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Hoy en Ruinosaurios, toca luto. 

El conocidísimo “Toblerone” de Almería va a ser demolido para realizar viviendas VPO y lucrativas. La destrucción de este patrimonio está acabando con gran parte de la memoria que la magnífica industria que el siglo XX nos deja, todo por satisfacer los bolsillos de aquellos que se niegan a aceptar que el lucro causado por la construcción está causando el lucro de la destrucción.

Un edificio así, más allá de una opinión estética y efímera dada por una época, es memoria, es ejemplo y es valor. Todos los que lo han vivido tienen su propio recuerdo. Sin ir más lejos mi madre me ha contado como vivía ver como todo el polvo rojo del material procedente de las minas de Alquife se levantaba al paso del tren, tiñendo el ambiente de color, igual que el edificio. Mis amigos me cuentan como lo han vivido por fuera y por dentro desde pequeños jugando, colándose, como han sido adolescentes en él, o como lo han mirado desde las ventanas de sus casas.

Los especuladores no parecen darse cuenta de que el reciclaje de este enorme espacio capaz de emocionar a cualquiera puede ser la imagen de la ciudad, que dándole una correcta función y uso podría mejorar la vida de sus habitantes. Y lo mejor: ¡Ya está hecho!

Pero no, promocionamos el consumo rápido, la destrucción, la mafia, el lucro de los menos, usar y tirar, sin darnos cuenta de que este alzheimer urbano provocará que en el futuro nuestra época se conozca como “La Edad Estúpida” , de la que no recordaremos nada porque nada queda que recordar.

Creemos que tener un edificio histórico es tener patrimonio, pero tener una iglesia o un palacio es simplemente tener un hilo, porque las ciudades al igual que las telarañas no se forman con un solo hilo, se realizan con una suma de ellos, y son más bellas cuanto más tiempo toman en entretejerse

Por ello este pequeño requiem y su consecuente luto, que no va por el edificio, va por la memoria de todos aquellos que en algún momento dado se pararon a observarlo, para bien o para mal, porque esa experiencia quedará como el solar de este edificio.

vacío y nada más.

1-Interior del “Toblerone”. Fotografía de Pol_Andreu en Flickr

2-Vista del “Toblerone” y entorno de Almería

3-PFC de reciclaje de las naves

Barroco inside barroco

Normalmente no suelo comentar lo que publico en Tumblr, con la intención de que cada uno le de la interpretación que crea conveniente y de no aburrir con sermones más o menos fundamentados, sin embargo esta foto provocó en mi subconsciente una historia en la que de vez en cuando me sumerjo, A veces soy el protagonista de la trama, otras soy un personaje secundario, o incluso uno de los cuadros.

Surgió en un momento concreto, donde andábamos unos cuantos de allá para acá, los de siempre, cargados las herramientas para ejercer propiamente el oficio, en un paseo que era prácticamente un mero trámite entre los puntos A y B.

Pese a ello curiosidad y la fascinación que sentía por aquella ciudad en la que pase tan solo unos días me llevaba a observar absolutamente todos los detalles de estos recorridos con asombro infantil, como si nunca hubiera visto un ladrillo sobre otro, o una puerta, o un umbral.

Pues fue en el ajetreado paso donde durante unos segundos vislumbré un umbral, un umbral magnético que me atrajo como una polilla a la luz, una luz que se deslizaba como seda sobre las curvas de los muros maltratados por la humedad y el salitre, muriendo en el negro dominante de los fondos de unos lienzos. Estos lienzos eran imágenes cotidianas vistas con los ojos del propio Caravaggio, recreaciones de escenas donde las figuras emergían sobre fondos en penumbra, llenando más allá del lienzo, el estudio, y que, en su afán de ejercer de continente recreaba todo un festival de gente en escorzo, auténticos y desgarradores contorsionistas psicológicos.

Fue entonces cuando vi una sombra, y de forma casi instintiva tiré un par de fotos, temiendo que el ser atormentado que pintó esos cuadros en el fondo de un taller del Castello, descargase la ira contenida por un hecho dramático en el que yo jamás tuve nada que ver. El miedo inconsciente e irracional de ser descubierto como voyeur en tan sensual escena se apoderó de mi, el equilibrio era demasiado frágil como para echarlo a perder siendo descubierto, así que huí en busca de mi grupo que se alejaba, tras el paso de esos frágiles segundos donde yo había viajado a otro lugar, donde no sabía que era lienzo y que era espacio, que era ficticio y que real, unos segundos donde temiendo una sombra había descubierto al maestro bajo la atenta mirada de cableado, ventiladores y fluorescentes.

Por ello de vez en cuando vuelvo sobre esos segundos congelados en mi cabeza, recreando las posibles vidas de esa sombra que provocó mi huida, de aquellas gentes en dobladas como origamis de óleo y vuelvo sobre mi mismo, en ese momento y ese lugar que desaparecí de Venecia para convertirme en un figura de óleo sobre el umbral de una puerta.


Venecia, Septiembre 2013