sea convo

Gita al Mare

It was finally Spring, albeit it could still get a bit cold at Schluchtenburg in the evenings or when the wind blew strong, but with that one powerful storm it seemed that Winter had finally ended. The season had changed, and it seemed that it wasn’t the only thing to do so. Irmin had lost his place to Haus Gold and fallen to Haus Silber, but at least he wasn’t going around looking feverish and sick anymore as in the months previous to his Fall.

He was walking the last part of the road that would bring him to Haus Bronze with a quick step. He had his coat on, but no bag or broom—he still hadn’t managed to convince the Stüpp to give flying a try. “Hiltwin!” He called when he could see the cabins grew bigger and bigger, and he searched the other boy and his bird with his gaze.

Desde siempre Halloween había sido su festividad favorita del año, incluso estando en la academia, y por eso no podía llevar con mayor gusto todas las tareas para poner a punto la escuela (y a sí mismo). Lo que no llevaba tan bien era una pequeña pila de cajas que apenas podía mantener en equilibrio mientras las trasladaba. Iba bien hasta el momento en que chocó con alguien y todas acabaron en el suelo con un gran estruendo. Ni toda su fuerza de voluntad fue suficiente para que su tono no sonara ácido y malhumorado — ¿Cuesta tanto mirar por dónde vas?

Los recuerdos de la luna llena volvían en forma de pesadilla cuando intentaba dormir. No podía soportar como estos no hacían más que sumarse a los que ya solían atormentarla de nuevo últimamente… A pesar de que el alcohol no hacia ningún efecto en ella, aquella noche la Gunvaldsson había terminado en el primer bar de mala muerte que había visto dispuesta a dejarles la despensa vacía si era necesario. Ojala hubiera logrado obtener acónito o lo que fuera para que la bebida pudiera afectarle… pero mientras pudiera pasar más horas despierta, era algo.

Aunque parecía que la suerte quería continuar dándole la espalda (menuda novedad)…  o más bien debería no haber sido tan bocazas. El dueño del bar no había dudado ni un segundo en echarla del local después de que la delta empezara discutir con él, empujándola con tanta fuerza que Liv terminó tropezando con su propio pie y cayendo en las varias bolsas de basura que había en la acera.- ¡Eso! ¡Intenta echarme! ¡Pero me voy porque me da la gana! –le gritó mientras intentaba incorporarse como podía, gruñendo después por la bajo:- Asshole