quintaescencia

Digo que es preciso ser vidente, hacerse vidente.
El Poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; él busca por sí mismo, agota en él todos los venenos para conservar sólo las quintaescencias. Inefable tortura en la que hay necesidad de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, en la que él llega a ser entre todos el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito -¡y el supremo Sabio! Porque él llega a lo desconocido.
— 

Arthur Rimbaud.

Ahora te sigue quintaescencia

-Otra visita, si, al parecer tenia que empezar a acostumbrarse a ellas. Esta vez Ted estaba  bajando de su cuarto para ir a buscar un videojuego que había dejado en la sala y ahí, al final de las escaleras vio a una chica pelirroja-

eeh… ¿hola? 

Ahora te sigue la quintaescencia

Practicando con su arco en uno de los claros del bosque, Merida vio a lo lejos una mancha roja que estaba cerca de donde ella se encontraba, curiosa se quedo muy atenta a los movimientos de fuera lo que fuese aquello que sobresalía de las tonalidades verdosas de los arboles y arbustos. Preparo su arco por si las dudas y le seguía el rastro con la mirada.

Cuando al fin lo vio levanto las cejas.

Era una chica de cabello rojo y muy corto, por un instante pensó que era un chico por las ropas que llevaba. Pero estas eran demasiado inusuales y al instante se dio cuenta de que poseía una figura femenina.

- Lo siento -se disculpo al instante que pasaba la vista sobre la aun muy inusual ropa y aspecto que tenia la joven- ¿No eres de por aquí, cierto?