quejarnos

Y qué voy a saber yo de la vida,
si cuando era pequeño conocí a una niña que le gustaba pincharse los dedos con las espinas de las rosas. Era pelirroja, y tenía unas pecas preciosas. Y una luna en medio de su constelación de estrellas que formaban sus pestañas. Tuviste que verla y ver cómo le colgaban hasta sus ojos.

Y cuando estaba a punto de cortar una rosa para regalársela, me decía “¿Qué estás haciendo, gilipollas?”

Y comprendí que no puedes llevarle la contraria a quien tiene la razón, a lo que es correcto. A veces se nos olvida que, por muy bonitas que sean las cosas, no debemos hacerles daño. Aunque eso, muchas veces, pasa por alto. Pasamos las vías del tren dispuestos a lo que viene, a soportar el tren sobre nuestras costillas y a no quejarnos después del dolor de nuestras decisiones, aunque por dentro se nos carcoman las esperanzas.

Aunque yo siempre fui de llevarle la contraria en todo porque me gustaba verla enfadada, y me ponía los ojos en blanco para luego echarse a reír.

Y entonces cuando le contaba sobre mis teorías y mis metáforas sobre la vida y el universo, sonreía y se le saltaban unos hoyuelos en los que construir un hogar, con vistas preciosas a un bosque. Porque una vez me contó que quería vivir en un árbol, como un pájaro.

Era una puta barbaridad verla entre todos esos colores rojizos al final de la tarde, mientras el viento le alborotaba el pelo. Y yo no sabía si ella estaba viendo al atardecer o si el atardecer la contemplaba a ella. Desde entonces comencé a creer en la perfección que guardan las pequeñas cosas.

La simetría de su boca era parecida a la de una mariposa. Y volaba, no sé cuántas veces la vi volar por el cielo gris y siempre que me veía me invitaba a jugar con la lluvia, con las nubes que estaban por explotar. Y la vi caer no sé cuántas otras también, y reía cuando se hacía una herida o cuando se raspaba las rodillas.

Ella no soñaba con ser princesa, sino con ser heroína. No quería que la salvaran, quería salvar a cuantos perdidos se encontrara y tratar de encontrarles su lugar en el mundo. Y que no solamente fuesen coordenadas sin sentido.

Quería buscarle razones a la tristeza y quitarle motivos a la felicidad, porque, según ella, la felicidad mientras no tenga un porqué o un por quién, es mucho mejor.

Pero un día, no sé cómo, ya no volví a verla.

La busqué, lo juro que la busqué hasta por debajo de las sombras de los árboles -que era donde más le gustaba estar-. La busqué hasta un punto donde yo me perdí tratando de encontrarla. Todos fueron intentos fallidos.

Sus vecinos me dijeron que sus padres se habían mudado a Inglaterra.

No encontré rastros de su mirada en otros incendios.

Y desde entonces creo encontrar un poquito de ella en otras chicas, pero algo que sé que nunca encontraré será: a ella. Porque dicen que los primeros amores nunca se olvidan, y las chicas que vinieron después pude olvidarlas con dificultad, pero ella aún está presente en mi vida. Aún me ilumina las noches, aún me abraza por las madrugadas.

Lo último que recuerdo fue el brillo de sus dientes a mitad de una sonrisa.

Y si algún día la ves, dile que la mitad de mi vida la he gastado en echarla de menos y que la otra la gastaré en escribir sobre ella.

—  Benjamín Griss
Aveces pienso que no hay que quejarnos de esos malos amores por que al final nosotros los elegimos, y si queremos algo diferente en nuestras relaciones tenemos que romper con el protocolo que nosotros mismos hacemos.

“Nuestra Generación no Quiere Relaciones”

Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a “me gusta” y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de brunch los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.

Buceamos por Tinder en un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela. Leemos artículos como Cinco maneras de saber que le gustas o Siete formas de gustarle, con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella, como si de un proyecto de artesanía que hemos visto en Pinterest se tratase. Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación.

Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo.

Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.

Queremos alguien que nos dé la mano, pero no queremos darle a alguien el poder para hacernos daño. Queremos oír frases cutres de ligoteo, pero no queremos que nos conquisten… porque eso implica que nos pueden dejar. Queremos que nos barran los pies, pero, al mismo tiempo, seguir siendo independientes y vivir con seguridad y a nuestro aire. Queremos seguir persiguiendo a la idea del amor, pero no queremos caer en ella.

No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, “mantita y peli” y fotos sin ropa por Snapchat. Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Queremos sentir que conectamos con alguien lo suficiente, pero no demasiado. Queremos comprometernos un poco, pero no al cien por cien. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.

Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Nos escondemos. Nos vamos. Hay muchos peces en el mar. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día…

Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo.

Sentimos que tenemos derecho al amor, igual que nos sentimos con derecho a un trabajo a jornada completa al salir de la universidad. Nuestra juventud repleta de trofeos nos ha enseñado que si queremos algo, merecemos tenerlo. Nuestra infancia rebosante de películas Disney nos ha enseñado que las almas gemelas, el amor verdadero y el felices para siempre existen para todos. Y por eso no nos esforzamos ni nos preguntamos por qué no ha aparecido el príncipe o la princesa azul. Nos cruzamos de brazos, enfadados porque no encontramos a nuestra media naranja. ¿Dónde está nuestro premio de consolación? Hemos participado, estamos aquí. ¿Dónde está la relación que merecemos? ¿Dónde está el amor verdadero que nos han prometido?

Queremos a un suplente, no a una persona. Queremos un cuerpo, no una pareja. Queremos a alguien que se siente a nuestro lado en el sofá mientras navegamos sin rumbo fijo por las redes sociales y abrimos otra aplicación para distraernos de nuestras vidas. Queremos mantener el equilibrio: fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto; queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie. Nos cruzamos de brazos y discutimos las reglas con nuestros amigos, pero ninguno conoce el juego al que estamos intentando jugar. Porque el problema de que “Nuestra Generación no Quiere Relaciones” es que, al final del día, sí que las queremos.

6

Hace unas dos horas, fue atacado el palacio nacional, en México, D.F.

Pero da la pura casualidad de que son infiltrados, el gobierno montando cosas para hacer quedar mal al pueblo, justamente desde arriba del palacio cayó una cortina de agua.

En Palacio Nacional estaba el Ejército, pudieron evitar el fuego, pero dejaron crecer el problema. ¡Es un montaje!

Que casualidad, ¡Ya basta! Necesitamos que esta bomba ya estalle. Estoy cansada que el puto gobierno nos quiera seguir viendo la cara de pendejos.

Sé que quejarnos en una red social no va a cambiar las cosas, pero antes de que el gobierno quiera desaparecernos, o bloquearnos la libertad de expresión, que el mundo sepa lo que está pasando en nuestro paìs!

HELP!

“La persona que llega es la persona correcta” Nadie llega a nuestra vida por casualidad, las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están ahí por algo, nos ayudan a crecer, aprender y avanzar en cada momento de nuestra vida.

“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”.
Nada de lo que sucede en nuestra vida podría haber sido de otra manera. Hasta el motivo más insignificante. No debemos pensar en lo que deberíamos haber hecho o dejado de hacer.El pasado fue así y gracias a él aprendimos a vivir el presente. Los momentos que vivimos a lo largo de nuestra vida, nos ayudan a nuestro crecimiento personal y espiritual, aunque nos cueste aceptarlo.

“En cualquier momento que comience es el momento correcto”.
Las cosas comienzan en el momento indicado, aunque creamos que debería haber sido antes o después. Cuando la vida cree que estamos preparados es cuando llega, a nosotros nos toca aceptar o dejarlo pasar. Después no vale mirar atrás y quejarnos de lo que hemos dejado pasar.

“Cuando algo termina, termina”
Las cosas terminan cuando tienen que terminar. Gracias a esto avanzamos y seguimos adelante, pero ahora tenemos una experiencia que antes no teníamos. Recuerda que ningún copo de nieve cae en el lugar equivocado.

—  Las 4 leyes de la espiritualidad, Hinduismo.
Mojada de lágrimas

Tengo una chica que siempre está triste

me lleva con besos a su cama

para cubrirnos de nuestro pasado tormentoso

para quejarnos de lo que somos

y crear una religión

en donde la creencia sea

que nunca podrás ser otra cosa

además de la tragedia que eres

Tengo una chica que siempre está triste

y me muero un poco

intentando alegrarla

parto mi corazón en cuadritos

como si fuera una pechuga

le robo aceite de entre las piernas

se lo cocino a fuego lento

ella come dos bocados 

deja el plato

porque no quiere engordar

de mi amor

Tengo una chica que siempre está triste

me dice que eso es existir

que me engaño todos los días

al obligarme a sonreír

que ser feliz es un trabajo

con el que ganas 

el derecho de besar con tristeza

a la persona que amas

Tengo una chica que siempre está triste

tengo una catástrofe esperándome 

mojada de lágrimas en la cama

gemirá sus miedos y terminaré

llorando sobre sus senos

abrazando todo lo que me duele

recordando lo que nunca seremos

matando nuestros deseos de ser libres

odiándonos por ser tan sensibles

Tengo una chica que siempre está triste

y no puedo dejarla ir

dice que nunca la querré

como ella me quiere a mí

y que el dolor de saberlo

la hace feliz.

miremos las noticias de siria y irak, con una taza de café en la mano, desde una casa con calefacción y comida, vamos a espantarnos de las masacres, de los bebes ahogados en el mar, con la cantidad de mujeres violadas y degolladas, para después decir que tenemos una vida de mierda y quejarnos porque nos gusta alguien y no siente lo mismo.

Siempre se dice que a las mujeres nos gustan los chicos malos y por ende no podemos quejarnos si nos hacen mal porque eso “nos gusta”. Sin embargo, me puse a pensar que hace cincuenta años el concepto de chico malo era otro: tipo que andaba en moto, que consumía alcohol y drogas, que se acostaba con muchas mujeres, y ya está. Generalmente tenían un trasfondo deprimente que los hacía ser así de superficiales o algún tema emocional del que querían escapar. Antes, un chico malo no era mucho más que eso. Pero hoy en día se nos sigue diciendo lo mismo, incluso cuando la definición es diferente. Hoy el chico malo tiene celular y redes sociales para ventilar lo que hace (que coge, que las usa, que no las quiere), hoy el chico malo es golpeador y a veces asesino; es soberbio, vanidoso y violento. ¿Van a seguir diciendo que no nos quejemos porque nos gustan?

Tengo una chica que siempre está triste. Me lleva con besos a su cama. Para cubrirnos de nuestro pasado tormentoso. Para quejarnos de lo que somos. Y crear una religión. En donde la creencia sea. Que nunca podrás ser otra cosa. Además de la tragedia que eres. Tengo una chica que siempre está triste. Y me muero un poco. Intentando alegrarla. Parto mi corazón en cuadritos. Como si fuera una pechuga. Le robo aceite de entre las piernas. Se lo cocino a fuego lento. Ella come dos bocados. Deja el plato. Porque no quiere engordar. De mi amor. Tengo una chica que siempre está triste. Me dice que eso es existir. Que me engaño todos los días. Al obligarme a sonreír. Que ser feliz es un trabajo. Con el que ganas. El derecho de besar con tristeza. A la persona que amas. Tengo una chica que siempre está triste. Tengo una catástrofe esperándome. Mojada de lágrimas en la cama. Gemirá sus miedos y terminaré. Llorando sobre sus senos. Abrazando todo lo que me duele. Recordando lo que nunca seremos. Matando nuestros deseos de ser libres. Odiándonos por ser tan sensibles. Tengo una chica que siempre está triste. Y no puedo dejarla ir. Dice que nunca la querré. Como ella me quiere a mí. Y que el dolor de saberlo. La hace feliz.