seas como seas

Mamá nunca te he dicho lo orgullosa que estoy de ti, siempre haces todo para sacarnos adelante, eres tan fuerte por fuera,  que pareces de acero pero dentro de ti hay un cristal muy frágil que ha menudo no aguanta la presión y se rompe, los pedazos salen de ti en forma de llanto pero sea como sea lo reconstruyes y sigues adelante, no dejas que los problemas acaben contigo, yo te voy a ayudar, te voy a quitar presiones de encima; mamá tal vez papá ya no este con nosotros pero aún sin él hemos podido salir adelante, te prometo que vas a disfrutar hasta el último día de nuestras vidas y sí, digo último porque el día que tu te vayas yo me voy contigo, ¡Te amo mamá! Y perdón si no te puedo decir todo esto, espero algún día lo sepas.
—  Para lo único que me mantiene con vida.

Hay amores de película y hay amores de espot. Amores de largometraje y amores que apenas llegan a los veinte segundos. Y sin embargo, aún así, algunos espots son más bellos que millones de películas juntas. Para ser grande, para ser bello, para ser memorable, no hace falta extenderse más allá de lo necesario. El fin siempre justifica los miedos.

Quizás por eso hoy me atrevo con una cosmología afectiva sacada de la manga. Quizás por eso hoy me hago trampas al solitario en este pequeño universo que cabe en un ‘sí’.

Empecemos por los cuerpos celestes. En esta vida te encontrarás, en esencia y grosso modo, dos tipos de amantes: estrellas y planetas.

Las estrellas, como todo el mundo sabe, brillan con luz propia. Es una luz nítida, sin paliativos, sin concesiones. Es una luz tan intensa que no puedes mirarla fijamente, es una luz que atraviesa la oscuridad y la destruye. Es una luz que crea vida, que te arropa, que te da calor. Y es una luz que enamora porque no depende de nada ni de nadie, porque es libre, porque es y será así esté donde esté. Pero ojo, porque es una luz que consume a quien la emite. Si nos fijamos bien, las estrellas están en permanente combustión. Se destruyen a sí mismas para proyectar su luz, y aunque nos encantaría pensar lo contrario, sabemos que lo único eterno es la oscuridad. Por eso son tan bellas. Por eso son tan únicas. Y tan raras. Y tan fungibles. Y tan especiales. Y tan inolvidables.

A su alrededor encontrarás, sí o sí, los planetas. No hay una estrella que se precie sin un planeta que la orbite. Y eso tiene una razón de ser. Los planetas necesitan de su luz para subsistir. Son incapaces de generarla por sí mismos. Así que se enganchan al primero que les dé algo por lo que estar ahí, algo que les dé visibilidad, que es otra manera de decir que les haga existir.

Es cierto que luego están los satélites, escisiones de lo que un día fueron, tan pequeños y desesperados que se llegan a enganchar a cuerpos sin luz. Y ahí se quedan, atrapados en un ciclo creciente y menguante, condenados a que lo más memorable que les pueda ocurrir en la vida sea un eclipse.

O los cometas, que no dejan de ser trozos de otras relaciones que vagan por el universo incapaces de comprometerse ni de sentar la cabeza. Son casos perdidos, bellos a ratos, sí, hasta ponen rumbo a ti.

Por último, se encuentran los agujeros negros, elementos peligrosísimos, pues se alimentan de materia ajena. Cualquier materia les va bien. Vampiros emocionales del tamaño de una galaxia. Si un día te ves atrapado en uno de ellos, puede significar tu final. Porque lo mejor que puede ocurrirte es que te conviertan en basura espacial.

En este complicado universo de relaciones, lo más difícil es entender que la única fuerza no es la ley de atracción. Existe la ley de correspondencia, que dice que un cuerpo te atraerá más si te enteras de que se siente atraído por ti. Existe la ley de rozamiento, que dice que hace el cariño, que deviene en confianza que da asco. Existe la ley de la fuerza centrífuga, que dice que un cuerpo que abandona una órbita libera exactamente la misma energía que le impedía seguir siendo feliz en la relación. Y la de la fuerza centrípeta, que dice que donde hubo retuvo, que siempre te atraerá algo de lo que te atrajo. Y existe la ley de los cuerpos comunicantes, sobre la que nadie aún se pone de acuerdo.

Sea como sea, yo no sé si soy estrella, planeta o agujero negro, pero en mi camino emocional exijo estrellas. Y cuanto más mayor me hago, antes identifico las que no lo son. Es uno de los gajes de hacerse viejo, que lo ves venir todo a años luz.

Hay amores de película y hay amores de espot. Amores de largometraje y amores que apenas llegan a los veinte segundos. La diferencia es que los primeros los vives solo una vez. Y los segundos, te guste o no, estás condenado a repetirlos tantas veces como les dé la gana a ellos, incluso en contra de tu voluntad.

—  Risto Mejide
Me Enamore..

Me enamore, me enamore de ti, de tu sonrisa, porque me importaba una mierda Que esa sonrisa aveces no fuese por mi. me enamore de tu boca, de cada palabra. me gustaba incluso cuando te enfadabas algo Que casi nunca pasaba, deseaba abrazarte fuerte por detras y no soltarte nunca, algo Que nunca hice. me enamore joder, no me cuesta decirlo, porque me enamore de tus ojos sin importar Que no Sean de un color especial. de lo listo Que eres y de lo tonto Que te ponias aveces, de tus abrazos y aun los echo de menos. de como comes y hasta de cuando te metias conmigo, no puedo dejar de verte quizas porque para mi , sea como sea, siempre estas lindo. me enamore, de lo bueno y lo malo. ahora ya es solo un recuerdo, Pero es un recuerdo Que prometi no olvidar. duele ver como alguien Que un dia fue parte de tu Vida deja de formar parte de Ella, Pero duele mas ser la persona Que decidio Que asi sea. cuanto te echo de menos, y cuanto daria por volver a tenerte a mi lado, por romper tus esquemas y convercerte de Que no estara mal estar conmigo…