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Ellos.

Cuando un ciudadano común define a la corrupción normalmente la define desde la perspectiva de Ellos.

Ellos son los del problema.
Ellos son los que nos están robando.
Ellos tienen al país en estas condiciones.
Ellos, los políticos, el gobierno, son los responsables de que nos estemos pudriendo porque evidentemente están corrompidos.

Vemos a la corrupción como algo lejano, como algo absoluto.
Como algo con lo que tendremos que lidiar por el resto de nuestras vidas porque creemos que no está en nuestras manos el poder de cambiarlo.
Y ese acercamiento nos hace mucho daño porque nos aliena del problema, nos quita responsabilidades y nos olvidamos que Ellos son personas al igual que Nosotros.

El gobierno es un reflejo del pueblo y normalmente los problemas que tiene el gobierno son los mismos que tiene el pueblo, sólo que magnificados por la lupa de un puesto público.

El poder no corrompe al individuo.
El individuo corrompido en el poder ya estaba roto cuando llegó ahí.
El poder sólo hace que ese corrompimiento se salga de control.
El poder actua como un cerillo en una persona que tiene sangre de petróleo.

La corrupción es un virus contagioso: si ves a alguien haciendo algo ilegal y no estás vacunado con una buena educación en casa sientes ganas de hacerlo mismo.
Es como un bostezo que se propaga con la vista.
Por eso es tan importante poner un buen ejemplo para los demás.

Y especialmente para los niños porque ellos son como esponjas y son mucho más vulnerables a ser infectados por este mal.
Y aquí es en donde entra en juego el papel de las pequeñas buenas aciones.

La corrupción a final de cuentas es un pronóstico de cómo va a actuar una persona en el futuro, es una interpretación de su pasado.

Si en este momento le damos más dinero al gobierno asumimos que se lo van a robar porque su pronóstico así nos lo indica.
Y la única forma de cambiar esa hipótesis es comenzar a actuar desde el presente.

Así se combate a la corrupción, con el efecto bola de nieve de las pequeñas y buenas acciones, con la acumulación de hacer lo correcto siempre, esperando que al hacerlo no solamente estaremos aportando nuestra parte poniendo nuestro granito de arena, sino que a su vez estaremos inspirando a más personas a hacer lo mismo.

Si no te apegas a tus valores cuando éstos son puestos se ponen a prueba, entonces no son tus valores, son tus hobbies, dice John Stuart.

Y yo pienso que mucha gente sufre de eso, tienen la mentalidad para cambiar pero no tienen el valor de dar el siguiente paso y comenzar a actuar como se los dicta su conciencia, su corazón.

Nos atoramos entre lo que el corazón nos grita y lo que la indiferencia nos susurra.

Ese abrazo sensual acompañado de un “No pasa nada”, de un “Qué importa, todos lo hacen”.

La corrupción es esa voz que nos hace cómplices de este sistema que estamos herendando a nuestros hijos, esa voz que nos dice “Tú eres el único” mientras desabotona nuestra mente.

Es el mismo engendro que vemos tomado de la mano de Ellos, del alcalde, del diputado, del senador, del gobernador y del presidente.
Es la misma prostituta prestando sus servicios a todos nosotros, prometiéndonos que los placeres de hoy son más importantes que la seguridad del mañana.

Dice Denise Dresser que estamos tan mal educados que no sabemos lo importante que es la educación.
Yo pienso que tenemos tantos malos ejemplos que no sabemos lo importante de tener uno bueno, entonces, ¿qué estamos esperando para ser nosotros?

- Roberto Martínez.


(vía https://www.youtube.com/watch?v=GLJT2-t3SxI)