reflexions

La mayoría de días son malos, comunes, corrientes, tristes… Te levantas sin ganas de nada, haces lo mismo que siempre esperando a que surja algo que nunca pasa. Sigues tu rutina, lloras, gritas, te aburres, bebes, y a veces hasta la soledad te embriaga. Pero entonces… Cuando ya lo das todo por perdido, llega uno de esos caprichosos y esporádicos días el cual te hace pensar que el resto merecen la pena. Y esa es la vida, un jardín lleno de mierda con pequeñas flores en las que has de centrar toda tu atención.
—  Srta Tass.
La fe es de locos

por: Mariani Sierra Villanueva


Hoy día tener fe es casi acto de valentía, en unos tiempos dónde te dictan las reglas de juego, dónde lo que no comprenden lo califican de ignorancia, tener fe es locura.

Creo que lo más que necesitamos es tener esa convicción de lo que no se ve, es poder caminar con la certeza con la que lo hacen los ciegos. Creo que más que razón y que explicaciones que a veces caen en el fanatismo, debemos procurar creer más en lo imposible. No, tener fe no es negar una realidad, tampoco la atracción de lo que “te pertenece”, sino la confianza de que aunque no se sepa a dónde se va, se sigue en el trayecto, que aunque el panorama sea no muy alentador, el sol brillará de nuevo.

Dicen que la fe mueve montañas. Yo la he visto mover muelles, islas y cambiar panoramas oscuros.  Yo he visto la fe abrazar un alma perdida. La he visto abriendo caminos dónde habían abismos. La he visto hacer cielos, arcoiris, dar lecciones. Si hay un arma poderosa en este mundo lleno de hostilidad y es la fe.  Creo que es una de las cosas necesarias para que el ser humano tenga paz, es un motor, es un camino complicado pero finalmente un camino que lleva a alguna parte desconocida por el momento, pero que cuando llegamos comprendemos el por qué del trayecto. Hoy día se juzga tanto la fe, el creer, se intenta forzar a las personas a abandonar sus sueños, o a conformarse con su realidad. No invitan a caminar, no invitan a confiar, no invitan ni siquiera a tener fe en otros, ni en uno mismo. No se promueve lo imposible, se obliga a mirar lo que es obvio, lo palpable, lo que tiene explicación humana.

Pero no está mal creer, tener fe y apostar a la esperanza. No está mal ser un rebelde en ese sentido e ir contra la corriente. No veo nada de malo en mantener ardiendo esa luz en los adentros, en volverse “loco” y mirar más allá de la montaña de posibilidades descartadas que vemos. No está mal disonar con el mundo lleno de razón y reglas.  Una persona valiente es aquella que tiene la suficiente fe como para confiar en que no sabe dónde estará mañana, ni el camino que tenga que tomar, sino que sigue con paso firme sabiendo que más adelante todo tendrá sentido. La fe es de locos, por eso los cuerdos no pueden comprenderla. 

EL MAESTRO -1

Es difícil transmitir en un libro el sentido profundo de un camino espiritual.
Es difícil porque solemos leer desde el estado habitual de conciencia y juzgar de acuerdo con nuestros prejuicios o creencias.
Tampoco el criterio de la ciencia o de las filosofías vigentes nos ayuda a comprender en qué consiste el sendero espiritual.

Se requiere una experiencia, un despertar, una transformación de nuestra conciencia, para que podamos comenzar a intuir el alcance de las palabras de aquellos que nos hablan desde un Despertar mayor, desde la comprensión más plena de las realidades en que vivimos.

El camino espiritual es ante todo una historia de amor.
Hoy en día parece que abundan los Maestros espirituales.
Muchos buscadores tratan de hallar criterios y signos para destacar cuál es el mejor maestro.
La mayoría de los discípulos están convencidos de que su Maestro es el más grande, el más iluminado, el más divino.
Es siempre la ceguera del amor. De ese amor que puede ser ciego, pero también “clarividente”.
Poco importa la grandes del Maestro, poco importa la comparación entre los distintos Maestros.
Lo que importa es la medida en qué medida “mi” Maestro, el Maestro de cada uno, abre mi corazón, ilumina mi mente, me ayuda a crecer, me estimula a liberarme, a librarme incluso de su tutela, a lograr mi propia Realización, mi propia Maestría, a descubrir el Maestro que soy en mi interior y que espera la oportunidad de revelarse.

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