rellenitos

“Where What is Guatemala?”

When they ask you what part of Mexico Guatemala’s in  
You stare in shock.
The fact that someone could even think that, even speak that.
Incredible.

How do you answer, though?
How do you tell them where Guatemala is? How can you give them a sense of a place, a feeling
         that even you barely know?

You start off easy
         What is Guatemala?  

Guatemala is mixtas, it’s rellenitos, it’s shecas.
It’s tiendas selling típica, hastily-painted marimbas
         for your consumption, for theirs.

It’s chicken busses and tuk tuks.
Carpets made of woodchips with the sins of mankind parading overhead.
Cathedrals that bring back your fear of God (and your love).  
Smog and incense and sawdust – aire chapín.

It’s going over to visit Tía _________ with barely an hour’s warning –
         and still getting a meal.
It’s going over to visit Tía ____ and getting a meal without even that hour.
It’s conversations about politics, politicians, family views/virtue/value
Shaped by years, generations, war and education.
         Not quite Ladino
         Not quite K’iche’
Not something the sociologist-anthropologist-tourist can easily catalogue.

And it is the poverty, the violence, the aching.
A rage against the governments that hate your people
No matter who, what, when or where.
It’s seeing red and red and red,
         and never finding the líder you were looking for.

It’s fries at Taco Bell, that piece of lengua you keep forcing yourself to eat.
Eating tamales with bread bought from Walmart.
         A decade in the making.  
It’s the cup of tea you have before kissing abuelita goodnight.

It’s a family, a home, a life that’s just $500 dollars away, minimum.
                                                      A place you know you’ll never quite belong.
                A place you (do?) belong, long for,
That all the Instagram fotos in the world can’t capture, can’t consume, just
                              Can’t.  

Tears on the plane home, souvenirs that can’t hold onto memory, the hole in your heart when they’re gone.    
                 When they’re gone.
                 When they’re gone.

Hard as I try, I still can’t tell you where Guatemala is.

Eres mi vino
  • Yo:¡que rico vino, ¿no?
  • Luisa Si amor, riquísimo.
  • Yo:Tu eres como este vino, ¿sabes?
  • Yo:Eres tal y cual a este Zinfandet, de color hermoso, aroma exquisito, volumen suave, seductor por su color, incitador como el aroma, provocador por el volumen.
  • Luisa:Sin palabras, tú... eres cómo este pedazo de cerdito.
  • Luisa:Rico, rellenito, suavecito y perfecto para mi,
  • Yo:Anda ya. Mata mi romanticismo con la comparación con un marrano.
  • Luisa, Te quiero tonto.
  • Yo:Yo también.
2

Vegetta dijo hace mucho tiempo algo como que él prefería a alguien que se supiese cuidar, que se vea bien y tal cosa, si vemos bien la primera imagen de Willy del Ice bucket challenge, estaba un poco por decir “rellenito?”, y no tenía tanto brazo como lo tiene ahora, en la actual foto se le ve más sano, más cuidado y tiene algo de cintura y los brazos pues ya vean. 😏😏😏😏👌, ok ya me he vuelto loka…

pues al final que si lo voy a hacer :v, mañana hago las demás que ahorita ya me voy  a practicar manos y nuevos estilos para no andar solo dibujando volitas y palitos rellenitos :v

No pensaba que realmente fuera a escribir esta historia por la cual pase, pero si puedo compartirla y hacer sentir mejor a alguien en el proceso, eso ha de valer la pena, no lo sé. Había una vez un pequeño niño llamado Victor, tenía 5 años cuando ingresó a un nuevo colegio, era un morenito rellenito, bastante tranquilo y callado desde que vino al mundo. Comenzar el primer grado fue aterrador para el pequeño, no conocía a nadie, pero de a poco se fue acercando a los demás niños, y con el tiempo hizo uno que otro amigo, pero también descubrió el lado cruel que suele despertar en los niños cuando están en grupo, comenzaron a molestarlo por ser gordo, y por ser diferente, por ser raro, nada más por eso acaba solo. A medida que fueron pasando los días, los meses, los años, y los grados, el bullying en la vida de Victor pasó a formar parte de una rutina que seguía los 5 días de la semana, exceptuando las temporadas vacacionales, y no conforme con que fuera molestado en el colegio, también era molestado en el transporte escolar, donde niños de otras escuelas le recordaban durante el camino a casa que era gordo, feo, y extraño, pero con palabras brutas, a pesar de que el pequeño se defendía rebajándose al nivel de ellos, eran más las batallas que perdía que las que ganaba. Cada que iba con su madre a comprar ropa, esta salía disgustada de la tienda porque era una odisea encontrar pantalones que le quedaran al niño, inclusive algunas veces era tanto lo estresada que salía que tendía a llamarlo monstruo, y aunque Victor no le daba importancia en el momento, acaba dándosela al final del día ahogando su llanto con la almohada. El no tener amigos en el colegio, ni en el transporte, ni en el vecindario lo desesperaba tanto que lo hacía buscar a como diera lugar la aceptación de los demás, pero no lo conseguía, descubrió que para tener de su lado “amigos” que al menos consideran tenerlo en un grupo de trabajo, debía pescarlos, ya fuera con juguetes o con mentiras, y aunque por un tiempo le funcionó, al final acabó como al principio, solo. Rumores sobre él fueron inventados por insignificantes accidentes, fáciles de malinterpretar; ir al colegio era ir al infierno. Pasó odiándose a sí mismo durante muchos años, hasta al punto de creer que merecía todo lo malo que le pasaba, y que en verdad era todo lo que esos niños decían. En 6to grado cedió, no hacía más que pensar en que el mundo estaría mejor sin él, el salón, su familia, los “amigos”, eran constantes las noches en las que lloraba deseando morir, y en el día le costaba bastante ignorar cualquier insulto que le decían, a la mínima palabra sentía que se rompía, que se metía en su cabeza y de ahí no salía, él estaba cansado, cansado de estar solo, y a pesar de ello, siempre trataba de no darle problemas a sus padres, a los cuales echaba de menos, porque casi nunca estaban en casa, siempre trabajaban, y por ende el pequeño trataba de sacar notas altas de las cuales ellos se pudieran enorgullecer, frecuentemente se portaba bien, o al menos eso intentaba. Mantuvo pensamientos suicidas en mente, e incluso llegó a planear su muerte repetidas veces, pero era un cobarde, no dejó de posponer el día de su muerte hasta que se dio cuenta de que no iba a ser capaz de hacerlo. Pasó años gastando sus deseos de cumpleaños en ser delgado, practicó natación por 3 años, dejó de desayunar el 7mo y 8vo grado, cuando dejó el transporte escolar, tomaba los caminos más largos a casa a pleno medio día. Para el 9no grado ya no había manera de molestarlo por su físico, muchas personas se sorprendieron al ver lo mucho que había cambiado, estaba delgado, no era el niño más hermoso del salón, pero tampoco era el más feo, había crecido, al igual que las personas que lo rodeaban, y eso en parte hizo que fuera más fácil llevarse mejor con todos en su salón, hasta con él mismo, sin embargo el bullying y los pensamientos destructivos continuaban, sólo que no con la misma intensidad. 2 años más tarde, Victor se graduó de bachiller, había salido de ese infierno con sólo un amigo, uno que se había vuelto un pilar para el muchacho torpe en el que se convirtió el pequeño. Hoy en día Victor es un desastre de persona y de estudiante, lol, está en la universidad, su estado de ánimo cambia tanto como el clima, ha hecho de los audífonos una extremidad más de su cuerpo y de la música su oxígeno, ha conseguido una novia, y unos pocos amigos con los que contar, que lo quieren tal cual, pero sobre todo se ha hecho más fuerte, y cada que cae y se quiebra, no espera que alguien lo ayude a recoger sus pedazos, él mismo lo hace aunque se corte con ellos, y sigue avanzando, así esté cojeando y no sepa a dónde, es bastante prepotente, siempre está empeñado en cargar con todo él solo aunque en el fondo esté a punto de explotar. Si bien él está mal y tú le preguntes cómo está, él te va a responder que está bien, tal vez engaña a los demás, pero nunca ha logrado engañarse a sí mismo. Y aunque el odie admitirlo ahora suele apegarse tanto a las personas, que cuando se van no tiene ni la más remota idea de qué hacer, queda devastado. Sigue siendo delgado, y ha considerado ir al gimnasio, pero en un mundo donde las personas se dejan llevar por las apariencias con tanta facilidad, mejor quedarse como está, de por sí que ya es guapo, para qué serlo más, mejor echar la siesta y ser invisible xd, broma. Aunque cueste creerlo, a simple vista quizá parezca un ogro que cuando lleva los audífonos está en otro mundo, pero si se le da la oportunidad de ayudar a los demás, la gran mayoría de las veces la toma sin pensarlo, vive dispuesto a ser a ser herido pero determinado a recuperarse de los daños.

Una colaboración para el día del autoestima.