rueda de bicicleta

Es interesante saber que quién cae por el intelecto de otro, tiende a enamorarse más rapido y sin darse cuenta, se sienten tan extraños al saber que son demasiado estupidos para que un intelectual los quiera de verdad. Pero al intelectual le gusta experimentar y te convierte en su rata de laboratorio. Es interesante observar todo eso siendo un tercero.

Ella no es una chica espectacular, ella es sólo una chica normal que me  flipa.

Porque ella no es campeona del mundo en nada
pero si la pienso fuerte le nacen tragaluces a los techos
y empiezan a moverse solos los columpios de los parques
y empieza a nevar sobre las playas mientras por la calle
los niños pequeños me miran con sus ojos grandes
como diciéndome
has sido tú, ¿verdad?

Por eso me flipa.

Porque ella mata a las rosas muertas
y hace lazos de cuello de cisne con las agujas del reloj
pero sus ojos no son como los de vuestras novias,
no son de azul laspilázuli ni verde jade,
son vulgares y marrones como los de cualquiera,
y sin embargo cuando ella me mira, me suena La Marsellesa por dentro, me mira y me ve más valiente que el trueno,
aunque es ella la inconsciente que vuela sin tren de aterrizaje,
kamikaze perdida, hacia mí, yo antes no era así, me dice,
pero entonces
tú.

Por eso me flipa.

Porque tiene todos los defectos de la mujer verdadera
pero ni un solo lunar, os lo juro, ni uno solo,
os lo digo yo, que los he buscado con lupa y cartabón,
con mapas y sextantes, y he encontrado a cambio
las huellas de la vida en su piel,
trazos minúsculos de ruedas de bicicleta en sus muslos,
piel de naranja en sus nalgas que me dicen yo sólo soy real.

Por eso me flipa.

Porque es el pan y la tierra.
Porque la miro y pienso
que quién quiere princesas quién quiere trenzas de arcoíris
quién amores de gominolas, cuando tiene delante los defectos de la mujer cierta que llora y sangra y suda contigo
las batallas que en tantas otras ocasiones perdimos
pero que quizás, sólo quizás,
esta vez
no.

—  Por eso | Karim Chergui.
—¿Eso es lo que querías decirme?
—No. Vine para decirte que sé que te hice daño y que lo siento.
Ella cerró los ojos—. No importa — dijo porque quería que no le importara—. Dije que te amaba, luego llamaste a Gail para que fuera a tu casa para acostarte con ella.
—No la llamé. Sólo apareció, y no tuvimos relaciones sexuales.
—Vi que las ibais a tener.
—No pasó nada. Y no iba a pasar nada. Viste lo que yo quería que vieras, pensaste lo que quise que pensaras.
Ella levantó su mirada a la de él—. ¿Por qué?
Él aspiró profundamente—. Porque te amo.
—No tiene gracia.
—Lo sé. Nunca he amado a ninguna mujer más que a ti.
No lo creyó. No podía creerle y arriesgar su corazón otra vez. Dolía demasiado cuando se lo rompía—. No, te gusta confundirme y volverme loca. En realidad, no me amas. No sabes lo que es el amor.
—Bueno, creo que lo sé—. Bajó las cejas y dio un paso hacia ella—. Te he amado toda mi vida, Delaney. No puedo recordar un día en que no lo hiciera. Te amaba el día que prácticamente te dejé inconsciente con una bola de nieve. Te amaba cuando pinché la rueda de tu bicicleta para poder acompañarte a casa. Te amaba cuando te ví escondida detrás de las gafas de sol en el Value Rite, y te amaba mientras estabas colgada por ese hijo de puta perdedor de Tommy Markham. Nunca olvidé el olor de tu pelo o la textura de tu piel desde la noche que te subí al capó de mi coche en Angel Beach. Así que no me digas que no te amo. No me lo digas — Su voz tembló y la señaló con el dedo—. No me digas nada de eso.
— 

Truly Madly Yours (Truly, Idaho #1) , Rachel Gibson

A quienes reprochan a Duchamp el que haya provocado una crisis en el arte y que lo haya conducido a su final, debemos hacerles ver que parece más bien que él fue sensible a una crisis ya existente. Además, dificilmente se le puede reprochar, a la vez, ser un bromista y haber destruido el arte. Ello significaría admitir que no se requería mucho para liquidarlo. (…) Éste es el resultado de más de un siglo de tradición moderna: el arte ya no es más que una mercancía. Se disolvió la oposición entre el artista y el público, la cultura de élite y la cultura de masas. Mientras que la pintura norteamericana de la posguerra se había quedado marcada profundamente por la tradición europea (cualquier respecto por el gran arte ya no venía a cuento), el arte contempóraneo ya no tenía como adversaria a la tradición sino a los medios como aliados. Del dandi de Baudelaire, encarnación del héroe moderno, ya no quedan más que los harapos en el uniforme de cuero negro de Warhol. ¿Y dónde quedó la melancolía? El arte, totalmente desprovisto de trascendencia, se reduce a una especulación.

La historia, siempre irónica, quiso que la tradición moderna culminara en el pop, en el que la interpretación literal de todos los criterios de la modernidad conduce a un escepticismo radical respecto a la modernidad y al arte. Lejos de representar la revolución cultural en la que pudieron creer, sobre todo en Europa, las generaciones de 1968, el arte pop reveló la naturaleza elitista y esotérica de la tradición moderna y desnudó la dependencia de todo arte en relación con el mercado. Depués del pop, se podría hablar todavía del arte minimalista, conceptual, hiperrealista, del Body Art, etcétera, pero todo eso parece anecdótico si lo comparamos con la moda posmoderna.

Rueda de bicicleta sobre taburete, 1913, Marcel Duchamp

Las cinco paradojas de la modernidad, 2010, Antoine Compagnon