roja cabeza

Solo cinco minutos

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Mangel:

Recibí una sonrisa coqueta de su parte, sus ojos se enredaron con los míos a pesar de aquella extensa distancia. Entre toda es multitud bailando él resaltaba, moviendo sus caderas al son de la música mostrándome un show espectacular; lo hacía intencionalmente y lo sabía. Sus manos recorrían su cintura lentamente haciendo que chocaran entre si luego subía hasta llegar a sus labios posando delicadamente uno de sus dedos mientras los chupaba.

Vio mi rostro y yo solo sentía mis mejillas tornarse levemente rojas mientras bajaba mi cabeza. ¿Desde cuando los chicos hacen eso por mí? Era delgado, lo note por las prendas holgadas, y alto. Llevaba unas ropas casuales, como cualquiera, incluyéndome. Sus cabellos estaban alborotados, inclusive algunos se posaban en su frente y aún así llevaba una gorra tapando todo lo anterior. Mis ojos fueron hacia un lugar en específico, aquella zona que me puso en este estado desde un inicio. Su trasero.

Lo note darse cuenta de mi aparente erección. Camino hacia mí clavando sus hermosos ojos con los míos y cuando llego corroboró lo anterior. Había un pequeño rastro en mis pantalones. Volvió a relamerse los labios acercándose a mi rostro, susurro algunas palabras que apenas pude escuchar debido a todo ese alboroto.

Se sentó a lado mío, al poco tiempo pidió un whisky (Algo ligero) aunque no creí que pediría uno para mí.

-Como una disculpa. - ¿Disculpa? Solo sonrió luego de eso, estaba entretenido con su copa haciendo ruidos y leves sonidos con la mesa.

-¿Perdona?

-Por aquel espectáculo que viste. – Sus mejillas se sonrosaron un poco.-… No era para ti.

-Ah… - De seguro mi rostro no pudo ponerse más rojo de lo que ya estaba. No solo estaba avergonzado sino que también me había puesto palote por algo que no debía haber visto y mucho menos sentido en mi parte inferior.

-Pero si quiero puedo hac…

-¡No es necesario! – Levante la voz. Desvié mi rostro hacia otro lado tratando de calmarme, seguía abochornado por ese acontecimiento y no pensaba hablar del tema; mucho menos que aquel tío volviera a hacer eso.

-Está bien. – Suspiró ¿Decepcionado? – Sin embargo, tendré que cobrarte y no, no necesito tu dinero.

-¡¿Qué?! – Repliqué. No puede estar hablando en serio, estaba desconcertado luego de aquella “petición”. Aun así no podía negarme después de todo pase un bueno momento observándolo.

-Solo cinco minutos en un cuarto. – Fue directo, tan directo que me chocó. Estaba proponiéndome tener algo más

-¿Ahora?

-Ahora. –Una sonrisa socarrona se atrevió a mostrarse, era seguro de sus palabras al cien por ciento mientras que yo dudaba cada vez más con la respuesta. Otra vez visualicé a aquel chico, todo ello para mí en cinco minutos. Sus extremidades colándose por mi camisa y sintiendo sus labios con fuerza…

-Sí o no. – No lo pensé más tiempo, solo eran cinco minutos después de todo.

-Si. – Sonrió, sus manos se posaron en su gorra desprendiéndose de ella para luego dejármela en la mías. Era una de esas que solía llevar en mi juventud. No evite sonreír.

Tomo mi mano con fuerza, el tacto era frío y cálido a la vez; un término medio. Me llevo a un cuarto cerca de ahí, era pequeño pero acogedor aunque talvez era por aquel aroma que emanaba de la persona que me estaba sujetando. Detuvo su paso en interior, por mi mala suerte paro antes de tiempo y choqué contra su espalda llegando a poner mis manos en su cintura y hombro respectivamente para no caer.

Escuche un leve jadeo. Una atracción se apodero de mí, mi mano izquierdo también se posó en su cintura atrapándola completamente. Era cierto, aquella fragancia estaba enloqueciéndome poco a poco con cada sorbo que tenia de ella.

-E-espera. –Tartamudeó.

No había caído en la altura que me llevaba este chico en un inicio hasta ahora, ni tampoco aquellos rasgos más detallados de los que vi.

-Solo cinco minutos.  

-Solo cinco minutos. – Repetí.

Mis manos fueron colándose por debajo de su chamarra, sentía aquel toque frio en mis dedos haciéndome temblar y erizar mi piel. Jadee un poco al ver la cercanía en la que nos encontrábamos, incluyendo sus labios tan cerca de los míos con cada paso que daba. Delineé un camino en su espalda hasta llegar a esa zona, lo vi inquietarse mientras trataba de desviar la mirada.

Llegué hasta su ombligo haciendo círculo en él para acabar en su piel. Una de mis manos tocó sus mejillas masajeándolas levemente hasta llegar a sus labios, cuando no pude más lo besé.

Se retorció ante el contacto, pero fui correspondido. Chocamos con la pared, aún manteníamos el beso tomando aire cuando era necesario y retomando la fricción de nuevo. Nunca había besado de esta forma, tanta pasión en tan solo unos breves contactos de labios.

Muchas prendas estorbaban, saqué su chamarra tirándola a donde saber. Lo mire con más detenimiento, era hermoso; definitivamente lo era.

Solo eran suspiros tras suspiros, y toques de piel de por medio. Cuando la calentura había avanzado, hasta el punto en el que las ropas que había tenido en un inicio ya no estaban, las ganas de avanzar me estaban jodiendo.

Entonces sonó, aquella pesadilla a la cual no quería volver. Intercambiamos miradas, pude notar una mirada de decepción y rabia en sus ojos, yo no era la excepción.

Suspire resignadamente, no había nada más que hacer. Solo salir de aquel lugar antes de que vuelva a caer en sus redes. Cogí mis ropas, examinando el desorden que dejamos luego de aquella catástrofe… fue cuando unas manos atraparon mi sudadera, reteniéndome completamente en ese sitio.

-No te vayas, otra vez no. ¡Quédate! –Suplicó. – Esta vez me quedaré contig…

Interrumpí sus palabras con un beso, no sabía el por qué ni el cuándo tan solo disfrute de ese momento.

-Rubiuh…

Nos tumbamos en la cama, abrazados y sonriendo mientras compartíamos este sentimientos. Pero ¿Cuándo?….

-Mangel. -Me beso.

Mangel: 0, Rubén: 50

—-

Rubén:

Por favor, Mangel. Despierta, abre tus ojos y vuelve conmigo, por favor.- Quería botar toda esta mierda y lanzarme en sus brazos, abrazarlo hasta dejarlo sin oxígeno y luego devolvérselo en un beso. Tenía las manos sudadas luego de tanto tiempo de sostener la suya que tuve que secarla.

Le bese en la frente antes de irme. No te vayas, no hasta que yo lo haga. Por desgracia él estaba en coma, postrado y con los ojos cerrados mientras que yo solo podía sentarme a su lado y no echar en llanto.

-Rubiuh…

Otra vez, siempre lo hacía. Todas las noches decía mi nombre, lo decía de una forma que no hacía más que conseguir que las ganas de mandar todo a la mierda desvanecieran. A la misma hora, los mismos minutos.

-Mangel, te amo y lo sabes. – Lo besé, evitando que las lágrimas se desbordaran sin más. – No me dejes.

Tomé mis cosas. Otro día más. Solo cinco minutos más.

Mangel: 50, Rubén: 0


Gracias por todo desde el fondo de mi corazón!!