que es un fantasma

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Based on a fic I love! .D

Synopsis: Sam Manson, new to Amity, is being bullied by the school’s elite, including golden boy Danny Fenton. Her only comfort in is the ghost boy who saved her after a vicious ghost attack. As Sam falls deeper into the web of Amity drama, she is just struggling to keep her life afloat.

POV SAM: https://www.fanfiction.net/s/8335522/1/Reflections
POV DANNY: https://www.fanfiction.net/s/9298011/1/Wonderwall

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Basado en un fic que me encanta! .D

Sinopsis: Sam Manson, nueva en Amity, está siendo víctima de bullying de la élite de la escuela, incluyendo al chico de oro Danny Fenton. Su único consuelo es el chico fantasma que la salvó después de un voraz ataque fantasma. Mientras Sam se enreda más en la red de drama de Amity, ella está luchando por mantener su vida a flote.

POV SAM: https://www.fanfiction.net/s/8335522/1/Reflections
POV DANNY: https://www.fanfiction.net/s/9298011/1/Wonderwall

Dicen que uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida. A donde fuimos felices. Y yo amé la vida cuando estuve contigo. Eres mi lugar favorito de reencuentro, siempre hay algún atardecer que me recuerda a ti. No sé si me hiciste, pero fui feliz por el simple hecho de compartir contigo los atardeceres menos dolorosos de mi vida. A veces pienso que eso fue el sueño más bonito que nunca podré convertir en realidad, o algo así, porque a veces miro a los recuerdos y no te veo en ninguno. A lo mejor me enamoré de un fantasma. De algo que no es visible para los ojos, pero que por dentro se siente algo parecido a la muerte. Eso es amor, o si no, no sé qué cojones sea. O no sé a qué le llamamos amor. Primero uno tiene que enamorarse de lo de adentro, de lo que vale la pena y de lo que es realmente importante.
Mira, siempre que veo una estrella fugaz, mi primer deseo terminas siendo tú. Siempre. Creo que se convirtió en rutina.
Tengo días en los que el sol no me calienta, ni siquiera me cala la piel. Quizás porque aún hace invierno en mí, todavía hay frío, hay escarcha en mis esquinas, tengo el vaho de mis ojos lleno de tu nombre. Todavía tengo la resaca de la noche en la que me dijiste que lo nuestro ya no funcionaría, que te ibas porque se te hacía tarde para llegar a la vida de otra persona. Me prendí un cigarro y desde entonces me dejo llevar por la vida, pero, aún y a pesar de todo, tengo la esperanza de que algún día este viento me lleve a ti. O te traiga a mí.
—  Benjamín Griss
Esta historia termino, no existe.
Lo que un día construimos se ha esfumado,
Pareciera que es más fácil dejarnos,
Pero eres un fantasma conmigo caminando.

No creas que no valió la pena,
No creas que no eres importante,
Al contrario yo te ame con toda el alma.

No creas que no valió la pena,
No creas que lo perdimos,
Esto que nos duele, aunque nos duele es sólo nuestro.

Lo que construimos se acabó,
Fue sólo nuestro.

Lo que construimos se acabó,
Se lo lleva el viento.
—  Natalia Lafourcade - Lo que construimos.
Conceptos fundamentales del Psicoanálisis: El concepto de Sublimación


Para una mejor comprensión de esta definición, se recomienda la lectura previa de los conceptos de falo, castración y narcisismo desde Freud y Lacan, que se encuentran en los siguientes links:

Falo: http://belle-indifference.tumblr.com/post/149723251815/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el

Castración: http://belle-indifference.tumblr.com/post/148714174460/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el

Narcisismo desde Freud: http://belle-indifference.tumblr.com/post/152876848570/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el

Narcisismo desde Lacan: http://belle-indifference.tumblr.com/post/161036869265/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el



El concepto de sublimación

A menudo los psicoanalistas consideraron la sublimación como una noción alejada de su práctica clínica, mal articulada en el seno de la teoría y dotada de un sentido cuya connotación era demasiado general, estética, moral o intelectual. En efecto, la utilización abusiva del término sublimación en el ámbito siempre ambiguo del psicoanálisis aplicado, sumada al hecho de que Freud nunca terminó de elucidar verdaderamente dicho concepto, explican que éste haya sido relegado por diversos autores al rango de una entidad teórica secundaria. Nuestra posición es diferente. Creemos, por el contrario, que el concepto de sublimación, si bien está en el límite del psicoanálisis, constituye sin embargo un concepto crucial y que sigue siendo una herramienta teórica fundamental para guiar al psicoanálisis en la dirección de la cura. Crucial, porque está situado en el cruce de distintas elaboraciones conceptuales tales como la teoría metapsicológica de la pulsión, la teoría dinámica de los mecanismos de defensa del yo y, en especial, la teoría lacaniana de la Cosa. Pero es también una herramienta clínica fundamental ya que aun cuando este concepto no es reconocible de inmediato en un análisis, su lugar en la escucha del clínico es importante para reconocer y puntuar determinadas variaciones del movimiento de la cura.

Ahora bien, más allá de esta doble importancia conceptual y técnica, la noción de sublimación es necesaria para la coherencia de la teoría freudiana, necesariedad que puede expresarse en la siguiente pregunta: ¿cuál es la razón de existir del concepto de sublimación? ¿Cuál es su encrucijada teórica? ¿Qué problema en particular viene a solucionar? Respondemos que la sublimación es la única noción psicoanalítica susceptible de explicar el que obras creadas por el hombre — realizaciones artísticas, científicas e incluso deportivas— alejadas de toda referencia a la vida sexual, sean producidas, no obstante, gracias a una fuerza sexual tomada de una fuente sexual. Por lo tanto, las raíces y la savia del proceso de sublimación son pulsionalmente sexuales (pregenitales: orales, anales, fálicas) mientras que el producto de dicho proceso es una realización no sexual conforme a los ideales más acabados de una época dada. En consecuencia, ya desde ahora podemos afirmar que el concepto de sublimación responde fundamentalmente a la necesidad de la teoría psicoanalítica de dar cuenta del origen sexual del impulso creador del hombre.

Acabamos de plantear la sublimación como el medio de transformar y de elevar la energía de las fuerzas sexuales, convirtiéndolas en una fuerza positiva y creadora. Pero también debemos concebirla a la inversa, como el medio de atemperar y de atenuar la excesiva intensidad de esas fuerzas. Es en este sentido que Freud, desde los inicios de su obra, considera la sublimación como una de las defensas del yo contra la irrupción violenta de lo sexual o, como lo escribiría veinte años más tarde, como uno de los modos de defensa que se oponen a la descarga directa y total de la pulsión. Por lo tanto el concepto de sublimación puede ser considerado según dos puntos de vista complementarios que aúnan los diferentes enfoques freudianos: la sublimación es, o bien la expresión positiva más elaborada y socializada de la pulsión, o bien un medio de defensa susceptible de atemperar los excesos y los desbordamientos de la vida pulsional.

Abordaremos los siguientes temas considerando estos dos puntos de vista de manera concomitante:

—La sublimación como contrapartida del resurgimiento de un recuerdo sexual intolerable.

—La sublimación como contrapartida del estado pasional en la relación analítica.

—La sublimación como contrapartida de la fuerza desmesurada de la moción pulsional. Definición de una pulsión sublimada.

—La sublimación como la capacidad plástica de la pulsión.

—Un ejemplo de sublimación: la curiosidad sexual sublimada en deseo de saber.

—Las dos condiciones del proceso de sublimación: el yo y el ideal del yo del creador.

—Presentaremos el enfoque lacaniano del concepto de sublimación mediante el comentario de la fórmula: “la sublimación eleva el objeto a la dignidad de la Cosa.”

—En conclusión, resumiremos los rasgos principales de una pulsión sublimada, así como los rasgos específicos de una obra creada por sublimación.


La sublimación es una defensa contra el recuerdo sexual intolerable

En 1897, en las cartas a Fliess, Freud se pregunta por la estructura de la histeria y descubre que la causa de esta patología es la voluntad inconsciente del enfermo de olvidar una escena de seducción paterna de carácter sexual. La histérica, para evitar la rememoración brutal de la escena sexual, inventa fantasmas construidos sobre el terreno del recuerdo que quiere apartar. Así, la enferma consigue atemperar la tensión de dicho recuerdo, es decir, sublimarlo. Por consiguiente, estos fantasmas intermediarios tienen por cometido depurar, sublimar y presentar al yo una versión más aceptable del acontecimiento sexual reprimido. Que quede claro: lo que se sublima es el recuerdo sexual; en cuanto al fantasma, es a un tiempo el medio que posibilita esta sublimación, y el producto final de la sublimación.

Freud da el ejemplo de una joven histérica inconscientemente culpable por sus deseos incestuosos hacia el padre. La paciente está en conflicto con un recuerdo inconsciente que quiere olvidar, con el cual está identificada a mujeres sexualmente deseantes, con más exactitud, domésticas de baja moralidad de quienes la paciente sospechaba habían mantenido un comercio sexual ilícito con su padre. La joven, a fin de impedir el retorno de este recuerdo intolerable por incestuoso, construyó un argumento fantasmático diferente al argumento del recuerdo, en el cual es ella misma la que se siente despreciada y teme ser tomada por prostituta. En el recuerdo, ella se identifica con las domésticas que supuestamente desean al padre, mientras que en el fantasma, por la intermediación de una transmutación que Freud denomina sublimación, se identifica con estas mismas mujeres, pero esta vez en tanto mujeres corruptas, acusadas de prostitución. Gracias a la sublimación, considerada aquí como una mutación en el sentido de la moralidad, el fantasma ha vuelto moralmente aceptable un recuerdo incestuoso e inmoral. El sentimiento inconsciente de ser culpable de desear al padre fue reemplazado, gracias a la sublimación, por un sentimiento conciente de ser víctima del deseo de los otros. Cabe observar que este cambio sólo fue posible al precio de la aparición de síntomas neuróticos tales como la angustia experimentada por la joven histérica al salir sola por la calle, por miedo a ser tomada por una prostituta.

Arribamos, entonces, a una primera conclusión al conferir a la sublimación una función de defensa que atenúa o transforma el carácter insoportable de los recuerdos sexuales que el sujeto quiere ignorar. La sublimación operó el desplazamiento de una representación psíquica inconsciente ligada al deseo incestuoso, hacia otra representación psíquica aceptable para la conciencia, aunque portadora de síntomas y generadora de sufrimiento.


La sublimación es una defensa contra los excesos de la transferencia amorosa en la cura

Pero Freud también sitúa la función defensiva de la sublimación en el interior mismo de la cura analítica. Esta vez, la amenaza de la emergencia de lo sexual surge de modo singular en el marco de la relación transferencial y puede manifestarse, por ejemplo, bajo la forma de una exigencia amorosa dirigida por la paciente a su analista.

“La transferencia puede manifestarse como una apasionada exigencia amorosa o en formas más mitigadas. (…) En este último caso algunas mujeres llegan incluso a sublimar la transferencia y modelarla hasta hacerla en cierto modo viable” y posibilitar así la prosecución de la cura. Entonces, saber sublimar la transferencia quiere decir que el vínculo amoroso de carácter pasional puede, e incluso debe, ir cediendo el lugar —mediante una progresiva deserotización— a una relación analítica viable. Después de un primer momento de investimiento libidinal de un objeto erógeno, en este caso el psicoanalista, el proceso de sublimación se desarrolla tan lentamente como por ejemplo el trabajo de duelo, o incluso como ese otro trabajo que implica para el analizante integrar en sí la interpretación enunciada por el analista (trabajo denominado de elaboración). La sublimación consecutiva a la pasión en la transferencia, el duelo consecutivo a la pérdida, y la elaboración consecutiva a la interpretación, todos ellos requieren mucho tiempo, el tiempo indispensable para permitir que las múltiples representaciones del pensamiento inconsciente se encadenen.

Pero a la exigencia de tiempo se le agrega además el peso del dolor inherente al ejercicio inconsciente del pensamiento. Ya que pensar, es decir el desplazamiento incesante de una representación sexual a otra no sexual, es penoso; para el analizante sublimar es una actividad dolorosa. Freud, en su correspondencia con el pastor Pfister, no duda en reconocer que las vías de la sublimación son demasiado trabajosas para la mayoría de los pacientes. Se ven constreñidos a someterse a las exigencias del trabajo analítico que implica un tiempo de dominio de las pulsiones —y por lo tanto una parte de sublimación—, y a renunciar entonces a su inclinación a ceder de inmediato al placer de una satisfacción sexual directa.


La sublimación es una defensa contra la satisfacción directa de la pulsión. Definición de una pulsión sublimada

Abordemos ahora la sublimación en su relación con lo sexual, estudiado ahora ya no como un recuerdo insoportable, ni como un estado pasional de la transferencia, sino como siendo una moción pulsional que tiende a satisfacerse de modo inmediato. Tengamos presente que la pulsión jamás logra tomar la vía de la descarga directa y total, porque el yo, por temor a ser desbordado, le opone una acción defensiva. Precisamente, la sublimación es considerada por Freud como uno de los cuatro modos de defensa empleados por el yo contra los excesos de la pulsión. Estos modos de defensa son denominados más frecuentemente los destinos de la pulsión, ya que el resultado final de una pulsión va a depender de la barrera que encuentre en su camino.

En primer lugar, el flujo pulsional puede estar sujeto al destino de la represión, o de una tentativa de represión seguida de un fracaso que, entonces, dará lugar al síntoma neurótico. Este mismo flujo también puede encontrar —segundo destino — otra forma de oposición: el yo retira el flujo pulsional del objeto sexual exterior sobre el cual había recaído y lo vuelve sobre sí mismo. La formación psíquica característica de este segundo destino en el cual la pulsión vuelve sobre el propio yo es el fantasma. Así, en un fantasma el investimiento que cargaba el objeto sexual es reemplazado por una identificación del yo con ese mismo objeto. El tercer avatar del flujo pulsional consiste en una pura y simple inhibición. La pulsión inhibida se transforma entonces en afecto tierno. Y finalmente —cuarto destino, el que en realidad nos interesa—, la moción pulsional es desviada y toma la vía de la sublimación. En este caso, diremos que una pulsión es sublimada cuando su fuerza es desviada de su primera finalidad de obtener una satisfacción sexual para ponerse al servicio, entonces, de una finalidad social, ya sea artística, intelectual o moral. Ahora bien, el cambio del fin sexual de la pulsión en beneficio de otro fin no sexual sólo será posible con la condición de que se cambie primero el medio empleado para la obtención del nuevo fin. Para que la pulsión sea sublimada, es decir, para que obtenga una satisfacción no sexual, será preciso que se sirva también de un objeto no sexual. Por lo tanto, la sublimación consiste en reemplazar el objeto y el fin sexuales de la pulsión por un objeto y un fin no sexuales.

Ahora bien, a pesar de ser fundamental para el proceso de sublimación, esta doble sustitución de objeto y de fin no basta para definirlo. Falta aún precisar que una pulsión sublimada depende también de dos propiedades comunes a toda pulsión. Por una parte, la pulsión sublimada, como toda pulsión, preserva la cualidad sexual de su energía (trátese de una pulsión sublimada o no sublimada, la libido es siempre sexual); y por otra, la pulsión sublimada, como toda pulsión, se mantiene constantemente activa (esté o no sublimada la fuerza de su actividad permanece constante, es decir, siempre en busca de una plena satisfacción que, en definitiva, jamás alcanza). Lo que queremos decir es que la fuerza pulsional sublimada sigue siendo siempre sexual porque la fuerza de donde proviene es sexual; y permanece siempre activa porque — puesto que su fin jamás es alcanzado plenamente— su empuje insiste y persiste. Sabemos que el fin de una pulsión es el alivio procurado por la descarga de su tensión; pero también sabemos que como esta descarga jamás es completa, la satisfacción es irremediablemente parcial.

En consecuencia, ya sea la satisfacción sexual (pulsión reprimida) o no sexual (pulsión sublimada) sólo puede ser una satisfacción parcial o, si se quiere, insatisfacción. Trátese del síntoma producto de la represión, del fantasma producto de la vuelta de la pulsión sobre el yo, de la ternura producto de la inhibición, o aun de la obra artística producto de la sublimación, reconoceremos allí las expresiones diversas de una misma insatisfacción, es decir, de una misma satisfacción parcial. A los ojos de Freud los seres humanos son seres deseantes cuya única realidad es la insatisfacción.

¿Qué es lo que caracteriza, en suma, a la sublimación? Por la vía de la búsqueda vana de una satisfacción imposible, es decir de una descarga total, la sublimación es una satisfacción parcial obtenida gracias a objetos distintos de los objetos sexuales eróticos. Por lo tanto podemos formular la siguiente conclusión:

Una pulsión sublimada será llamada sexual si pensamos en su origen y en la naturaleza de su energía libidinal, y será llamada no sexual si pensamos en el tipo de satisfacción obtenida y en el objeto que la procura.


La sublimación designa la capacidad plástica de la pulsión

Pero, si queremos ser rigurosos, debemos matizar esta última conclusión; debemos distinguir con claridad la pulsión sublimada de la operación de sublimación que la hizo posible. La sublimación no es tanto una satisfacción cuanto la aptitud de la pulsión para encontrar nuevas satisfacciones no sexuales. Sublimación quiere decir sobre todo plasticidad, maleabilidad de la fuerza pulsional. Freud lo escribe con mucha precisión: la sublimación es la “posibilidad de cambiar el fin sexual (…) por otro, ya no sexual, es decir, la capacidad de cambiar una satisfacción sexual por otra, desexualizada. El destino de la pulsión que denominamos sublimación es, hablando con propiedad, la operación misma de cambio, el hecho mismo de la sustitución. Por lo tanto, la sublimación es, ante lodo, el pasaje de una satisfacción a otra, más bien que un modo particular de satisfacción.


Un ejemplo de sublimación: la curiosidad sexual sublimada

El caso de la curiosidad sexual infantil como expresión directa de la pulsión voyeurista, y su transformación ulterior en sed de saber, ilustra bien esta sustitución de una finalidad sexual por otra desexualizada. El primer fin de la curiosidad sexual es, por ejemplo, obtener placer en descubrir las partes ocultas del cuerpo de la mujer, y completar así la imagen incompleta de un cuerpo parcialmente velado. Ahora bien, la exploración sexual del cuerpo femenino por el niño puede transformarse más tarde en el adulto, gracias a la sublimación, en deseo de un saber más global. Podemos decir con Freud que la pulsión de ver está sublimada "cuando es posible arrancar su interés curiosidad de los genitales y dirigirlo a la forma física y total”. Como ya lo habíamos dicho, en la sublimación el cambio de fin sólo puede operarse si hay cambio de objeto: el cuerpo en su totalidad sustituye la región local de los órganos genitales; el todo toma el lugar de la parte. Por cierto, en la pulsión voyeurista sublimada, tanto el fin como el objeto cambian de naturaleza: el fin primeramente sexual (obtener el placer visual de descubrir y explorar el cuerpo sexual femenino) se transforma en fin no sexual (por ejemplo, obtener el placer de conocer la anatomía del cuerpo), y el objeto sexual y local (órganos genitales) se transforma en no sexual y global (el cuerpo como objeto de estudio). Así, la sublimación de la pulsión voyeurista consiste en el pasaje de una satisfacción erótica y parcial, ligada a un objeto erótico local (los órganos genitales femeninos), a otra satisfacción no sexual pero igualmente parcial, ligada a un objeto más global y desexualizado (el cuerpo entero como objeto de conocimiento científico). La imagen local, que velaba el lugar sexual erotizado y atraía la curiosidad infantil, se transforma de modo progresivo por la mediación de la sublimación, en una imagen global del cuerpo que despierta el deseo de saber propio del creador. Es ésta otra sed, la de conocer y de producir, la que empuja al artista a engendrar su obra.

Para ilustrar mejor el proceso de la sublimación vamos a apoyarnos en una célebre observación clínica de Freud, en la cual tanto la curiosidad sexual infantil como otras formaciones pulsionales están sublimadas. Se trata del caso de un niño de cinco años, “Juanito”, presa del miedo a ser mordido por caballos en la calle. Este miedo fóbico infantil de estar expuesto en la calle al peligro de los animales proviene de la transformación en angustia de la energía libidinal de las pulsiones; el empuje sexual de las pulsiones inconscientes se transforma en el niño en angustia fóbica conciente. En efecto, la energía libidinal propia de las pulsiones que anidan en Juanito (pulsiones sádicas hacia la madre, tendencias hostiles y homosexuales respecto del padre, pulsiones voyeuristas-exhibicionistas, pulsiones fálicas que originan la masturbación), seguirá dos destinos. Una parte de la libido será transformada en angustia luego de haber sido sometida a un intento fallido de represión. Mientras que otra parte de la energía libidinal, la que escapó al intento de represión, será sublimada bajo la forma de un muy vivo interés del niño por un objeto no sexual y global: la música. Este nuevo investimiento libidinal que carga los sonidos y la armonía musical inicia un largo proceso de sublimación que se continuará hasta la edad adulta cuando Juanito llegue a ser un excelente músico.


Las dos condiciones del proceso de sublimación

1. La sublimación requiere de la intervención del yo narcisista para producirse. Hemos empleado la expresión “satisfacción desexualizada”. Pero ¿qué se entiende por desexualización? El término es ambiguo ya que podría dejar pensar que ya no hay libido sexual en la pulsión. Ahora bien, hemos afirmado justamente lo contrario. Insistamos una vez más en el hecho de que la libido sublimada jamás pierde su origen sexual. De lo que se trata en la sublimación no es de “desexualizar globalmente” la pulsión, sino tan sólo de desexualizar su objeto. Desexualizar equivale a sustraer el investimiento libidinal que carga un objeto considerado erótico, para referirlo a otro objeto no sexual y así obtener una satisfacción igualmente, no sexual. Pero el éxito de este cambio desexualizante depende de una operación intermedia decisiva para toda sublimación: primero el yo retira la libido del objeto sexual, luego la vuelve sobre sí mismo y, finalmente asigna a esta libido un nuevo fin no sexual. Como podemos observar, el fin inicial de la pulsión de obtener una satisfacción sexual directa se sustituye ahora por una satisfacción sublimada, por ejemplo artística, gracias al placer intermediario de gratificación narcisista del artista. Es este narcisismo del artista el que condiciona y sostiene la actividad creadora de su pulsión sublimada.

En este punto debemos hacer una precisión. No toda desexualización es por ello una sublimación, pero en cambio, toda sublimación es, necesariamente, una desexualización. Dicho de otra manera, hay desexualizaciones que no tienen relación alguna con la sublimación, como por ejemplo la actividad del trabajo cotidiano o las actividades del ocio. Pero ¿qué es lo que especifica entonces al proceso de sublimación? Para responderlo, hemos de situar primero la segunda condición necesaria para este proceso.

2. El ideal del yo inicia y orienta la sublimación. El proceso de sublimación, es decir, el pasaje de una satisfacción erotizada e infantil a otra no erotizada e intelectual, no podría desarrollarse sin el sostén imprescindible de los ideales simbólicos y de los valores sociales de la época. Ahora bien, que las obras creadas por sublimación adquieran un valor social no significa que respondan a una utilidad social determinada. En general, los productos artísticos, intelectuales o morales no están sometidos a ninguna exigencia práctica en particular. La prueba más tangible de esto es la precocidad de los procesos de sublimación en los niños, tal como lo vimos en el caso de Juanito, o también en la renovada puesta en juego de las pulsiones sublimadas en el marco de la cura analítica durante el trabajo del analizante. Se trate de un pintor, de un músico, de un niño o de un analizante, todos ellos están entregados a una tarea cuyo resultado no puede ser medido por medio de criterios de eficacia, de utilidad o de ganancia. Cuando afirmamos que los objetos que procuran la satisfacción sublimada son objetos desexualizados y sociales, nos referimos principalmente al hecho de que responden a ideales sociales que exaltan la creación de nuevas formas significantes. Estos ideales sociales, interiorizados e inscritos en el yo del creador, son parte integrante de esa formación psíquica fundamental que Freud denomina ideal del yo. Las relaciones de esta formación de ideal con la sublimación no siempre fueron claramente elucidadas por Freud. No obstante, podemos afirmar que el ideal del yo cumple dos funciones respecto del proceso de sublimación.

En primer lugar, tal como acabamos de señalarlo, el ideal juega el rol de desencadenante del proceso, con la particularidad de que, una vez iniciado el movimiento de sublimación, el impulso creador de la obra se separa del ideal del yo que lo había suscitado al comienzo. En el caso de Juanito, es sin duda la música —ideal anhelado por el padre— la que toma la forma del ideal del yo incitando al niño a gozar del placer de los sonidos y las melodías, y a compensar de esta manera el sufrimiento neurótico de su fobia. Una vez experimentado el primer goce auditivo, el impulso pulsional de la sublimación se transformará en puro gusto por los sonidos, fusión íntima, físicamente sensual, con la materialidad del espacio sonoro; de allí en más, toda referencia ideal, toda norma o valor abstracto se reduce y se funde en el seno de este contacto siempre sensual y apasionado que mantiene el artista con los materiales de su creación.

A esta primera función de incentivo simbólico se le suma una segunda según la cual el ideal indica la dirección del movimiento iniciado. Precisamente, esta segunda función referencial del ideal del yo permite aclarar una formulación freudiana retomada frecuentemente pero rara vez explicitada. Cuando Freud afirma que la sublimación representa la satisfacción de la pulsión sin la represión, esto no significa en modo alguno que la fuerza pulsional sea descargada, plena y libre de toda constricción. Por cierto, la expresión “sin represión” quiere decir ausencia de una censura que impida el paso del empuje de la pulsión, pero no por ello implica la idea de una fuerza pulsional errática y disminuida. La sublimación de la pulsión no es por cierto la represión, pero es no obstante una constricción impuesta a la actividad pulsional bajo la forma de una desviación del curso de su flujo hacia una satisfacción distinta de la satisfacción sexual. Ahora bien, el elemento que impone este desvío no es la censura que reprime, sino justamente el ideal del yo que exalta, guía y enmarca la capacidad plástica de la pulsión.


Enfoque lacaniano del concepto de sublimación: “la sublimación eleva el objeto a la dignidad de la cosa"

La teoría lacaniana de la sublimación descansa íntegramente en una proposición princeps formulada por Lacan en su seminario sobre La ética del psicoanálisis: “La sublimación eleva un objeto (narcisista e imaginario) a la dignidad de la Cosa.” Nos limitaremos aquí a explicar el sentido general de esta fórmula partiendo del efecto provocado por la obra —producto de la sublimación— en aquel que la mira. Ya habíamos subrayado una primera característica de las obras creadas por sublimación: son en principio objetos desprovistos de toda finalidad práctica y que responden a ideales sociales elevados, internalizados subjetivamente bajo la forma del ideal del yo del creador. Pero la especificidad de las producciones intelectuales, científicas y artísticas elaboradas con la fuerza sexual de una pulsión sublimada reside principalmente en su cualidad de objetos imaginarios. Estas obras, y en especial la obra de arte, prototipo de creación producida por sublimación, no son cosas materiales sino más bien formas e imágenes nuevamente creadas, dotadas de una singular eficacia. Se trata de imágenes y de formas significantes trazadas a la manera de la imagen inconsciente de nuestro cuerpo, más exactamente, de nuestro yo inconsciente narcisista. Ahora bien, estas obras imaginarias de la sublimación son capaces de producir dos efectos fundamentales en el espectador: lo deslumbran por su fascinación, y suscitan en él el mismo estado de pasión y de deseo suspendido que había llevado al artista a engendrar su obra.

¿Qué deducir de esto sino que una representación de nuestro yo narcisista, proyectada afuera en la existencia objetiva de una obra, ha sido capaz de reenviar al espectador a su propio deseo de crear? Una imagen modelada por el yo ha provocado en el espectador un similar movimiento pulsional hacia la sublimación, es decir, hacia una satisfacción no sexual, global, cercana a un vacío infinito, de un goce sin límites. Elevar el objeto narcisista a la dignidad de la Cosa quiere decir, entonces, que la impronta del yo del creador, objetivada en obra de arte, ha abierto en el otro la dimensión intolerable de un deseo de deseo, de un deseo en suspenso sin ningún objeto asignado. El objeto imaginario y narcisista —verdadera condensación de estos tres componentes que son la fuerza pulsional, el narcisismo del creador y la forma acabada de la obra— se disuelve y se disipa ahora en el vacío de la emoción intensa y poderosa que suscita en el admirador fascinado.


Resumen…

Resumamos de modo esquemático los rasgos principales de una pulsión sublimada:

— La fuente de la cual proviene es, como para toda pulsión, una zona erógena y por lo tanto sexual.

— El empuje de la pulsión, marcada por el origen sexual de su fuente, sigue siendo siempre, independientemente de su destino, libido sexual.

— El fin específico de la pulsión sublimada es una satisfacción parcial pero no sexual.

— El objeto específico de la pulsión sublimada es igualmente no sexual.

— En suma, una pulsión sublimada será llamada sexual si pensamos en su origen y en la naturaleza de su energía libidinal, y será llamada no sexual si pensamos en el tipo de satisfacción obtenida (parcial) y en el objeto que la procura.

— La sublimación no es, hablando con propiedad, una satisfacción, sino la capacidad plástica de la pulsión de cambiar de objeto y de encontrar nuevas satisfacciones. La fijeza de la pulsión sobre un objeto sexual se opone a la movilidad de la sublimación desexualizada.

— El movimiento de la sublimación, que se origina en una fuente sexual y culmina en una obra no sexual, sólo puede cumplirse con dos condiciones. Por una parte, el yo del creador debe estar dotado de una particular potencialidad narcisista capaz de desexualizar el objeto sexual cargado por las fuerzas pulsionales arcaicas que resultan de la fuente sexual. Por otra, la creación de la obra producto de la sublimación responde a los cánones de un ideal anhelado por el yo narcisista del creador. Insistimos: una actividad de origen sexual, desexualizada a través del narcisismo, orientada hacia el ideal del yo y generadora de una obra humana no sexual, tal es la dinámica propia del movimiento de la sublimación.

Para concluir, resumamos ahora los rasgos de las obras creadas gracias a la actividad de una pulsión sublimada:

— La obra producida por sublimación no tiene ninguna finalidad práctica o utilitaria.

— La obra de la sublimación responde a ideales sociales elevados, internalizados subjetivamente en el ideal del yo del artista creador.

— Las obras de la sublimación son imágenes y formas significantes nuevamente creadas, más bien que cosas materiales.

— Se trata de imágenes y de formas trazadas a la manera de la imagen inconsciente de nuestro cuerpo, o más exactamente a la manera de nuestro yo inconsciente narcisista.

— Las obras imaginarias de la sublimación son capaces de producir dos efectos fundamentales en el espectador: lo deslumbran por su fascinación, y suscitan en él el mismo estado de pasión y de deseo suspendido que había llevado al artista a engendrar su obra.

— La obra de arte, verdadera condensación de esos tres componentes que son la fuerza pulsional, el narcisismo del creador y la forma acabada de la obra, se disuelve y se disipa ahora en el vacío de la emoción intensa y poderosa que suscita en el admirador.



Bibliografía:

-Nasio, Juan David:  Enseñanza de siete conceptos cruciales del psicoanálisis. Barcelona: Gedisa, 1988



Por que me sigues doliendo?,si ya no somos nada,si ya no te veo,si ya no siento nada por ti o eso digo por que cuando te veo de lejos me da ganas de abrazarte,o por que cuando te veo con alguien mas las lagrimas solo caen,por que me sigues doliendo? si ya te olvide,sigo leyendo las antiguas conversaciones,veo nuestras fotos,por que me dueles?,si tu ya no sientes nada por mi,yo debería darme cuenta de una vez por todos que ya no te importo,pero mi corazón no quiere aceptarlo,solo piensa que tienes miedo de decírmelo,y por eso te sigo esperando,espero a que regreses,aunque se que nunca vas a volver,ahí algo ahí que no me deja olvidarte,eres mi pasado,ese pasado que sigue atormentándome,sigue ahí como un fantasma que no se quiere ir de mi corazón.
Si los signos vieran un fantasma en su casa
  • Aries: *comienza a empacar* familia, les deseo una linda vida junto a Casper ¡yo me voy!
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  • Tauro: ¡Lo que quieres es hacer es comer mi comida y no te dejaré! *grita a la nada misma*
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  • Géminis: Le pregunta sobre su familia y su estadía en el mundo real, habla tanto que el fantasma huye.
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  • Cáncer: Se encierra en el armario
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  • Leo: Se asusta y luego le tiene piedad porque piensa “Debe ser una lástima no poder mirarse en un espejo”
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  • Virgo: Ya vio tutoriales de como casar fantasmas.
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  • Libra: Seguro ya se desmayó
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  • Escorpio: Se hace su amigo, le parece interesante.
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  • Sagitario: Se ríe y luego lo persigue, necesita saber más de eso.
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  • Capricornio: No cree en eso, seguro se toma un café pensando que fue su imaginación
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  • Acuario: Solo lo ignora.
  • .
  • Piscis: Se esconde bajo las mantas de su cama
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Poltergeist

Poltergeist (del alemán poltern, hacer ruido, y Geist, fantasma) es un fenómeno paranormal que engloba cualquier hecho perceptible, de naturaleza violenta e inexplicable inicialmente por la física, producido por una entidad o energía imperceptible.

El término suele utilizarse coloquialmente para definir todos los acontecimientos violentos que suceden en un lugar supuestamente encantado y para los cuales no existe una causa aparente que pueda describir la ciencia. Entre los fenómenos poltergeist, se incluyen, por lo general, ruidos inexplicables, movimientos de objetos inanimados, materialización, desaparición de comestibles, olores extraños y ataques físicos.

Que dirían los signos antes de morir...

Aries: -No se atrevan a quemarme, algún día volveré…como zombie.

Tauro: Yo se los dije…lo que cocino esta para morirse.

Géminis: Consigue un Guija y búscame todos los días…en caso de, ya sabes que el otro lado sea aburrido.

Cáncer: Finalmente ya puedo dormir para SIEMPRE.

Leo: Mas te vale extrañarme ¿ok?

Virgo: ¿No mas estrés? ¿No mas responsabilidades? Ok…por qué no morí hace diez años.

Libra: No tardes tanto…te voy a guardar puesto.

Escorpio: Toda la vida preparándome para este momento…Espera, aun hay personas de las que me tengo que vengar, bueno me encargare de eso desde el otro lado.

Sagitario: Esto sera una nueva aventura.

Capricornio: Las veré del otro lado PERRAS

Acuario: Wow que experiencia tan extraña…bueno hasta nunca, no fue un gusto.

Piscis: Cuando vuelva no se asusten…verán lo genial que es chocar los 5 con un fantasma.

-Angel :)

Ella era la luz de mil soles,
él la sombra del cuervo más negro.
Ella era tan libre como el mar,
él tanto como un barco dirigido por un marino sin ron.
Ella lo vio y brillo como nunca,
él la vio y se dejó quemar por su fulgor.
Ella iluminada su camino y ahora él
nadaba libre como pez que vuelve al agua.

Juntos creaban paisajes, mundos y nuevas sensaciones.
Se complementaban tanto,
que ella pintaba
lo que él dibujaba.
Se adoraban tanto, que de su amor
nació una nueva estrella.
Estrella a la que llamaron tiempo.
Ella juró cuidarla hasta que todos
fueran capaces de admirar su belleza.
Prometió darla cuanta luz brotara de sus ojos
cada vez que ella lo imaginaba a él y a sus demonios.

Pero fu él quien la dejó caer.
Al dejar que otro faro iluminara sus mares.
Ahora ella no es más que una vela,
prendida a plena luz del día.

—  Un fantasma.
Teoría del límite del recuerdo: La esquizofrenia paranoide y los corazones rotos

 
 Hay que ser un marciano para no saber que luego de una desilusión emocional, un engaño matrimonial, un enamoramiento que roza lo obsesivo (no siempre consciente) y cualquier tipo de vivencia que requiere gran gasto energético emocional llega la parte más importante: el proceso. Es entonces, cuando se inicia una batalla ficticia en la mente-corazón-entrañas. Un profe lo denomina “navegar el caos”, porque es eso lo que se transita, un mundo de desorden, dolor, angustia, reconciliación personal y restauración.

 Ahora, la pregunta que muchas veces nos preguntamos es:


¿Cuanto dura? ¿Hasta cuando voy a convivir con los recuerdos y la nostalgia?


Existe un parecido sorprendente entre las personas a las cuales se les diagnostica la enfermedad del título y aquellas que inician un proceso de “sanación emocional”.  
 La esquizofrenia paranoide es una terminología de la salud mental, donde la víctima, básicamente,  percibe la realidad de forma muy diferente a como tú y otras personas lo hacen. A menudo sufren síntomas aterradores, como oír voces internas no percibidas por otros, o creer que otras personas leen sus mentes, controlan sus pensamientos o conspiran para hacerles daño.

 Un caso maravilloso para explicarlo es el de  John Forbes Nash, una de las mentes más espectaculares del siglo 20-21, conocido por la película “Mentes brillantes”. John (fallecido en el 2015) fue un matemático estadounidense muy reconocido en el ámbito académico, considerado como una de los científicos más influyentes del siglo veinte, ganó en el 94 un premio nobel de economía y en el año de su muerte el premio Abel de matemática.
 Fue una persona extraordinaria, sin duda, pero aquello que lo hace ser más sorprendente aún fue que él a los treinta años manifestó brotes psicóticos que determinaron como  “ esquizofrenia paranoide “. Tras muchos años de medicación (mal administrada y dañina) pero con mucha fuerza de voluntad y una gran familia, volvió a transitar los pasillos y lugares que caminó en sus días de oro.


“…el personal de mi universidad, el Massachusetts Institute of Technology, y más tarde todo Boston, se comportaba conmigo de una forma muy extraña. (…) Empecé a ver criptocomunistas por todas partes (…) Empecé a pensar que yo era una persona de gran importancia religiosa y a oír voces continuamente. Empecé a oír algo así como llamadas telefónicas que sonaban en mi cerebro, de gente opuesta a mis ideas. (…) El delirio era como un sueño del que parecía que no me despertaba”  Menciona el científico en una entrevista.

 Ahora, para volver al tema que nos acontece, en la vivencia de dicha “enfermedad”*(ver cita)  la complejidad de la mente nos plantea una realidad lejana al mundo objetivo que percibimos por nuestros sentidos, y pensamos cosas que condicionan nuestra conducta en un mundo civilizado.
 Cuando nuestro “corazón está roto” sucede algo muy parecido: las noches de insomnio aparecen, los fantasmas de los recuerdos se vuelven un desayuno de todos los días. El dolor en el pecho va siempre de la mano a las imágenes (memoria) que vaga por nuestra mente como si fuera una video publicitario de Youtube, y asi empezamos a vivirlo, dia tras dia.
 Tras día.
 Tras día.

 ¿Qué sucede si no abandonamos tales memorias? ¿condiciona nuestra conducta? Claro que si, de la misma manera que para una persona con “esquizofrenia”. Miremos a nuestro alrededor (o quizá es tu caso, lector) y podemos ver muchas personas que la simple idea de volver a tener una pareja los aterroriza, pensar en “familia” les repugna, ver a determinadas personas les crea una catarata emocional. El dolor y los recuerdos se impregnan en nuestra cabeza, y cada tanto golpean a la puerta para instalarse a tomar un té. Algo tan esencial para nuestra vida como la vida en sociedad se muta a una complejidad. Y eso es peligroso para nuestra naturaleza.

 ¿cómo nos recuperamos del dolor?

 De la misma manera que John, él no aprendió a vivir con los fantasmas (ese es un mito marketinero de la película), él se recuperó y dejó de transitar por su mente tales realidades. De la misma manera debe sucedernos a nosotros, ya no podemos recurrir a los pensamientos de “él”, “ella” o “ellos”. Eso debe tener un límite.


 Para terminar, este escrito breve no viene a plantear soluciones “best sellers”, sino a plantear el problema y concientizar la gravedad de una práctica que puede estar naturalizada en tu vida.
 Si sentís que esto sucede, que esto modificó tus patrones de conducta para mal, pedí ayuda. No lo dudes, pedí ayuda. 
 Me despido con una frase de nuestro citado amigo:
He buscado a través de lo físico, lo metafísico, lo delirante, … y vuelta a empezar. Y he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida. Sólo en las misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica” 
  
 Y Dios es amor, Dios es el camino.

 ¡Gracias por leer!


Matias Andres, 2017.


“*Enfermedad”: No la considero como tal, de hecho es una de las estrategias de defensa que desarrolla la mente para sobrevivir a realidades muy nocivas. Quien “enloquece” es porque está sano. En palabras de Josh Nash: “Las personas siempre están vendiendo la idea de que las personas con una enfermedad mental están sufriendo. Creo que la locura puede ser una vía de escape. Si las cosas no son tan buenas, quizá quieras imaginar algo mejor”. 

Cosas que pasan en la madrugada...

¿Por que cuando uno tiene sueño siempre tiene que haber alguien que no te deje dormir?

¿Fue un fantasma lo que escuche?

Mañana, ¿que día es?

No me da hambre en todo el puta día y tienen que venir a dar las dos de la madrugada para que me den ganas de comer.

¿Le di de comer al perro?

No estudie para el examen, va mañana temprano lo hago

Mi tío viene al cuarto

En los grupos de whatsapp la hora porno esta en modo activada

Te pones a escribir en tumblr alv


Buenas noches, madrugadas o lo que sea, nunca he sido buena pa los chistes vaaa me da igual. Sonríe porque elmo te esta viendo.

Dicen que uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida. A donde fuimos felices. Y yo amé la vida cuando estuve contigo. Eres mi lugar favorito de reencuentro, siempre hay algún atardecer que me recuerda a ti. No sé si me hiciste, pero fui feliz por el simple hecho de compartir contigo los atardeceres menos dolorosos de mi vida. A veces pienso que eso fue el sueño más bonito que nunca podré convertir en realidad, o algo así, porque a veces miro a los recuerdos y no te veo en ninguno. A lo mejor me enamoré de un fantasma. De algo que no es visible para los ojos, pero que por dentro se siente algo parecido a la muerte. Eso es amor, o si no, no sé qué cojones sea. O no sé a qué le llamamos amor. Primero uno tiene que enamorarse de lo de adentro, de lo que vale la pena y de lo que es realmente importante.

Mira, siempre que veo una estrella fugaz, mi primer deseo terminas siendo tú. Siempre. Creo que se convirtió en rutina.

Tengo días en los que el sol no me calienta, ni siquiera me cala la piel. Quizás porque aún hace invierno en mí, todavía hay frío, hay escarcha en mis esquinas, tengo el vaho de mis ojos lleno de tu nombre. Todavía tengo la resaca de la noche en la que me dijiste que lo nuestro ya no funcionaría, que te ibas porque se te hacía tarde para llegar a la vida de otra persona. Me prendí un cigarro y desde entonces me dejo llevar por la vida, pero, aún y a pesar de todo, tengo la esperanza de que algún día este viento me lleve a ti. O te traiga a mí.

—  Benjamín Griss
Muriendo. ✝

últimas palabras,

Aries: No se atrevan a cremar mi cuerpo, algún día volveré… como zombie (; lol

Tauro: Se los dije, lo que cocino esta para morirse. 

Géminis: Consigue una maldita Ouija y búscame todos los días… en caso de que, ya sabes el otro lado sea aburrido. 

Cáncer : Finalmente puedo dormir PARA SIEMPRE 

Leo: Mas te vale extrañarme.

Virgo: ¿No más estrés? ¿No más ansiedad? .. *segundos de reflexión* … porque no morí hace 10 años.

Libra: Puedo apartar tu lugar (: .. te esperare!

Escorpio: Toda una vida preparándome para este momento..

Sagitario: ¿Porqué no me sorprende? lol

Capricornio: Los veo del otro lado, perras. 

Acuario: Wow, que experiencia tan extraña… Bueno, hasta nunca, no fue un gusto.  *se lo llevan los aliens antes de que muera* … 

Piscis: Cuando vuelva, no te asustes, verás lo genial que es chocar los 5 con un fantasma. 

sewyclub  asked:

Usted no me aparace en ninguna parte xD no veo sus likes,reblog,tags ni el follow vi(? en las notificaciones,Pero si en los post los veo(? Eres un fantasma? 7.7 es que es raro eso que no avise xD asdasdad eres un seguidor fantasma ahre(?

BUUUUU! =)

Miedo al miedo
Ilustración: Herikita

“Los pastorcitos estaban en una montaña y la virgen se les apareció y les habló”, dijo mi mamá, no recuerdo por qué o para qué, en la mitad de la nada, un día mientras cenábamos en el comedor estrecho de esa casa de ladrillos en Cali donde crecí.

Un momento. La virgen se APARECIÓ. Sí, se apareció. ¿Cómo los fantasmas? ¡No, Amalia! Como la Virgen, la virgen es buena y traía mensajes bonitos para los pastores. Mamá pero la virgen está muerta, o sea que sí es un fantasma, y además un fantasma QUE HABLA.

Imaginé ese momento: yo frente a la virgen, completamente muda, muerta del susto. La virgen me había escogido a mí y sin embargo yo solo podía concentrarme en no orinarme. Decepcionaba a la madre de Dios, a la mía, a mi abuela y al mundo entero.

Tenía ocho años o tal vez diez, no recuerdo bien. Lo que siguió fue mi mamá tratando de explicar que aquello de la aparición de la virgen era un suceso místico maravilloso al que no había que temerle bajo ninguna circunstancia. Pero el daño ya estaba hecho. No habitó mi cuerpo, desde ese momento, un temor más enorme que tener que enfrentar la aparición de la Virgen, de Jesús o de cualquier ilustre miembro de la Sagrada Familia. Comencé a vivir con miedo. Miedo a ser muy buena y que la virgen decidiera hablarme, lo cual inauguro una paradoja emocional que me marcó para siempre: lo que llevaba de vida me lo había gastado tratando de ser buena para evitar castigos, gritos o regaños y de la nada ¡BOOM! Que susto portarme bien, que pavor sus consecuencias. Nació así una nueva versión del miedo, permanente, conflictiva, imposible de contrarrestar, a la cual le sumaba además el miedo a la oscuridad, miedo a las iglesias, miedo a ir al baño. Miedo a que Jesús me dijera que debía dedicar mi vida a ser monja y transmitir por siempre el mensaje de Dios. Miedo a que me revelaran el fin del mundo. Miedo a irme al infierno por no querer asociarme con ellos. Miedo a tener todos esos miedos.

Desde ese día, o probablemente desde antes, me convertí en una miedosa irremediable. Mientras otros coleccionan carros, postales o imanes coloridos de ciudades visitadas que adornan la nevera, yo crecí coleccionando miedos: al vómito, a cruzar la calle, a las alturas, a los aviones, a que me dé ébola, a la mediocridad, a que me rompan el corazón.

Mi pequeña colección personal de temores me ha convertido muchas veces en una lisiada, atrapada en una cárcel propia, incapaz de moverme o lanzarme a perseguir aquello que ferozmente deseo. Pero paradójicamente, mis miedos han hecho de mí una enérgica beligerante del terror, alguien para quien las pequeñas victorias significan todo. Hoy crucé la calle, el año pasado sobreviví a diecisiete vuelos e ingerí altas cantidades de ceviche de playa sin temor alguno a vomitar.

Aunque muchas veces esta batalla campal conmigo misma resulte extenuante, llegué a la conclusión de que la suma de todos mis miedos, y mi miedo a todos eso miedos, puede ser tan paralizante, como revolucionaria.

Siento que han pasado entre nosotros un millón de años. Que más que ver si estoy haciendo lo correcto o no, veo cada una de las estrellas como posibles tropiezos en mi vida. Me lo dijiste un día, mientras estabas leyendo tu libro favorito, que el mal también termina de venir. Y que si no estaba preparado para enfrentarlo, él sería quien me convertiría en una especie rara de cosas sin sentido.

Perdona, tengo que coger un poco de aliento antes de continuar escribiendo, siento que mi pecho está por estallar al recordar cuando estabas a mi lado, compartiendo tu sonrisa que opacaba al resto y provocaba volverse loco por ella.

Las risas de mis vecinos se escuchan como alguna película de Hollywood, en donde la Navidad ha llegado y con ella llegan también los amigos, las posadas; los familiares que te preguntar si ya tienes novio o novia, o el porqué de tu corte de pelo o el madura, ya no eres joven de tus padres. Pero nadie sabe que la respuesta a esas preguntas te las ha dado el mismo año que ellos nombran el mejor de todos.

Esta fecha es colores, luces, fuegos artificiales, pero cierta gente se viste a oscuras por dentro. Para que nadie la vea, para brillar junto con los que ya se fueron, decirles bajito al oído que ha sido un año duro, pero que no piensas rendirte. Jamás. O mientras te duren las fuerzas… o los motivos para seguir intentándolo.

Ya van dos, o quizás trescientas veces en las que me he equivocado de bando y que la casualidad más bonita fue haber sonreído al mismo tiempo con alguien. Comprobar que algunas cosas te dejan con las alas bien fuertes y resistentes al cambio de clima.

Igual hoy no, esta Navidad toca pasarla a solas. A solas, porque para algunos, celebrarla con los fantasmas de los que un día estuvieron es cosa de locos.

No sé quién da más miedo: si compartir con fantasmas o compartir con gente que está muerta.

—  “Navidad bajo cero”, Benjamín Griss