rayas de pintura

— Un día más —lo dice en voz baja cerrando con un ligero suspiro.
Prende el foco que anuncia la apertura y disponibilidad de su caja, la 8, la de la banda descompuesta. Se acerca una mujer con el carro lleno, repasando los pendientes en su mente y calculando lo que podrá hacer antes de la hora de salida de sus hijos.
— Buenos días, ¿encontró todo lo que buscaba? —La frase que debe repetir ante cada cliente, de acuerdo a la capacitación debería acompañarla con una sonrisa, pero los de capacitación no han tenido que estar horas repitiendo la misma frase y forzando sonrisas ante personas que sólo un diez por ciento responden a esa amabilidad.
— ¡No, no tienen galletas sin gluten! ¿Esperan que me envenene o qué?
— Disculpe señora, ya lo anoté para que lo tomen en cuenta y tengan los productos que desea. 
Debí imaginar que sería una de esas mujeres con gustos particulares que esperan que el mundo se acomode ante sus caprichos. Lo piensa mientras pasa los productos por el láser. Generalmente el primer cliente marca la tónica del día, este pintaba para ser un día largo. Si pudiera leer mientras atiende a los clientes, escuchar música o revisar Facebook, lo que sea para desconectarse un poco, pasarían más rápido las horas y sus días no serían tan tortuosos. ¿Qué se puede hacer? Nada. Suspira de nuevo y le dice el total a la mujer.
[…]
Al terminar la jornada su jefe se acerca para hablar con ella.
—Ten más cuidado con tu apariencia, W. tiene una imagen que cuidar y cada empleado es un representante de esa imagen, no podemos tener empleadas con las manos pintadas como si no se lavaran o bañaran. Que no se repita por favor.
No lo había notado pero era cierto. Sus manos y antebrazos estaban llenos de motas, rayas y manchas grandes de pintura roja y negra. Los colores que dejaron los chicos la noche anterior al huir de los policías que los atraparon pintando un muro. Grafiteros. No había pensando en eso desde entonces. Su mente ignoró la pintura y había eliminado de sus recuerdos lo que hizo, lo que se apoderó de ella. Se acercó al muro que dejaron incompleto los chicos, vio los botes de pintura en aerosol y se agachó para recoger uno. Hizo un disparo directo a su mano derecha, para probar, y de ahí la mancha más grande en su mano. Era pintura negra. Probó en el muro y trazó una línea. En ese instante su vida completa la descargó en el muro con los dos aerosoles. El novio que desapareció después de embarazarla, la decepción de sus padres, dejar la escuela a pesar de las buenas calificaciones, trabajar de lo que encontrara para poder darle la mejor vida posible a su hija, los sueños, las frustraciones, las lágrimas y las jornadas eternas repitiendo “¿Encontró lo que buscaba?

La muerte detrás de una caja registradora diciendo "Buen día, ¿encontró lo que buscaba?”, que pintó esa noche, marcaría el nacimiento de la personificación de la contracultura artística y el inicio del mito de la figura grafitera más importante del mundo.

—  Pequeñas Ficciones, Christian Guerrero.