sabores

Vivir acariciando tus rincones,
descubriendo tu sentir,
acoplando tu sabor a mi boca,
encarrilando tu humanidad en mis manos.

Recostar por las tardes mis pensamientos
en todos tus sonidos abdominales.
Contemplar la evolución de tu cuerpo
fusiforme e invadido sobre el mío.

Almas inasibles entrejuntadas,
agujereadas en el plexo solar.
Sostener el hilo de tu voz,
entretejerlo como arrebol en mi oído.

Condensar mi piel a la tuya
y caer esperanzado en tu precipicio,
sin más temor que el de un ave
que se aproxima libremente a su presa.

Desbastar nuestra tierra y habitarnos a solas,
miel de súplicas desde el laberinto de tus ojos,
insistir de mis dedos recorriendo colinas
y persiguiendo su propia sombra desde tu sol.

—  Vuelta y Giro.