rosas muertas

Tengo buenas curvas, también celulitis, poca coordinación, poca ubicación, nula de atención y grandes los pechos. Un tatuaje mal hecho en el hombro, en el dedo indice un corazón, el de la espalda nunca me acuerdo el que mas me gusta es el de la muñeca y un ala bajo la manga que me recordará la vida entera que no debo nunca dejar los dos pies acariciando el suelo. Un par de marcas bien hechas, pies feos, manos grandes, soy idiota, cambiante, mal hablada, mal criada, caprichosa, un poco venenosa, hierba que crece entre piedra seca y solloza.

Soy de poca habla, de pocos amigos, de poco aguante, impaciente, ansiosa, muy sensible ante algunas cosas y muy dura ante otras. Río a veces cuando nadie ríe y lloro otras tantas cuando nadie llora. Soy repetitiva, a veces cerrada y siempre cabeza dura. Como mucho, fumo mucho, tomo mal, duermo mal… bostezo y no me tapo la boca pero papá me enseñó a decir “buen día”, “buenas tardes”, “buenas noches”… “¿Cómo estás?”

Arrebatada, poco anestesiada, poco reservada con mis cosas. Friolenta, acalorada y cuando no soy sincera es cuando me quedo callada. Me quejo de mi nariz, del talle de mis zapatos, me gusta delinearme los ojos bien negros -Mamá siempre dijo que el quejel era bonito para las de cabellos oscuros-.

Me tiento de la risa y termino llorando o cruzando las piernas, me burlo de mí y de los demás seres humanos… porque la risa, es la mejor caricia. Me gusta la luna más que el sol. Pongo los pies al costado de la cama si hace calor. No uso lentes para cubrir el día, veo poco y no tengo problemas de vista. Me distrae cualquier amor y a veces no me gustan las visitas.

No escucho a la primera, no escucho a la segunda. Pido consejos y no hago ni la primer línea sobre la cual pedí ayuda. Siembro lágrimas y cosecho el dolor, para poder transformarlo en amor. No veo películas de terror. Me gusta el mate, la montaña, la tierra, el océano, el aire, el asado, las pastas, el helado granizado los orgasmos y el café.

Nicotina en mis papilas, nicotina en los pulmones y así y todo me gusta correr. Amo y odio el cigarro, siempre lo dejo, lo histeriqueo, lo vuelvo a agarrar y no lo suelto.

Tiemblo, sufro, respiro, sonrío. Se me baja la presión, se me acelera el corazón. Quiero tanto que lastimo y cuando quiero odiar termino queriendo un poquito más de lo que a duras penas me animo. No me gustan las banderas, no me gustan los gobiernos y sin embargo, sé muy bien todo lo que prefiero y lo que con mi voto les entrego.

Mi documento dice “Argentina” y en un balcón del pecho reposo y a veces me gusta, pero en el resto dice que no soy de nadie y que soy de todos… que quien sienta, se motive, ría y llore… es mi bandera.

Tengo millones de cábalas totalmente insólitas. Tengo una bombacha de la mala suerte y no la tiro porque está nueva. Tengo una pulserita que me hizo un nene que está sobrecargada de cosas lindas y mucha buena onda. Tengo un anillo de un santo que me regaló mamá y aunque no me gusten los santos estampados, a éste… no lo largo más. Tengo una rosa muerta dentro de un libro de Benedetti que congeló un amor. Tengo un anillo hecho de etiquetas de cerveza. Tengo la cama llena de pelos de mis perras y su amor. Tengo más libros que dedos… marcados a la mitad. Un horóscopo de Bazooka, una ramita de un árbol y un sobre de azúcar de alguna tarde en algún café.

Tengo billetera pero la plata desparramada por la cartera. Tengo una remera de Nirvana vieja, que le robé a una amiga que se la robó a otra si mal no recuerdo. Una bolsa de caramelos que es más fuerte que yo. Un beso de él que es más fuerte que cualquier temblor. Me acuerdo del color exacto de ojos de mi compañero de jardín, pero no recuerdo que comí ayer. Tengo olores de la infancia en la memoria. Tengo dolores adolescentes en el pecho, reinando el recuerdo.

Nunca fuí prolija, ni ordenada, ni aplicada. Terminé el secundario de grande, nunca me agarré a las trompadas más si me pegaron dos mujeres desorbitadas.

No termino lo que empiezo y me la paso empezando mucho (siempre me gustó más que el resto, el comienzo). Me aburro fácil, me encariño fácil y me desilusiono fácil. Me gusta escribir, me gusta dibujar, me gusta bailar, cantar y fotografiar pero nunca hice nada para hacer a los placeres crecer, para terminar de amar. Me gusta la música y los perros y siempre fuí obligada a los entierros. Cada parte de mi vida lleva una canción.
Seguiré el día que me conozca un poco más, acá estoy y esta soy hoy…

Ella no es una chica espectacular, ella es sólo una chica normal que me  flipa.

Porque ella no es campeona del mundo en nada
pero si la pienso fuerte le nacen tragaluces a los techos
y empiezan a moverse solos los columpios de los parques
y empieza a nevar sobre las playas mientras por la calle
los niños pequeños me miran con sus ojos grandes
como diciéndome
has sido tú, ¿verdad?

Por eso me flipa.

Porque ella mata a las rosas muertas
y hace lazos de cuello de cisne con las agujas del reloj
pero sus ojos no son como los de vuestras novias,
no son de azul laspilázuli ni verde jade,
son vulgares y marrones como los de cualquiera,
y sin embargo cuando ella me mira, me suena La Marsellesa por dentro, me mira y me ve más valiente que el trueno,
aunque es ella la inconsciente que vuela sin tren de aterrizaje,
kamikaze perdida, hacia mí, yo antes no era así, me dice,
pero entonces
tú.

Por eso me flipa.

Porque tiene todos los defectos de la mujer verdadera
pero ni un solo lunar, os lo juro, ni uno solo,
os lo digo yo, que los he buscado con lupa y cartabón,
con mapas y sextantes, y he encontrado a cambio
las huellas de la vida en su piel,
trazos minúsculos de ruedas de bicicleta en sus muslos,
piel de naranja en sus nalgas que me dicen yo sólo soy real.

Por eso me flipa.

Porque es el pan y la tierra.
Porque la miro y pienso
que quién quiere princesas quién quiere trenzas de arcoíris
quién amores de gominolas, cuando tiene delante los defectos de la mujer cierta que llora y sangra y suda contigo
las batallas que en tantas otras ocasiones perdimos
pero que quizás, sólo quizás,
esta vez
no.

—  Por eso | Karim Chergui.