que-rara-eres

—oye, ¿por qué no comes? — le preguntaron una vez más. Habían pasado dos semanas desde que ella no tocaba siquiera su alimento. Solo lo observaba…con asco internamente.
—¿eh?, ah, no tengo hambre —
—que rara que eres eh — nadie le prestaba la atención necesaria. A nadie le importaba.
—oye, estoy muy gorda, ¿verdad? — habló la más delgada del grupo. Eso la hizo mierda.
Esa chica ni se preocupaba por lo que comía y tenía un cuerpo precioso. A diferencia de ella, que ahora aborrecía la comida, tanto, que ni la tocaba, y aún así seguía siendo un asco.

Llegó a casa, y a pesar de no haber comido nada, vomitó, vomitó todo lo que pudo.
Se observó en el espejo…veía una persona obesa. Escupió al espejo y retrocedió. A cada paso que daba, las lágrimas rodaban por sus mejillas.
Se odiaba más que a nadie.
Quería morirse.

(Quería morirme)

—  Mi vida cotidiana 😪🔫

“Tengo miedo a la memoria”- me dijiste esa tarde en cuarto grado -“Que rara eres”- te contesté un minuto después sin comprender.
“La memoria”- me rectificaste en noveno grado -“sigo sin entenderte”- confesé aun más confundido que antes.
“El olvido…”- me dijo cuando nos graduamos -“ahora todo tiene sentido, nena” - te dije abrazándote con mi boleto de avión en una mano y tu beca en la otra….

-Espejo. Greus.

yo.

Así, en minúscula. Cuando a lo largo de tu vida nadie te dice que te ves bien o eres bonita en automático piensas que eres lo contrario. Cuando te dicen que eres rara, o pareces hombre o marciano, pues, sale peor. Cuando no nace de ti ser taaan fememina como otras, o ponerte hidratante de labios tan seguido, te muerdes las uñas a cada rato y tu cabello es corto, pues… Es como si no tuvieras de otra.

Comienzas a hundirte en como tu mente en automático completa los espacios vacíos. Al no corresponder tu físico con algo “bonito”, eres lo contrario.

Cuando empiezas a crecer y no llamas la atención de nadie, a otras las empiezan a invitar a salir y tu te quedas sola de a poco, unas cuantas inician relaciones o las que no, sus propias amigas las halagan. Y uno aquí, solito.

Se que no debes esperar a que alguien te lo diga o lo confirme, o te haga la regla “estás dentro de lo agradable de ver”, pero, el que nadie te lo haya dicho quieras o no perjudica tantito. Ya no pasa tanto como antes, pero mi inseguridad era tal, que oía gente reírse y podía asegurar que era de mi.

Mi situación es así, y me ha hecho así. Nunca he sido agraciada, debo admitirlo. Pero también he tenido mis buenos momentos. La realidad es que no soy de esas personas que al menos para esta sociedad llame la atención o destaque por una cara o cuerpo lindo o una facción despampanante. 

Soy yo.