pupila

Ahí estoy, en silencio, pensándote;
autos avanzan traspasando el viento, yo aquí, escribiéndote;
el ruido se enmudece si tu eres la musa,
la excusa para desaparecer de la realidad y desquiciarme con un cincel
mientras trazo pinceladas sobre un papel,
deseando que fuera en tu piel;
vagaban indeterminaciones en mi existencia, se carcomía mi esencia por callar mis conmiseraciones, sólo te veía, 
tú, tan brillo, tan neutra, tan ideología,
yo, tan sencillo, sin letras, queriendo ser astrología para comprender tus miradas,
queriendo ser tu creencia.
Seguramente, el corazón ya no llora, bombea, se congratula, dicta palabras para sincerarse ante tus pupilas, en forma de fragmentos.
¿Qué pasaría si algún día sacio tu falta de aliento?
Permite a mi inquietud moldear tu silueta y léxico intelectual para largos meses,
mi secreto será asignar un ápice de encanto y poesía si te estremece…
para largas horas donde puedas ser lectora para este escritor;
largas vidas juntos, cimentadas en nuestras experiencias, en nuestro silencioso amor..
¿Sabes a que sabe una noche cuando eran sin tu luna reflejada? A ausencia.
Hoy, quiero estar reflejado en tu mirada, que ante mi desnudes tu sustancia.
Guardaba mi corazón en cristales, quizá lograrías ver a través del vidrio lo enloquecido que estaba por ti, (que estoy),
por tu jardín adornado con tus poros erizados, 
por tu sonreír donde observo el por venir, (hoy soy),
estábamos, pasado; estamos; enamorados.
Suspiraba para que el momento llegara, paciente,
pero siempre inerte cuando suponía que te perdía, sin siquiera tenerte,
y quien creería, también tú, sin prejuicios, sin dolencias, con asombro, con vida para la mía,
con magia para mi chistera e inspiración para mi elegía;
si mis versos pueden ser procesos químicos,
quiero ser para tu alma el ámbito científico;
que se evapore el dolor al convertir las secuelas en anestesia híbrida para nuestra unión,
un brindis por los dos, por estás conjeturas, para formalizarlas en hechos consumados por nuestra pasión.
—  Andrey Rojas, enamorarse.

No toques si duele, amor,
que una herida de tu mano
es como una primavera helada
y este cuerpo tirita con un solo roce.

No te quedes a verme llorar
si desconoces el polvo que inunda mis ojos,
si no sabes
que mis pupilas solo son escondites de palabras,
si lo único que quieres es borrar mis lágrimas
en vez de dejar que me seque y pueda respirar.

No te quedes a verme llorar
que no quiero mojarte
y que mueras de frío.
No te quedes a verme llorar
si no vas a besarme los ojos
y ahogarte conmigo.

No me rompas el pelo
que desde que te quiero nunca me peino,
y si ahora te marchas
tendré que volver a encontrarme en el espejo,
y yo solo quiero mirarme en tus ojos.

No vuelvas contra mí
Todos los motivos que inventaste para quererme
como si fueras una suicida por amor,
que el romanticismo está hecho
para los que tienen el corazón roto.

No huyas
si no es de ti hacia mí
el movimiento.

No me empujes al precipicio
y me preguntes con voz rota
si te prefiero a ti o a los puentes,
no me beses si no vas a volver,
no te vayas si no vas a girarte mientras lo haces,
no te quedes
si tu vida es un camino de huida y vuelta,
no me abraces por rutina
y no dejes de hacerlo por costumbre,
no te vuelvas hielo
cuando el frío nos apriete las costuras,
no te derritas
cuando mi boca ya esté seca y no pueda sostenerte.

No me duelas
si no vas a curarte.

No me quieras
que amor es quererse
hasta cuando no me quieres
y eso es lo único que querría que hicieras siempre
y eso es lo único que nunca te pediré que hagas.

—  Camino de huida y vuelta, Elvira Sastre.