día, que posiblemente nunca vaya a olvidar.

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125 bpm - simon martel y sebastian ayala

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