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Antítesis mía

Tengo la certeza de que en algún momento nos debemos haber encontrado, coincidiendo nuestras miradas, creando momentos, ocultando recuerdos, para luego volver, insensibles, nuestras vistas al frente, a nuestros caminos. Probablemente hayamos viajado juntos, tomados de la mano, entre carros, edificios,  astros y espacio, y hermosos caudales color turquesa más allá de donde las mentes divagantes han viajado jamás. Quizá hasta conquistamos nuestra realidad.

Es extraño pensar que, siendo tu una mujer maravillosa y por el contrario yo, un brillante desencanto, anheláramos lo mismo y viéramos hacia enfrente, con distintos ojos, los mismos paisajes de edades por venir. Si no es un milagro, entonces ¿qué es? Estábamos escondidos a plena vista, viajando rápidamente y sin rumbo, salvándonos sin nada por decir. Y ahora, sin ti no soy nada. No hay quien detenga mis arranques, no hay Sol que brille más radiante. Me haces la piel arder, la primavera soportable y suspiras si te llamo princesa. No veo un mañana sin ti. Eres todo lo que pedí.

Lo que pasa con el alma es que no se ve,
lo que pasa con la mente es que no se ve,
lo que pasa con el espíritu es que no se ve,
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?

Ninguna palabra es visible
y nada es promesa,
entre lo decible,
que equivale a mentir,
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe.

—  Alejandra Pizarnik