retractarse

Winnie The Pooh para los signos

Aries: “Eres más valiente de lo que piensas. Más fuerte de lo que pareces . Y más inteligente de lo que piensas.” 

Tauro: “Los ríos saben esto: No hay por qué tener prisa. Siempre llegaremos al final”

Géminis: “ Si la persona con la que hablas parece no prestar atención, sé paciente. Puede que solo se le haya metido algo al oído”

Cáncer: “Promete que nunca me olvidaras porque si veo que piensas en hacerlo, yo no me iré nunca.”

Leo: “A veces las cosas más pequeñas son las que ocupan más espacio en tu corazón” 

Virgo: “Un poco de consideración y pensar en los demás marca toda la diferencia”

Libra: “El amor es retractarse de algunas cosas, quizás más que eso… es olvidar para hacer feliz a la persona que amas”

Escorpio: “Si tu vives hasta cien, yo quiero vivir hasta cien menos uno, para así no tener que vivir ningún día sin ti”

Sagitario: “Tan pronto te vi, supe que las mejores aventuras venían en camino”

Capricornio:  “No puedes esperar en tu rincón en el bosque esperando que otros vengan a ti. Algunas veces tu eres el que tienes que ir por ellos.”

Acuario:“Las cosas que te hacen diferente son todas las cosas que eres.”

Piscis: “Yo creo que soñamos para no tener que estar tanto tiempo separados. Si estamos en los sueños de cada uno, podemos estar juntos todo el tiempo”

S.E.C.R.E.T. /Wigetta.

Samuel ha recibido una carta.

Narra Samuel

Era algo extraño al enterarse que sólo era para personas altamente conocidas.

          ***********************************************************

 

Señor Samuel de Luque se le invita a  la fiesta en agradecimiento por su trayectoria y a su compañero Guillermo Díaz.

No es otra fiesta; en esta no habrán medios de comunicación.

Se le agradece confirme su asistencia.

 

Atte.

 

S.E.C.R.E.T.

Descarté la carta hasta que recibí la llamada de Rubius.

-Hola? –Respondería-

Se notaba la alteración de Rubius a a Mangel que seguramente estaría igual de confuso.

-Dime si has recibido la carta de invitación de S.E.C.R.E.T. –Diría exaltado.

-Sí. Pero no me gustan las fiestas de lugares que parecen sospechosos.

-Serás tonto. Ellos invitan a bastantes famosos de muchas partes y puedes ser tú sin que nadie se entere el día después.

-Y?

-Como que y!

-Puedo ser yo en mi casa. No me interesa que alguien más sepa lo que soy o lo que quiero hacer.

-Acaso alguna vez has podido salir con Willy a un baile sin que nadie los fotografíe, dime si quieres besarlo en público sin que nadie divulgue tú secreto?

-Pues… -Pensé y dejé de hacerlo.

Era verdad lo que decía Rubius. Cuantas veces he imaginado que nos besamos y nadie lo dirá.

-Dime que quieres hacerlo, sé que quieres…

-Sí, pero soy realista que en el proceso es más que obvio que Willy no lo hará. Él es muy vergonzoso.

-Pero no se lo digas y llévalo a la fiesta.

-Será pero, él es capaz de no volverme a hablar.

-Sé que te la ingeniarás. Aparte que en la fiesta no dejarán pasar  a nadie de medios y quitaran los móviles y así en la entrada.

Escuché a Mangel de fondo.

-Que dile y no se negará. Que es lo que ambos quieren desde que la liaron con un bromance.

-Pues es verdad. –Opinó Rubius.

Ya había llamado al móvil y dije que sí asistiría.

Los días pasaban muy lentos; era sin más un acto cansado en grabar con Willy sin mencionar nada.

Claro está que le dije que aquel fin de semana que caía la fiesta no haga planes.

Quería tenerlo para mí sin necesidad que lo supiese.

-Claro Vegetta. –Fue lo que respondería Willy.

Faltaba menos de una semana para la fiesta.

Llamé a Willy para decirle que era una fiesta en la que quería asistir con él.

Al principio él se negó en ir; más aún al hacer su promesa de acompañarme se retractó.

-Ya que… -Riendo diría a lo que íbamos a comprar unos trajes.

Era jueves en la noche. La fiesta sería el día viernes a las cinco de la tarde.

Nos irían a recoger y fue justo ahí cuando le dije de que se trataba la fiesta.

-No entiendo, como que famosos irán? –Fue lo que preguntó al tomar su almohada y acomodarla al espaldar de nuestra cama.

-Sí. Es una fiesta de famosos. Verás fue una invitación que acepté por Rubius y Mangel.

-Ya veo. Pero no entiendo muy bien por qué vamos nosotros?

-Es que es algo diferente en la que…

Pero no puede. Realmente me quedé pensando que Willy aún podría retractarse.

-En la que? –Preguntaría Willy al verme nuevamente.

-Pues en la que… Ya sabes Willy en la que se baila y se conoce gente.

-Pero si nosotros no somos como otros famosos.

-Es verdad. Bueno ya acepté la invitación.

No hable más de ello y fuimos a dormir.

Eran las tres de la tarde. Como siempre no planeo llegar tan puntual a una fiesta pero la curiosidad me puede.

-Samuel tocan la puerta! –Gritó Willy mientras se duchaba y yo terminaba de actualizar la miniatura del último video.

Fui  a la puerta para encontrarme con la sorpresa de Mangel y Rubius.

Ambos estaban vestidos de traje.

-Y que pasa que no te has vestido? –Diría Mangel mientras Rubius pasaba.

-Pues quería actualizar una miniatura y luego me iba a  bañar.

-Yo te ayudo pero ve  a bañarte. –Diría Mangel.

Rubius me empujaría hasta ir al baño.

-Ya… ya voy. –Respondí al ver que ambos tenían prisa por ir a la fiesta.

La curiosidad se despertaría y apuré a Willy al decirle que ellos dos vendrán con nosotros.

Escuché a Mangel decir que no me olvide de la invitación que se me dio.

Salí de la ducha viendo a Rubius en la habitación.

No me importó para nada; después de todo él tiene a Mangel y cuantas veces no lo habrás visto desnudo como para sorprenderse con otro hombre.

Dejé que cayese la toalla al ver que Rubius se percató de que había salido de la ducha al pasar por detrás de él.

-JODER! SERÁS CABRÓN!

Reí al ver que el muy degenerado no quitaba su mirada de mi cuerpo.

-No parece que realmente te importe.

-Madre mía!

-Anda que ya estás acostumbrado al ver a Mangel.

-El tuyo es diferente.

No respondía a ello. Recordé la vez que Willy no quería tener algo conmigo y supe que Rubius si era de los que podía liarla.

Pero cuando nos vimos en los Ángeles Mangel le reclamó que no quería que tuviera algo conmigo.

Recordaba que quedó en cámara cuando al ritmo de una canción de Lady Gaga seguí su juego de bailar. Al apagar la cámara e ir a los baños metía a Rubius a un cubículo y lo besé; rose, tomé fuerte sus labios y él aprovechó en tocarme.

Pero no pasaría más que eso pues él quería albergar la esperanza que se diese algo con su amigo.

Supongo que era mejor así pues ambos estuvimos a merced de la decisión que al fin acepten que no hacíamos nada malo en amarlos. Recordé cuando me llamó y comunicó que al fin lo había hecho con Mangel y me daría esperanza por lo que aún no pasaba con Willy.

-Sabes Rubius si  Mangel  no se te hubiese dado y Willy a  mí sería muy jodida nuestra historia. –Diría al poner el bóxer delante de él.

-Claro y lo tenías que decir mientras restriegas que ya no puedo tenerte. –Él reiría.

-Pues no estás mal con Mangel.

-Y Willy no tiene nada que buscar pues tiene algo grande contigo.

-Oye que no lo digo en plan sexual. –Dije al tomar la camisa.

-Pues yo sí. Mangel tiene todo lo que quiero y Willy contigo.

-Y tú como lo sabes?

-En una borrachera lo confirmó. No quedó en video porque quizá olvidaríamos de borrarlo. Él dijo como era su experiencia sexual a tu lado.

-Y donde estaba yo?

-En los Ángeles.

Salí de la recamará.

Salimos al notar que el carro de Mangel ya estaba fuera.

Llegamos.

Era un lugar súper amplio.

Era cierto lo de los móviles.

Dejamos todo.

Al solo entrar nos dimos cuenta de que ya habían muchos famosos.

-Tengan por favor. –Diría una chica al darnos un par de antifaces.

-Ok… -Diría confundido Willy.

Rubius sería el primero en ponérselos.

Era extraño pero hice lo mismo.

-Joder… -Suspiró Willy.

-Q… Qué pasa? Acaso me quedan mal? –Dije a punto de separarlos del rostro.

-No. Es que se te muchos más intrigante. –Respondería de forma extraño Willy.

-Estás sexy! –Diría en voz alta Mangel.

-Ajap! Pareces unos de esos tipos que se desnudan en los night-clubs!

-Y tú como sabes de esos tipos! –Dijo Mangel celoso.

-Hum. Pues hum.

-Gracias. –Hice que olvidasen una boba pelea de celos.

Era la fiesta de S.E.C.R.E.T.

Realmente era un  Secreto; no sabíamos que eran famosos por los antifaces.

No todos los cargaban puesto pero si la mayoría.

Vimos a un actriz de películas de ciencia ficción.

A una cantante que Mangel sabe su nombre por la voz pues no se la reconoce por la forma en la que viste y el antifaz.

Tomé la mano de Willy para ir a bailar.

-Q. Que haces!? –Diría al soltar mi mano.

-A bailar macho.

-Pero si nos van a ver. –Susurrando diría.

-Que no se lo has dicho? –Dirían Mangel y Rubius a la vez.

-No me ha dicho que cosa? –Dijo Willy al ver  ya molesto a todos lados.

-Por qué crees que se llama S.E.C.R.E.T?  -Pronunció Mangel al acercarnos al centro del jardín para bailar.

-No, no lo sé. Por qué? –Respondería en plan de pregunta Willy.

-Verás es una fiesta sin cámaras. Es un espacio público pero privado de famosos que podemos ser nosotros sin que veamos un flash o que nos estén acosando. –Mencionaría Mangel.

-Pero por qué no me lo dijeron. –Volteando diría Willy al notar que era cierto.

Los famosos lucían relajados. Iban con parejas del mismo sexo o no.

Era muy amplio ver la forma de vestir, como realmente éramos.

Mangel tomó un sorbo de vodka y besó a su novio.

-Mangel que haces! Alguien te vera y… -Willy se puso entre los dos.

Mangel y Rubius rieron.

-No más secretos… -Diría Rubius al acercar a Willy a mis labios.

-Entonces?… Quieres marcharte o me basarás… -Pronuncié al sentir el casi leve paso de sus labios sobre los míos.

Podía palpar la desnudez de sus pálpitos.

Su coherencia desvanecía a los impulsos que ocasionaba en él.

No insistiría.

No podría molestarme porque acepte al fin lo que sentimos uno del otro.

Pero él no se acercó.

Willy retrocedió.

Se alejó corriendo al baño.

Quedé en la pista.

Por primera vez no dejaría que esto afecte lo que vine a hacer.

Tomaría a Willy y nos iríamos en cualquier momento pero por ahora quería disfrutar que puedo ver a tanta gente famosa y estar con mis amigos.

Eran las nueve de la noche cuando vimos a una chica de vestido blanco pasar al micrófono y cantar una canción que solo Rubius se sabe.

Muchos saben quién es.

La verdad que no tenía idea de lo famosa que era hasta que muchos se pararon a bailar en plan canción romántica.

Ello era extraño; las luces las bajaron y muchos tomaron a parejas al azar excepto los que vinieron con la suya como Mangel con Rubius.

-Espera. –Al voltear escuché a Willy.

-Dime. –No podría estar molesto con él.

Willy tomó mi mano y hablaría.

-Que es lo que realmente querías de esta noche?

-Bailar contigo. Ser una noche una pareja como muchas.

-No somos cualquier pareja.

-Lo sé.

-Entonces entiendes que por ahora no puedo hacerlo.

-Sí.

-En serio?

-Sí.

-Estas molesto conmigo?

-No.

-Porqué?

-Quieres que este molesto contigo Willy?

-Sí.

-No puedo obligarte a hacer algo que no quieres…

-Pero si quiero.

-Entonces porqué te niegas?

-Es complicado.

-No lo es.

-Sí. Sí lo es.

-No. Solo debes tomar mi mano y bailar.

-No es así de simple.

-A que le tienes miedo esta noche. Acaso no te das cuenta que si un día no lo hacemos público vamos a terminar de asfixiar este amor.

-Soy consciente de ello.

-Entonces?

-No quiero que el amor muera. No quiero que me dejes por tener miedo de estas cosas.

-Dame la mano.

-Es que…

Caminé al centro del jardín; la canción seguiría mientras él avanzaba pausando más y más sus pasos.

Esperé a que se convenciera.

Quité su antifaz notando como sus manos tiemblan y su mirada se baja a mis hombros.

-Solo respira que nada malo dejaré que pase. –Diría para tranquilizar su forma de actuar.

La canción que esa chica ahora canta era hermosa; recordaba las veces que sonaba y besaba a Willy mientras iniciábamos caricias que terminarían por un secreto que se quedarán en las paredes.

No quité mi antifaz porque para él esto era muy romántico.

-Siento que estoy en una tonta película romántica. –Diría sin reírse; su corazón latía muy despacio.

Es sin más algo bello en él.

Alcé su barbilla.

-Quiero que me beses. –Pronuncié despacio.

Era mi fantasía que él lo hiciera.

Pero sé que era su sueño que al fin se dé un instante así.

Imponíamos mucho calor a la noche fría que nos diría con la brisa que de forma violenta levantaba nuestras prendas.

Willy se acercó a mis labios.

Era totalmente diferente sentirlo.

Nuestras lenguas suaves se acariciaban una a otra.

Encontraba sentido a muchas palabras; percibía muchas cosas en un beso.

Tuvimos muchos pero ninguno sería como este.

Willy apretaba mi cadera y yo tomaba su nuca para aproximar más nuestros labios.

Girábamos el mundo; comparé su boca al agua, fuego, aire, a la tierra sin embargo ingenuo seria hacerlo.

Él lograba  formar algo nuevo que no sería capaz de igualarse a nada.

No encontraba algo que lograba explicar este momento.

Amor era lo único que en mi mente conquistaba el gesto de nuestros labios.

anonymous asked:

Arrepentirse es sinónimo de aprendizaje perdedor :v

Te paso un diccionario:

verbo pronominal

  1. 1.Lamentar [una persona] haber hecho o haber dejado de hacer alguna cosa.“arrepentirse de los pecados; se arrepiente sinceramente de haber divulgado aquel secreto”


Y lamentar es muy distinto de aprender.

De hecho, también existen diccionarios de sinónimos y por ningún lado dice aprender:

arrepentirse

  • deplorar, sentir, afligirse, compungirse, apesadumbrarse, dolerse, lamentar, llorar, reconcomerse, corroer
  • Antónimos: alegrarse, celebrar
  • desdecirse, retractarse, abjurar, rectificar, retroceder, rajarse
  • Antónimos: obstinarse, insistir, ratificar

Se puede lamentar algo, pero no necesariamente aprender.

Hombre ESCORPIO - Mujer PISCIS

El extraño resultado que produce, en la mayoría de los casos, la fascinación que experimenta la mujer Piscis en presencia del hombre Escorpión, es el amor… seguido por el matrimonio. O si no, una relación apasionada y generalmente inolvidable. Cuando menos, la sumisión de ella a ese primer trance de hechizo desembocará en una amistad platónica sólida y perdurable. A menos, claro está, que exista un aspecto muy negativo entre otros planetas de sus horóscopos. Es muy rara la configuración de signos solares con una vibración 5-9 que termina con una hostilidad activa o un sentimiento de frialdad. Siempre que todas las otras configuraciones planetarias sean favorables, estos dos están hechos el uno para el otro. No es necesario que abordemos las amistades platónicas, porque aquí sólo nos ocupamos de la mujer de Neptuno y el hombre de Plutón que se aman. En el comienzo de este capítulo ya nos hemos referido a la relación neutral del Pez y el Escorpión (o Águila) que corresponde a los amigos íntimos, los socios y parientes. Si sus respectivos soles y lunas están en conjunción, en sextil o en trígono, su amor es potencialmente un don de los dioses, como lo es el de cualquier otra pareja de signos solares 5-9. Pero, lamentablemente, algunos hombres y mujeres Piscis y Escorpión así agraciados dejan que los temores secretos o la desidia empañen la dicha que está al alcance de sus manos. Si no abren los ojos a tiempo, los dioses podrían retractarse y despojarlos de su bienaventuranza, y lo que podría haber sido una hermosa relación para toda la vida —y más allá de ésta— termina en una separación. Hay varias razones para que se produzca esta tragedia. Sí, a menudo es una tragedia porque, una vez que este hombre y esta mujer han amado real y cabalmente, el recuerdo perdurará hasta la muerte, y después de ella. Una de dichas razones puede consistir en que, cuando se encuentran por primera vez y comprenden, uno de ellos, o los dos, están comprometidos con otra persona… y el sentido del deber determina que a uno de ellos, o a los dos, les falte el coraje necesario para confesar que sus corazones, vistos a través de las ventanas de sus ojos, se han reconocido súbitamente. A veces, se trata de un sentido del deber mal interpretado, porque el consorte al que se le tributa lealtad termina por ser el perdedor: es muy triste poseer a alguien cuyo corazón auténtico pertenece a otro.

Ésta no es una apología del adulterio o el divorcio, sino un intento de explicar la forma de evitar el uno y el otro, pues los hombres y las mujeres se equivocan, y se dejan arrastrar a menudo por sus sentimientos, sólo para descubrir más tarde que deberían haber esperado el momento de experimentar una pasión más honda en todos los planos de la emoción humana, en lugar de conformarse con un amor menor y unidimensional. La «anticuada» máxima «es mejor prevenir que curar» no es realmente anticuada ni anacrónica, sino un testimonio de sabiduría eterna y siempre presente. Como he dicho en otra sección de este libro, «aquellos que Dios ha unido» no son dos personas que se comprometieron precipitadamente antes de tener la sagacidad indispensable para elegir. Las relaciones humanas son siempre complejas, sobre todo entre Piscis y Escorpión y a menudo sólo los directamente implicados pueden conocer la magnitud de las complicaciones emocionales. Los extraños no pueden juzgar la verdad de las cosas por su apariencia superficial. El Karma es un pozo profundo, que no se puede sondear con una mirada, ni con un fugaz análisis informal. No hay manera de trocar aunque sólo sea la infidelidad mental en un acto de bondad. Es puramente negativa. Sin embargo, no puede haber infidelidad donde hay verdad, porque la infidelidad es falaz. La veracidad puede resolver cualquier dificultad, cuando se la enfrenta con franqueza y compasión. A veces los niños u otros factores impiden que el hombre Piscis y la mujer Escorpión se unan, y deben cortar el vínculo. Cuando esto ocurre entre un Pez y un Águila, generalmente éstos experimentan un dolor profundo, un dolor que posiblemente ni siquiera el tiempo podrá terminar de mitigar jamás. Los amantes Piscis y Escorpión se encuentran implicados a menudo precisamente en este tipo de situación, por complejas razones astrológicas y kármicas, y por ciertos matices de carácter y personalidad. Algunos la resuelven mediante el efecto cauterizante de la sinceridad. Otros, no. La chica Pez y el Escorpión que no enfrentan ninguno de estos problemas (o que los resuelven juntos) tienen excelentes probabilidades de entablar una relación perdurable en la cual casi nunca habrá un momento de hastío o aburrimiento.

Sin embargo, he aquí una advertencia adicional: si estos dos eluden los factores de discordia arriba enumerados, es posible que sus propias personalidades superiores o los amos kármicos pongan igualmente a prueba sus méritos, y los obliguen a vencer la poderosa tentación de caer en excesos de distinto tipo, por ejemplo en el ámbito de las drogas, del alcohol, de las incursiones imprudentes en el aspecto más tenebroso de lo oculto, o de la promiscuidad sexual. Éstos son los oscuros abismos que siempre acechan a los Piscis y Escorpión poco evolucionados que han fusionado sus auras sensibles. Cuando este hombre y esta mujer superan dichas pruebas espirituales, o en aquellos casos en que desde el principio no surge ninguno de tales obstáculos a su armonía, la vida es una sinfonía de serenidad y júbilo, de paz y placer. Naturalmente, habrá algunas percusiones en el movimiento de su concierto romántico: no todos los pasajes serán interpretados por flautas y violines. El hombre Escorpión tiene una fuerte voluntad, sentimientos vehementes y convicciones profundas, y se opondrá denodadamente a cualquier tentativa de conducirlo a donde no quiere ir, tanto simbólica como literalmente. También será más que un poco receloso. Pero, aunque recele mucho de ella, pretenderá que confíen implícitamente en él, no sólo desde el punto de vista sexual, sino también cada vez que emite un juicio sobre asuntos que les incumben a ambos. En realidad, su actitud es muy egoísta. Pero la chica Pez no se disgustará como podrían disgustarse (y tal vez se disgustarían) otras mujeres frente a su doble escala de valores propia de un hombre dominante. En algunos casos aislados, la mujer se convertirá en una verdadera Piscis tipo ballena, compartirá estos defectos, y devorará (o intentará devorar) al Águila que se atreva a criticarla o reformarla, pero como siempre, estudiamos la relación Neptuno-Plutón típica o media. La mujer Piscis media no se dejará intimidar por las manifestaciones ocasionales de machismo de su Escorpión. Quizás incluso se sienta secretamente divertida. y en todo caso se las apañará. Mientras él cree que se está saliendo con la suya, ella lo estará atrayendo dulce y mansamente a la red frágil-resistente de Neptuno que habrá de capturarlo.

Esta mujer lleva dentro, en un sentido mucho más profundo que la mujer Libra, todas las artimañas femeninas que el hombre ha temido desde los tiempos de Eva. y algunas más que son de su exclusiva propiedad. Incluso el poderío y la sagacidad portentosos de Plutón constituyen una débil coraza para protegerse de su feminidad total. El Águila arde en deseos de resolver todos los misterios dignos de este nombre con los que tropieza (se desentiende fríamente de los que no son dignos de este nombre), pero el misterio de la mística femenina de la chica de Neptuno se le escapará, estará siempre justo fuera de su alcance… lo cual lo afligirá y torturará inconscientemente de una manera tremenda. (El Escorpión nunca experimenta nada en pequeña escala.) Sin embargo, paradójicamente, éste es en verdad el señuelo que lo atrae magnéticamente hacia esta criatura de los múltiples humores, de los múltiples colores aurales y de las múltiples gamas de sensualidad y pureza. Aunque esto lo frustra y lo desconcierta, también lo induce a acercarse cada vez más a ella, con el propósito de explorar los abismos de su personalidad secreta. Hay un rasgo de ella que posiblemente no lo atraerá, sino que por el contrario tal vez lo hará sumirse en los malos humores de Plutón o replegarse en un clima huraño y ominoso. Este rasgo es su tendencia a regañarlo. No con frases groseras o estridentes. La chica Pez no procede así. Te azota con una pluma, reprendiéndote suave, casi tiernamente, discretamente. Discretamente, esto es, a juicio de la mayoría de los hombres, pero las emociones del hombre de Plutón están tan bien sintonizadas que éste puede captar matices de la longitud de onda de la dama Piscis que sus semejantes dejarían pasar inadvertidos, beatíficamente. Ella puede erosionar gradualmente la resistencia de un hombre, casi sin que éste lo note, como el impacto sistemático de una gota de agua.

Sin embargo, el Escorpión lo notará. Es posible que después de estar regularmente expuesto al goteo de su sugerencia sutil, él reaccione con una de esas trombas súbitas que se producen cuando pierde el control de su autodisciplina y su aplomo considerables. Es peligroso desencadenar una tromba de la cólera de Plutón. Ésta puede ahogar su amor. Porque él pronunciará palabras lacerantes, capaces de desgarrar los sentimientos vulnerables de la mujer Pez, en tanto que ella podrá empujarlo a la desesperación y la impotencia con sus excesos de llanto… de temor… y de comportamiento esquivo, no obstante su seductor carisma misterioso. Si ella es una Piscis tipo ballena, y amenaza seriamente su virilidad, él la abandonará, aunque esto lo destroce, con tal de no sacrificar su integridad masculina y de no dejar que domestiquen su espíritu rampante de Plutón. Sin embargo, es posible que él vuelva después de haberla dejado, si ella aprende la lección. Tal vez no volvería a otra mujer, pero ésta hechiza la vigilia de su sueño… y el sueño de su vigilia… de una forma que ni siquiera él podrá sondear jamás totalmente. Como sucede con todas las vibraciones 5-9, es posible que la ruptura implique reiteradas reconciliaciones. El intervalo entre la separación y la reconciliación quizás abarcará un breve lapso de pocas horas o pocos días, a veces abarcará semanas o meses, otras veces años. Es mucho esperar, pero las almas de Piscis y Escorpión son pacientes, y están habituadas a realizar los sacrificios necesarios para buscar lo más sublime. Ambos captan instintivamente la magnitud de las recompensas que recibirán a cambio de la fe tenaz de sus corazones.

Cualesquiera que sean las discordancias que se produzcan cíclicamente durante sus partidas de ajedrez emocionales, sus accesos de cólera y sus silencios mohínos, los momentos felices serán más numerosos que los tristes. La combinación y el éxtasis que intercambian en su intimidad sexual fusionan a Piscis y Escorpión con un vínculo invisible, pero muy seguro. Si tienen un aspecto Sol-Luna en conjunción, sextil o trígono, además de sus Soles en trígono, una vez que este hombre y esta mujer se hayan amado físicamente, además de emocional y mentalmente, cada uno de ellos confesará, si es sincero consigo mismo, que ninguna experiencia pasada con otra persona pudo equipararse a ésta, y que lo mismo vale para cualquier experiencia futura. Nunca. Tienen una excelente razón para mantenerse unidos, cuando ambos ya saben que no podrán remontarse a mayor altura que la que ya han alcanzado. La vehemencia silenciosa y la total concentración con que él hace el amor… el milagro de la predisposición de ella a confiar en él y a entregarle todo su ser… bueno, cuando una magia como ésta se entreteje con la pasión natural de un hombre y una mujer que se aman, el deseo no puede desplazarse en una dirección que no sea la circular… volviendo siempre a su génesis. Cuando las vibraciones de Plutón y Neptuno se elevan a un nivel intensamente emocional, el tema de la muerte puede entrar en la periferia de su relación. Puede tocarlos de cerca… o de lejos… manifestándose quizá, sencillamente, en el interés por la reencarnación y por otros varios asuntos generalmente asociados con la muerte.

Un corneta errabundo no puede ocultar su trayectoria refulgente a las galaxias curiosas. Naturalmente, la muerte tocará finalmente, en alguna de sus formas, a toda asociación humana, y no sólo a la de Escorpión y Piscis. Pero la esencia de la muerte, tal como es creada a través de la fusión embrujadora y embrujada de las pulsaciones combinadas de Neptuno y Plutón es un tipo de experiencia extraordinaria, y no ordinaria. Contiene siempre un aire de lo compulsivamente misterioso e inexplicable. La única causa realmente importante de desdicha que puede surgir entre la mujer de Neptuno y su Águila (todas las otras son triviales)… el único peligro que amenaza alguna vez a estos dos seres que sólo deberían encontrar juntos la satisfacción cabal… no es nunca la incompatibilidad, sino el aspecto egoísta de la emoción humana que acecha detrás de su devoción, para mantenerlos prisioneros de la naturaleza de sus propios deseos. Podría ser una palabra apresurada, de la que se arrepienten demasiado tarde… la desconsideración para con sus respectivas sensibilidades cuidadosamente ocultas pero palpitantes… a veces la desconfianza y los celos injustificados… las formas destructivas de evadirse del dolor y la desesperación, por ejemplo mediante el alcohol y las drogas… o quizás una forma leve de engaño o indiferencia fingida que hiere profundamente al otro-. Es muy triste que este hombre y esta mujer olviden en algún momento la belleza de los acordes iniciales de su amor, que sonaron cuando el telón se levantó por primera vez sobre el drama de sus Soles en trígono. Podrían tratar de evocar los villancicos del preludio… la melodía inesperada de aquella mañana en que ella cayó de cabeza en los ojos de él, como si se hubiera desplomado en un pozo profundo, y no intentó alejarse a nado. La tarde dorada en que ella rió encantada, como una chiquilla, cuando él le entregó. no un diamante, sino un ramillete de brezos, humedecidos por la lluvia de abril… la primera vez que la tocó, y ella se estremeció, y después levantó la vista, sobresaltada… para encontrarse con dos lágrimas gemelas en las mejillas de él, que hacían juego con las suyas propias. Entonces todo era indómito y libre y estaba barrido por el viento, como el hecho de correr descalzos por verdes prados de hierba dulce… mientras los halcones se remontaban en lo alto, y mil globos de circo con rayas rosadas y verdes flotaban alrededor de ellos… cuando ambos sabían que podían volar alrededor del mundo en ochenta días, como la alondra… abarcados por un momento en la eternidad, iluminados por los relámpagos… cuando «el hogar» era el círculo de los brazos del otro.

9

Saint Seiya Ω | Great Sword Titan (Ep 90)

Él no tiene nada que envidiar de los caballeros pues no es muy diferente a ellos,él no es fuerte por que simplemente ya de por sí posea un gran poder su personalidad,devoción y deseo por cumplir la voluntad de su respectiva diosa lo hacen de esta manera además posee honor,honor que le llevo a retractarse y disculparse con Harbi por infravalorarlo además de felicitarlo.¿Recuerdan cuando agradeció el hecho de no matar a Pallas cuando Seiya tuvo la oportunidad?Cualquier otro lo hubiera tachado de idiota.Siente pena por sus compañeros caídos en combate y les guarda sus respectivos respetos.A pesar de ser un villano yo no veo mal alguno en sus ojos,solo veo nobleza.
¡Nuevo juego!

#AdivinaLosSignos

Criaturillas del mal, Duraznito y yo estuvimos pensando en una nueva dinámica para hoy y aquí está *-* Es bastante sencillo: Nosotras dejamos aquí una conversación entre X y Z donde X es niña y Z es niño. Ustedes dejan como respuesta a este post los signos que piensan que son *-* 

Dentro de los participantes que acierten, elegiremos a uno para contestarle 2 preguntas de cualquier tipo en el chat n-n Los resultados los haremos saber en otro post!

Esperemos que participen! Go, go, goooo!


*En una fiesta*

X: *Deja su vaso sobre una de las mesitas, sonríe a unos invitados y se pone de espaldas para revisar con un pequeño espejito su labial* Ya se hizo un desastre esto *refunfuña mientras intenta arreglarlo un poco.*

Z: *Camina bebiendo un poco de ponche hasta rodear la cintura de la chica por detrás* ¿Arreglándote de nuevo el labial?, te ves hermosa con o sin él…- *Sonríe de lado acariciando suavemente su abdomen*

X: *pega un brinquito y se gira para quedar de frente a Z, rueda los ojos disimuladamente* ¿Qué estás intentando, eh? ¿Acaso no pudiste conseguirte a alguien con quién pasar la noche? *lo mira recelosa*.

Z: *Pone los ojos en blanco quitando el brazo de su cintura* Realmente tenía a unas cuantas esperando por mí esta noche pero si estoy aquí es por algo. *Mira a X detallando su cuerpo de pies a cabeza* Y eres mucho mejor que esas…

X: ¿Sí? Pues pierdes tu tiempo *se cruza de brazos y resopla irritada dejándolo detrás* Como sea, iré por un bocadillo. Será mejor que te regreses con esas cuantas.

Z: *Rie por lo bajo siguiendo sus pasos perdiéndose con la vista de su trasero* ¿Por qué tendría que irme con ellas si yo quiero estar contigo? *La atrae tomándola del brazo* Y recordar esas veces que bailábamos juntos… *Susurra en su oído apegándola a su pecho*

X: *Siente la respiración cortársele, en verdad lo detesta por contradecirla pero tiene ese algo que la hace retractarse. Traga saliva y baja su mirada a sus labios* En verdad me estoy muriendo de hambre *susurra con menos convicción.*

Z: ¿Ah, sí?, ¿qué te gustaría comer ahorita? *La voltea delicadamente envolviendo su cintura entre sus brazos* Porque yo he estado hambriento de ti desde esa noche que te fuiste a casa insultándome *Aspira su perfume y la conduce en los pasos de baile*

X: *Siente sonrojarse y niega divertida* Eres lo peor del mundo, ¿lo sabes? *se para de puntitas para darle un beso de esos que a ambos les encanta* ¿y ahora qué?

Z: *Sonríe abrazándola para devorar sus labios acariciando sus mejillas sonrosadas* Ahora podríamos comer algo afuera, ir a casa y pensar en volver, porque yo ya me estoy desesperando *Esconde su rostro en su cuello y besa esa zona sin soltarla*

¿Adivinan? 

Cerrando el paso | Latin Hetalia | Argentina/Chile

Al fin de cuentas, Manuel solo quería empezar de nuevo.

1

Martín se despierta con el sabor metálico en la boca y la sensación de que solo durmió unos minutos. Su celular sonaba, se sacudía sobre la mesita de luz e iluminaba toda su pieza. El reloj marcaba las nueve y media de la noche, y con eso empezaba el día para Martín.

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BAJO TUS ALAS (WIGETTA)

PRÓLOGO

Hay personas que piensan que el amor es uno de los sentimientos más intensos. El amor te marea, te desordena, te descontrola y hay ocasiones que cuando te tiene en la cima te hace caer profunda y dolorosamente sin siquiera avisar. Pero es sabido, al menos por aquellos que son observadores que existe un sentimiento muchísimo mas intenso, un cariño mas desbordante, un cariño que se alimenta con el tiempo y que crece día a día formando uniones mas fuertes, no necesitas siquiera cercanía constante, no necesitas palabras bonitas a diario, porque si es real, si es verdadera, la amistad se convierte en un lazo eterno y maravillosamente indestructible.

“No existen mas tesoros que buscar… nuestra amistad ya es el mas importante de todos”

Guillermo y Samuel se habían conocido desde que eran un par de niños que con mil dificultades se podían mantener en pie sin tropezar y correr con sus madres envueltos en un mar de lágrimas. Sus familias eran vecinas y ellos habían crecido juntos desde que tenían memoria. Era curioso quizá, que dos niños tan pequeños hubiesen conectado de la manera que ellos lo habían hecho, pero así era, desde la primera vez que se habían visto cuando Guillermo tenía 4 años y Samuel 6, se habían vuelto completamente inseparables.

Cada día después del preescolar, el pequeño Samuel corría hasta la casa de Guillermo golpeando la puerta con desespero, y cuando esta se abría, entraba a tropezones como si de su propia casa se tratara. Después de comer, jugaban toda la tarde hasta que la madre de Samuel tenía que ir por él y llevárselo prácticamente a jalones. Al siguiente día el proceso se repetía y si en algún momento Samuel no podía ir a la casa de Guillermo, por estar enfermo o porque tenía muchos deberes en su propia casa, el pequeño Guille lloraba desconsolado toda la tarde hasta quedarse dormido.

No todo era armonía entre estos dos pequeños, había ocasiones en las que las peleas eran tan severas que Guillermo terminaba llamando “feo” a Samuel y por supuesto los pucheros no se hacían esperar, pero había algo en particular que el pequeño Samuel no soportaba, cuando la discordia era verdaderamente fuerte, que Guillermo le gritara con toda la saña de que es posible un pequeño de 4 años, un fuerte y contundente “¡Ya no te quiero!” era momento para que Samuel lo hiciera retractarse a toda costa.

El tiempo no había hecho nada por separar a ese par de niños que fueron creciendo lado a lado, al contrario, parecía que con el pasar de los días, meses, años, la amistad que mantenían se volvía cada vez mas fuerte, mas entrañable. Tampoco hacía falta mencionar que con el pasar del tiempo al irse definiendo mas aun la personalidad de cada uno de estos chicos, los problemas y peleas habían surgido mas que nunca.

Samuel, quien en su infancia había sido el niño más desordenado y despreocupado del planeta, se había convertido en uno de los jovencitos más extrañamente ordenados y organizados que alguien pudiese ver. Hay de aquel pobrecillo que se le ocurriera desordenar sus juguetes o mover los almohadones de su cama. Samuel se había convertido en el chico con mas manías del mundo y es que como el siempre decía “Las cosas bien hechas, bien parecen” ¿no era acaso aquella una frase muy adulta para un niño de 12? Probablemente, pero Samuel había madurado a pasos agigantados, cosa que de hecho su mejor amigo no compartía.

Guillermo era el caos total. A medida que había crecido, se había convertido en el chico mas distraído y despreocupado que alguien pudiese ver, era impulsivo y por lo general pensaba las cosas mucho después de haberla liado. Tenía un humor cambiante que iba desde las carcajadas más escandalosas en las que Samuel no sabía si seguía riendo, o estaba asfixiándose de alguna extraña manera, hasta el peor mal humor que alguien pudiese soportar. Si estaba enojado se volvía callado y necio, era terco y orgulloso y la mayoría de las veces, era Samuel quien lograba que la armonía regresara a sus vidas.

Samuel se había convertido de hecho en un jovencito bastante sobreprotector, Guillermo se veía tan delgado y pequeñito a sus ojos, que se sentía en la obligación de protegerlo de cualquiera que quisiera molestarlo. Eso por supuesto llegaba a molestar a Guillermo, pues orgulloso como era, no estaba del todo feliz sabiendo que su mejor amigo lo veía como alguien débil. Tenían constantes peleas por esa razón, aunque al final Samuel siempre terminaba por convencerlo.

A pesar de las marcadas diferencias en sus formas de ser, que ahora para cualquiera eran evidentes, la amistad que los unía no decaía. Parecían tener una extraña conexión que lograba mantenerlos siempre juntos, eran amigos, eran compañeros, eran cómplices de travesuras. A diario se sentaban juntos debajo del enorme árbol del patio trasero de la casa de Guillermo, y pensaban, planeaban todo lo que querían hacer cuando fueran mayores, cuando no debieran seguir las reglas de los adultos y fueran libres. Prácticamente creaban imágenes mentales de todo lo que querían lograr y como uno estaría a lado del otro para verlo.

Samuel siempre había querido hacer algo relacionado con la salud. Desde que un día había visto un programa de cirugías en el discovery channel, el supo que quería hacer algo como eso, probablemente medicina, quizá enfermería, pero el sin dudas trabajaría en un hospital. Guillermo por su lado, siempre con ese espíritu libre quería ser nadador, pero no cualquier nadador, quería ser socorrista, quería que su amor por el agua y la libertad que le proporcionaba sentirla deslizándose por su cuerpo, le ayudara a alguien más ¿Qué mejor que ayudar a personas que se encontraran en peligro? En eso de hecho coincidían, ambos deseaban ser algo que pudiera ayudar a los demás, ambos habían crecido con un corazón noble.

Era raro que tuviesen proyectos en los que no estuviese incluido el otro. Guillermo tenía 13 años y Samuel 15 cuando al parecer ya tenían la vida planeada. Estudiarían cerca, alquilarían un piso que pudieran compartir y lograrían todas sus metas, y si, probablemente eran demasiado pequeños aun para tener, según ellos, la vida planeada, pero cuando piensas en grande, el tiempo parece poco. Pero sucedería algo que frenaría sus planes, algo que les cambiaría la vida de golpe, algo que pondría a prueba esa amistad de acero.

“No importa la distancia que haya entre dos orillas… siempre y cuando exista la voluntad para construir un puente”

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Sorpresitaaaaaaaa!!! No saben lo emocionada que estoy con esto, espero que de verdad amen esta historia tanto como han amado a las demás, tanto como yo estoy amando escribirla. Quiero cerrar con broche de oro esta etapa de escribir historias wigetta, que probablemente sea solo un descanso, así que haré que esta historia valga la pena. Deseo que le den una oportunidad como siempre. Les agradezco muchísimo su apoyo a mi trabajo. Un besote y pronto tendrán el capítulo 1. Besos♥

Sentimientos Latentes || Cap 16 (Fic Wigetta)

5 Día : Nuestra Semana Perfecta.

 -Narra Willy-

-Buenos días.-El tono agudo de su voz me sirvió como despertador. Cuando abrí los ojos comprobé, como ya sospechaba, que Vegetta se había colado en mi habitación. Los acontecimientos de la pasada noche vinieron a mi mente enseguida, y no pude hacer más que dedicarle una mirada tanto fría como distante. Él se subió a la cama para besarme la mejilla varias veces seguidas, mientras insistía en su labor.-Despierta, tenemos que grabar..-En su petición se dejaba entrever cierto mimo que normalmente nunca usaba, pues era muy aplicado con los horarios de grabación y habitualmente me despertaba con cierta exigencia, aunque no exenta de amabilidad. En esta ocasión se notaba que aún sospechaba de mi molestia, y quería remediarla siendo excesivamente cariñoso. Yo me mantuve impasible a sus besos, aunque fuera complicado debido a mis crecientes sentimientos hacia su persona.-Que pesado. Quítate, ya voy luego.-Le puse una mano sobre los labios para terminar con sus besos, pero el mayor aprovechó el gesto despreciativo para besarme también en la palma de la mano. Su acción no me pasó inadvertida, y no pude contener una pequeña risa mientras lo hacía.-Te has reído. Deja de hacerte el enfadado, Willy no está tan enfadadito como pensaba..-Exclamó en un tono cómico, mientras que yo fruncía el ceño al referirse a mí como si fuera un niño pequeño. Procuré mantener mi semblante ofuscado, pero repartió varios besos cortos por todo mi rostro y no pude evitar seguir riendo mientras intentaba frenar sus muestras de afecto.-Que tonto! .-Espeté fuerte y risueño. Mira que me levantaba de malhumor y que la noche anterior había conseguido hacerme sentir ligeramente molesto, pero aún así solamente él podía conseguir hacerme reír tan temprano.-Voy a darme una duchita y me afeito, que mira.-Apoyó su mejilla contra la mía y se frotó contra ella, raspando mi piel con la barba que le había empezado a nacer.-¡Au! ¿Era eso necesario, pringao?.-Me quejé mirándolo, pues me había hecho algo de daño. Él se rió fuertemente.-¿En serio te ha dolido? Perdón, perdón.-Se disculpó, aunque uno no podía tomarse en serio sus disculpas mientras rompía en carcajadas. Me besó varias veces la mejilla dañada y después los labios, para levantarse luego y marcharse fuera de la habitación.

Yo me quedé entre las sabanas, inmóvil y pensativo. No era justo que viniera con una tormenta de cariños y fuera capaz de disolver la molestia con un método tan sencillo. No podía estar en una posición menos conveniente, no quería ser un peón a merced de mis sentimientos. ¿Dónde quedaba mi orgullo? En el pasado me había dominado y ahora quien lo hacía era la adoración que sentía por mi compañero, mi amigo. Me preguntaba si él estaría experimentando los mismos sentimientos que yo, y me sentía desdichado cuando pensaba que no era así. Ya no quedaba un resquicio de cólera por lo sucedido la noche anterior, cuando en mitad de mis besos decidió que sería una buena idea terminar todo contacto físico repentinamente. ¿Tan mal lo había besado? ¿Tan poco le había provocado el tener mis labios recorriendo su cuello? Yo solamente buscaba complacerlo, tener la iniciativa por primera vez. Dudaba que Vegetta comprendiera lo difícil que había sido para mí dar un paso tan grande en nuestra relación, para que desechase mi afecto de cualquier manera, haciéndome sentir ridículo y humillado. Puesto que mi única intención había sido la de satisfacerlo, podría como mínimo haber fingido que le complacían mis muestras de cariño. En el pasado se había mostrado más comprensivo ante mi inexperiencia, pero la noche pasada me hizo sentirme profundamente rechazado. Suspiré, aún sintiendo un profundo pesar en mi corazón. No le daría más importancia a semejante suceso. yo me conformaba con lo que ya tenía de mi compañero y de ninguna manera necesitaba intensificar el contacto entre ambos para acrecentar mi felicidad. Con sus besos y caricias tenía más que suficiente, y puesto que la pasada noche mis actos habían sido únicamente con intención de contentarlo, no volvería a tomar la iniciativa en aquel sentido y fin de la incógnita. 

Grabamos el episodio en cuanto me levanté, y las risas que surgieron mientras grabábamos terminaron enterrando toda muestra de discordia. Tenía demasiadas ganas de estar con él, no malgastaría nuestro valioso tiempo dando vueltas a un tema que ya creía zanjado. Jugar junto con el resto de nuestros amigos me distrajo más, pude descargarme haciendo alguna que otra maldad en el servidor de Minecraft que todos teníamos en común. Cuando terminé estaba bastante alegre, recibí varios mensajes por móvil del mayor diciéndome que teníamos que comer. Reparé en la hora que era, lo rápido que pasaba el tiempo cuando uno estaba divirtiéndose y fui hasta el salón. Vegetta era el que solía cocinar siempre, pero no hacía nada sin que yo le ayudase, lo cual me parecía una justa separación de las tareas domésticas.-Ya verás que rico lo que vamos a hacer niño.-Me advirtió, y yo sonreí, pues seguramente nos salía fatal.-.. al final toca ramen.-Me burlé, pues era lo que comíamos casi diariamente. Vegetta preparó dos filetes bastante ricos, aunque se le quemaron un poco. Ambos comimos juntos mientras hablábamos, en ocasiones sobre nuestras series en común, sacábamos ideas para Apocalipsis Minecraft y nos picábamos por cosas de Karmaland. Cuando terminamos me propuso que nos diéramos un baño en la piscina de abajo al terminar de hacer la digestión. No era la primera vez que lo hacíamos, aunque no habíamos tenido ocasión de ir a la playa, la piscina estaba demasiado cerca como para desaprovecharla. Puesto que ambos estábamos ocupados con nuestro trabajo, aprovechamos el tiempo en que nuestro cuerpo hacía la digestión para subir algunos vídeos y dejar otros programados.

Salí ya en bañador de mi habitación, esperando que mi compañero terminase de hacer sus cosas.-VENGA VEGETTA.-Le grité con cierta impaciencia, esperando junto a la puerta con ganas de darme un baño. Él salió con el bañador puesto pero una camiseta cubriéndole el torso, le gustaba muy poco mostrar para el excelente cuerpo que tenía. Sonrió al verme y se acercó a mi cuerpo, poniendo sus grandes manos a ambos lados de mis costados.-Chaval.. que delgado estás.-Observó, a lo que alcé una ceja. Era consciente de ello, siempre había estado bastante delgado y desde que estábamos en los angeles todavía más, pues apenas me gustaba la comida de aquí.-¡Y eso que no te mueves! .-Exclamó, sin dejar de inspeccionar mi piel desnuda con sus manos. Recorrió mis brazos, haciendo alusión a lo finos que eran, y después pasó los dedos por el hueso de mi clavícula que destacaba bajo la piel.-Uno que tiene sus truquitos.-Alardeé, consciente de que él deseaba adelgazar, aún sin entender porqué dado su excelente condición física. Intentaba mantenerme impasible al contacto de sus manos sobre mi cuerpo, pero era realmente complicado. Parecía fascinado, aunque juraría que no era la primera vez que veía mi torso al descubierto, sí que era la primera vez que no tenía porque reprimir sus instintos.-Deberías comer más.-Me recomendó, mientras que apoyaba la palma de su mano sobre mi estómago plano. Aunque sus comentarios eran mecánicos y fríos, notaba en sus ojos castaños la tentación que había aprendido a reconocer en Vegetta. Estaba tentándole inconscientemente, su atracción era notoria y me hacía sentir tanto adulado como victorioso.-¿Has terminado? .-Pregunté con seriedad, intentando aparentar indiferencia ante sus caricias. Mi frialdad no causó el efecto deseado, no se vio en absoluto afectado por ella, más bien lo contrario. Ignoró el comentario y continuó tocándome el torso a su antojo, entretenido como lo estaría un niño pequeño con su juguete nuevo.-Tío.. me gusta tu cuerpo.-Halagó, sin ser consciente de que su comentario tiñó mis mejillas de rojo. Carraspeé para aclararme la garganta, mientras que sus brazos rodeaban mis caderas.-Para..-Murmuré, empezando a avergonzarme por su repentina atención. Pero este hecho me hizo pensar, y ligeramente ofendido me separé de él.-¿Lo estás haciendo aposta? .-Pregunté entonces con ligero cabreo, recordando lo que había sucedido la pasada noche y considerando que estaba siendo más que evidente. Él puso cara de circunstancias, agachó la cabeza y después se alzó para mirarme.-Solamente quiero que tengas presente cuanto me gustas y atraes.-No esperaba semejante comentario, el cual me hizo sentir profundamente halagado y consiguió que mis sentimientos por él fueran, sino mayores, más claros. Sonreí dulcemente al ser conocedor de sus tiernas intenciones, que no eran más que las de alejar de mis pensamientos toda la inseguridad que sus acciones de anoche hubieran podido provocarme.-Tú también me gustas.-él correspondió mi sonrisa, y erradicó la distancia que yo había establecido para acunar mi rostro entre sus manos.-Ay.. que mono eres a veces.-murmuró antes de besarme los labios. Correspondí el beso con mimo, mientras que mis manos se aventuraban a acariciar sus musculosos brazos.-¿Cómo que a veces?.-Pregunté, fingiéndome ofendido o intentándolo, pues estaba encantado con la atención que el mayor estaba dedicándome. Él alzó ambas cejas, y sin retractarse ante sus afirmaciones dijo.-A veces Willy, a veces.-Confirmó, pegándome contra su cuerpo y antes de reanudar la conversación volvió a besarme.-porque otras.. fua, eres más insoportable.-Arqueé una ceja, a Vegetta no le importaba en absoluto decirme este tipo de cosas mientras me manoseaba y besaba. Yo no me ofendía realmente porque era el tipo de relación que desde siempre habíamos mantenido y que había aprendido a apreciar.-Te recuerdo que íbamos a ir a la piscina.-No sería tan maravilloso como esto, pues en la piscina solía haber vecinos y teníamos que cuidar mucho las apariencias.-¿Quieres ir? .-Me preguntó él con cierta desgana y lo pensé unos segundos. Ni hacía el suficiente buen tiempo para que disfrutáramos el agua fría por mas de media hora, ni me apetecía separarme de él para tener que fingir que solamente éramos amigos.-No, pero si nos quedamos en casa quiero estar contigo.-Susurré esto último con algo de vergüenza. Me temía que si cancelábamos nuestros planes, él se volvería a su habitación para grabar vídeos o algo así.

Él accedió y acordamos pasar el día juntos, aunque fuera dentro de casa, y jugar a algunos juegos sin cámaras ni capturadoras delante. Me cambié de ropa y estuvimos encerrados en su habitación todo lo que quedaba de tarde, jugando a la wii y pasándolo en grande. Cada vez que perdía me reía de su suerte, y cuando yo perdía él me besaba con cierto recochineo, mencionando que sus besos eran el mejor premio de consolación. En resumen, hacíamos lo que harían dos buenos amigos pero con algunas muestras de afecto de por medio. Yo no podía evitar sentir constantemente que estaba en una cita, que esto era lo más parecido que había tenido nunca a una pareja sentimental y que de haber podido morir de felicidad, moriría al instante.

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No quería dejaros sin capítulo, es más corto y menos interesante pero porque es un capítulo de transición :3

BAJO TUS ALAS (WIGETTA)

CAPÍTULO 1 “LA PRINCESA MARIETTA”

Era viernes por la tarde, el día estaba un poco nublado y le daba al ambiente un aspecto triste y algo sombrío. Pero no era un día triste, al menos no para el pequeño Guillermo quien miraba por la ventana de su habitación con ojitos ilusionados. Los viernes eran especiales para él, eran días de “fiesta de pijamas” y aunque esa fiesta solo incluyera a dos personitas, era la más divertida del mundo.

Era el único día que Guillermo tenía permiso para dormirse un poco mas tarde, para comer golosinas y cosas poco saludables casi sin restricciones y para ver televisión todo el tiempo que le diera la gana. Por supuesto todo aquello se lo ganaba si había sido un buen niño durante la semana, pues el día que había tumbado a Laurita de su silla después de que esta le hubiese arrebatado sus crayones en el preescolar, se había quedado sin su fiesta de pijamas del viernes y había llorado casi toda la tarde.

Sus ojos se paseaban ansiosos por todo el exterior desde su ventana. Ya eran las 5pm y él no aparecía ¿Por qué aun no aparecía? ¿Y si no le habían dado permiso de ir? ¿Y si se había portado mal y lo habían castigado? Guillermo ya estaba haciendo un enorme puchero agobiándose con sus propios pensamientos, cuando vio a Samuel atravesar corriendo por el jardín, al menos, lo mas rápido que le permitían correr, las dos enormes mochilas que traía colgadas en cada uno de sus hombros.

Tiempo le hizo falta a Guillermo para saltar de la silla en la que se había trepado para ver por la ventana. Salió de su habitación y empezó a bajar corriendo las escaleras, eso antes de escuchar un ¡Baja con cuidado! Gritado enérgicamente por su madre, que lo hizo detenerse por completo. Dio saltos un poco mas cautelosos y en un momento ya se encontraba frente a la puerta de entrada. Esperó a escuchar los golpes para poder responder.

–¿Quién es? – preguntó con una sonrisa en los labios, sabía perfectamente quien era, pero le gustaba molestarlo siempre con las mismas preguntas.

–¡Soy yo Willy, ábreme! – la voz infantil pero bastante enérgica de Samuel se escuchó afuera de la puerta, la risita de Guillermo se acentuó imaginando su expresión molesta.

–Si quieres que te abra tienes que decir la contraseña – Guille se cubrió la boca con su pequeña mano, pues estaba a punto de soltar una carcajada. Escuchó a Samuel resoplar del otro lado de la puerta.
Varios segundos pasaron en los que no se escuchó nada. Guille entrecerró los ojitos esperando. Nada. Se asomó por la ventana para ver a su amigo con el ceño fruncido y expresión pensativa mirando directamente a la puerta.

–¡Willy es el mejor amigo del mundo! – El grito del pequeño Samuel se escuchó probablemente por toda la calle y la expresión satisfecha de Guillermo no se hizo esperar, sonrió inflando las mejillas, emocionado, le encantaba escuchar a Samuel decir que él era el mejor amigo del mundo y se le había hecho costumbre hacerlo repetir aquella “contraseña” desde que le había visto jugando toda la tarde con el hijo de una de las amigas de su madre. Ese día el pequeño Guillermo se puso rojo de coraje.

Abrió la puerta por fin mostrando una enorme sonrisa. Samuel lo miraba aun con el ceño fruncido. Entró a la casa aventando las mochilas en algún lugar del piso, para después dejarse caer en uno de los sillones.

–Las mochilas pesan ¿Por qué no me abrías? – preguntó en tono de reproche, Guillermo se encogió de hombros sin responder.

–Levanten esas mochilas y lleven las cosas a tu cuarto Guille – su madre apareció de pronto y Samuel le sonrió un tanto avergonzado, cuando ella paso su mano por sus cabellos despeinándolos un poco – Hola cariño, recuerden que no deben hacer mucho desorden.

Ambos asintieron, tomaron las mochilas de Samuel y subieron casi corriendo las escaleras, en cuanto se dieron cuenta que la madre de Guillermo no estaba mirando.

La habitación de Willy era bastante amplia y a pesar de lo distraído y desordenado que era a veces, estaba bastante limpia y con todo muy bien organizado. Las paredes estaban pintadas de color azul claro y en la parte de arriba cercana al techo, había figuras con forma de nubes pintadas en color blanco. El techo estaba lleno de pequeñas estrellas que brillaban en la oscuridad. Tenía una pequeña mesa de madera oscura donde hacía sus tareas, con una pequeña sillita giratoria de plástico en color azul brillante. Tanto su cubrecamas como las fundas de sus almohadas, estaban decoradas con tortugas y es que si, Guillermo amaba las tortugas, al menos había aprendido a quererlas después de haber pedido un perrito en su cumpleaños numero 5 y haber recibido a la pequeña Trotu en su lugar.

“Si aprendes a cuidar a una tortuga, puede ser que te dejemos tener un perro” esa había sido la promesa de sus padres. Teniendo a Trotu ya no le interesaba mucho tener un perro.

Guillermo y Samuel tenían un itinerario casi planeado para sus “fiestas de pijamas”, que consistía primero que nada, en corretear por el patio trasero, jugando con aquella pelota que habían decidido comprar para ambos con los ahorros de sus mesadas. Samuel, quien decía ser un niño grande a sus escasos 8 años, había intentado ser él quien comprara la pelota, Guille no se lo permitió por supuesto.

“Si la compras tu solo, no vas a querer prestármela” añadió con seguridad.

Eran las 7pm y afuera ya estaba completamente oscurecido. Unas cuantas gotas de lluvia habían empezado a caer y Samuel y Guillermo habían tenido que entrar a la casa antes de lo que hubiesen querido. Merendaron sándwiches de mantequilla de maní y fruta. Para cuando salieron de la ducha y estuvieron listos con sus pijamas en la habitación, aquellas gotas de agua se habían convertido en una fuerte lluvia que azotaba la ventana de la habitación de Guillermo haciéndola vibrar.

Habían decidido tumbarse en la cama para ver una película, pareciera que el clima frio y lluvioso incrementara la pereza de ambos pequeños. Ninguno tenía ánimos para ponerse a hacer algo más interesante, como jugar con la enorme cantidad de juguetes que Samuel tenía en su mochila. Se cubrieron con sus mantas roja y azul y observaron en silencio la película elegida por Guillermo, Wall-e.

La lluvia se convirtió en tormenta a medida que avanzaba la película y los relámpagos que iluminaban en cielo de tanto en tanto, tenían al pequeño Guillermo con los pelos de punta. Más de una vez el sonido de los truenos lo había estremecido y había terminado cubriéndose el rostro con su mantita azul. Y es que Guillermo odiaba las tormentas.

–¿Tienes miedo? – la pregunta de Samuel casi estaba de sobra, tenía un año de conocer a Guillermo y ese año le había bastado para saber que odiaba las tormentas y si eran de noche las odiaba mucho mas. Guillermo no respondió, se quedó mirándolo molesto, pues creía saber que se estaba burlando de él.

–No tengo mie…

No terminó siquiera la frase, cuando un nuevo relámpago había iluminado el cielo. El pobre Guillermito tembló bajo las mantas ahogando un grito. Esta vez incluso Samuel terminó cubriéndose hasta la cabeza con su mantita roja.

La película había pasado a segundo plano, ninguno de los dos le estaba poniendo demasiada atención. Ambos pequeños estaban mas atentos  en  adivinar en que momento aparecería en el cielo un nuevo relámpago. Lo que había empezado con un Guille molesto por las burlas de Samuel, había terminado con ambos niños gritando y riendo de forma nerviosa y escandalosa con cada susto y con sus manitas tomadas fuertemente, aferradas una a la otra casi por inercia. La madre de Guillermo se había aparecido varias veces a comprobar si estaban bien, pero al verlos tan sonrientes, no se imaginó que en realidad la risa de Guillermo era mas una reacción al miedo que otra cosa.

De pronto la habitación se habían quedado en silencio, la película se había terminado y ellos ni siquiera se habían dado cuenta. Pasaron unos cuantos minutos sin hablar, hasta que un nuevo relámpago iluminó por completo la habitación y un fuertísimo trueno hizo saltar a Guillermo en su lugar. Ya no aguantó más. No dijo nada esta vez, no se quejó ni mucho menos, pero cuando Samuel pensaba que todo estaba bien, empezó a escuchar los tenues sollozos.

Aun cuando Samuel era un niño pequeño de tan solo 8 años de edad, había cosas que le eran difíciles de soportar, una de ellas era por supuesto escuchar a Guillermo decir que no lo quería, Samuel era su mejor amigo ¿Por qué no iba a quererlo? La segunda cosa que lo ponía prácticamente en un estado de alerta, era escuchar a Guille llorar, lo ponía inmediatamente de mal humor y no porque le molestara de forma particular, sino porque sentía la necesidad de hacer lo que fuera para parar su llanto.

–Willy, por favor no llores – la vocecita de Samuel se notaba preocupada y se debatía entre llamarle a la madre de Guillermo o intentar hacerlo sonreír de nuevo por sus propios medios.

Los ojitos llorosos y las mejillas enrojecidas del pequeño Guillermo, se asomaban debajo de la manta, mientras su pequeña mano de aferraba cada vez mas al brazo de Samuel con cada nuevo relámpago iluminando el cielo. Era momento de que el mayor de los pequeños hiciera algo al respecto.

–Te voy a contar un cuento – Samuel había dicho aquello sin siquiera pensarlo, a decir verdad no se sabía ningún cuento de memoria, pero tenía que hacer algo por calmar el llanto de su pequeño amigo. El ya era un niño grande, se sentía con la responsabilidad de cuidarlo, de hacer que se sintiera mejor a toda costa. Los ojitos de Guillermo se entreabrieron en medio de las lagrimas, sacó su brazo de debajo de las mantas y talló su cara con la manga de su pijama. Miró a Samuel con expresión curiosa.

–¿Un cuento de que? – preguntó con la voz entrecortada, mientras soltaba algunos suspiros, de esos que no puedes reprimir cuando has dejado de llorar.
Samuel se quedó en silencio mirando a todos lados, tratando de sacar inspiración de cualquier cosa. La lluvia aun se escuchaba fuerte afuera y no era momento para retractarse con lo del cuento. Para eso tenía él una imaginación prodigiosa, inventaría cualquier a medida que narraba.

–Pues un cuento de un príncipe y una princesa, de eso son los cuentos siempre ¿quieres escucharlo? – Guillermo asintió entusiasmado, aun se sentía nervioso y permanecía aferrado al brazo de Samuel, pero su interés estaba ahora completamente en su amigo y en la historia que estaba por contarle. A él le encantaban los cuentos. Samuel empezó a narrar.

Había una vez una princesa llamada Marietta ¿Por qué se llamaba Marietta? Porque seguramente era el primer nombre que se le había venido a la cabeza al pequeño Samuel, el pobre ya estaba haciendo suficiente al estarse inventando un cuento de la nada ¿en que iba? ¡Oh si! Marietta era buena y dulce como el algodón o como las galletitas con chispas de chocolate, o como las gominolas de colores ¿el pequeño Samuel tenía hambre mientras narraba? Probablemente. Marietta vivía en un enorme castillo, en el que pasaba sola la mayor parte del tiempo porque… porque… pues porque sus padres se iban ¿A dónde? Quien sabe, se iban y ya está, no hay que pedirle demasiado al pobre Samuel, recordemos que este cuento se lo está inventando. En fin… el caso es que Marietta pasaba sus días sola, lo cual era un gran problema para ella, pues era muy muy miedosa y lo que más miedo le daba eran las tormentas ¿les recuerda a alguien? ¡Exacto! Cada noche cuando una nueva tormenta azotaba el castillo, Marietta  se escondía debajo de un montón de mantas en su cama y lloraba hasta el amanecer. Un día al despertar, después de una de esas terribles tormentas, Marietta encontró un corazón de chocolate en su mesita de noche y una notita que decía “Si esta noche regresa la tormenta, pero tú eres valiente y dejas de llorar, el día de mañana tendrás dos chocolates en lugar de uno” firma: el príncipe Luciano. A la siguiente noche que la tormenta con truenos y relámpagos regresó, la princesa Marietta recordó la nota y aunque tenía miedo no lloró ni una sola lagrima. A la mañana siguiente dos corazones de chocolate la esperaban en su mesita de noche.

Ya no había ni una sola lagrima en el rostro de Guillermo, ahora su ceño estaba fruncido y escuchaba atento lo que Samuel estaba relatando.

–¿Y como se supone que el príncipe Luciano entró a la habitación de la princesa? – Preguntó, y el ceño fruncido se acentuó en su frente – los niños no debemos entrar a los cuartos de las niñas sin permiso – Samuel empezó a balbucear sin saber que responder ¿Por qué tenía que hacer tantas preguntas?

–Es que el príncipe no entró a la habitación Willy – el pequeño Guille se incorporó en su lugar y al parecer ya ni siquiera escuchaba la lluvia afuera, su intriga por el cuento que su amiguito acababa de inventar, era mayor.

–¿Y entonces como dejó el chocolate en la mesa?

–Lo lanzó por la ventana

–¿Y la carta?

–La lanzó también y después sopló muy fuerte para que llegara hasta allá

–¿Eso se puede hacer?

–¡Claro que se puede!

Las preguntas de Guillermo cada vez eran más y las respuestas de Samuel cada vez eran más pocas. Al menos se dio cuenta que el pequeño Willy ya no estaba llorando, al parecer ya no estaba asustado y había por fin soltado su brazo de aquel agarre tan fuerte. Eso lo agradecía, había empezado a dolerle.

–Pues yo quiero tener también a un príncipe Luciano – declaró Guillermo muy seguro con una enorme sonrisa pintada en su carita enrojecida por las lágrimas que había derramado. Samuel hizo una mueca de confusión.

–¿Un príncipe? – Preguntó sin cambiar su expresión – los príncipes son para las niñas Willy, las princesas son para los niños – Guillermo cambio su sonrisa por una expresión molesta después de escuchar a su amigo.

–Pero yo no quiero una princesa – espetó con el ceño fruncido – ¡Quiero un príncipe! – Aquello casi había sido una exigencia a gritos – quiero un príncipe que me de chocolate cuando tenga miedo de la tormenta, no quiero una princesa miedosa.

El pequeño Samuel se quedó pensando. Aun le parecía algo extraño lo que había dicho Guillermo, de acuerdo a lo que siempre había visto tanto en la tele como en su vida diaria, el sabía que un niño siempre estaba con una niña, que un príncipe estaba con una princesa, que si Guillermo era un niño, no debía querer a un príncipe Luciano, sino a una princesa Marietta. Pero si pensaba bien lo que Willy había dicho, le parecía lógico que si a él le daban tanto miedo las tormentas, prefiriera a un príncipe que le diera chocolates y lo cuidara cuando tuviera miedo. Exactamente como lo cuidaba él.

–Yo puedo comprarte chocolates – los ojitos de Samuel brillaron entusiasmados al decir aquello. Lo llenaba de orgullo pensar que él era como un príncipe muy valiente que era capaz de cuidar a su amigo pequeño y lograr que dejara de llorar. La expresión de Guillermo también se iluminó.

–¿De verdad? – Guillermo brincó en la cama prácticamente lanzando la manta al suelo. Poco a poco la tormenta había empezado a ceder – ¿Me vas a dar chocolates como el príncipe?

–Solo si prometes que no vas a llorar…

Aquello que había empezado con un cuento infantil que un niño de 8 años había inventado, se había convertido casi en una tradición para ambos pequeños. Así que ahora, cada que Guillermo se asustaba al grado de llorar, Samuel le daba un pedacito de chocolate y las lágrimas cesaban como por arte de magia.

Los años pasaron y aquella costumbre se convirtió en un recuerdo que ninguno de los dos volvió a mencionar. Quizá porque no lo recordaban, quizá porque Guillermo jamás volvió a llorar… hasta ese día, ese día que lo cambio todo.

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Holaaaaa!! Iniciamos una nueva aventura. Esta será diferente a las demás ¿vale? Aquí no hay chicos malos o prepotentes xD serán simplemente nuestros Willy y Samu que tanto queremos. Este capítulo es muy cute y sencillito, porque quería que se hicieran una idea de como fue formándose la relación de amistad de estos dos chicos que tanto queremos. Será una historia hermosa, como siempre les pido, confíen en mí. Gracias por el apoyo, espero que quieran mucho esta historia al igual que las anteriores. Un beso♥♥

What now?

Al principio, Liam comenzó a imitar a su mamá en algunas cosas y en otras mas a su hermana, logrando formar una extraña y muy peculiar personalidad para “Sia”. Era así como se había autonombrado mientras siguiera en ese cuerpo ajeno al propio. Nunca lo aceptaría en voz alta pero se comenzaba a divertir siendo mujer. Ellas tenían muchas ventajas, se daba cuenta de eso día a día. Todos le prestaban mucha atención de buena y mala manera, pero ya había logrado encontrar una manera de usar todo lo que conllevaba ser mujer a su favor. Ya que no sabía con exactitud que tanto tiempo continuaría así, pensó en sacar lo mejor de la situación. 

 Caminaba por los pasillos con una sonrisa en su rostro. Se sentía tan libre de poder ir de un lado para otro sin que nadie supiera quién era. El anonimato lo hacia feliz, muy muy feliz. Sia al contrario de Liam era popular soló por su apariencia física y por ser tan misteriosa. En realidad no socializaba mucho con nadie, por dos grandes razones: la primera era que no sabía quién era quién y no le daban ganas de hacer nuevos amigos. Si como hombre era desconfiado como mujer lo era aun más. La segunda era porque aprovechaba para hacer como mujer lo que no podía hacer como hombre. Se recargo en un marco donde tenía una muy buena vista hacía los jardines. Se disponía a sacar un cigarrillo de su bolsa. Un pensamiento en su mente lo hizo retractarse, toda esa semana que llevaba siendo alguien mas, había aprovechado para fumar diario. Así que pensó mejor no hacerlo, darle un descanso a sus pulmones por un día aunque sea.

 Sintió una mirada pesada sobre su hombro, así que prefirió alejarse rogando que no fuera uno de esos tipos que estaban todo el día detrás de ella pidiéndole que salieran con ellos. No se había dado cuenta que había dejado caer su pequeño bolso, seguro por eso es que alguien la observaba.

#AdivinaLosSignos CERRADO!

¡Gracias a todos por participar! :D 

Duraznito y yo nos divertimos mucho viendo sus respuestas y créemos que unas cuantas también podrían ser pero nosotras lo escribimos pensando en:

  • X: TAURO
  • Z: ESCORPIO

El GANADOR de esta ronda fue: rennbck

Les agradecemos a todos los que participaron n-n Esperamos sigan participando para los siguientes #AdivinaLosSignos

*En una fiesta*

Tauro: *Deja su vaso sobre una de las mesitas, sonríe a unos invitados y se pone de espaldas para revisar con un pequeño espejito su labial* Ya se hizo un desastre esto *refunfuña mientras intenta arreglarlo un poco.*

Escorpio: *Camina bebiendo un poco de ponche hasta rodear la cintura de la chica por detrás* ¿Arreglándote de nuevo el labial?, te ves hermosa con o sin él…- *Sonríe de lado acariciando suavemente su abdomen*

Tauro: *pega un brinquito y se gira para quedar de frente a Escorpio, rueda los ojos disimuladamente* ¿Qué estás intentando, eh? ¿Acaso no pudiste conseguirte a alguien con quién pasar la noche? *lo mira recelosa*.

Escorpio: *Pone los ojos en blanco quitando el brazo de su cintura* Realmente tenía a unas cuantas esperando por mí esta noche pero si estoy aquí es por algo.*Mira a Tauro detallando su cuerpo de pies a cabeza* Y eres mucho mejor que esas…

Tauro: ¿Sí? Pues pierdes tu tiempo *se cruza de brazos y resopla irritada dejándolo detrás* Como sea, iré por un bocadillo. Será mejor que te regreses con esas cuantas.

Escorpio: *Rie por lo bajo siguiendo sus pasos perdiéndose con la vista de su trasero* ¿Por qué tendría que irme con ellas si yo quiero estar contigo? *La atrae tomándola del brazo* Y recordar esas veces que bailábamos juntos… *Susurra en su oído apegándola a su pecho*

Tauro: *Siente la respiración cortársele, en verdad lo detesta por contradecirla pero tiene ese algo que la hace retractarse. Traga saliva y baja su mirada a sus labios* En verdad me estoy muriendo de hambre *susurra con menos convicción.*

Escorpio: ¿Ah, sí?, ¿qué te gustaría comer ahorita? *La voltea delicadamente envolviendo su cintura entre sus brazos* Porque yo he estado hambriento de ti desde esa noche que te fuiste a casa insultándome *Aspira su perfume y la conduce en los pasos de baile*

Tauro: *Siente sonrojarse y niega divertida* Eres lo peor del mundo, ¿lo sabes? *se para de puntitas para darle un beso de esos que a ambos les encanta* ¿y ahora qué?

Escorpio: *Sonríe abrazándola para devorar sus labios acariciando sus mejillas sonrosadas* Ahora podríamos comer algo afuera, ir a casa y pensar en volver, porque yo ya me estoy desesperando *Esconde su rostro en su cuello y besa esa zona sin soltarla*

Románticos - One Shot Wigetta #FanficChallenge2015

–Señor De Luque, ha llegado esto para usted– una doncella de no más veintidós años le entrego al caballero una carta en una bandeja y este al tomarla agradeció sonriendo provocando un ligero sonrojo en ella. El caballero era guapo, alto, de cuerpo musculoso, una barba perfectamente cortada y densa. Las facciones de su rostro eran una mezcla entre un príncipe y algún leñador de la montaña, un hombre que hipnotizaba a cualquier doncella o princesa.

La carta era una invitación al castillo de sus padres, donde por lo visto habría un baile de invierno dedicado a su aniversario número cincuenta. Desde joven él prefirió vivir alejado de ellos pero sin salvarse de molestos bailes como estos ya que su madre siempre le obligaba a asistir esperándole ya con una hermosa princesa la cuál quería que fuera su esposa. Y cada vez que llegaba terminaba rechazándolas, él no quería casarse a la fuerza y mucho menos con alguien a quien no amaba. Eso su familia no lo entendía, ni lo harían en algún futuro puesto que él es hijo único y todo ese reino recaerá en él en unos años. Simplemente no puede darse el lujo de no casarse o de quedarse soltero.

Eso sería imperdonable.

Luego de recibir dicha carta se preparo a empacar para salir camino a su hogar, a enfrentase al futuro… A lo inevitable. No podía negar que no le gustaba ser adorado e idolatrado por tantas, ha intentado ya más de diez veces tratar de enamorarse, de conocer a las princesas a fondo para así poder amarlas. Sin éxito. Era consciente de que el amor no se forzaba, solo que le parecía ya demasiado tiempo sin sentir eso que dicen estar enamorado. Eso que te lastima, te duele, te destroza haciéndote sufrir para luego convertirse en una alegría, un refugio, un anhelo… Lo que te da razones para vivir.

Fue bastante bien recibido en el castillo, luego de un largo viaje de nueve horas y fue atendido como se debía. Antes de saludar a sus padres decidió que lo mejor seria ir a su habitación para instalarse, por más que fuera sólo un fin de semana.

–¡Samuel! ¡Hijo mio!– exclamo su madre acercándose a abrazarlo y besarlo en ambas mejillas, el amor por su hijo único era inmenso

–¡Madre!– respondió al abrazo y los besos, evitando aquellos detalles si que les extrañaba demasiado

–Sentémonos, quiero que me digas como te ha ido– camino junto con ella y se adentraron en una pequeña terraza que dejaba una vista a uno de los jardines traseros –¿como has estado?– cuestiono mirándolo, a pesar de que él ya tenía la idea de a que tema llegarían

–Bien, hacia mucho que no me sentía tan pleno– mintió un poco para hacer que se sintiera bien, y porque principalmente no quería que insistiera en que regresara a vivir con ellos, como cualquier príncipe debería hacerlo

–¿Alguna princesa?– dijo sin más rodeos, no cabe duda que conforme los años su madre se desesperaba más

–No madre, no aún– respondió bajando la mirada un momento, le dolía tener que responder así

–Entonces espero que mañana en el baile lo intentes, y esta vez si lo consigas, tu padre esta más ansioso que yo– continuo con la mirada baja, sabía que les decepcionaba pero aún tenía la firme convicción de que tenía que enamorarse y no dejar que fuese arreglado –como favor adicional me gustaría que convivieras con un príncipe hijo de una amiga mía, es un tanto joven y serían buenos amigos– al menos aquél favor sonaba más sencillo que tener que estar buscando pareja –su madre es igual de insistente que yo, no es hijo único pero si el mayor y sigue soltero– su madre se rió un poco con esto último –debe ser alguna enfermedad– bromeo para animarlo un momento, al final ella siempre querrá lo mejor para él

–¿Donde lo puedo encontrar?– pregunto refiriéndose al príncipe que debía conocer

–Me han dicho que estaba paseando en el jardín de la orquesta, puedes ir a buscarle– y así fue como hizo, prefería estar con alguien nuevo a quedarse conversando con su madre o encerrado en el castillo, además que los jardines son su lugar favorito

Y allí lo encontró, caminando y dando vueltas dentro del pequeño kiosco que estaba en el centro. Era más o menos de su misma estatura, de tez más blanca que la suya, cabello negro, ojos ligeramente rasgados y bastante bien parecido. Vaya, era el tipo de príncipe ideal.

–Samuel De Luque– dijo al momento de verlo de frente presentándose y estiro la mano, este lo miro de pies a cabeza deteniéndose en su rostro y examinándolo a la vez que estrechaban sus manos

–Guillermo Díaz– respondió esperando a que dijera algo, sin siquiera separar los ojos de su rostro, Guillermo ya sabía quien era Samuel, él llego un día antes y se enfrento a toda la historia contada por su madre, en cierta manera tenía ya ganas de conocerlo

–Al parecer nuestras madres son amigas, me han enviado a ser su guía– él tampoco podía despegar los ojos de Guillermo, por más que sintiera un ligero sonrojo de su parte, que seguramente era por calor, no podría ser por algo más

–Creo que me estoy guiando bien, pero agradezco la compañía– se giro dejando de verlo y salió de aquel kiosco dirigiéndole a la salida –¿le importaría mostrarme otro jardín?

–No, vamos– camino frente de él aún sintiéndose un poco incomodo junto a él, ¿que tenía de especial como para hacerlo sentir así?, es solo un príncipe y ha convivido con montones de ellos

–Si no le molesta, ¿puedo hacerle un par de preguntas?– rompió Guillermo con el silencio que les envolvió apenas llegaron al siguiente jardín

–Adelante– le parecía extraño que se hablaran tan formalmente como si nada, algo sucedía que continuaba volviendo todo extraño

–¿Por qué no ha contraído matrimonio?– la pregunta dejo congelado a Samuel, lo tomo de imprevisto, aquella pregunta nadie se atrevía a hacerla más que su madre y este príncipe con unos minutos de conocerlo tuvo el valor –disculpe si le molesta, es solo curiosidad

–No, no he encontrado a la mujer ideal– sus primeras palabras sonaron débiles, y la respuesta fue demasiado romántica, quería retractarse –tengo entendido que usted tampoco esta comprometido

–No, soy una persona en exceso romántica… al igual que usted, quiero creer, además ya sabe como son los matrimonios arreglado– ¿por qué sus palabras lo ponían así? aquella conversación se estaba rodeando de una atmósfera extraña –me gusta pensar que soy un alma libre, ¿usted se considera libre?– sus preguntas no eran normales, Samuel esperaba una conversación simple como todas aquellas que ha tenido con príncipes y esto era todo lo contrario

–Por supuesto que soy libre– respondió dándole la espalda y mirando otra parte del jardín al que se adentraron, uno de los pequeños donde solo eran cuatro paredes y estaba lleno de arboles con flores colgantes, aquél era uno de sus favoritos

–Me agrada escuchar eso… ¿entonces usted es libre de enamorarse?– Guillermo se encontraba frente a él mirando a las flores colgantes, solo que aquél ramaje les separaba, Samuel lo miro prestando atención en sus ojos tan atentos a las flores, en su ligera sonrisa que no quitaba de su rostro, que lo iluminaba

–Si… si– respondió alejando la mirada una vez que Guillermo se dio cuenta de la atención que recibía


–Me alegra, me gustan los hombres libres de pensamiento y corazón– la confusión de Samuel acababa de aumentar a su máximo nivel, no entendía a que se refería y no quería preguntar, por suerte no lo estaba mirando, su rostro debía estar de todos los colores posibles, ¿a donde pensaba llegar aquél príncipe? –espero no incomodarlo, es solo que usted ha dicho ser libre ¿no?– Guillermo se coloco frente a él en cuanto llegaron a la fuente del centro, Samuel no hizo más que asentir, no entendía claramente lo que pasaba –deberíamos irnos, esta anocheciendo

–Por aquí– indico Samuel al momento de salir del pequeño jardín

Caminaron juntos por todo el camino de regreso, ambos mirándose de reojo, para Samuel todo era extraño y solo quería regresar al castillo para olvidarse, mientras su compañero solo sonreía y se sentía contento, Guillermo sentía que al fin lo había encontrado. Al llegar a una de las entradas traseras del castillo era ya de noche, se despidieron solo con palabras, Samuel de inmediato se apresuro a irse, hasta que sintió una mano en su brazo, y él lo estaba tocando.

–Si no te molesta, me encantaría que nos viéramos mañana– Samuel no hizo más que asentir y continuar su camino, liberándose de aquél agarre.

Una vez en su habitación se sentó para tratar de tranquilizarse, solo para entender todo lo que había sucedido. Las palabras, su mirada, sus roces. Cada momento fue diferente, jamás había sentido eso, y le agobiaba no saber que era. Aquél príncipe tenía algo extraño, sus preguntas fueron directas y parecía que no le costaba decir todo eso.

Libre de pensamiento y corazón.

……………..

Era la hora del baile y no podía evitar más tener salir. Todo el día había pasado de su habitación al comedor de la cocina sin hacer más, por estar evitando encontrarse al príncipe. No sabía porque lo hacia, solo no quería sentir todo eso de nuevo ni mucho menos responder a sus preguntas extrañas. Y ahora tenía que salir.

Se vistió con un traje en su mayoría color negro ya que era con el que se veía más apuesto, además le prometió a su madre conversar con varias princesas y no la defraudaría. Así es como encontraría el amor, así debería enamorarse de una vez.

Luego de tres princesas estaba ya agobiado, no eran interesantes por más que intentaba entablar una conversación, ellas solo buscaban casarse sin más. Se levanto y camino hacia la cocina donde ninguna de ellas lo seguiría, estaba ya cansado de bailar y no lograr nada. Tomo una copa mientras los del servicio le miraban extrañados pero aún así continuaban con su trabajo. Pero no podía desaparecer, no debía hacerlo.

// When the love falls - Yiruma: https://www.youtube.com/watch?v=bBGHZrCxrGQ //

Miro un par de veces si nadie lo veía y salio del castillo, se fue caminando en medio de la noche siguiendo el sendero de los jardines, miro hacia atrás y nadie estaba. Mucho mejor para él, ya no soportaba estar rodeado de tantas personas. No quería pensarlo así pero tal vez y eso de enamorarse no era para todos y tal vez él era uno de ellos. Si tenía que elegir alguna princesa, al menos sería una que le agradara, no la que quiera su madre.

–Señor De Luque– escucho detrás suyo imaginando que sería algún empleado y querían que regresara al baile pero no, era el príncipe Guillermo –¿me permite acompañarlo?– señalo el camino y caminaron sin decir una sola palabra, cada quien a su ritmo pero con una distancia media que se sentía lejana.

Llegaron al jardín de los arboles altos, donde básicamente era más un pequeño bosque, era el último de los terrenos donde se ofrecían bailes, sin darse cuenta terminaron lo más alejados del castillo. Samuel se detuvo y camino hacia el lado derecho, claramente alejándose de él. No era que no le agradara pero esas sensaciones que nacen junto a él no eran conocidas y por ende no quería averiguar que era.

–¿Lo he molestado de alguna manera? Si es así discúlpeme, no ha sido mi intención– de inmediato se dio la vuelta para mirarlo a la cara, no lo ha molestado, no tiene porque pensar eso, bueno si, lo evito pero no era esa su idea

–No, no, soy yo disculpa– explico mirándolo a los ojos hasta que su mirada bajo a sus labios y se dio la vuelta de nuevo, comenzó a dar pasos perdiéndose en el pequeño bosque, todas esas sensaciones regresaron y con más intensidad, sentía que su estomago daría una vuelta o que su pecho explotaría, no se sentía bien

–¿Me permite decirle algo?– de nuevo con las preguntas, Samuel bajo los hombros y asintió, seguramente no habría forma de detenerle, solo que Guillermo se coloco frente a él mirándolo fijamente a los ojos –tengo que confesar esto… le quiero, no sé que hizo pero no puedo dejar de pensar en usted, me ha hipnotizado y con su permiso me gustaría tomar su mano– Samuel se quedo boquiabierto y sin moverse, no sabía ni que decir, ni que pensar, mucho menos que sentir. Guillermo tomo la mano de Samuel de forma cuidadosa para no asustarle, aquél toque les provoco escalofrió a ambos, como si una corriente eléctrica pasara entre ellos, entrelazo los dedos con los suyos sin siquiera quitar la mirada de él, miro a sus labios entreabiertos que respiraban rápidamente y se acerco. Samuel dio medio paso atrás alejándose pero sin soltar su mano, bajo la mirada llenándose de ideas sin sentido, pensando en que este era el momento, que todo lo que le hacia sentir Guillermo eran esos síntomas, eso que tanto ha anhelado y deseado. Se giro a mirarlo una vez más, Guillermo no lo soltaba y mucho menos dejaba de mirarlo, estaba sonrojado y con una clara expresión de desconsuelo, porque temía ser rechazado, porque esto estaba mal. Porque ambos eran hombres. Y príncipes herederos de reinos inmensos, y que en el fondo solo eran un par de jóvenes románticos que buscaban enamorarse de quien valiera la pena… a pesar de que no fuera una princesa.

–Gracias…– dijo Samuel antes de acercarse ese medio paso que faltaba para pegar sus cuerpos, Guillermo lo miro sonriendo para luego acercar su rostro lentamente, Samuel no aguanto más y fue quien pego sus labios dejando que hicieran un contacto suave para luego besarse al mismo ritmo. Los brazos de Guillermo abrazaron por encima de los hombros a Samuel debido a la altura mientras los de este cubrían su cintura.

El abrazo, el beso, el momento, la pareja perfecta… sin embargo la época equivocada.

……………………..

Aquí mi participación para el #FanficChallenge2015 espero sea de su agrado, no sé como vaya a ir esto pero agradecería un montón que dieran corazón y reblog ^^

Y por favor escuchen la canción ♥

Dolohov tenia días sin dormir, sus noches las dedicaba a pasar por San Mungo para percatarse que Danielle estaba bien, o por lo menos que iba mejorando. odiaba hacer todo aquello en secreto, no poder llegar y decirle “hola, ¿como te encuentras?” o alguna pregunta similar, pero su orgullo era enorme y quién estaba mal era ella, no iba a retractarse ni bajar la guardia. Hoy había sido su ultimo día de desvelo pues Dan en unos minutos mas ya volvería a Hogwarts o es lo que había escuchado. Liam camino al gran comedor para ver si quedaban algunas sobras restantes de la comida, pensó que estaría solo pero al tomar lugar se percato que alguien mas estaba sentado en la mesa de al lado, alguien de alguna otra casa. Lo observo con cuidado y luego hizo una mueca esperando a que aquella persona que le daba la espalda no se diera cuenta que estaba ahí.