rozanes

Y cuando reímos en la cama, desnudos, sin un mundo a nuestro alrededor, solo nosotros jugando, en un mar de risas y bromas sin sentido; ahí es cuando más me gusta estar a tu lado, cuando nuestros cuerpos chocan y puedo sentir tu tacto, cuando nuestros labios rozan y puedo sentir tu deseo, cuando sueltas esa peculiar sonrisa entre seductora e inocente, ahí puedo sentir tu amor.

Si pudiera conversar con mi yo del pasado le diría que no se preocupe demasiado si no encaja en algún sitio. Que dentro del suyo está todo lo que necesita para guiarse en el mundo. Que aprenda a escuchar su instinto y ya encontrará su lugar. Le diría que no tiene por qué seguir con alguien que le provoca dolor en la tripa. Que el que bien te quiere no te hará llorar. Que muchas creencias que oirá rozan el absurdo. Y el que te quiere querrá verte sonreír. Y si no quiere verte sonreír, no te quiere. Que no se ponga límites. Que siempre está en evolución y conseguirá realizarse cuando aprenda la lección más importante, quererse a sí misma. Y cuando lo haga, todo lo demás vendrá rodado. Podrá disfrutar de lo que le gusta, podrá reír, abrazar, amar y tener la vida feliz que por nacimiento merece.

“Me gusta que besen con el atrevimiento de no saber si es lo correcto.
Me gustan, me vuelven loca, los besos en la frente.
Pero aún me gustan más los que se dan con los ojos, sin rozar los labios.
Los besos robados, tímidos y pícaros. …
Me encanta callar a besos. Y que me callen.
Los besos de buenas noches… O noches de buenos besos…
Los besos que te hacen olvidar todo.
Los que mandamos por whatsapp que nunca damos.
Los besitos de las mamás en las heridas de los niños… Mamá, aquí, tengo pupa…
El beso más difícil, el que sabes que será el último.
Comerte a besos.
Los que rozan los labios.
Los apasionados que mueven los 34 músculos de tu cara.
Los que te muerden el labio.
Los besos en el cuello.
Un beso francés.
Los besos por vicio.
Los escondidos en una sala de cine, a oscuras.

Los que sirven como explicaciones. Los inesperados. 
 Los exploradores, recorriendo cuerpos.
Los que das a una vieja foto.
Los que paran el tiempo.
Los salvajes.
Los dulces e inocentes.
Los de los esquimales, frotándose la nariz y sonriendo.
El de después de hacer el amor.
También los de la mejilla. Bajo el muérdago.
Los que se dan a los sapos, buscando el príncipe azul.
Los que se dan bajo la lluvia, empapados.
Los que mandamos al cielo.
Los que preceden a un “sí, quiero”.
Los que se dan en el alma, sin saberlo.
Los que doy de puntillas.
Los que despiertan a princesas.
Los lentos.
Beso, verdad o atrevimiento!
Los que se dan en estaciones, en aeropuertos.
Los que damos después de las campanadas de fin de año.
Los tuyos…
Hoy sólo tienes dos opciones… O te beso, o me besas.“

  Alicia a través del espejo

El viajero paralelo, léela.

El viajero paralelo..

Ella: ¿Qué haces?

El: Nada, juego con una pelota jaja… Te extraño.

Ella: Yo también, quiero verte. ¿Qué tan lejos está Roma de Madrid?

El: Hmmm, no sé. Tengo una idea, pero dirás que estoy loco.

Ella: ¿Qué idea?

El: No cuelgues, voy a cambiarme y a empacar algo de ropa.

Ella: ¡¿Qué?! ¿Ropa para qué? ¿De qué hablas?

El: Te necesito; necesito verte.

Ella: Estás demente jajaja, no eres capáz.

El: ¿Bromeas? Lo haré, pero tienes que hablarme todo el camino.
(Empaca, sale al auto y empieza a conducir)

Ella: Esto es una locura, aún no te creo capáz.

El: Estoy decidido; ¡si no te veo me volveré loco, lo sé!
(Se oye un frenazo y cornetas de autos)

El: ¡Sal de mi camino, idiota! ¡Voy a ver al amor de mi vida!

Ella: ¿Qué pasó? ¿Estás bien?

El: Sí, sólo un imbécil daltónico que no sabe la función de un semáforo.

Ella: Jajaja. Te amo.

Él se queda pensativo unos segundos mientras conduce…)

El: Yo también te amo.
(Llega al terminal y empieza a hablar con la encargada de los boletos)

El: Señorita, ¿a qué hora sale el primer tren a Madrid?

Ella: ¡¿Es en serio?!

Srita: Sólo queda un boleto y sale en una hora aproximadamente.

El: Perfecto; quiero ese boleto.

Ella: ¡Respóndeme! ¡Estás demente!

El: Shhh. También quieres verme, ¿o no?

Srita: Aquí está, disfrute el viaje.

El: Gracias.

Ella: ¡Qué nervios! ¿Cómo me haces esto? Estás loco, Angel.

El: Jajaja. Así de loco me quieres.

Ella: ¡No! En serio, ¿estás seguro de lo que estás haciendo? ¿Dónde te vas a quedar?

El: Jajajaja. Rayos, no lo había pensado. ¿Estás en tu computadora?

Ella: No, pero está cerca, ¿por qué?

El: Consigue el número de un hotel cercano y me lo pasas, por favor.

Ella: Hmmm, bueno; ¿cómo llamarás sin colgar? Dijiste que hablaríamos todo el camino.

El: Existe más de un teléfono en el mundo, mi cielo.

Ella: Tonto. ¿Tienes para anotar?

El: Sí, dime.
(Ella le da el número del hotel)

El: Jaja gracias; ya reservo.
(Él llama y reserva una habitación)

Ella: No lo puedo creer aún, de verdad.

El: Cálmate; no es nada comparado con todo lo que yo haría por ti.

Ella: Cállate, eres un tonto.

El: Te amo.

Ella: Yo también te amo.

El: Estoy aburrido, divierteme mientras espero al maldito tren.

Ella: ¡No maldigas! Maldita sea.

El: Jajaja tonta.

Ella: Estás demasiado demente.

El: ¿No tienes otra cosa que decirme? Ya sé que estoy demente jajaja.

Ella: Hmmm, ¿cómo se supone que te divierto?

El: No sé; creo que ya subiré al tren.

Ella: ¿Te dejan ir con el teléfono?

El: Eso espero, dije que hablaríamos todo el camino.
(Entra al tren; por suerte, aún hablando por teléfono)
(Ella ríe con un tono de ironía)

El: ¿De qué te ries?

Ella: De nosotros, esto es increíble.

El: Si no quieres no lo hago.

Ella: Jajaja estás en el tren, no hay vuelta atrás; a demás, si quiero y lo sabes.

El: Jajaja es verdad, igual no pienso dar marcha atrás.

Ella: ¿Qué se supone que le diré a mi mamá?

El: No sé, tampoco lo había pensado.

Ella: ¿A quién engañas? Tú no piensas jajaja.

El: Gracias, yo también te quiero, corazón. (Tono de ironía)

Ella: Sabes que sí jajaja.

El: Si no fuera así, no estaría en esta locura.

Ella: Dime qué ves.

El: Mucha gente, muchos asientos… (Mira por la ventana.) Hmmm, árboles, más gente, casas.

Ella: Quiero estar ahí contigo.

El: Aquí estarás cuando te secuestre y nos escapemos jaja.

Ella: ¡Sí, claro!

El: Esto se está moviendo ya.

Ella: Qué locura, no puedo creerlo.

El: Es real, nos veremos en unas horas.

Ella: ¿Qué llevarás puesto? ¿Cómo te reconozco? ¿Dónde nos veremos?

El: Cálmate, una pregunta a la vez jaja.

Ella: ¡Responde, no es chiste!

El: Sueter blanco, jeans, gorro blanco… ¿Podemos vernos en el parque del que me hablaste?

Ella: ¿El que está aquí cerca de donde vivo?

El: Sí, ese.

Ella: ¿Cómo sabrás cómo llegar aquí?

El: Preguntando, supongo, después me las arreglo, es lo de menos.

Ella: ¿Es en serio todo esto?

El: Amor, estoy montado en un tren; escuchaste mientras compraba el boleto; casi que me reservaste la habitación del hotel; ¿Te queda alguna duda?

Ella: Es que es tan surrealista; esto no pasa; no a mi.

El: Está pasando. Ahora dime: ¿cómo te reconoceré?

Ella: ¡Ni siquiera sé qué ponerme!

El: -En voz baja- Mujeres…

Ella: Cállate, te escuché.

El: Jajajaja perdón, perdón. ¡Ya dime!

Ella: ¡No lo sé! -Se levanta, busca entre su ropa- ¡No tengo nada para ponerme!

El: Qué exagerada, algo ha de haber; sino así mismo como estés.

Ella: ¡¿Qué?! No, estoy en pijama, Angel.

El: No me importa lo que lleves puesto, me importa que seas tú. ¡Quiero verte ya!

Ella: Ya, después veré; mientras busco, dime qué ves.

El: El cielo…

Ella: ¿Cómo está? Descríbelo para mi.

El: Azul, con pocas nubes… Tienes que verlo, le tomaré una foto.

Ella: Tómate una foto a ti también.
(Le toma la foto a la ventanilla y una a él con los ojos cerrados con fuerza y sacando la lengua)

El: Ya está, salí feo, ya no me vas a querer.

Ella: Jajaja ¡Quiero verla!

El: Quiero una foto juntos. No, ¡quiero MUCHAS fotos juntos!

Ella: Qué vergüenza que me vean contigo, mejor no jajaja.

El: Jajaja ok. ¡Me quiero bajar del tren, el amor de mi vida ya no me quiere ver!

Ella: ¡Cállate, loco! Qué idiota eres, ¡qué idiota!

El: Tú te lo buscaste jajaja.

Ella: ¿Cuánto falta?

El: No lo sé, no mucho, supongo…
(Pasadas unas horas el tren se detiene, él se baja y busca su equipaje)

El: ¿Dónde puedo alquilar un auto? No te sacaré a pasear en bus jajaja
(Ella le dice el sitio, él para un taxi y va por un auto; luego empieza a conducir a la casa de ella)

El: ¿Dónde era?

Ella: ¿Dónde estás?

El: Jajaja no tengo idea. Espera, ya sé.
(Para otro taxi y le indica la dirección a donde va para que lo guíe)

El: Soy un genio; le dije a un taxista que me conduzca hacia allá.

Ella: ¡Y yo aún no sé qué ponerme!

El: Estoy cerca.

Ella: ¡¿Qué?! ¡¿Ya?!

El: Sí, pero antes tengo que comprar una cosa, tienes tiempo.

Ella: ¿Qué cosa?

El: ¿Qué te importa? Jajaja no te quiero decir.

Ella: ¡Dime!

El: Ehmm, nada, nada, ya voy para allá.

Ella: Hmmm ok.
(Se detiene en una floristería y compra la rosa más bella del lugar)

Ella: ¿Qué es eso que se oye? ¿Dónde estás?

El: Nada, ya voy en camino.

Ella: ¡Nunca me dices nada!

El: Ya tendrás oportunidad de golpearme por eso jaja.

Ella: Sí, es lo primero que haré.

El: ¡Escucha! Pon atención.

Ella: ¿Qué?
(Le sube el volumen al radio del auto; se oye “just the way you are” - Bruno mars)

El: When I see your face…

Ella: ¡Te odio! Cantas feo, cállate.

El: No me importa, canta conmigo.

Ella: No, eres demasiado tonto jajaja.

El: Estoy en el hotel que me dijiste. ¿Ahora hacia dónde?
(Ella le indica la dirección y él llega a la puerta de la urbanización, donde habla con el vigilante)

El: Buenas tardes.

Vigilante: Sí, ¿qué se le ofrece?

El: Vengo a ver a Andrea Gutierrez. Casa número 10.

Vigilante: Ok, pasa.

El: Gracias.

Ella: ¡Dios!

El: Dios no; Angel, por favor.

Ella: Imbécil jajaja.

El: Ya estoy afuera, no sé qué casa es la 10, así que iré al parque.

Ella: Espérame ahí.

El: Estoy nervioso, ya no quiero jajaja.

Ella: ¡Vete, pues!

El: ¿Después de todo lo que recorri? Estás loca.

Ella: Ya estoy lista, voy para allá, ¿ya puedo colgar?

El: ¡No! Quiero verte llegar hablando por teléfono.

Ella: Jajaja ¿por qué?

El: ¿Qué haré mientras vienes? Hablarte me calma.
Él está sentado en uno de los bancos del parque impaciente por verla y escondiendo la rosa detrás de sí. No para de reirse de los nervios por el teléfono y no puede evitar mirar hacia las casas a cada segundo para verla llegar. De pronto ve que alguien se acerca; una chica de cabello largo y castaño. La chica está sonriendo y sosteniendo un teléfono. Ella lo mira y baja la cabeza riendo de los nervios. Los dos se sonrojan. Él se levanta y va hacia donde está la chica.

Ella: ¿Hola? Jajaja qué locura, en serio.

El: Wow…

Ella: ¿Qué? Cállate, estoy demasiado nerviosa.

El: ¿En serio eres tú?

Ella: Duh, tonto.

El: Eres demasiado hermosa.

Ella: ¡Cállate!

El: Tengo algo para ti.
(Saca la rosa y se la entrega mirando fijamente sus ojos mientras ella casi no puede sostenerla de los nervios)

Ella: Gracias… Qué hermoso.

El: No podía llegar con las manos vacías.

Ella: ¿Nos sentamos? Creo que tenemos demasiado de qué hablar…

El: Claro, vamos.
(Se sientan en el banco donde él esperaba en un principio y comienzan a hablar. Ninguno de los dos puede creer que el otro esté así; tan cerca)

El: Ven, vamos a los columpios.
(La toma de la mano y van corriendo como niños; se sientan a seguir conversando)

Ella: Dime, ¿soy como imaginabas que sería?

El: No… Eres aún más perfecta… A ti puedo tomarte de la mano y ver como te sonrojas cuando te ries.

Ella: Cállate.
(Lo suelta y se cubre la cara con sus dos manos. El rie tiernamente al ver que se ruborizó por lo que dijo. Toma una de sus manos y empieza a jugar con sus dedos. Ambos se miran. Él le aparta el cabello de la cara rozando suavemente sus mejillas y ella toma su mano. Ambos sonríen, no pueden creerlo…)

Ella: Quiero ver la foto que le tomaste al cielo y la tuya.

El: Listo, pero no puedes burlarte de mi.

Ella: Trataré, pero sé que saliste muy feo.
(El saca la cámara y le enseña las fotos. Ella se queda mirando la foto de él con ternura y una sonrisa se forma en su cara)

El: Ya viste, jaja devuelveme la cámara.

Ella: No, sonríe.
(Ella apunta la cámara hacia él y le saca una foto)

El: Ey, tenemos que salir los dos, sino no vale.
Él se levanta y toma la cámara; se inclina detrás de ella poniéndose a un lado y enfoca la cámara hacia los dos. En eso, sin querer, sus mejillas se rozan y él se aleja un poco para voltear a mirarla. Ella hace lo mismo y se miran mutuamente. Él se acerca y cierran los ojos. Roza sus labios con los de ella y empieza a besarla a lo que ella responde. Fue el beso más hermoso, el momento más hermoso en la vida de ambos. Al darse cuenta de lo que estaba pasando, se separan un poco y se abrazan. No quieren que ese momento se termine.
Ella, tartamudeando y casi sin poder hablar de los nervios, finalmente dice: ¿Y la foto..?

El: Claro, la foto…
Ambos sonríen y él toma la foto. Se queda admirandola unos segundos y, sin quitarle los ojos de encima a aquella cámara, toma la mano de ella y la aprieta suavemente.

Él despierta con lágrimas en los ojos, le da un golpe a la almohada y se vuelve a dormir…

“Te beseo"
es la expresión que utilizo
para explicar
el deseo que tengo de besarte
besarte con todo mi deseo
desear todos tus besos
besar tus deseos
“besear"
es un verbo para conjugar
la fuerza de esas explosiones
de adrenalina
que rozan la paz de mis venas
“salgamos a camanear"
es la expresión que utilizo
para invitarte a caminar
con nuestros costados
por la cama
caminarnos con la mirada
caminar de la cama
a tus entrañas
“entrañarte"
es la expresión que utilizo
para explicar
que te extrañan mis entrañas
que en mis entrañas no eres extraña
que extraño tu sabor de caña
bordando mi beseo
y te beseo, te entraño
—  El color de los tallos, Quetzal Noah

QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:

Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.

Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.

¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.
Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.

Te he visto ser la última en quitarte la ropa.
Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.

Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.

Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.

Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.

Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.

No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.

Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.
Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos –o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.

Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.

Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.

Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.

Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.
Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.

Me gustaría poder decirte que –créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.
Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?
Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.
A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…
Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.
Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.
Porque así es como todos merecemos ser queridos.
Y así es como todos deberíamos querer.

—  Sacado de Facebook
Vos

Amor, dime por favor que esta noche estás pensando en mi, así de intenso como yo te imagino en medio de mis piernas.
Como a una, tus manos rozan mis caderas y mi piel eriza con tus besos, se estremece con la tuya.
Amor, cuéntame todas aquellas historias donde tú te ibas al mar y regresabas como héroe.
Cántame versos dulces, con esos labios que se nota, están hambrientos de mis gemidos.
Amor, no me mires con esos ojos de lujuria que sólo encienden más las ganas que te tengo.
Acércate a mí, tómame fuerte y susúrrame todo aquello que quieres hacerme.
No te límites… que hoy tan solo quisiera volver a sentirte.
Amor, déjame pasar mi lengua por todo tu cuerpo, déjame complacerte y ver cómo tiemblan tus piernas al verme bajar.
Amor, hoy soy amante prófuga de tus palabras, palabras que me condenan cada cierto tiempo y que a una me hacen caer por ti.

Poesía original del usuario Catsloversince94.

  • Hoy me encontré de frente con la sensibilidad hecha cuerpo…..cuerpo de mujer
    te doy la mano y te subió al paraíso de mi perversión.. tus pies apenas rozan el suelo….te sientes liviana a mi lado. Podía ver la sensualidad desbordada por los poros de tu piel. No hacían falta palabras mentirosas porque mi cuerpo y mis manos hablarán por mi.
    te pongo de rodillas desnuda…..como penitente y simplemente, dejándote hacer. mi placer es verte sumisa..entregada. La música de fondo la cantan nuestros alientos y jadeos. Divina música.
    tu frágil cuerpo asido por mis poderosas manos sin querer que te escapes….cogida por detrás, mi boca suave lame el lóbulo de tu oreja.. tu cuello, dándole calor y preparándolo para mis mordiscos salvajes… y mientras mi mano abriendo el paraíso de tu carne… mis dedos se impregnan de tu aroma y tu flor más se abre a mis caricias y juegos sensuales…. Mientras tu cuello es mordido y tu sexo se inunda de sangre latiendo al compás de mis impulsos..corazón.
    Obediente.. sumisa a mis manos….una bajo tu vientre y la otra doblegando tu cuello suavemente hasta quedarte a cuatro patas….así..mi zorrita dulce.. mis manos acarician tu culo, tus muslos…abriendo tu sexo… y mi lengua comienza el ritual…. lamiendo de arriba-abajo….gemidos y solo gemidos….. un macho preparando a su hembra para la cópula y sabes que sé hacerlo.. Empiezan tus escalofríos….. no deseo que te corras..ya lo sabes.. e intentas quitarte de mi cara…. Entonces apreso tu sexo entre mi boca, no te dejaré retirarte…..mueves tu culo sobre mi cara, pero tengo bien amarrada a mi hembra… en celo…me subo encima de tu cuerpo obligándote a quedar tendida en la cama…. Mira la cara de tu dueño… empapada de tu lubricación..y huelo a sexo puro…. tu sexo es acariciado por los respingos de mi verga. Un respingo….una caricia, otro respingo….otra caricia y tu sexo resucita de nuevo….
    coloco una de tus piernas sobre mi hombro en un ángulo perfecto . Lentamente me introduzco en los confines de tu ser…. mi mirada es dominante…. Mira mi cara poseída por la lujuria, mira mi sexo… como monto a mi hembra….lento……suave……muy profundo..