quejes

“¡Esto debe ser una broma!” Exclamó con sonante indignación tras el sexto intento de hablar con el recepcionista del hotel que los alojaría durante su estancia en París. Tantos lujos, tantos detalles y tanta decoración… ¡y ni un sólo plano de la ciudad! Pero, claramente, lo peor de todo era que aquél condenado anciano parecía haber perdido un oído en La Toma de la Bastilla. ¿Cómo no podía entenderlo? Había intentado todo: inglés, francés, español, italiano, chino, hasta lenguaje de signos y no recibía más que ese odioso «Pardon?» . Dejó escapar un sonoro bufido a tiempo para girarse y acercarse a una silueta conocida, esperando que hubiera visto la escena entera. “Le pedí un plano de la ciudad hasta en chino, Dios.” Se quejó.

Llevas días observándome, y no es que me queje, sólo que no entiendo lo que quieres de mí. Tal vez buscas un largo invierno conmigo, caminar en un lluvioso atardecer y entre platicas, me dirás de tu escondite, un corazón que por fin se de a conocer.
—  Sad Eyes