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“El amor después del amor”

A fines del año pasado, Aimar decidió volver a River y reveló su secreto. Y muchos lo entendimos. Sí, lo entendí, increíble pero lo entendí. “Fui a jugar a Malasia porque no estaba en condiciones de hacerlo en un club como River”, me dijo en enero de este año en Punta del Este, en una entrevista para el diario Olé durante su pretemporada de regreso. Okey, pero había que ser agradecido igual, Pablo, pensaron algunos: Rive te dio de comé a vo, eh, no te olvidé no te olvidé que a vo te dimo de comé. Había que ser agradecido. Y Aimar intentó serlo. Y nos enseñó lo que era ser agradecido a un club: “Yo escucho que se habla mucho del agradecimiento al volver. Y yo tengo muy claro lo que es el agradecimiento. Yo no escucho a ningún jugador que diga ‘le estoy muy agradecido al Milan, así que voy a jugar en el Milan’. Vos no podés venir a agradecerle a River por lo que pasó antes, a River tenés que venir si te da para jugar en River, es un club enorme”. La definición, de las mejores que escuché últimamente, la tiró en una entrevista con Juan Pablo Varsky y Matías Martin en abril. Aimar siempre pensó así y algunos nunca nos habíamos enterado. Y lo juzgamos, y dijimos cosas malas de él, y pensamos que era poco menos que Judas, que un dólar más le alcanzaba para jugar en Mongolia o en Malasia, porque después de un par de párrafos ya ni me acuerdo en qué país fue que jugó. Y probablemente eso ocurrió porque nos gusta juzgar a la gente sin saber, o juzgar porque nos contó un tachero que en el fútbol todo es malo malo malo y se juega por guita guita guita y entonces por la guita baila el mono, baila. Y porque Aimar nunca fue de dar entrevistas. Nunca lo había dicho. Pero qué iba a hacer al llegar a Malasia. En su presentación iba a decir “miren, la verdad es que no estoy para jugar en la alta competencia, pero vine acá porque me van a pagar como si lo estuviera, porque me gusta el turismo aventura y todo eso, pero si fuera por mí yo estaría en River, en un lugar donde sienten el fútbol de verdad y no como ustedes, que hace tres días saben lo que es una pelota, si es que realmente lo saben. Putos”. No, Aimar no iba a decir eso.

El verdadero problema de Aimar, nuestro verdadero enemigo, siempre fue su tobillo derecho. O no siempre: desde hace algunos años. Pero siempre lo fue desde que su carrera en Europa iba terminando; y la lógica, el adagio futbolero, dice en letra de molde que después de triunfar afuera se vuelve a River para salir campeón y comer asados y ser felices. Pero el problema era el tobillo. El gesto de amor que tanto le pedimos a Aimar y a Saviola y a D'Alessandro y en un tiempo les pediremos a Mascherano, Higuaín y Messi, es volver a River. Y el gesto de amor de Aimar fue bastante superior al que nosotros pedíamos: no sólo quiso volver, sino que se operó una, dos y mil veces para hacerlo, y padeció cada uno de sus días por ese drama crónico en el tobillo, tomó antiinflamatorios, se dio pinchazos, fue a entrenar llorando de dolor y aun así lo intentó. Y lo vimos. Ahora no sé si fue un espejismo, pero estoy casi seguro de que lo vimos. Que entró contra Rosario Central a jugar un puñadito de minutos, que sesenta mil personas lo ovacionaron, que tiró un caño y se vino el Monumental abajo. Creo que sí, que lo vimos. Y, pará, me meto a searchear en YouTube y efectivamente eso ocurrió.

“Mi deseo es jugar un partido más. Después si son dos, o veinte, mucho mejor. Hago todo esto para volver. Si después no da resultado, no fue porque no lo intenté”. El gesto de amor fue haberlo intentado. Yo se lo agradezco. — Por: Ariel Cristófalo.

Y ¿saben que es lo peor de todo? Esto se ve siempre. En Boca, en River, en Racing, en Independiente, en San Lorenzo y hasta en Chacarita. El fútbol argentino lamentablemente es así. Por eso no podemos jugar con visitantes y eso es gracias a dos o tres pelotudos que se piensan que son graciosos, cuando lo único que hacen es expresar su idiotez, su inmadurez y su falta de humanidad. Me encantaría un país donde el fútbol sea una razón para unirnos, no para pelearnos. Lamentablemente, no vivo en él.
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Pablo Aimar termina a carreira aos 35 anos 

Aimar começou a sua carreira no River Plate, seguindo-se o Valência, onde passou 5 anos, o Real Zaragoza, onde esteve durante 2 anos, até 2008, vindo-se a transferir no mesmo ano para o SLBenfica, onde jogou 5 anos ao mais alto nível e ajudou o Benfica a ser Campeão Nacional em 2009/2010. Em 2013 deixa o Benfica e começa uma nova aventura no Johor FC, onde jogou apenas 1 ano, sendo que neste ano de 2015, regressou ao seu clube de formação, o River Plate! Aimar termina assim uma carreira de grande sucesso, tanto a nível de clube como pela seleção nacional argentina, onde conquistou muitos títulos e, acima de tudo, o carinho de todos os clubes por onde passou. 

Títulos:

River Plate

Valencia

Benfica

Seleção Argentina

Distinções pessoais

Obrigada por tudo “El mago”, foi um prazer e um orgulho enorme te ver jogar! Já não há jogadores como tu! Esperamos que um dia voltes a casa!