riesgo

Capítulo I

Cover your crystal eyes

And feel the tones that tremble down your spine

Cover your crystal eyes

And let your colours bleed and blend with mine

La congestión matutina en la hora más alta del tráfico impide al automóvil avanzar. Desesperado ya por los largos minutos de espera y el retraso que ve crecer en el reloj, Tom golpea el manubrio con rabia. Luego saca un cigarrillo y abre la ventanilla, aprovechando de encenderlo mientras los autos siguen sin moverse.

Prende la radio. La BBC Four profundiza la noticia sobre un cruel atentado terrorista en Kenia, que terminó con la vida de más de cien estudiantes. Tom sube el volumen para saber más. Hace sólo una semana que está en Londres y se pregunta cuál será su próxima misión como fotógrafo de guerra de la edición europea de la prestigiosa revista Time. La verdad es que lo suyo es el trabajo en terreno. Prefiere mil veces correr con su cámara bajo el fuego cruzado y con el riesgo de volar por los aires en cualquier segundo, que la tranquilidad sicótica y enferma de la ciudad.


Cerca de 45 minutos después, por fin llega a las oficinas de la revista. James, su editor, lo llamó la noche previa para citarlo a esta reunión, donde evaluarán el trabajo que acaba de realizar en medio oriente y le entregarán, espera, un nuevo cometido.

Al entrar, saluda a la secretaria del jefe, Mary, una mujer grande y corpulenta, de unos 55 años, que es la encarnación misma de la paciencia, la ternura y la actitud maternal. Al ver a Tom se levanta de su asiento y lo abraza con afecto y alegría, contenta de verlo sano y salvo luego de su más reciente aventura por el lado más violento del mundo. Sonriendo con los ojos cerrados, entierra la cabeza en el pecho de él, que es demasiado alto y debe agacharse un poco para abrazarla de vuelta.

- Oh… por fin estás aquí. Pensé que esta vez no volverías… Cuando veía las noticias sobre todos esos bombardeos en Yemen, los atentados y los periodistas secuestrados por el Estado Islámico, rezaba para que mi Thomas estuviera bien y te devolvieran sano y salvo. Y ya vez, dios te protegió. Las oraciones dieron resultado.

Tom sonríe con gentileza. Su rostro se ablanda por algunos segundos y sus ojos brillan con un reflejo de ternura. En general es un sujeto serio, no muy proclive a las sonrisas fáciles. Eso le da un aire algo grave, estricto, lejano. Incluso intimidante para quienes aún no lo conocen, que suelen confundir su introversión con arrogancia. Y si, quizás es un poco arrogante. Es uno de los mejores fotógrafos de guerra de Inglaterra y hasta de Europa. Se ha ganado el título con un trabajo impecable y con una valentía que raya en la imprudencia y el arrojo. Ha estado donde nadie más se atrevió a llegar. Ha fotografiado a terroristas, guerrilleros, talibanes, criminales, ha estado en zonas de conflicto, en medio de la muerte y la destrucción, ahí donde ninguna ley ni derecho son ya reconocidos. Pero siempre salió en una pieza y retornó exitoso a casa para entregar su trabajo y llevarse todos los elogios.

Pero con Mary es diferente. Ella lo conoce desde que llegó a la revista a hacer la práctica, hace siete años atrás, cuando él tenía sólo 22 y no sabía nada de nada. Así que si, puede darse el lujo de aguantar y – dentro de sus límites - responder a su abrazo cariñoso. Es de las pocas que han logrado, a punta de afecto, traspasar su coraza de hierro.

Una vez que lo ha apretujado y acariciado como una abuela al nieto recién llegado de la escuela, Mary se separa de él y lo examina de arriba abajo, palpándole la cara, en esa parte de las mejillas no cubiertas por la pequeña barba y bigote que él cultiva.

- Mi niño, estás tan delgado, no debes haber comido nada en esos países sin dios. Y estás frío como un reptil, déjame que te traigo una taza caliente de chocolate que te va a dar calor.

Tom la deja ir, sonriendo levemente. Se pregunta si James lo está esperando o si se postergó la reunión, lo cual vendría perfecto ante su propio retraso. Mary sólo se dedicó a expresarle su felicidad por verlo, pero obvió la razón por la que él está ahí y todo detalle respecto al encuentro. Se sienta en un diván en la sala de espera. A lo lejos, el murmullo de la sala de redacción  revela que la revista está en el punto más álgido de la quincena: el cierre de edición.

Al rato, la mujer vuelve con una gran taza de chocolate caliente que le entrega.

-         ¿James está con alguien? – pregunta Tom al ver luz bajo la puerta cerrada del editor general. En realidad ya son más de las ocho de la mañana, pero el día es tan frío y oscuro en Londres, que obliga a mantener las luces prendidas.

Mary asiente.

-         Si, está con una chica. Nunca la había visto antes. Parece una niñita. Quizás la contraten para ayudarme un poco aquí, como una asistente o algo así. Ya estoy tan vieja que tantas tareas se hacen pesadas.

Tom guarda silencio, mientras escucha. No es un hombre de demasiadas palabras. Por eso eligió la fotografía: además de capturar la esencia misma de la realidad con su cámara, es capaz de expresarse a través de las fotos que hace. Su talento es ese. Su trabajo es su manifiesto sobre y frente al mundo. Y cree firmemente en esa máxima que dice que una imagen vale más que mil palabras. Sólo hay que saber capturarla.

Está bebiendo el chocolate, cuando la puerta de James repentinamente se abre. El editor ve a Tom y se acerca a él con los brazos extendidos y una amplia sonrisa.

-         El héroe está aquí.

Tom deja la taza a un lado y se pone de pie. Sonriendo con satisfacción – aunque nada demasiado expresivo – responde al abrazo de su orgulloso superior. Se lo merece. Las fotos que envió desde Yemen, de la destrucción tras los bombardeos de Arabia Saudita, el centenar de muertos y los refugiados que provocó la arremetida bélica, fueron portada de las últimas dos ediciones de Times Europa, con sendos reportajes gráficos en cada número que mostraron a Occidente la crudeza de la realidad que atraviesa el país árabe.

Cuando termina de recibir los palmotazos de Jim, Tom ve recién a la chica. Está parada un par de metros más atrás, con los brazos cruzados sobre el pecho. Es pequeña y delgada, de cabello corto, rubio y desordenado. Parece algo intimidada y su evidente timidez se advierte aún sin intercambiar palabra con ella. No aparenta más de 18 o 19 años.

Al cruzar sus ojos con los de Tom, pestañea un poco más rápido, con evidente nerviosismo. Una leve sonrisa de cortesía se asoma en sus labios, a modo de saludo.

El, en cambio, sólo la ve fijamente, sin expresión. No responde a su sutil gesto de empatía. Simplemente le hace un ademán a Jim para que note que la muchacha está esperando.

El editor se vuelve entonces hacia ella, sin dar la espalda al fotógrafo.

-         Tom, esta es Lizzy. Es nuestra nueva fotógrafa para el área internacional. Acabamos de contratarla. Lizzy, este es Tom: nuestra super estrella de la fotografía, el mejor de Inglaterra y probablemente el mejor de toda Europa.

Smith mueve la cabeza en negativa, haciendo caso omiso de los elogios de su jefe. Parece sorprendido al comprobar que esta chica casi adolescente sea la nueva fotógrafa internacional de Time. Sin duda hay algo que no está entendiendo bien.

Ella se acerca en un movimiento algo torpe y le extiende la mano.

-         Elizabeth… Elizabeth Howard. Es un gusto conocerte – dice con voz baja, aclarando de pasada su nombre completo, en vez del vergonzosamente infantil con que la ha presentado Jim.

A Tom no le queda otra que responder al saludo y estrechar la pequeña y blanca mano que ella le extiende.

- Tom Smith – dice simplemente. Las palabras de buena crianza y la sociabilidad nunca han sido su fuerte. Y nunca le ha interesado hacer un esfuerzo en ese sentido tampoco.

Entonces Jim vuelve a intervenir.

-         Lizzy tiene cierta experiencia como fotógrafa de conflictos urbanos en el periódico principal de Leeds. Ganó algunos concursos importantes, hizo la práctica en la BBC como asistente de fotografía y, bueno, ya que se abrió una vacante con la partida de ese maldito de Charles al Washington Post, decidí darle una oportunidad para que se foguee. Lo que quiere es especializarse en conflictos internacionales, ¿no Lizzy?

Ella asiente con una sonrisa algo avergonzada. Otra vez tiene los brazos cruzados sobre el pecho, cualquiera diría, a modo de extraña protección.

-         Si… eso es lo que me interesa -, responde con suavidad.

Tom arquea las cejas en señal de asombro y escepticismo.

-         ¿Fotografía de conflictos internacionales? ¿Fotografía de guerra?

Ella hace un esfuerzo por sacar un poco más la voz.

-         Si. Me interesa el campo de guerra, las zonas en crisis de medio oriente, Africa y Sudamérica.

Tom la observa con algo de sorna, aunque sin reír. Y luego habla casi sin mirarla, con ese vozarrón grave que puede llegar incluso a asustar con su potencia y resonancia cuando está realmente molesto o exaltado.

-         La fotografía de guerra no es para principiantes. Y mucho menos para chicas… que recién comienzan y no tienen la experiencia suficiente. Es necesario un trabajo duro y largo para siquiera pensar en llegar ahí.

Liz abre los ojos al comprobar el menosprecio que implican sus palabras. Y los prejuicios. Es obvio que no la considera capaz de hacer el mismo trabajo que él realiza, tanto por ser joven como por ser mujer.

Va a contestar algo, pero Jim interviene.

- Oh vamos, Tom. Trata de no empezar mostrándole tu lado gruñón a la chica. La contratamos porque tiene talento y mucho, eso está comprobado. Y todos fuimos jóvenes, ¿no? Eso no es un defecto. Que tú te hayas vuelto un ogro antes de los 30 es un caso aparte – acota, riendo. Mira a Liz, que parece haberse recogido un poco más sobre si misma y mira al piso, evidentemente incómoda.

Y luego continúa, haciendo caso omiso de la situación tirante que se ha creado en la oficina.

-         De hecho, Tom, te cité hoy aquí para que conocieras a Lizzy. Porque ya tengo lista tu próxima misión y mi idea es que ella vaya contigo. Nada mejor que aprender del mejor cuando estás empezando. Y ella será un aporte para ti, sin duda.

Liz levanta la vista para ver la reacción de Smith, sin decir nada. Tom observa a Jim con los ojos muy abiertos y expresión contrariada. Del verde claro que lucían a su llegada, ahora pasaron a un verde oscuro como un pantano.

-         ¿Qué? ¿Qué misión? ¿De qué estás hablando?

Jim no se inmuta ante la evidente molestia de Smith.

- Kenia. Habrás escuchado del atentado islamista que dejó más de 140 muertos hace un par de días en una universidad. La guerra contra las células terroristas ha comenzado en ese país y te necesito allá graficando lo que pasa. Dentro de poco llegarán las fuerzas internacionales y la situación va a empeorar. La idea es que viajen a más tardar en dos días.

-         ¿Estás loco? ¿Kenia y con una novata a mi cargo? ¡¿En qué mierda estás pensando Jim?!

Liz se siente tan ofendida que intenta intervenir.

-         Escucha, no soy una novata, no necesito que…

Pero Jim la detiene.

-         No Lizzy. Por favor, déjame un momento a solas con Tom. Hay un par de cosas que debo explicarle. Espérame afuera. Pídele a Mary que te de un café o algo.

Liz traga saliva, duda y finalmente asiente. Mira a Tom, que le da la espalda y ve por la ventana con las manos en los bolsillos de su largo impermeable negro y cerrado, que hace parecer su figura aún más alta y estilizada.

Sale de la oficina sintiéndose humillada, casi como una niña a la que expulsan de un salón en medio de una discusión de adultos.

Se sienta en el mismo sillón donde Tom esperó minutos antes, con la cara hundida entre las dos manos y los codos en las rodillas, visiblemente amargada. Mary la observa con curiosidad. Y como no tiene empacho en decir lo que piensa o entrometerse en asuntos ajenos, deja salir lo que quiere decir.

- ¿Ya tuviste tu primera pelea con Tom?

Liz la mira sorprendida. Sus facciones son pequeñas y sus pestañas, largas. Pero lo que más resalta en su cara suave y libre de imperfecciones es ese aire delicado y dulce, algo infantil. Parece tremendamente frágil, pero en realidad no lo es tanto. Detrás de esa apariencia de ángel hay un ansia gigantesca que arde en su pecho por conocer el mundo, por convertirse en una profesional de calidad y, sobre todo, por hacer algo desde su tribuna por mejorar una realidad en la que, a veces, se siente completamente perdida.

- No… es decir, es obvio que no es un sujeto muy… agradable. Y que no le gustan las chicas.

Mary sonríe con comprensión.

- No es que no le agraden las chicas. Le gustan, como a cualquier hombre. Y más las chicas tan bonitas como tú. Lo que pasa es que le gusta jugar  a hacerse el duro.

Liz resopla.

- Creo que no le gusta trabajar con mujeres. Lo cual es un problema, porque se supone que debíamos trabajar juntos. Pensé que era una gran idea, para mí que estoy empezando, pero aparentemente él odió el plan. Y me odió a mi apenas me vió.

Mary reprime la risa que le genera el pesimismo de la chica que tiene al frente.

- Por supuesto que no te odió, pequeña. Tom es un tipo difícil, pero tiene un gran corazón. Está lleno de sentimientos y emociones bellas que no expresa. Dale tiempo. Estoy segura de que van a terminar llevándose muy bien. Y siendo quien es, te enseñará todo lo que debes saber para empezar.

Liz sonríe, con amabilidad y como un modo de agradecer las palabras de ánimo de esta mujer que recién conoce.

Adentro, Tom intenta hacer que su editor entre en razón sobre lo que le parece la idea más absurda y estúpida que ha tenido.

- Jim, no sabes de qué estás hablando. ¿Quién mierda es esta chica? Parece de doce años. ¿Qué voy a hacer con ella en un lugar como Kenia? Sólo me hará perder el tiempo, no podré hacer un buen trabajo si tengo que estar cuidando a una principiante… y más en países donde las mujeres no valen nada y corren mayor riesgo.

El editor contesta con enojo, pero calmado.

- Quizás deberías preguntarte si no te estás contagiando con la misoginia de esos países – luego suaviza un poco el tono.-  Lizzy no es una niña chica, Tom. Parece adolescente porque es pequeña y delgada, pero tiene 23 años y ya ha trabajado durante cuatro. Incluso reporteó el atentado a Charlie Hebdo en enero pasado en Francia. Es buena, mira, ahí sobre mi escritorio está su portafolio. Míralo antes de negarte a llevarla.

- Me importa una mierda lo que haya hecho. Si la llevo conmigo, será una carga. Tú mismo lo dijiste, quiere “especializarse” en conflictos internacionales. No tiene experiencia en esa área. Y yo no soy un profesor, Jim, no me pagas para eso. Y sabes que yo trabajo solo.

- No, no eres un profesor, pero eres el mejor. Sólo con trabajar cerca de ti, va a aprender. Escucha Tom… no te estaría pidiendo esto si no pensara que puede funcionar. Sabes que no estoy en condiciones de poner en riesgo tu rendimiento y los contenidos que necesita la revista. Pero se que esto puede resultar bien. Y no será por demasiado tiempo.

Tom se lleva las manos a la cabeza y se revuelve un poco el pelo castaño y ondulado, que pese a ser corto y estar bien peinado, deja en evidencia sus  curvaturas.

Al ver que Smith se calma un poco, Jim baja la voz.

- Escucha… Lizzy es la hija menor de un viejo amigo mío, que murió hace dos años de cáncer. Fuimos colegas, fue uno de los mejores periodistas que he conocido. Le prometí que la ayudaría a encontrar un camino en la fotografía periodística. Por eso la contraté aunque aún no tiene la experiencia suficiente para un medio como este. Es verdad. Pero es lo mínimo que podía hacer.

Tom lo mira enojado.

- Y yo soy quien debe pagar tu deuda, enseñándole a la hijita de tu amigo muerto lo que es el mundo real. Deberías dejarla acá y hacer que empiece sirviendo café, ayudando a Mary.

Jim niega con la cabeza y lo ve reprobatoriamente.

- Vamos Tom. La chica de verdad tiene talento, no te estoy mintiendo. Si no, ni todos los favores del mundo habrían servido para convencer al directorio de contratarla. Ya sabes que nada se hace aquí sin su aprobación. Llévala contigo y prueba por dos semanas. Si es un fracaso y sólo entorpece tu trabajo, pues la envías de vuelta. Dale una oportunidad. Piensa que tú también partiste por algún sitio y hubo alguien que te tuvo la paciencia suficiente como para que aprendieras.

Smith hace una mueca de contrariedad. Reflexiona mirando hacia la calle, con el seño fruncido. Hasta que finalmente accede.

- Ok. Dos semanas y es todo. Si no ha logrado sacar al menos una foto que valga la pena en ese tiempo o si es la clásica histérica que no soporta la tensión y llora ante el primer bombazo, la mandaré de vuelta sin apelación.

Jim sonríe y vuelve a palmotearlo en la espalda.

- Ese es mi muchacho. El que se empeña en ocultar su corazón generoso detrás de esa fachada ruda. Voy a llamarla para contarle que todo está bien y que viajarán juntos pasado mañana. Pediré a Mary que organice el viaje y compre los pasajes.

El editor abre la puerta, mientras Tom se mete otra vez las manos en los bolsillos del impermeable. Escucha a Jim dar algunas instrucciones y luego lo ve entrar de nuevo con Elizabeth a la oficina.

Ella lo observa silenciosa, aunque hay algo en sus grandes ojos marrones que desmiente la timidez que emana su delicada figura. Es más bien como si lo auscultara profunda y fuertemente, aunque de forma silenciosa y suavizada por la belleza inocente y juvenil de su rostro. Lo hace sentir extrañamente intimidado, aunque ni un músculo del rostro tenso de Tom lo demuestra.  

Pero al cabo de unos segundos, no puede sostener la mirada y baja los ojos. Se mantiene serio e inaccesible, simulando estar sumergido en sus pensamientos.

Jim pone entonces el cierre a la situación.

- Ok, Lizzy, ya está todo listo. Tom ha aceptado llevarte con él a Kenia. Partirán dentro de dos días. Estoy seguro de que harán un gran trabajo juntos.

Liz sonríe viendo a Jim y luego a Tom.

-         Eso es perfecto. Intentaré hacer lo mejor posible para que esto valga la pena.

Jim ríe y la toma por los hombros de modo paternal y cariñoso. Tom guarda silencio. Luego simplemente lanza una frase de despedida.

-         Ok, si eso es todo, yo me voy. Nos vemos el jueves.

-         ¿No quieres tomar desayuno con nosotros? Iba a decirle a Lizzy que vayamos a tomar un café y comer algo al restaurant de la esquina. Estoy seguro de que estaba tan nerviosa que no probó bocado antes de venir.

Tom niega mirando al piso, ya casi de salida de la oficina.

-         No. Tengo cosas qué hacer. Nos vemos en dos días.

Sin decir más, se encamina rumbo a la puerta de calle. Se detiene para despedirse de Mary, que no le perdonaría otra de sus típicas salidas frías y raudas. La mujer vuelve a abrazarlo y a Tom no le queda alternativa que responder.

Sonríe ante las palabras de cariño y suerte que ella le dedica. Pero antes de poder zafarse de Mary e ir hacia la puerta, vuelve la cabeza y se encuentra con Liz, que lo está mirando fijamente con una semisonrisa y los brazos otra vez cruzados, como si tuviera frío. Ha presenciado toda la tierna escena con la secretaria y de pronto ya no siente que Tom sea tan antipático como le pareció durante la reunión.

El la ve y guarda silencio. No parece enojado como antes, pero tampoco se muestra especialmente receptivo ante su presencia. Entonces ella saca la voz.

- Sólo quería… agradecerte antes de que te vayas. Gracias por aceptar la petición de Jim. La posibilidad de hacer este viaje significa mucho para mí.

Smith la ve sorprendido. Luego niega con la cabeza, sin verla a los ojos.

-         No es nada. Agradécele a Jim. El es quien insistió. Nos vemos en un par de días.

Y sin decir nada más, da un beso a la secretaria en la mejilla, sale y cierra la puerta detrás de él.

Elizabeth queda parada en medio de la sala. Mary la observa con una sonrisa cómplice en los labios.

- No te dejes intimidar por él. Parece un idiota, pero en el fondo es un dulce, tiene un corazón de oro. Pero vas a tener que escarbar para llegar a su verdadera identidad. Porque está lleno de defensas y capas. Pero vale la pena. Vale la pena el esfuerzo.

Liz ríe con sorpresa y gracia por el impertinente comentario. Pero lo agradece.

- Yo… sólo quiero aprovechar la oportunidad de aprender de él.

- Lo harás pequeña. Estoy segura de que todo va a resultar muy bien entre ustedes dos… – añade Mary, quien como la mayor parte de las señoras maduras, es suspicaz ante lo que ve y no tiene empacho en sacar conclusiones, insinuar cosas o sugerirlas abiertamente.

La joven sonríe en agradecimiento por sus palabras amables. Luego vuelve feliz a la oficina de Jim para buscar sus cosas. Tiene mucho qué preparar para el duro viaje que emprenderá con uno de los mejores fotógrafos del Reino Unido.

es-adolescencia asked:

Hola :3 8-10-22-23 jaja 🙈

8: Cuéntame sobre qué estás más orgulloso/a en tu vida.

En 2012 estuve en riesgo vital, básicamente estaba a punto de morir, pero gracias a Dios me recupere, podría decirse que yo debía morir pero no paso, creo que todo pasa por algo y tal vez estoy destinada para algo interesante. Estoy orgullosa de tener otra oportunidad de vivir ❤️

10: Cuéntame sobre la más grande pelea que hayas tenido

Nunca he tenido una pelea física 😞

22: Cuéntame sobre tu mayor temor.

Que le pase algo a mi familia, en especial a mi mamá 😰❤️

23: Cuéntame sobre la vez que alguien te decepcionó.

Contare una reciente.. Una amiga le hablo cosas de mi a un niño y yo quede súper mal gracias a ella. Nadie más pudo decirle ese tipo de cosas, pero no pasaba por mi mente que ella había sido. Ella fingió no saber nada y hasta decir “¿Quien pudo haber echo eso?” hasta que el mismo niño me dijo y ella me lo admitió.

Sos una amante utópica y romántica. Querés lo inalcanzable, lo fuera de foco. Mejor dicho, querés la comodidad de lo inalcanzable, de antemano asumís que tus amores son imposibles, y te contentás con eso. Yo no soy psicóloga, a mi me gusta la poesía, pero te doy un consejo: ¡arriesgate!, no hay tanto para perder, hay mucho por vivir y por amar.
—   Amour et entropie
Por supuesto que te haré daño. Por supuesto que me harás daño. Por supuesto que nos haremos daño el uno al otro. Pero esta es la condición misma de la existencia. Para llegar a ser primavera, significa aceptar el riesgo de invierno. Para llegar a ser presencia, significa aceptar el riesgo de la ausencia.
—  Antoine de Saint-Exupéry - El Principito