samuel pare

SIEMPRE || MINI DRABBLE || WIGETTA

Los seres humanos siempre son tan cercanos los unos con los otros, especialmente cuando las personas dejan huella en ellos.

Y cuando estas se van, tratan de mantenerlos vivos en su corazón por medio de recuerdos.

Es muy doloroso ver que la persona con quien compartes todo, con la que tuviste los mejores momentos de tu vida, se va de la noche a la mañana sin poderse despedir ni abrazar, solamente una despedida vacía.

Solo quedas ahí, con el corazón desecho y miles de lágrimas bañando tu rostro. Tratando de comprender si lo que está sucediendo es verdadero. Ojala se tratara tan sólo de una terrible pesadilla por la cual acabas de despertar y ves que esa persona está ahí, a tu lado. Pero no, la cama estaba vacía. Te encuentras solo.

Fue difícil para Guillermo aceptar esta situación, y es que perder a la persona con la que pasabas todo el tiempo y tenías los mejores recuerdos, se había ido. Desde ese trágico día dejó de sonreír. Dejó de ser él mismo, prácticamente se la pasaba bebiendo todo el día para dejar pasar este trago amargo, el hueco que había dejado su compañero de vida.

No dormía, ni siquiera comía. Se la pasaba acostado en la cama abrazando aquella camisa que días antes la tenía puesta su futuro esposo hasta ese momento. Y es que no quería desechar nada de las pertenencias de Samuel, no solo porque le era muy doloroso tirar los únicos recuerdos de él, sino que quería todavía sentirlo cerca aunque estuviera lejos.

Tenía las más terribles pesadillas donde podía recordar cómo sucedió aquel hecho. Y es que encontrarse con el cuerpo de su compañero, le había dejado paralizado. Y no solo se encontraba ahí tumbado en el piso, sino que aún se mantenía con vida solo para ver por última vez a su Guille y estar ahí moribundo, en sus brazos.

Lo que más le dolía era recordar esas últimas palabras que le había dicho antes de marcharse:

Siempre estaré contigo Guille.

Sus últimas palabras, la última vez que le había dicho así. Ahora no había nadie que le dijera de la misma manera con la que le decía él. Nadie podía compararlo.

Pero lo que Guillermo no sabía es que la muerte no es el fin. Samuel podía ver todo lo que hacía, era ahora una presencia invisible. Él había escogido quedarse con él para fortalecerlo, para animarlo a seguir adelante más no podía verle y eso era lo que a Samuel le frustraba, ver como el amor de su vida se hace pedazos y sin nadie que pudiera ayudarle ya que Guillermo nunca salía.

Podía notar como cada noche su pequeño recostaba su rostro en la almohada, tratando de ahogar sus lágrimas junto con una botella de alcohol, deseando morir para estar junto con él.

- ¡Guille, estoy aquí! - gritaba insistentemente con las lágrimas en los ojos pero Guillermo no podía verlo, no podía sentir que estaba ahí.

Era como gritarle a una pared, Samuel no podía hacer nada extraordinario para ayudarlo. Solo podía presenciar. Eso era lo único que hacía todos los días.

Podía ver como Guillermo se levantaba sin ganas de vivir, con la misma seriedad sin la más mínima expresión. Sentado ahí en ese comedor solo… mirando la silla de enfrente donde se solía sentar él, para después pasar a la sala de estar y ver un viejo álbum, ese álbum que le había regalado a Samuel como su 5to aniversario.

Veía como se desplomaba al ver cada foto, cada momento que habían pasado. Aún Samuel podía recordar esos momentos y sonreía nostálgico cuando los revivía pero luego lloraba al ver que Guillermo le dolía.

Así estuvo toda la tarde hasta que por fin cayó la noche, dejando a Guillermo con unas enormes ganas de dormir. Sus ojos estaban muy ojerosos y secos ya que había llorado toda la tarde.

Entonces cómo era su costumbre, tomó una de las camisas de Samuel y la colocó suavemente entre sus brazos hasta quedarse dormido.

Fue entonces que Samuel se acercó a admirarlo, no dejaba de ser el pequeño Guillermo del cual se había enamorado. Miró atentamente sus ojos y su alma se estremeció al notar lo tan mal cuidado que se encontraba.

Se acercó a su frente pálida para implantarle un pequeño beso, aunque sintiera que Guillermo no lo notaría. Y es que desde que había muerto siempre se había despedido así de él: le daba un pequeño beso en su frente pero Guillermo no sentía nada, se sentía desdichado. Pero esta vez no fue así, Samuel se sorprendió al ver que Guillermo reaccionara ante su acción no notable. Miró espléndido al chico de ojos rasgados que se levantaba para mirar qué era lo que ocurría.

Al parecer Guillermo sintió en lo más profundo de su ser la pequeña muestra de cariño por parte de Samuel y eso fue lo que le levantó de golpe.

- ¿Samuel? - dijo Guillermo entre sollozos sin soltar aquella camisa.

Sus rodillas se flexionaron al piso cuando escuchó el sonido del aire que acariciaba sus oídos.

- Samuel, te extraño - tomó la camisa y la puso en su rostro, tratando de contener su llanto.

- Ojalá hubiera una manera de tenerte cerca, me haces mucha falta - susurró.

Samuel no podía evitar enternecerse al ver aquella escena, su pequeño llorando en medio del salón tratando de buscar aquello que lo había despertado de su profundo sueño.

Fue entonces que se le ocurrió una idea pero no sabía si resultaría, por lo que esperó a que Guillermo volviera a dormir.

Al parecer el chico de ojos rasgados volvió a la cama resignado, tratando de oprimir ese dolor que aún sentía y pese a la enorme cantidad de sueño que tenía, se mantuvo despierto un rato hasta que vio en ese enorme ventanal enfrente suyo, una pequeña estrella fugaz y no pudo evitar recordar aquella vez lo que le había dicho Samuel hace algunos meses:

“Cada que veas una estrella fugaz, pide un deseo desde lo más profundo de tu corazón y verás que este se vuelve realidad”

Fue entonces que cerró sus ojos y pidió un deseo para después quedarse dormido.

*******

Guillermo había despertado, pero esta vez no estaba en su cama. Al parecer se encontraba en un lugar extraño, era una especie de prado enorme. Empezó a sentir un poco de miedo ya que estaba soñando y no quería que fuese otra pesadilla.

Pero no, no era así.

- ¿Samuel? - entrecerró los ojos, tratando de analizar aquella sombra que se dirigía hacia él.

- ¡Guillermo! - dijo sonriendo Samuel, al parecer su plan había funcionado.

Samuel corrió todo lo que pudo hasta quedar enfrente de su pequeño que al parecer tenía un conjunto de emociones en su interior.

- ¿Es un sueño? - dijo el menor abrazando al mayor.

- Si es un sueño, pero un sueño que contiene parte de una realidad - dijo Samuel abrazandolo lo más que pudo.

- Te echo muchísimo de menos, me haces mucha falta - dijo Guillermo entre sollozos, abrazando lo más que podía a Samuel.

- Yo también nano, pero recuerda lo que te dije “Siempre estaré contigo” - tomó al chico de ojos rasgados por las mejillas y le dio un beso en la frente.

- Siempre estuve contigo, estuve a tu lado y la verdad es que me duele verte tan destrozado - Guillermo lo tomó de las manos entrelazando sus dedos con los suyos.

- Pero no te puedo ver, no puedo tenerte como te tengo ahora ¡quiero quedarme contigo! - mencionó en menor entrecerrando sus ojos, conteniendo las lágrimas y algunas se le escapaban pero Samuel se las secó con los dedos.

- Tienes que quedarte y vivir lo que te queda por vivir, recuerda que siempre te acompañaré, jamás te dejaré solo porque nuestro amor es más fuerte que la muerte y la distancia. Yo te esperaré Willy, te recibiré con los brazos abiertos pero sé fuerte chiqui - Samuel tomó a Willy por la mano y lo jaló suavemente hacia él.

- Ven, caminemos un rato por este prado - Guillermo asintió.

Para Willy el sentir a su compañero le traía paz, le devolvía esas enormes ganas de vivir pero recordaba que era un sueño y al parecer no le importaba demasiado, estaba con Samuel y debía aprovechar ese momento. Se detuvieron un momento para que Willy le expresara todo lo que sentía por él.

Y lloraba, pero esta vez lloraba junto a su persona amada.

Samuel no hacía más que admirarlo y consolarlo. De verdad se sentía muy enamorado de Guillermo aún después de la muerte.

Pero de repente Samuel comenzó a sentir que un pequeño jaloneo lo llevaba hacia atrás. Al parecer era la hora de despedirse. Antes de que Guillermo despertara, Samuel le dio un pequeño beso demostrándole el amor que aún sentía por él.

- No te vayas… - mencionó el pequeño tomando por las manos a Samuel, pero era en vano ya que también a Guillermo le daba un pequeño jaloneo hacia atrás, separándolo de Samuel.  

- ¡No! ¡Samuel! ¡No me dejes! - dijo mirando como lentamente su figura se desvanecía entre un resplandor de luz.

***********

Guillermo se levantó de sobresalto y miró por toda la habitación. Al parecer era cierto, era un sueño.

- No me dejes… - tomó la camisa y salió de la sala.

No pudo contenerse más y nuevamente cayó desplomado al piso en un mar de lágrimas. 

- Samuel… - susurró - SAMUEL!!! - gritó lo más que pudo.

No podía más, tomó un pequeño cuchillo de la cocina y lo acercó a su cuello, cerró sus ojos y levemente empezó a hundir el arma afilada en su pálida piel. 

En verdad tenía miedo pero aún tenía más miedo el no poder estar con Samuel por el tiempo que le queda de vida, fue entonces que se atrevió a realizar el corte más profundo.

Pero una fuerte brisa empezó a llenar la habitación y eso le era muy familiar. Podía sentir como el viento le susurraba al oído:

“Siempre estaré contigo”.




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Bien, sé que no es una buena trama y que ni siquiera está bien redactado pero es una pequeña historia que se me ocurrió cuando escuché la canción. En verdad espero que les guste y si es así pues seguiré practicando. Un abrazito.

~Un beso eléctrico~ Wigetta-Drabble


Samuel, ¿te molesta si te pongo una canción?
Claro que no chiqui-sonrió Samuel-
Bien, entonces… -Guillermo puso la canción a todo volúmen y comenzó a cantar y bailar por toda la casa-
Dale más voltaje -comenzaba con entusiasmo-
los cables se van a cruzar
volaremos, las calles
todo estará 
-Samuel lo miraba extrañado-Guille? estás bien?
-Guillermo hizo caso omiso de Samuel y continuó-
detrás de la pared se esconde el amoooor
nadie más lo sabrá se queda entre tu y yo




apaga la luz
conéctame a tu cuerpo
con un beso eléctrico

-dijo aún cantando y tomando por sorpresa Samuel, ya que de un momento a otro, Guillermo se encontraba tan cerca de Samuel que rozaron los labios-

préndete, conéctate
deja que te suba la corriente
sígueme, ya suéltate
enciéndete, con un beso electrico
-cantó esto último frente a los labios del mayor, para después separarse y continuar dando su pequeño concierto-
tu energía
me enciende,
contigo no puedo parar
ahora brillas,
se siente
se que a ti te gusta
-dijo señalando a Samuel-
detrás de la pared se esconde el amor
nadie más lo sabrá se queda entre tu y yo

-tomó a Samuel de la mano y lo sentó bruscamente en el sofá-

apaga la luz
conéctame a tu cuerpo
con un beso eléctrico



préndete, conéctate
deja que te suba la corriente
sígueme, ya suéltate
enciéndete, con un beso eléctrico

siente la tensión
sube la presión
ven con el calor
vamos dámelo


préndete, conéctate
deja que te suba la corriente
sígueme, ya sueltate
enciéndete con un beso eléctrico
-la canción terminó de sonar, Guillermo estaba exhausto de bailar y cantar al mismo tiempo, Samuel, al verlo lo jaló hacia sus piernas y lo sentó en ellas de modo que sus frentes se juntaran, se acercaron tanto que terminaron dándose un delicioso “Beso eléctrico”


No me culpen, estoy aburrida y escuchando música :’v no se lo que hago

Mini Fic Wigetta - Somos Infinitos - Epilogo - Un nuevo comienzo

Habían pasado 6 meses y Samuel y Guillermo seguían en contacto, se llamaban diariamente y se contaban como les habían ido en el día. A pesar de todo el amor que se tenían era interminable y no podía separarlos algo tan trivial como la distancia. Una tarde verano Guillermo decidió llamarle a Samuel. Ya habían hablado en la mañana, pero Guille simplemente tenía deseos de volver escuchar su voz. Llamó a Samuel, pero este no contestó. Lo intentó de nuevo, pero no hubo resultados. Por primera vez, desde que se encontraba en Colorado, le era imposible comunicarse con Samuel. Tras aquel intento pensó que quizás era debido a la diferencia de horario que había. En Madrid ya era tarde, seguramente Samu se había quedado dormido. Ya intentaría llamarle al día siguiente.

Una cálida noche de verano, Samuel impartió su clase como todos los días y salió de la universidad. Caminaba hacia su casa en las oscuras calles de Madrid. Estaba ansioso por llegar a casa y, cuando menos se lo esperaba, su móvil empezó a sonar. Se escuchó la melodía que indicaba que Guillermo era el que llamaba.

Rápidamente metió la mano en su bolsillo y sacó el móvil. No había duda alguna, era Guille. Una sonrisa se formó en sus labios, pero esta no duraría mucho pues la boca de un arma posó sobre su cabeza. Samuel quedó helado ante el acto tan repentino en el cual estaba metido ahora.

-Dame el dinero, móvil y todo lo que tengas. –dijo una horrorosa y atroz voz cerca de su oído—

Era la primera vez que Samuel se sentía tan asqueado por un acto como este. Samuel accedió a las demandas y escabulló su mano por su bolsillo trasero y dejó caer su billetera que contaba con escasos 3 euros. La boca del arma seguía en su nuca. Por la cabeza de Samuel solo pasaban miles de ideas para escapar de allí. “Podría golpearle el rostro”, “…quitarle el arma” y  muchas otras cosas. Finalmente sintió como aquella helada arma dejaba de posar en su nuca y un enorme suspiro escapó de sus labios.

-El móvil. –escuchó mientras era tomado en contra una pared cercana—

Samuel forrajeó, su gran y voluptuoso cuerpo le daba la ventaja, pero aquel asaltante tenia un as bajo la manga. Audazmente, el asaltante sacó una pequeña navaja y la posó a escasos milímetros del cuello de Samuel. Ahora si estaba empezando a sudar, aquella situación era de las que no le deseas ni a tu peor enemigo. Aquel hombre repitió su exigencia mientras continuaba oprimiendo a Samuel. Samuel negó tener un móvil cuando este volvió a sonar. Era el mismo tono de antes, era Guillermo. Aquello había sido muy mala suerte. El asaltante, ya furioso, empezó a ahorcar a Samuel, aún con la navaja en manos.

-¿Este es el fin? –pensó Samuel, pero algo surgió en él. Era esa fuerza que nos domina a todos cuando la necesitamos, cuando aún queremos vivir, cuando no queremos decir adiós a esta vida— ¡NO! –resonó en toda la calle como si un rugido se tratase—

Un empujón llevó a parar al asaltante a quien sabe dónde. Samuel cayó de rodillas al suelo, tratando de recuperar la respiración. Pero no estaba de suerte pues un punzante dolor se hizo presente en su abdomen y un seco golpe en su nuca lo dejó inconsciente. Cuando finalmente se despertó, logró divisar una ventana y habitación blanca. Sí, estaba en el hospital. Al parecer había sido acuchillado y golpeado en el mango de un arma. Le habían robado 3 euros a cuestas y su móvil, no era gran perdida, pero había perdió su única comunicación con Guillermo. Su rostro se llenó de frustración y dolor. Empezó a sollozar mientras trataba de recordar algo, un e-mail, algún dato personal, una web, pero nada. Después de todo solo eran un par de desconocidos enamorados.

Por otra parte, Guillermo empezó a sugestionarse cosas, sin duda lo peor de pudo hacer. Su mente empezó a tornarse turbia de nuevo, llenándose de malos recuerdos y momentos dolorosos. No quería admitirlo, pero, aparentemente, Samuel se había olvidado y fastidiado completamente de él. “Niño tonto, ¿Cuánto tiempo creíste que Samuel iba a estar contigo? ¿Creíste que sería para siempre?”  Era algo que Guillermo se solía repetir una y otra vez, a cada momento.

Algunas personas dicen que el tiempo cura las heridas y en parte es cierto, toda cicatriz cierra, pero en ocasiones sangra. Así se encontraba el corazón de Guillermo y Samuel, ambos se lamentaban la perdida, incluso les dolía como si estuvieran en luto.

La vida que empezó a correr Guillermo había sido buena, pero no fácil de llevar. Día tras días, mientras Carola recibía tratamiento, se le veía a Guillermo con un rostro con ojeras y perdido en la nostalgia. A veces no comía por estar al lado de su hermana, solo se iba cuando tenía que duchar. Las noches las pasaba en vela, esperando a que ella se repusiera. Pero como siempre, todo gran sacrificio recibe su merito.

El tiempo paso volando, días, semanas, meses, estaciones, todo se teñía y decoloraba poco a poco, hasta que llegó ese día. Por increíble que suene, fue solicitado como maestro de literatura en la universidad de Colorado pues una misteriosa fuente informo los estudios que tenia y sin dudarlo le llamaron, al fin un rayo de luz iluminaba a Guillermo. Una tenue sonrisa comenzó a formarse en él. Sin duda disfrutaría dar sus clases y el inglés no se le dificultaba, así que sin duda aceptó. Como todo, el principio fue complicado, pero cuando consiguió la confianza suficiente, el amor que le tenía por la literatura hablaba por sí mismo. Aparentemente era un hombre alegre y serio que se dejaba llevar por sus palabras, pero eso era solo una máscara para engañar a los demás, pues por dentro su corazón seguía gris. Intentó salir con otras personas, chica tras chica, incluso chico tras chico, pero nada, no sentía nada.

-No puedo olvidarte. –musitó al borde del llanto en una de sus noches de desasosiego—

No podía más y corrió con lágrimas a sus ojos a su portátil, abrió una nota y empezó escribir palabras, oraciones, párrafos, estrofas llenas de melancolía. Finalmente se podía deshacer de todos esos dolorosos sentimientos. Al fin los podía dejar atrás y quedarse con los buenos recuerdos. Y así pasaron amaneceres, atardeceres y noches, escribiendo nota tras nota, hasta que algo llegó a su cabeza “No quiero olvidarte, pero a este paso lo terminaré haciendo”

Era cierto, aquel dolor punzante empezaba a desaparecer, el decir “Samuel” ya no le producía ese cosquilleo mágico de antes. Empezó a desesperar “No, no quiero esto. A este paso me olvidaré de ti”  llegó y se quedó en su mente. Así que desesperadamente abrió una nota nueva y empezó a escribir el día de cuando se conocieron, su primer dialogo, su desaparición, su casi primer beso, su navidad, su despedida, todo. No tardó más de una semana en escribir todo como si fuera un diario, no importo cuando le doliera o cuanto llorara, él estaba decido a terminar de escribir sus memorias.

 Los días pasaron y el archivo con nombre “memories” se hicieron pasar por “memory posts” y así llegaron a manos del prefecto en la rama de artes y ciencia. Para mala suerte de Guillermo, por así decirle, el prefecto sabía leer y hablar español a la perfección. Este al leerlo pensó que se trataba de una broma, pero cuando lo terminó se quedó anonadado ante tal trabajo y mandó a llamar al Guillermo. Un Guillermo muy apenado y rojo de vergüenza atravesó la puerta para conseguir unas felicitaciones y una propuesta para publicar su obra. Guillermo estuvo muy tentado a decir que eso era un diario, pero ese era su sueño, triunfar en la literatura. El sopesar de la propuesta fue duro, pero en menos de una semana ya había aceptado, la única condición impuesta por el prefecto fue que desarrollara la historia un poco más y que se presentara ante la universidad.

Al principio le fue difícil a Guillermo poner un buen principio y un final, pero llegó a la conclusión que su libro no sería una típica novela romántica, sino que sería un libro de auto superación en el cual contara su historia indirectamente. Y eso hizo, escribió por noches sin dormir, no importaba que diera clases al día siguiente, con dormir escasos minutos, el estaba consiguiendo su sueño y no lo dejaría escapar sin luchar.

Terminó su libro, cambio los nombres a Willian, Sean y Anne con respecto a él, Samuel y Elizabeth respectivamente, al igual que sus estudios, con el fin que no se volviera una autobiografía. Pasó aquellas hojas ante las miradas serias de los prefectos y el director, y después de semanas, finalmente le dieron respuesta.

-Será publicado.

Aquellas palabras le robaron unas cuantas lagrimas y una sonrisa a Guillermo, sus ojos brillaron y casi empezaba a saltar como niño pequeño. Por fin empezaba a vivir su sueño, no dudo ni dos veces en decirle a Elizabeth, la cual dio un gran grito de emoción al escucharlo, ambos gritaron, rieron y lloraron de felicidad, todo parecía ir bien en su vida, solo faltaba Samuel.

¿Qué había sido de él? Pensó Guillermo, ahora no era más de un nombre y un agridulce recuerdo, su voz ya parecía un zumbido y su rostro y facciones eran siluetas borrosas. Había logrado lo que temía, el olvido estaba consumiendo sus recuerdos. Ya no había vuelta atrás, Guillermo sabia que tarde o temprano esto iba a pasar, lo único que podía hacer era sonreírle a la nueva vida y dejar atrás el pasado aunque le doliese.

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Ya poco más de 4 años pasaron y Guillermo nunca volvió a escuchar el nombre de “Samuel” de labios que no fueran los suyos. Aquello había sido un trago agridulce en su vida, la cual ahora se tornaba mejor. Carola logró salir de su enfermedad exitosamente, ahora ella se encontraba estudiando para entrar a la universidad que le había salvado la vida. Guillermo no podía estar más feliz por ello. Elizabeth, su mejor amiga, había conseguido ser periodista de exclusivas para el New York Times, sin duda lo mejor que le pudo pasar en la vida. Ahora ambos estaban en el mismo país y continente, incluso ya se habían visto, mínimo, unas 15 veces en los últimos años.

Y ¿Samuel? Samuel siguió con su vida, ¿Sufrió igual o peor que Guillermo? Eso nadie lo sabe, solo que siguió dando clases y trabajando en el hospital hasta que consiguió cupo en alguna maestría. Él se propuso algo nuevo, cumplir su actual sueño el cual nadie sabía.

Ya casi era medio día, Guillermo se encontraba dando una conferencia sobre su libro “Navy blue yarn” o “El azul que nos une” en español, el cual publicaría en semanas. Un Guillermo de ya 26 años de edad yacía a punto de terminar su plática y a minutos de empezar la tan esperada firma de autógrafos. La sala estaba llena de gente y periodistas, entre ellos Elizabeth, la cual tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Guillermo termino con “No importa que tan doloroso, vergonzoso o difícil sea, nuestras heridas no sanaran  si las olvidamos, debemos aceptarlas para poder dejarlas atrás y seguir adelante.” No eran las mejores palabras, incluso él lo sabía, pero toda la sala se llenó de aplausos, sin duda Guillermo estaba feliz. Una larga fila se hizo frente a una pequeña mesa, persona tras persona desfilaban mientras le daban la mano, pedían una que otra foto y finalmente daban su copia para ser firmada.

Ya eran casi las 2 PM, Guillermo estaba agotado y es que la firma de libros terminaba a la 1, pero el prefirió autografiar a todas y cada una de las personas que se parara frente al stand, ahora se arrepentía un poco, su estomago rugía de hambre y sus ojos estaban a punto de cerrarse para caer en un sueño del cual nadie lo pudiera despertar.

Ya solo faltaban 3 personas, pasó una, pasó otra y ahora solo queda una. Guillermo ya estaba tan cansado que ni siquiera alzó la mirada, ya le daba igual que lo pensaran de él.

-Thanks to come at my book’s 2nd edition release conference. –dijo entre dientes, a lo que aquella persona rió en voz baja. Guille no pudo evitar reír también, ¿Qué estaba haciendo? Que esto era lo que soñaba, ¿no? Aquella persona dejó el libro sobre la mesa sin decir nada— Okey, What’s your name? –dijo mientras veía la portada de aquel libro, era una bufanda azul con rayas blancas, muy similar a la que Samuel le había obsequiado años atrás, y que justamente estaba usando ese mismo día. Sacudió la cabeza para olvidar ello y abrió el libro—

-Pues, no lo sé…

Esa voz hizo que cada vello y cabello en su cuerpo se erizara. Un dolor en la cabeza le hizo tambalear en su silla. La silueta y el zumbido se hicieron presentes dentro de su cabeza, haciendo que este se la tomara con fuerza. Se negó a alzar la vista, Guillermo se negaba a creer lo que le estaba pasando.

-Ponlo para el amor de tu vida. –dijo conteniendo su emoción—

Guillermo, al escuchar esas palabras, alzó la mirada sin más y ahí lo encontró, su corazón volvió a latir con locura, su vista se nubló, aún no se creía lo que veía.

-Samuel. –dijo mientras ponía una de sus manos en la boca—

-Hola Guille, cuánto tiempo, ¿no?

Todos los recuerdos aparecieron, la silueta borrosa se llenó de colores y detalles, el zumbido pasó a ser una voz singular, era él. Un Samuel de ya 30 años, igual y como lo recordaba, estaba parado justo frente a Guillermo, parecía un sueño hecho realidad. Guille casi tira la mesa de la emoción. Corrió hacia Samuel y le abrazó con fuerza para saber si era real y no una ilusión. Todo era real, sí era él. Guillermo empezó a llorar de felicidad mientras recargaba su cuerpo contra Samuel, a lo que él solo le abrazó con fuerza mientras sobaba su cabeza. Era una muy bella escena. Balbuceos se escuchaban por parte de Guille y la poca gente, Elizabeth incluida, no podían ver tal cuadro tan enternecedor sin sentirse felices por el joven escritor.

Samuel tomó de la barbilla a Guillermo y, con su dedo pulgar, secó una de las lágrimas del joven de ojos rasgados.

-Aún usas mi bufanda. –afirmó en susurros cerca del oído de Guille, a lo que él solo asintió para confirmarlo pues el llanto impedía que hablase— Pensé que no la volverías a usar. –susurró—

-Eso… -dijo Guille un tanto alterado, pero fue interrumpido por su amado—

-Perdón por desaparecer, –musitó para ambos— pero muchas, muchas cosas pasaron.

Guillermo calló y se perdió en sus ojos justo como solía hacer tiempo atrás. Cerró los ojos y se acercó tímidamente para estrechar sus labios con los de Samuel. Fue un beso hermoso, lleno de sentimientos para ambos, tan dulce, tan puro, como si se tratase del primer amor, pero ese era, el primer y único amor de ambos. Ambos se separaron en busca de aire y se miraron a los ojos. Las lágrimas aún seguían en el rostro del escritor, pero una gran sonrisa, tan brillante como el mismo sol, posaba en sus labios ¿Se podía ser más feliz ahora?

-Prométeme que no te volverás a ir. –musitó Guillermo mientras posaba su frente en la de su amado—

-Lo juro, no dejaré que nada nos vuelva a separar.

Eso fue suficiente para que los que quedaban en la sala aplaudieran como si del final de una obra se tratase. El día de trabajo terminó para Guillermo, era hora de interrogar a Samuel en pocas palabras. Al parecer Samuel había sufrido lo mismo, pero la diferencia fue que él se propuso a reencontrase con Guille, costara lo que costara. Desde entonces siempre trató de obtener cupo para estudiar una maestría cerca de Colorado y, finalmente, lo había conseguido. Su vuelo curiosamente hizo escala en New York y debido a que tenia 4 horas de espera para su siguiente vuelo, salió a curiosear por la ciudad ¿Quién iba a decir que en la primera librería que encontrase se encontraría Guillermo? Destino, tal vez.

Lo que pasó después de su encuentro son cosas sin tanta relevancia y serían solo un montón de detalles sin importancia.

Con el paso de los meses Samuel terminó su maestría y consiguió un contrato en un hospital en California, obviamente no iba perder la oportunidad y le pidió a Guille que fuera con él. Guillermo aceptó sin más, había obtenido ciudadanía americana con ayuda de sus padres y ahora podía estar en el país como si de su tierra natal se tratase.

Este no es el final feliz, pues su historia no termina, al contrario, aún está comenzando. Ahora ambos están empezando una nueva vida juntos, amándose con cuerpo y alma, viviendo como si fueran uno, siendo infinitos.

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Y bueno, con esto damos por terminado el mini fic, esperamos les haya gustado tanto como a nosotros. No olviden darle like si les gusto y rebloguear.

Sin más, nos despedimos anieway y yo, y hasta la próxima ^^7

Mejores Amigos (One shot Wigetta)

Guillermo estaba muy nervioso, más que aquella vez que olvido por completo toda la información que se había molestado en recopilar para su exposición sobre el sistema respiratorio y no era para menos, ya que, después 4 años se había animado a invitar a salir a Samuel, su mejor amigo, no es que fuese nada fuera de lo común, ellos acostumbraban salir a comer juntos o a pasear, incluso veían películas los viernes por la noche en casa del chico. Pero esto era diferente, al menos para él, esta noche se atrevería a contarle sus verdaderos sentimientos. Así es, Guillermo  había caído en el típico cliché del chico enamorado de su mejor amigo. ¿Y cómo no hacerlo?  Pare él, Samuel era hermoso por dentro y por fuera (aunque ese fuera un adjetivo poco común para describir a un hombre) desde sus ojos café obscuro que brillaban siempre que estaba sonriente o mientras pensaba en algo que le gustaba, sus chistes malos, las historias que se montaba de la nada y lo dejaban muerto de risa o bien asustado pensando en que su compañero era un loco obsesionado con los niños muertos. Sus grandes manos que le hacían sentirse seguro siempre que lo rodeaban, su inteligencia,  lo bien que olía siempre, las bonitas palabras y motes cariñosos que se le escapaban, esa habilidad para poner de buen humor a quien fuera… Bien, quizá debía detenerse, aunque podría seguir toda la noche este no era el momento. Cenarían en un bonito restaurante cerca del muelle, se las había ingeniado para convencerlo de usar una de esas camisas que él tanto odiaba pero que a él le parecía que le quedaban perfectas, todo había sucedido en una de sus típicas conversaciones.

-Hey, Samuel ¿Te gustaría ir este  sábado a cenar conmigo?- dijo Guillermo mientras fingía prestarle atención al libro que descansaba en sus manos.

-Por supuesto- respondió él  con una sonrisa-¿A dónde iremos?

-Es un restaurante nuevo, cerca del muelle, es bastante elegante por lo que me han dicho, así que más vale que lleves algo más formal de las fachas que llevas siempre- Sabia que eso sería suficiente para picarle.

-Ya verás- comenzó a decir mientras reía- Te demostrare que puedo ser el chico más guapo que hayas visto en tu vida.-

No hacía falta que demostrase nada, él ya lo sabía, pero ni de broma se perdería la oportunidad de volver a verlo con una camisa puesta.

Alcanzo a ver como se acercaba y como siempre intento mantener la boca cerrada, pero aun así no pudo contener una sonrisilla tonta

-Te ves realmente genial Sam ¿Ves como no hace daño llevar ropa elegante de vez en cuando?

-Oh, cierra la boca- contesto en tono de fingida molestia, luego sonrió- Tú también luces realmente bien Guille- le aduló.

Guillermo simplemente le regreso la sonrisa mientras lo conducía a la entrada del restaurante. En un comienzo no hablaba mucho lo cual le parecía un tanto extraño a su amigo, pues el chico siempre acostumbraba a hablar hasta por los codos, pero de a poco se fue soltando, este era Samuel y antes que nada eran mejores amigos de forma que media hora después se encontraban riendo hasta llorar de uno de los tantos chistes malos del castaño.

Cuando salieron, decidieron caminar un rato por allí simplemente porque les apetecía, Guillermo sabía que ese era el momento o terminaría por acobardarse. Abrió la boca pero Samuel lo interrumpió.

-¿Puedo hacerte una pregunta?- Aquello sólo ayudó a ponerle más nervioso.

-Por supuesto- Fue lo único que pudo decir

-Has estado hablando con este chico nuevo ¿No?, ¿Cómo es que se llama? Ah sí, Sebastián.- Guille sabía que esto no terminaría bien, ya había visto a Samuel utilizar ese tono de voz antes, era obvio que él no olvido el nombre del chico, lo hizo a propósito.

-Claro, ya sabes, siempre me ha gustado hacer nuevos amigos- Definitivamente eso no acabaría nada bien…para él.

-Había pensado que ya que tú lo conoces y tienen un poco de confianza podrías presentármelo. Luce exactamente como la clase de chico con el que saldría.-

Y ahí estaba, su corazón rompiéndose en tantos pedacitos como era posible, su respiración se había quedado atascada y pudo sentir como todas aquellas ilusiones que había creado con el paso del tiempo se desmoronaban con tanta rapidez  como el papel mojado.

-¿Entonces, me lo presentaras?- La voz de Samuel lo trajo de regreso al mundo real, sus ojos tenían ese brillo de esperanza que hacía que ese nudo en su garganta y el dolor en el pecho se acentuaran.

-Cla-claro- Intentaba controlar las ganas de echarse a gritar de frustración

-¡Eres el mejor amigo del mundo!- Chillo emocionado al tiempo que lo abrazaba- Bien, debo irme se está haciendo tarde y sabes cómo se pone mi madre, te llamo más tarde para planearlo todo, ¿vale?

Él simplemente asintió, y lo observo alejarse hasta que la perdió de vista, se sentó en una de las bancas de madera dispersadas a lo largo del muelle y se permitió derramar algunas lágrimas. Alguna vez había escuchado que el primer amor de una u otra forma siempre termina rompiéndote el corazón, y en estos momentos no podía estar más de acuerdo.    

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Me anime de nuevo a subir algo que escribí, sigo siendo nueva en esto, así que si alguien ve cualquier error ortográfico, de coherencia o no entiende algo agradecería que me lo comunicara c: 

Espero que les guste z4

Oneshot Wigetta: Willy en Hawaii

Es la primera vez que escribo algo de Wigetta. Tengo muchas ideas de como podría continuar la historia pero primero de todo espero que guste. ¡Así que si queréis más decídmelo! ¡Besos!

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Estaba en Hawaii con Luzu y me lo estaba pasando bastante bien. El paisaje era increíble y aunque nunca había viajado a solas con Luzu, resultó ser un buen compañero de viaje. No me podía quejar, la verdad. Encima, mañana me iba a levantar temprano para poder ir a nadar con tortugas marinas y así completar uno de los sueños que quería cumplir hace mucho tiempo. Es fascinante pensar que esta experiencia nunca hubiera sido posible si no estuviera donde estoy hoy en día, tanto profesionalmente como personalmente.
Luzu me había pedido hacer un video de preguntas y respuestas conjuntamente y como no tenía nada mejor que hacer, había aceptado sin pensármelo dos veces. La verdad es que no me importaba salir a menudo en los video de otros Youtubers amigos.  
Mientras estábamos allí sentados haciendo el video, podía ver toda la puesta de sol, que he de decir que era preciosa. Parecía que estábamos en una película. Nunca me suelo poner profundo y decir ñoñerías pero el espectáculo de luces que bailaba enfrente mío era fascinante.
Una de las preguntas que fueron enviadas a Luzu era la siguiente: ¿Si pudieras viajar atrás en el tiempo, que cambiarías de tu pasado? Ufff, cuantas veces había yo pensado en la respuesta de esta interrogación. Afortunadamente, la respuesta de Luzu era bastante parecida a lo que yo estaba pensando en ese momento así que me la jugué y contesté lo que muchas noches me había dejado despierto y sin poder dormir:
“Tienes que sentirte orgulloso de ti mismo. Es decir, que cojas y te sientas orgulloso de lo que haces, de cómo es tu vida, qué has hecho. Y una vez que has llegado a ese punto, hayas hecho lo que hayas hecho, haya estado bien o mal, te arrepientas o no te arrepientas, todo lo que hayas hecho a lo largo de tu vida, te ha llevado hasta ese punto, así que, para mí, es como si ahora estoy orgulloso de cómo soy como persona, no quiero cambiar nada, no quiero cambiar nada porque si bien lo he pasado muy mal, o lo he pasado muy bien, ha hecho que llegue hasta este punto. Entonces no quiero cambiar nada, si estoy aquí, estoy aquí.”
Me sorprendía al darme cuenta que había dicho todo ese discurso sin pararme a pensar ni un momento en lo que salía de mi boca. Me había quedado bastante bien, si he de decir la verdad. No había tartamudeado como suelo hacer. Al parecer Luzu también se dio cuenta: “Wow. ¡Menudo monólogo Wilfred! Es como si tuvieras el discurso preparado desde hace tiempo.” Hasta yo mismo estaba impresionado. No se si Luzu sabía que muchas de las cosas que había dicho tenía que ver con mi situación con Samuel pero agradecí que en ese instante no comentara nada del tema.
Cuando acabamos de grabar el video, Luzu me dijo que esa misma noche estaría subido a Youtube. No sabía si Samuel iba a verlo pero de lo que estaba completamente seguro es que sabría que ese pequeño monólogo iba dirigido a él y que no lo iba a dejar pasar por alto. Lo conocía y sabía al 100% que me escribiría cuando viera el video.
Y así fue como a las 00:00h recibí un mensaje de Samuel. Me reí al ver que me lo había escrito a medianoche porque puede sonar cursi pero la medianoche es la hora donde un día acaba y otro comienza; en cuestión de segundos pasa de ser ayer para ser el mañana y no me digáis que no hay nada de mágico en eso. ¡Me cago en todo! ¿Que me estaba ocurriendo? Me estaba volviendo demasiado ñoño.
Samuel: Hay que decir que la respuesta a esa pregunta te ha quedado ni que pintado.
Yo: Hombreee… es que cuando yo empiezo a hablar no hay quien me pare.
Samuel: ¿En serio que no te arrepientes de nada?

Yo: No.
Samuel: Joder chaval. Estamos en el peor momento de nuestra relación y no querrías hacer nada para cambiarlo… No se como me hace sentir eso, la verdad.
Yo: Mira Samu, quedan unas semanas para que viaje a Madrid, ¿vale? Tenemos tiempo para hablar de las cosas una vez llegado ese momento.
Samuel: Ya lo hablamos, nos hicimos daño y no hay vuelta atrás.
Yo: ¿Eso quiere decir que hemos acabado? ¿Al 100%?
Samuel: Eso quiere decir que te espero aquí para hablar las cosas.
Yo: Madre mía Samuel, es lo que te acabo de decir… ¡Como te gusta copiarme, eh!
Samuel: Calla anda y vete a dormir, que allí es tarde.
Yo: Ves lo que te digo, no me arrepiento de las cosas que he hecho porque me han traído a este momento. Y lo de hablar las cosas en Madrid me da esperanza.
Samuel: Chaval, Willy. Que raro se me hace que hables tan profundamente de las cosas…
Yo: Ya lo se tío, es el ambiente que hay por Hawaii, que me hace decir ñoñerias. No te me acostumbres que pronto volveré a ser el borde que conoces ;)
Samuel: Ya echo de menos a ese borde. Buenas noches y que tengas dulces sueños.
Bueno, al parecer las cosas volvían a tomar su rumbo. A ver, mentiría si dijera que lo que dije en el video de Luzu fue sin segundas intenciones. Mi intención verdadera era que sabía que Samuel me diría algo y no iba a dejar que mi oportunidad pasase.
Escuché a Luzu salir del baño y rápidamente me hice el dormido. No quería que me viese con la sonrisa de tonto que había plasmada en mi rostro.

Wigetta-Drabbles de la A a la Z

Drabble anterior : http://una-cereza-shipper.tumblr.com/post/115885155558/wigetta-drabbles-de-la-a-a-la-z#notes

CALCETINES

Odiaba que sus calcetines siempre se perdieran, no era normal que después de lavarlos siempre se quedara con uno o dos pares incompletos. Samuel seguía lanzando maldiciones por lo bajo mientras rebuscaba entre los cajones de ropa con la esperanza de encontrar aunque sea un par de estos, miró el reloj y soltó un bufido al darse cuenta que ya se le hacia tarde para ir al gimnasio, así que resignado y sin otra alternativa, tuvo que ponerse dos calcetines distintos.

Guillermo quien se había levantado temprano debido al escándalo producido por su compañero de piso, lo miraba divertido desde el marco de la puerta. Prudentemente se hizo aun lado cuando su compañero paso sin siquiera darle los buenos días, lo conocía demasiado como para saber que si hacia algún comentario inapropiado muy probablemente recibiría una hostia que era mejor evitar.

Finalmente Samuel salio aun lamentándose de su tan horrible forma de empezar el día, pero se tranquilizo un poco al recordar que podría descargar toda esa frustración con una buena rutina de ejercicio. Tardo un poco más en salir del gimnasio, pero después de todo ya estaba con un humor mucho mejor a como había estado por la mañana.

Al llegar a su departamento se dirigió a su habitación y se percato de la voz de su amigo que muy probablemente estaría grabando.
Entró a su habitación para darse una ducha, pero se dio cuenta del pequeño paquete que yacía sobre su cama. Curioso abrió este, solo para encontrarse con algunos pares de calcetines muy monos a decir verdad, seguro obra de Guillermo.

Samuel sonrió, eran ese tipo de detalles que hacían que cada vez mas le fuera teniendo un cariño diferente a su amigo, un sentimiento muy parecido al amor.

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Ayy que bonita es la letra C *la creen loca*

¿Cómo están hoy? :D, yo tengo demasiada tarea y además todavía debo varios pedidos de Drabbles T.T
¡Saludos!