puntilla

A la mierda
el conformismo:

yo no quiero
ser recuerdo.
Quiero ser tu amor imposible,
tu dolor no correspondido,
tu musa más puta,
el nombre que escribas en todas las camas
que no sean la mía,
quien maldigas en tus insomnios
quien ames con esa rabia que solo da el odio.

Yo no quiero
que me digas que mueres por mí,
quiero hacerte vivir de amor,
sobre todo cuando llores,
que es cuando más viva eres.

Yo no quiero
que tu mundo se dé la vuelta
cada vez que yo me marche,
quiero que darte la espalda
solo signifique
libertad
para
tus
instintos
más
primarios.

Yo no quiero
quitarte las penas y condenarte,
quiero ser la única
de la que dependa
tu tristeza
porque esa sería
la manera más egoísta y valiente
de cuidar de ti.

Yo no quiero hacerte daño,
quiero llenar
tu cuerpo de heridas
para poder lamerte después,
y que no te cures
para que no te escueza.

Yo no quiero
dejar huella en tu vida,
quiero ser tu camino,
quiero que te pierdas,
que te salgas,
que te rebeles,
que vayas a contracorriente,
que no me elijas,
pero que siempre regreses a mí para encontrarte.

Yo no quiero prometerte,
quiero darte
sin compromisos ni pactos,
ponerte en la palma de la mano
el deseo que caiga de tu boca
sin espera,
ser tu aquí y ahora.

Yo no quiero
que me eches de menos,
quiero que me pienses tanto
que no sepas lo que es tenerme ausente.

Yo no quiero ser tuya
ni que tú seas mía,
quiero que pudiendo ser con cualquiera
nos resulte más fácil ser con nosotras.

Yo no quiero
quitarte el frío,
quiero darte motivos para que cuando lo tengas
pienses en mi cara
y se te llene el pelo de flores.

Yo no quiero
viernes por la noche,
quiero llenarte la semana entera de domingos
y que pienses que todos los días
son fiesta
y están de oferta para ti.

Yo no quiero
tener que estar a tu lado
para no faltarte,
quiero que cuando creas que no tienes nada
te dejes caer,
y notes mis manos en tu espalda
sujetando los precipicios que te acechen,
y te pongas de pie sobre los míos
para bailar de puntillas en el cementerio
y reírnos juntas de la muerte.

Yo no quiero
que me necesites,
quiero que cuentes conmigo
hasta el infinito
y que el más allá
una tu casa y la mía.

Yo no quiero
hacerte feliz,
quiero darte mis lágrimas
cuando quieras llorar
y hacerlo contigo,
regalarte un espejo
cuando pidas un motivo para sonreír,
adelantarme al estallido de tus carcajadas
cuando la risa invada tu pecho,
invadirlo yo
cuando la pena atore tus ojos.

Yo no quiero
que no me tengas miedo,
quiero amar a tus monstruos
para conseguir que ninguno
lleve mi nombre.

Yo no quiero
que sueñes conmigo,
quiero que me soples
y me cumplas.

Yo no quiero hacerte el amor,
quiero deshacerte el desamor.

Yo no quiero ser recuerdo,
mi amor,
quiero que me mires
y adivines el futuro.

—  Yo no quiero ser recuerdo, Elvira Sastre.
No, ni yo sabía querer sin que doliese, ni tú sabías sonreírme. Un día, un domingo como el de hoy, recuerdo que me cansé de esperar. “Me gustas”, te dije, aprovechando que ya no me importaba romperme un poquito más. Y luego me fui. Toda mi vida he tenido miedo al rechazo, qué quieres que te diga. No miré atrás. Corrí calle abajo, y sólo quería perderme. Sólo eso. Recuerdo que no volví a casa hasta ya muy entrada la noche, y a oscuras me tumbé en la cama y me puse a escuchar a Roy Orbison. Lo único que sé del amor, cariño, es que hacen películas muy bonitas sobre él; y ya está. Nunca he sabido conjugar el futuro perfecto de “Querer”. Y siempre se me ha dado mejor olvidarme de mí, que pasar página. Soy demasiados errores acumulados; demasiadas carencias sentimentales amontonadas en un rincón. Si algún día te digo que tengo insomnio, que sepas que lo que me quita el sueño es no saber muy bien cómo cambiar mi vida. Cómo hacer las cosas bien, y cuando digo “cosas”, que sepas que lo que quiero decir es querer a alguien. Es mi asignatura pendiente, la arrastro desde que me rompieron por primera vez, aunque ya no me acuerdo de cuándo fue; ha llovido (y he llorado) mucho desde entonces. Sólo recuerdo que sonó como cristales rotos y ya nada volvió a ser igual en mí. Empecé a escribir cosas tristes, y a odiar los días nublados porque me reconocía en ellos. Empecé a andar de puntillas cuando sentía algo bonito por alguien. Y también empecé a disfrazar un poquito los “Te quiero” de “Ya te llamaré”. Me volví frío y le dibujé algo de distancia a mi mirada. Y, bueno, no hay mucho más. No creo que sea una persona indicada para querer, o para ser querida. Antes, y este es un punto importante, creo que necesito arreglarme algunas cosas. Aprender a sonreírle a las despedidas y a entender que la soledad, a lo mejor, sólo necesita un abrazo. Un buen abrazo, de esos que ya sólo le damos a las cubatas.
—  Sergio Carrión.

nadie se acuerda de lo que me gusta ni de lo que me mueve, tampoco de lo que me intriga. nadie se acuerda de que me molesta mucho esto y lo otro, que odio que hagas esto y que me lastima si hacés eso. y yo me acuerdo todo de todos y camino de puntillas entre la gente sin pisar a nadie, con cuidado de lastimarlos. a mi me pasan por arriba sin mirar con una 4x4 y me rompen todos los dedos de los pies.

Después del final de Veronica Roth

Queridos lectores: Siempre he dicho que la serie Divergente estaba completa, pero hace un tiempo me di cuenta que todavía existía algo de la historia que había dejado sin contar.
Así que escribí algo para mí, sobre lo que Tobías había estado haciendo en los años posteriores a Leal. Ahora estoy emocionada de tener finalmente la oportunidad de compartir con ustedes el epílogo de la serie Divergente: Después del final.
-V

—Se acerca la reunión de cinco años.
Christina se inclina contra la barandilla de la plataforma del tren, primero inclinándose, apoyada por los codos, luego enderezándose, presionando sus caderas hacia la barandilla para mantener el equilibrio. Su cabello es más largo de lo que nunca ha sido, densamente rizado y lacio en la parte superior de la cabeza. A veces lo lleva envuelto en una bufanda, un colorido desafío de su historia en Osadía, pero hoy está suelto.
Las palabras ponen en mí un peso familiar pero aún más de lo que me gustaría soportar.
—Es lo que he oído —le respondo. Cada año los antiguos miembros de las facciones, los que todavía viven en Chicago, se reúnen para celebrar, o tal vez para llorar, nuestra historia. He ido a algunos de estos eventos y a otros no, pero este año es importante.
Cinco años.
—¿Irás?
Christina inclina la cabeza mientras me mira, luego se encoge de hombros.
—Estaba pensando en eso —me dice —Es en la sede de Osadía, la antigua sede de Osadía debería de decir.
Asiento mientras miro las luces de la ciudad que salpican los edificios que nos rodean. Algunos de ellos muestran reflejos de otras vidas, una mujer trenzando su cabello y riendo, un hombre que carga a sus hijos, el resplandor de una linterna bajo las mantas mientras un niño roba más tiempo despierto.

Un autobús pasa debajo de nosotros, llevando el viajero tardío a los edificios de apartamentos cerca del pantano. Detrás de mí están las silenciosas vías del tren, los carriles brillan a la luz de la luna.
—Sé que vas a la sede de Osadía de vez en cuando— dice ella mirando sus manos. —Zeke me lo dijo.
Zeke. Ese traidor.
—Sí, voy allí. ¿Y qué?
Ella examina sus uñas, está fingiendo ser casual pero nunca ha sido muy buena fingiendo. —¿Qué haces ahí?
—No recuerdo haber acordado un interrogatorio —digo lo más tranquilo que puedo. No quiero despertar su lado quisquilloso tan pronto.
—Si no quieres responder a las preguntas solo dilo —dice. —Pero creo que ya deberías de haber descubierto que si hay algo que quieras esconder, probablemente sea algo de lo que tengas que hablar.
Gimo, bromeando pero tiene razón. Sé que ella tiene razón.
Desde que me detuvo de tomar el suero de la memoria, he confiado en ella de una manera en la que no confío en nadie más. Alguien que te ha visto débil y no lo usa contra ti, vale la pena tener ese tipo de confianza, creo. Pero todavía es difícil admitir otra vulnerabilidad ante ella, incluso decir las palabras en voz alta.
—Bien —digo doblando mis hombros hacia adentro. —Paso a través de mi paisaje del miedo.
Me mira fijamente. —¿Qué es lo que tienes con el paisaje del miedo, Eaton? Al principio fue un capricho, pero ahora es francamente patológico.
—No es tan importante —le digo.—Es… terapéutico.
—Cuatro —dice ella y hace una pausa. —Tobias, sabes, no es terapéutico si nada cambia.
—¿Quién dice que mis miedos no han cambiado?
—¿Aún está allí? —Su voz se suaviza pero no en la forma en que las voces de otras personas se suavizan cuando me hablan de Tris, es la forma en la que me da ganas de decir que estoy bien, despedirme, quedarme solo. Los ojos de Christina se nublan por la pérdida y el dolor, y sé que ella entiende.
—Sí —mi mano sube automáticamente por encima de mi cabello, cortado al estilo de Abnegación. —Sí, todavía está allí, por supuesto que sí.
—Así que vuelves a verla —dice.
—No —le digo. —No, no es por eso.
—Pero eso es parte de eso.
—Es… mmm… —suspiro. —No es que quiera verla allí… ¿Crees que me gusta verla morir una y otra vez? —bajo mi mano con fuerza sobre la barandilla. —Sólo sigo queriendo ver si ella seguirá allí, solo… estoy esperando el día en el que haya… pasado, cuando haya seguido adelante.
Se ríe un poco. —No vas a estar espontáneamente en el pasado.
—¿Y qué hay sobre que el tiempo lo cura todo?
—El tiempo no hace ni mierda —Christina suspira, y por un momento se pone de puntillas sobre la barandilla como se atrevería a hacerlo un Osado. Pero entonces ella se hunde de nuevo en sus talones y me mira con severidad, y dice —lo que pasar para seguir adelante es que tienes que moverte.

+


Christina tiene razón. Voy mucho a la sede de Osadía, pero nunca al piso de abajo, solo a la sala del paisaje del miedo en el primer piso. Mis reservas de suero se están acabando. Solo tengo un siniestro puñado, solo un puñado de posibilidades para superar mis miedos antes de dejar de saber para siempre a lo que le tengo miedo. No sé por qué lo encuentro, en sí mismo, tan aterrador.
Tal vez es que solía sentir que no me conocía a mí mismo, y no quiero sentirme de esa manera otra vez. Pasé toda mi vida de esa manera, estando bajo el peso del gris de Abnegación, y no quiero volver. No quiero confiar en chispas de revelación para impulsarme hacia adelante. Quiero saber.
Todavía tengo cuatro miedos. Son diferentes de lo que eran cuando murió Tris, hace cinco años.
En el primero, vuelo alto por encima de la ciudad en un avión que se ha quedado sin combustible. Y caigo hacia el suelo, sin posibilidad de rescate.
En el segundo, estoy inmóvil cuando una fuerza oscura —normalmente con el rostro de David o Marcus— ataca a los que me importan.
El tercero, siento dolor y no hay alivio, todo lo que puedo hacer es soportar.
En el cuarto, ella muere.
No tiene sentido temer lo peor cuando lo peor ya ha pasado. La muerte no puede suceder dos veces, después de todo.
Fui yo quien le dije que lo que veía en las simulaciones no era su miedo literalmente enfrente de ella. Bueno, ¿Realmente le tienes miedo a los cuervos? Es algo más profundo, más simbólico. Sin embargo, es difícil no tomar mi cuarto miedo exactamente como es, con sus anchos ojos azules mirando hacia mí desde el suelo, su chispa se apagó.

+


Podría esperar el tren con los demás, de pie y con calma en la plataforma, esperando a que se detenga en una parada, sentado en uno de los asientos recién instalados como una persona normal. Pero no se siente bien para mí, nunca se sentirá bien otra vez.
En su lugar, tomo el largo paseo por las calles restauradas de Chicago, la ciudad que se niega a morir. Se quemó una vez, y lo reconstruyeron con ladrillo. Luego fue bombardeada con explosivos y balas, evacuada y poblada con cinco facciones. Entonces se separó otra vez, y somos responsables de su cuarta vida. Somos partes iguales de Abandonados y ex miembros de las facciones. Los desertores del departamento de Bienestar Genético y los migrantes de otras ciudades.
Decimos que ya no nos importa la pureza genética. De todos los lugares que reclaman tal cosa, este es quizás el lugar donde se acerca más a ser verdad. Pero aún recuerdo las imágenes de mi código genético que me hicieron darme cuenta de que estaba roto de alguna manera profunda y fundamental. No lo hice, como algunos otros lo hicieron, tatuándolo en mi cuerpo. Yo sólo hago eso por las cosas que quiero que recordar.
Dejo el camino limpio, tomando calles laterales en su lugar. Todavía están tan destrozadas y rotas como solían ser. Hormigón cayendo dando paso a las tuberías y respiraderos que forman la infraestructura de la ciudad, las cosas verdes que crecen en las grietas de la carretera, llegando arriba de la cintura. El sol se está poniendo y no hay luces aquí para parpadear y guiar el camino. Pongo mis manos en mis bolsillos y sigo caminando, confiando en la luz que se desvanece y en mi propia memoria para llegar allí.
Oigo una risa adelante, la risa familiar de Zeke.
Me observa desde lejos. Sus dientes son un destello de blanco en la oscuridad.
—¡Cuatro, ven aquí!
Lo saludo y me inclino hacia él. Las caras familiares se materializan a mi alrededor: Shauna, de pie en posición vertical con la ayuda del implante espinal y de apoyo para las piernas; Christina como toda una completa Osada, su cabello envuelto en un paño negro y tímidamente al borde del grupo, Caleb Prior.
No lo miro y me pregunto por qué está vivo cuando ella no. De todos modos, no es momento para ese tipo de preguntas. En su mayor parte, parece decidido a evitarme, y eso nos conviene a ambos. Él asiente a mí, y yo asiento de nuevo, y si ambos somos afortunados, ese será el final.
—Simplemente me quejaba de los reclutas de este año para la fuerza de mantenimiento de la paz —dice Christina.
—¿De nuevo? —pregunto.
—Es lo mismo cada año —Shauna responde.
—Al parecer no están coordinados y son ruidosos.
—Reclutas ruidosos—sonrío— sí, como si tú no supieras nada de eso, Chris.
—Puede que yo haya sido ruidosa, pero nunca fui tan estúpida —dice Christina, golpeándome en el pecho con un dedo—. Le agarro el dedo y doy la vuelta, intentando empujarla. No es tan fácil como pensé que sería.
—Además —dice, liberando su mano de mí con una sonrisa —esto no es tan difícil como la Iniciación de Osadía, no saben lo bueno que lo tienen.
—Eso es bueno —le recuerda Shauna—. No queremos que la gente sepa lo que es crecer en una facción, no se les puede culpar por no saber algo que no queremos que ellos sepan.
—Puedo culparlos por lo que quiera —dice Christina con una sonrisa astuta.
Caminamos hacia La Fosa, que está iluminada cálida y brillante todo el camino hasta el piso superior.
—¿Con quien más nos quedamos de ver, esta vez? —dice Zeke.
—Cara trae a Matthew, Nita no puede venir…
—¿Cara?—pregunto. —Pensé que aún estaba en Fila… dels… burg.
—Filadelfia —Caleb me corrige en voz baja, probablemente de manera automática para él sin embargo, me le quedo viendo.
No he visto a Cara en más de un año. Ha estado viajando, hablando con personas importantes sobre el desarrollo que ella y Matthew han hecho en su laboratorio. No sabía que había vuelto.
Entramos en el vestíbulo con el piso hecho de vidrio. Por un momento miro fijamente, hacia abajo, en el Abismo. El Abismo solía ser un lugar donde guardaba recuerdos, malos, de cadáveres sacados del agua y buenos, de reírse en las rocas con Zeke y Shauna. Pero ahora alguien ha borrado la pintura que los Osados salpicaron por todas partes, hace años, para cubrir las cámaras. Y ha puesto cadenas de bombillas brillantes en línea recta a lo largo de los caminos para iluminarlos. Parece, por primera vez… bonito.
Me duele el pecho. Al menos cuando recuerdo este lugar, era mío. ¿Pero ahora? Este espacio brillante y alegre es de otra persona.
—¡Tobias! —Matthew me golpea en el hombro. Él está sosteniendo una taza de algo oscuro y fuerte, puedo olerlo desde donde estoy. Sus ojos se clavan en los míos. —No te he visto en un tiempo, he oído que dejaste el juego de la política.
—Sí, algo así —le respondo—. No fue exactamente lo que esperaba. Es decir, tengo que ser encantador en todo momento.
—Encantador y un poco mentiroso —dice con simpatía. —Deberías hablar con Cara sobre eso, es una fuente de frustración interminable para ella.
—¿Dónde está? —le pregunto.
Pero justo cuando estoy terminando mi pregunta, veo una cabeza emerger de la escotilla en el piso que se abre al Abismo. Su cabello se ha vuelto de color rubio más oscuro con el tiempo, lo tiene alrededor de su cara. Su boca se encrespa en una sonrisa al vernos.
Ella me abraza brevemente, y cuando su blusa se aleja de su hombro, veo la esquina de un tatuaje. Una doble hélice rota, una señal de que era de los dañados.
—No estaba segura de si te vería —me dice.
—No estaba seguro sobre si iba a venir o no —le digo. —¿Cómo estuvo Filadelfia?
—¡Recuerdas el nombre de la ciudad!—ella sonríe. —Sabía que un día te interesaría la geografía, ahora hay mapas disponibles.
—Tengo que admitirlo, lo llamé Philadelsburg —digo. —Caleb me corrigió.
Ella se ríe.
—Philadelsburg fue bueno, pero ¿te contó Matthew las noticias?
Niego con la cabeza.
—Por supuesto que no— ella lo mira.
—¡Estaba apunto de hacerlo!—dice Matthew.
—Claro —ella responde. —Bueno, nos vamos a casar, esas son las noticias.
—Felicidades— digo, y más porque sé que espera y porque es cómodo. Cada uno de ellos se abraza con un solo brazo. —Ya es hora—digo mientras me alejo.
—¿Ya es hora para qué?—pregunta Christina desde algún lugar detrás de mí.
Finalmente miro alrededor. La multitud reunida en el fondo de la Fosa, cerca del borde del Abismo, es densa y multicolor, como nunca antes lo había visto. Y la gente, vieja y joven, acuñan tazas a sus pechos y hablan. Mis ojos todavía buscan divisiones de facciones incluso ahora, pero no encuentro ninguna, ni siquiera en mí, mi camisa es blanca de Verdad, mis pantalones vaqueros azules de Erudición y mis zapatos son negros de Osadía.
Ahora somos personas.

+


Partes del comedor, incluso paredes enteras, están despojadas de lo que recuerdo, pero ordenadamente. Después de recuperar la ciudad del Departamento, hubo una ola de saqueos y robo, y algunos grupos incitaron a todos a quemar cualquier cosa relacionada con las facciones cualquiera que pudieran tener a su alcance. No llegaron muchos al complejo de Osadía, dado a que es un lugar peligroso pero estoy seguro de que otros sí lo hicieron.
Ahora se cree que algunas cosas deben de ser preservadas. No estoy muy seguro de como sentirme con eso.
Nos sentamos alrededor de una mesa en medio de la habitación. Las conversaciones hacen eco en las paredes, haciendo ruido en mi cabeza. Zeke y Shauna se pelean por algo, quién dijo qué y cuándo, pero hay un sonrisa en la boca de Zeke que significa que no lo toma en serio. Matthew, Caleb y Cara están conversando profundamente. Christina se sienta hacia atrás en su silla para hablar con sus padres, que están detrás de ella.
Unas manos se cierran sobre mis hombros y me pongo tenso, suprimo la necesidad de girar, agarrar y empujar. No estoy en peligro, me digo a mí mismo. Ya no.
—Lo siento— dice mi madre, quitando las manos. —Debo hacerlo mejor.
Me volteo hacia Evelyn. Se ve bien para su edad, pero se le nota en las líneas alrededor de sus ojos y boca, y en las rayas grises que se ensanchan en su cabello. Vive en la ciudad ahora, trabajando en el transporte, está calificada para el puesto, gracias a muchos años de seguimiento de los trenes de la ciudad con los Abandonados. Puedo decir que le aburre, pero es bastante eficiente.
—Hace tiempo que no te veo —dice. —¿Te has sentido bien?
—Sí.
Ella me mira dudosa pero, en realidad, estoy bien. Simplemente ha sido difícil para mí estar cerca de la gente y no estoy seguro de cómo explicárselo.
—Simplemente no me siento bien al estar aquí. Todo está tan limpio, como en un museo—le digo.
Exactamente lo que es ahora. La restauración del complejo de Osadía se completó hace unos meses y la ciudad ofreció tours a los viajeros para enseñarles sobre el experimento de las facciones, sus resultados y sus secuelas. Es un intento, sospecho, de combatir un enfoque tan estrecho sobre la pureza genética. Tomará por lo menos algunas generaciones para ver cualquier tipo de cambio, pero estamos esperanzados. O, debería decir, están esperanzados, ya que ya no estoy haciendo mi viejo trabajo.
Miro a Johanna por encima del hombro de mi madre, alzando una taza de algo contra su pecho. Ella todavía está en la oficina elegida, supervisando nuestra ciudad. Tiene las agallas y yo no. Siempre me llamaba para hablar con gente de fuera de la ciudad y me enfadé al primer indicio de su juicio, de su escrutinio. Esa no es la manera de hacer las cosas, me dijo, y yo estuve de acuerdo, pero no pude escapar de la persona que era. Que yo soy.
Así que ahora mi enfoque es más pequeño. Arreglé las calles, los faroles, los edificios. Coloqué a los refugiados de otros lugares en viviendas permanentes, asegurándome de que tienen calor y agua limpia. Cosas simples.
Johanna siente mis ojos en ella, y ella se vuelve, mostrándome el lado cicatrizado de su cara, expuesto ahora que ella lleva el pelo corto. Ella sonríe un poco, y yo asiento de nuevo.
—Johanna me dijo que estás trabajando en proyectos de mejora de la ciudad —me dice Evelyn.
—Lo estoy—le digo.
—Ese es un trabajo de Abnegación—dice Evelyn.—¿Estás seguro de que eso es lo que quieres?
—La abnegación era lo que tú no querías, no lo que yo no quería—le digo.
Mi madre toca mi cara.
—Sabes que quiero lo mejor para ti, ¿verdad?— me dice. Es algo extraño que pensar.
—Por supuesto.—No es algo que podría haber dicho hace años, pero lo creo ahora.
—¿Entonces sabes que Tris querría lo mejor para ti?—su boca se tuerce en una mueca.
Mi intestino se aprieta como si fuera una cuerda y la jalaran fuerte. Estoy cansado de que la gente me diga cosas sin sentido y fingir que son las que ella quería.
—No la conocías, no puedes decir eso.
Ella le quita la mano.
—Nunca digo las cosas correctas contigo, ¿verdad?
Lo dice como si fuera mi culpa.
—Ese es el problema, crees que hay algo correcto que decir cuando no lo hay —le respondo.
Hay que darle su crédito por no querer discutir eso. Hace un par de años, podría haberlo hecho. Siempre estaba dispuesta a pelear, pero ahora piensa en mis palabras. Veo cómo las mastica.
—Bien —dice ella, lo mismo que dice siempre cuando decide que tengo razón. —Pero a veces, eres muy duro conmigo.
—Está bien— suspiro.
Miro a Christina, que está hablando en voz baja con su padre, y está frunciendo el ceño. Al menos no soy el único que todavía lucha con sus padres.
Me pongo de pie, he perdido el apetito ante la extrañeza de este lugar, una vez fue familiar. Dejé que Evelyn me diera en un abrazo, e incluso la abracé, ya no estoy dispuesto a separarme de nadie aunque me preocupa la tensión que hay aún entre nosotros. La gente se pierde demasiado fácilmente.
Digo que voy a dar un paseo, y salgo del comedor para caminar a lo largo de la barandilla que una vez nos mantuvo separados del agua corriendo en el Abismo. Ahora solo nos impide caer en las rocas. Echo de menos el rocío del agua y el sonido de su rugido. Pero hay un beneficio en la tranquilidad, supongo… oigo a Christina cuando me llama.
—¿Evelyn te atacó de nuevo?—Me pregunta mientras intenta alcanzarme.
—Yo me sentí en esa vieja película de alces luchadores— le digo.—Dos cosas tercas, de cuernos que chocan una y otra vez, eso es lo que Evelyn y yo somos.
—¿Todavía estás viendo los videos de los animales?—Ella ríe.—¿En qué estás ahora, gusanos, caracoles?
—Pájaros—respondo. —¿Sabías que los albatros siempre se estrellan en la tierra? Son demasiado grandes para aterrizar con gracia, por lo que sólo chocan con el suelo.
—Siento que has desprendido algo útil de mi cerebro y fue remplazado con un hecho sobre un pájaro que probablemente nunca veré—dice ella. —Hay un lugar que quiero visitar.
—Si estás a punto de llevar al dormitorio de los transferidos, no voy a ir.
Ella se estremece.
—Claro, porque todo lo que quiero es volver al lugar en donde vi a un hombre perder un ojo. No, vamos a otro lugar.
La sigo sin preguntar a dónde.

+


Caminamos por el largo y oscuro corredor hacia la red, lado a lado. A veces nuestros nudillos se chocan cuando nuestros brazos oscilan en direcciones opuestas, normalmente me separaría pero, esta vez, no lo hago.
Estamos frente a la plataforma donde una vez me puse a ayudar a los iniciados de Osadía para iniciar sus nuevas vidas. Recuerdo que extendí mi mano hacia la pequeña y pálida mano de Tris, apretando mi pulgar alrededor del suyo, atrayéndola hacia la estabilidad. Pienso en sus ojos brillantes, llenos de adrenalina. La pequeña, la Estirada así como Eric solía llamarla.
Estaba demasiado ocupado anunciando su nombre a los otros de Osadía como para ayudar a Christina a salir de la red. Pero por primera vez en mucho tiempo, cuando repaso ese recuerdo en mi mente, también pienso en Christina.
—Gritaste todo el tiempo— le digo y ella ríe.
—Demonios, sí, grité todo el camino. Salté de un edificio, ¿te das cuenta de lo ridículo qué es eso?
—Lo hago—sonrío un poco. —Ni si quiera estaba cerca del primer saltador, ya sabes, me aterrorizan las alturas.
—Alturas—ella asiente y toma la escalera con la mano, sube a la plataforma.—¿Qué más, si no te importa que te lo pregunte?
La sigo por las escaleras.
—Los espacios cerrados, convertirme en un monstruo y mi padre.
La expresión de su boca es sombría.
—Bueno, ya sabes todo de mí gracias a la Iniciación.
Me estiro sobre la tubería de metal que sostiene la red y caigo hacia el centro de la red. Ella hace lo mismo, y cae a mi derecha, golpeándome en la espalda con su rodilla. Gimo, y ríe como disculpa, trepando por en medio.
Nos acostados uno al lado del otro, mirando al cielo. Es demasiado brillante la ciudad ahora para ver muchas estrellas, pero el cielo en sí es de un agradable azul profundo y la luna es brillante, creciente y delgada. Los edificios doblan en el agujero que estamos mirando a través como centinelas en los bordes de mi visión.
—Todo el mundo ha seguido adelante con sus vidas—dice.— Ya sabes, ¿escuchaste hablar a Zeke y Shauna sobre intentar tener un niño? Cara y Matthew se están casando, Caleb tiene un loco proyecto con el que puede estar casado… y yo todavía estoy entrenando a la estúpida fuerza de seguridad.
—¿No te gusta?
—Me gusta—ella dice.—Pero siento que no me lleva a ninguna parte.
—Sí—respondo y estoy sorprendido por lo mucho que entiendo lo que está diciendo.—Yo también, en realidad.
—Pensé que podría—dice.—Eso es lo que mi papá y yo estábamos discutiendo, él quiere que yo salga de la ciudad y viajar, no creo que él entienda lo diferente que está ahí fuera para nosotros, lo extraño que todo se siente. Él no quiere dejar esto, así que ¿por qué yo debería?
—Probablemente está preocupado por ti. Preocupado de que no aproveches todo tu potencial o algo así.
—¿Eso es lo que te decía Evelyn?
—Algo así—hago una mueca.—Ella dijo algo como “esto no es lo que Tris querría para ti”.
Christina gesticula ruidosamente.
—Como si ella hubiera sabido eso—dice y me río porque es tan perfecto que digamos lo mismo de mi madre, he hablado bastante de ella con Christina, le conté toda la historia de cómo escapó de Abnegación y me dejó con mi padre y luego volvió a mi vida después de que yo eligiera Osadía, a lo que Christina reaccionó con lenguaje obsceno, escupiendo veneno.
—No creo que sepa lo que Tris habría querido para mí—respondo cuando mi risa se tranquilizó.
—¿Quieres saber lo que pienso?—dice Christina, y nuestros ojos se cruzan cuando los dos nos miramos de reojo y con esta luz, sus ojos son tan oscuros que parecen negros y con algo de paz en ellos.
Asiento con la cabeza.
—Creo que ella quería que estuvieras con Tris—dice Christina. —Tris quería vivir y ella lo quería para ti, ella siempre deseaba lo mejor para todos. Si Tris estuviera aquí, ella así lo hubiera querido pero no está para querer cosas.
—¿Estás diciendo que no importa lo que ella hubiera querido?— le respondo, de manera tensa. Lo pregunto como si fuera un reclamo.
—Estoy diciendo que ella no está aquí para querer cosas. Quiero decir, tal vez ella no está en ninguna parte, o tal vez está… en otro lugar, y si eso es verdad, realmente no veo a Tris como el tipo de persona que pasa todo su tiempo mirándonos con nostalgia y deseando cosas buenas para nosotros— dice Christina de manera firme, se sienta y me mira. —¿Cuántos años tenías cuando estuviste con ella?
—Dieciocho— respondo.
Ella lo repite lentamente. —Dieciocho— sacude la cabeza y mira hacia la luna.—Dieciocho es demasiado pronto para pensar que no puedes tener nada más que sea bueno, Tobías, demasiado joven para no ensuciar todo una y otra vez, o… sanar, era demasiado pronto y eras demasiado joven también… —se aleja.—Eres demasiado bueno para no vivir tu propia vida.
Resopla y se acuesta de nuevo. Nuestros hombros se tocan. Nuestros brazos se tocan. Cierro mis ojos.
Sus brillantes ojos azules siguen ahí, mirándome desde mi memoria. “Dile que no quería dejarlo”, era el mensaje que Tris le había dicho a Caleb que me dijera. Sus últimas palabras para mí: ella no quería marcharse. Sé que Christina tiene razón, no es fácil responder y no es “lo que ella hubiera querido” porque sé lo que ella quería y ninguno lo consiguió. Así que “él hubiera querido” es irrelevante.
Ella me amaba, yo la amo. Y ella murió, pero yo no lo hice. No lo hice.
—Lo siento— dice Christina. —Te eché todo un discurso, ¿verdad?
—Lo hiciste, pero no lo lamentes.
Los dedos de Christina se mueven, sus dedos índice y medio se enganchan alrededor de los míos. Su agarre es fuerte y cálido. Su piel oscura, perfecta, contrasta con la mía.
—¿Esta bien?—pregunta sin mirarme.
—Sí—digo ignorando la chispa de algo que se apaga dentro de mí. Mantengo los ojos cerrados.

+


—Ven a entrenar mañana, ¿de acuerdo? Será divertido. Lo prometo.
Eso fue lo que dijo Christina cuando la acompañé a casa ayer. Salimos de la red, helados por el aire de la noche y nos dirigimos a las vías del tren para seguir adelante con algunos de los otros. Esperamos hasta que el tren se detuvo, caminamos con calma y nos quedamos colgados de la barandilla para mantener el equilibrio en vez de sentarnos, porque ¿quién se sienta en un tren?
Le dije que no quería volver a enseñar a los soldados y me dijo que sería sólo una vez, por como en los viejos tiempos. Sus ojos estaban fijos en los míos, ella estaba cerca y olía a salvia. Un pequeño rizo había escapado del paño que había atado alrededor de su cabello y colgaba justo sobre su pómulo. No la abracé porque de alguna manera se sentía peligroso.
Pero aquí estoy de todos modos, suspirando mientras espero en la puerta para que mi coraje aparezca. Finalmente decido que vendrá si hago algo, así que abro la puerta y entro. El aire huele a sudor, a zapatos y a serrín. La fuerza de seguridad entrena en uno de los almacenes de los sin facción, pero el piso está cubierto con alfombras y algún tipo de material elástico, y hay luces en todas partes.
Christina está demostrando una maniobra en uno de los nuevos “reclutas ruidosos”, como ella los llamó. Ella le dice que la empuje, luego se desplaza a un lado, agarrando su brazo justo debajo de la axila y moviéndose para que él se vea forzado a caer sobre sus rodillas. Ella ha crecido mucho desde la última vez que la vi hacer algo como eso y se mueve con un poco más de gracia, con mucho más certeza.
Ella levanta la vista, me ve y sonríe.
Vendo mis manos y me pongo a calentar con una de las pesadas bolsas, hasta que siento sudor entre mis hombros. Se siente bien, fácil. Así que cuando ella golpea mi hombro y me pide que muestre cómo se hace la técnica correcta, yo digo que sí.
Es como bajarme a una corriente. El agua me lleva, y yo soy un instructor de Osadía de nuevo, girando los ojos cuando alguien se olvida de mantener la guardia o mirar antes de codear el cojín para que el codo y el brazo de su pareja den en su lugar. Observen, les digo, y se hacen más pequeños.
—Prepárense y actúen cuando estén preparados—les dice, y yo asiento.
—Él fue mi maestro alguna vez, ¿lo sabías? —dice Christina a una de las chicas más pequeñas.—Y si crees que soy dura contigo, no sabes lo pesado que puede llegar a ser.
—La gran boca de los veraces—digo.
—Así es—responde.
La sesión termina y los aprendices se van, sólo quedamos ella y yo, estirándonos y bebiendo agua de la misma botella.
—Hablaste de ellos como si fueran pequeños tornados—digo— no son tan malos. Creo que sólo querías compasión.
—Los viste en un buen día—dice.
—Pobrecita, “soy Christina y tengo que enseñar cosas a la gente"— le digo, imitándola a ella”.—Háblame después de que hayas intentado entrenar a los voluntarios al amanecer.
—Cállate—y me golpea con una venda sudorosa de la mano.
—Eso estaba mojado— le digo.
Sus ojos brillan de risa. Ella pone la venda en su mano y me la pone en la mejilla. Le golpeo la mano y ella agarra la mía, luego estamos juntos, compartiendo el aire, las manos juntas, nuestras rodillas se tocan, ambos estamos sonriendo.
Su sonrisa desaparece. Nuestras manos se separan. Pero en vez de alejarme, le toco la mandíbula, le paso el pulgar por la mejilla. Su piel está salpicada de sudor, y mi mano todavía está envuelta en tela negra, pero lo siento… todo.
—Esto no es una especie de… experimento, ¿verdad?— ella dice. —¿Para ver si puedes moverte?
—No, es… estoy… estoy… moviéndome finalmente— digo.
—Oh—ella responde.
Toco sus labios con mis labios. Es rápido, cauteloso y no creo que ella respirara en ese tiempo. Yo sé que no.
—¿Está bien?—le pregunto.
Ella pone una mano sobre mi muñeca, me tira hacia ella y sonríe. Nuestras frentes chocan.
—Sí—ella dice—lo está.
Esta vez, cuando nuestros labios se encuentran, es suave y lento. Sabe salado. Sus dedos se enganchan en mi camisa. Y me pone en el tapete.

+


Discutimos todo el tiempo. Sobre todo por de quién es el turno de lavar los platos, sobre el nombre del hijo de Zeke y Shauna, no queda ninguno de los que decimos, sobre lo mucho que me meto en los proyectos de mejoras de la ciudad y en lo malhumorada que es cuando vuelve del trabajo algunos días.
Todavía sueño con Tris, a veces. Incluso sueño con su muerte. Le cuento a Christina al respecto, y no lo toma personalmente, sobre todo, a menos que esté cansada o preocupada por algo. Mi escondite del suero del paisaje del miedo va ha permanecido intacto por tanto tiempo que terminé regalándoselo a Cara para jugar con él.
Hablamos de Will, Tris, y de las vidas que teníamos, y lo asustados que estamos, a veces, cuando alguien nos asusta, o sobre que se parece mucho Jeanine a Marcus o Max. Me despierta en medio de la noche su llanto mientras recuerda haber salvado a Héctor sobre el borde del tejado solo para darse cuenta de que Marlene estaba rota en el suelo. Ella se despierta peor que yo.
Nos reímos todo el tiempo. A veces sólo por una mirada, o una palabra. Ella habla en voces extrañas, imitándome, o a sus compañeros de trabajo, o a los pájaros que vemos en los videos de de mi apartamento. Me hace reír hasta que estoy débil con ella, relajado contra los cojines del sofá con las manos enroscadas, inútil.
Ella es a la primera que le digo cuando algo va bien, o cuando algo va mal. O cuando algo sale y punto.
Ella me dijo, una vez, que guarda un frasco de suero de memoria en su gabinete de baño, para recordarle lo que casi perdió, cuando casi me perdí.
Trabajamos y soñamos. Luchamos, nos reímos y nos enamoramos. Nos movemos.

Y nos sanamos.

Fanfic ErrorXInk (Nuestro primer año juntos!!) FELIZ AÑO NUEVO!!! El ErrorXInk personalmente es una pareja hermosa que conozco “bien” y de las que mejor y más desarrollo e visto, su forma de emparejarlos fue sublime un destructor con un creador ahsjdd!!! Es simplemente brillante xD
Pero en fin espero capturar la escencia de su relación aquí nwn
Así que disfruten!!!
P.D.1. Sólo haré un capítulo como antes.
P.D.2. No sé de nuevo en qué línea de tiempo ubicarlos así que de nuevo les invito a leerlo y descubrirlo!!!
P.D.3. Este fanfic es NSFW sólo apto para +18 años, leanlo bajo su propio riesgo ya que no soy muy buena xD
P.D.4. Es la primera vez que escribo en primera persona.
P.D.5. Cada personaje pertenece a su respectivo dueño y no pretendo ofender a nadie, sólo divertirme.

En la historia encontraran letras como estas, cada una representa lo que dice un personaje.
I -> Ink @comyet
E -> Error @loverofpiggies
() -> Recuerdo

Nuestro primer año juntos!!
Escucho los fuegos artificiales y me acurruco en el pecho de… Espera ¿Quién? Abro los ojos con respiración agitada, al levantarme Error también reacciona y despierta agitado.
E: ¿Inky? ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
Coloqué mi mano en mi cabeza para acariciarla y mirarlo, intentado recordar que sucedió, para llegar aquí.
I: S-si… Estoy bien…
Error me miró preocupado y yo sonreí para calmarlo, y derrepente otro fuego artificial inunda de luz la habitación a través de las gruesas cortinas que estaban cerradas y puedo notar que los dos estamos desnudos ¿Qué?! ¿Cómo?! Gritaba en mi mente incómodo.
E: ¿Inky?
Su voz preocupada me saca de mis pensamientos.
I: ¿Ah? ¿Si?
E: ¿Estas bien? ¿Necesitas algo?
I: N-no todo está bien, enserio.
Dije nervioso mientras tomé las sábanas y me cubrí, rápidamente intenté ponerme de pie bajandome de la cama.
I: Sólo dame un momento.
Al tocar el piso noto nuestra ropa regada en por doquier, tiro de las sábanas para llevarmelas y ponerlas alrededor de mi, casi logrando que no se vea ni un milímetro de mis huesos, una vez cubierto bajo la mirada avergonzado y corro hacia el baño con la cara llena de colores, dejando a Error con su dulce rostro de preocupación. Una vez allí entro rápidamente y cierro la puerta con seguro.
¿En dónde estamos? ¿Qué hice? Las preguntas volvieron, pero eran opacadas por un ligero dolor de cabeza, me acerco al espejo que tenía el baño mientras envuelvo las sábanas en mis caderas y me miro, estoy un poco pálido y con pequeñas gotas de sudor rodando por mis huesos.
I: Por esto, Error me miraba así.
Tomo un vaso que se encontraba en una repisa bajo el espejo y lo lleno de agua, después la bebo y el dolor de cabeza disminuye, pongo el vaso de nuevo en la repisa y paseo mis ojos por mi reflejo frente a mi, cuando llego a mi cuello noto unas marcas de dientes, sin pensarlo llevo mi mano a mi cuello y lo toco suavemente, el dolor es leve pero… ¿Me lo hizo Error? 

Keep reading

“Me gusta que besen con el atrevimiento de no saber si es lo correcto.
Me gustan, me vuelven loca, los besos en la frente.
Pero aún me gustan más los que se dan con los ojos, sin rozar los labios.
Los besos robados, tímidos y pícaros. …
Me encanta callar a besos. Y que me callen.
Los besos de buenas noches… O noches de buenos besos…
Los besos que te hacen olvidar todo.
Los que mandamos por whatsapp que nunca damos.
Los besitos de las mamás en las heridas de los niños… Mamá, aquí, tengo pupa…
El beso más difícil, el que sabes que será el último.
Comerte a besos.
Los que rozan los labios.
Los apasionados que mueven los 34 músculos de tu cara.
Los que te muerden el labio.
Los besos en el cuello.
Un beso francés.
Los besos por vicio.
Los escondidos en una sala de cine, a oscuras.

Los que sirven como explicaciones. Los inesperados. 
 Los exploradores, recorriendo cuerpos.
Los que das a una vieja foto.
Los que paran el tiempo.
Los salvajes.
Los dulces e inocentes.
Los de los esquimales, frotándose la nariz y sonriendo.
El de después de hacer el amor.
También los de la mejilla. Bajo el muérdago.
Los que se dan a los sapos, buscando el príncipe azul.
Los que se dan bajo la lluvia, empapados.
Los que mandamos al cielo.
Los que preceden a un “sí, quiero”.
Los que se dan en el alma, sin saberlo.
Los que doy de puntillas.
Los que despiertan a princesas.
Los lentos.
Beso, verdad o atrevimiento!
Los que se dan en estaciones, en aeropuertos.
Los que damos después de las campanadas de fin de año.
Los tuyos…
Hoy sólo tienes dos opciones… O te beso, o me besas.“

  Alicia a través del espejo

anonymous asked:

Acabo de notar que anie camina en puntillas,a que se debe? O3O

Ella fue creada así, su forma de pararse como bailarina la hace ver mas femenina y adorable. uwu

Cabrón:
No, no te fijes en sus gemidos,
ella puede gritar como una puta
ninfómana y no sabrías si finge
o no.

Fíjate en sus gestos naturales,
en sus pies que pone de puntillas
como bailarina, en la rigidez de
detrás de sus rodillas, en sus axilas
sudorosas y su respiración; siente su
carne al abrirse y lo caliente que
es por dentro; su humedad, sí,
tócala si así lo deseas, pues si
está en ese éxtasis no le importará.
Haz que se pruebe ella misma y que
se haga adicta a su sabor, a su olor.

Dile suciedades al oído, si te pide que
le sigas hablando así, y que le chupes
la oreja, cabrón, es porque lo estás
haciendo bien; dile más y haz que
ellas misma se las diga. Siente su
saliva, lámele los labios, también
su boca. Siente como se va muriendo,
como se desmorona, como le brincan
algunos músculos naturalmente,
como se desespera y se aferra a ti.

Observa como se tuerce,
como estruja las sábanas,
como sucumbe lentamente,
como te dice cosas que nunca había dicho,
como se pone como nunca se había puesto,
como se excita,
como se muere,
sí, como se muere.

Mira como le tiemblan las piernas
y explota frente a ti,
y quiere ser salvada,
para no morir de placer.
Observa bien esa metamorfosis
de diosa a humana pecadora,
carnal, necesitada de ti,
de un simple cabrón como tú.

Cuando haya pasado todo esto,
entonces sí, fue tu puta, y ella lo
sabe, y ella te lo dijo, y quiso que se
lo dijeras y que la trataras como tal
no porque quisiste sino porque ella
deseó ser y decirlo, y sentirse así;
se sintió tan libre y plena al ser tu puta;
promiscua, llena, puta; sí, eso fue,
eso quiso, quiso ser tu puta, cabrón.

“Pasaron los años del instituto como de puntillas, rechazando él el mundo, sintiéndose ella rechazada por el mundo, lo que a fin de cuentas termino pareciéndoles lo mismo.”
Fragmento de “La Soledad de los Números Primos”, Paolo Giordano.
—  Zoé🌻
Clavado en mi cómo una puntilla en la madera más fina, aferrado a mí como el más grande tatuaje de finas tintas, pegado a mí como mis ropas, llevándome lentamente al más delicioso de los delirios, queriendo caer adicto a tu boca sin siquiera haberla probado…

- Besitos Azules

Todo aquello que no resuelves vuelve a ti de forma aumentada

”Tendemos a pasar de puntillas por aquellas situaciones que más nos duelen, dándole la espalda al miedo y huyendo de lo que tanto tememos. Sin embargo, todo aquello que no resuelves en tu vida, termina volviendo.

De nada sirve taparnos los ojos y hacer como que no pasa nada. Las circunstancias que más nos afectan son aquellas que tenemos que resolver.

¿Cómo hacerlo? Debemos mirarlas de frente y utilizar el miedo como un propulsor para superarlas.

Todo aquello que no resuelves vuelve a ti de forma aumentada

Todo aquello que no resuelves, que ignoras, que tanto temes, regresará a ti de forma duplicada o triplicada. Es una manera que tiene la vida de decirte “¡eh!, por ahí, no”.
Si no le haces caso, si no resuelves la situación, la próxima vez te encontrarás con lo mismo, pero en un grado mayor.

Nuestra actitud ante la vida es muy importante. En el momento en el que tenemos un miedo o un trauma que supone un bloqueo en algún ámbito, ahí empiezan las dificultades.

¿De qué te sirve escapar?

Sabiendo todo esto, ¿de qué te sirve escapar? Huir de lo que te aterra, de aquello que intentas evitar, no es más que una manera de prolongar algo que te afecta y que no se va a ir.

A menos que lo afrontes, el problema seguirá ahí y cuanto más le des la espalda, con mayor intensidad se manifestará en tu vida.
Por lo tanto, escapar es una actitud contraproducente. Sin embargo, afrontar los miedos tampoco es algo tan fácil.

¿Qué puedes hacer?

• Admitir que tienes un miedo: Escapas de él, lo ignoras, pero ¿lo niegas? Aceptar tu miedo es un primer paso importante.

• Investiga de dónde proviene: Recuerda cuándo fue la primera vez que se manifestó y si sabes qué ha podido desencadenarlo.

• Sé objetivo con tu miedo: Ahora es el momento de mirar tu miedo desde fuera y preguntarte “¿qué es lo peor que puede pasar?”.

• Lánzate a la aventura: Ponerte cara a cara con tus mayores temores es toda una experiencia, una verdadera aventura. ¿Vas a impedirte experimentarla?

¿Empezarás a cambiar tu visión sobre todo aquello que no resuelves?

Sabiendo todo lo anterior, es el momento de dejar de temer a algo que puede solucionarse. Aunque está claro que dolerá, porque mirar una herida abierta durante mucho tiempo escuece.

No obstante, que las cosas empeoren te permite hacerte ver que no debes pasar por alto esas barreras que te están limitando y que están haciendo aún más grande esa herida.

Todo esto te permitirá centrarte en ella, hacerle caso y sanarla.

Es importante que cicatrice, que deje de ser una herida abierta. No puedes continuar arrastrando lo que un día inició un miedo que está perdurando sin que sea realmente necesario.

El miedo alerta sobre un peligro inminente ante el que hay que actuar, ya sea huyendo o atacando.

Sin embargo, cuando este se carga a las espaldas y se transforma en ansiedad, cuando limita y causa inseguridades en determinados aspectos de la vida que están relacionados con ese temor, es necesario afrontarlo.
Recuerda que todo aquello que no resuelves regresa a tu vida de manera amplificada. No es la mala suerte, no es ningún tipo de karma.

En tus manos está terminar con esto. ¿Cómo? Siendo valiente, mirando al miedo directamente a los ojos.”

No quiero que te asustes pero,
tienes el corazón más bonito con el que me he topado,
tus brazos encajarían perfectamente en mi cintura,
tendría que poner de puntillas cada que quiera robarte un beso,
No te asustes pero he vuelto a escribir cosas bonitas,
he vuelto a sonreír sin motivo aparente, mis noches ya no se sienten solas,
no te asustes pero estoy sintiendo mil cosas bonitas por ti.

-M.X

anonymous asked:

Hi Nei puedo pedir un nosecomosellama de que tipo de novio serian los chicos de iKON gracias <3

Originally posted by hwaniful

B.I

  • Tiene 0 experiencia así que le tendrías que enseñar tú todo.
  • Tendrías que iniciar los besos y los abrazos porque él sería demasiado vergonzoso.
  • Y cuidar de él porque siempre pone el trabajo por delante de su salud.
  • Dependería mucho de tu opinión en las cosas que compusiera/produjera.

Jinhwan

  • Puede parecer alguien serio pero en vuestra relación sería todo un payaso. 
  • Siempre te estaría haciendo reír.
  • No le gustaría mucho el skinship pero en privado sería un poco más cariñoso.
  • Le gustaría dormirse en tu regazo mientras estuvierais acurrucados en el sofá.

Bobby

  • Estaría super emocionado por presentarte a su familia y conocer a la tuya.
  • Si fueras más bajita que él siempre apoyaría la barbilla encima de tu cabeza al abrazarte por detrás.
  • Siemrpe que te viera llorar te abrazaría y dete dejaría su hombro para que te deahogaras. 
  • Te estaría pidiendo besos 24/7, sería como un bebé en busca de atención.

Junhoe

  • Novio tsundere por excelencia.
  • A veces se avergonzaría por cualquier cosa  y otras haría todo lo posible para que fueras tú la que se avergonzara. 
  • Haría que te pusieras de puntillas para darle besos porque “él no se rebaja a ese nivel”
  • Aunque no lo mostrar muy a menudo serías la persona más importante para él y te querría como nada en el mundo.

Yunhyeong

  • Te cocinaría todo lo que le pidieras.
  • Le gustaría ponerte él mismo bálsamo labial. Cosas de Yoyo. 
  • Siempre empezaría y terminaría el día mandándote un mensaje o llamándote.
  • Le encantaría verte jugar con niños o animales pequeños.

Donghyuk

  • Mutuamente seríais quien más apoyo os brindaríais. 
  • Te vería como la persona más maravillosa y brillante del mundo.
  • Le encantaría tomarte de la mano y jugar con tus dedos. 
  • Estaría muy feliz si te llevaras bien con todos los del grupo, sobretodo la maknae line. 

Chanwoo

  • Le encantaría jugar a videojuegos contigo pero no de forma competitiva.
  • En vez de gastarte bromas a ti se las gastaríais los dos juntos a los demás miembros. 
  • Los otros chicos te verían como demasiado pura para estar con un demonio como Chanwoo.
  • A veces Chanwoo sería un poco inseguro con vuestra relación, así que tendrías que asegurarle de vez en cuando que lo querías y que estabas completamente enamorada de él.