puente

Estoy confusa. Lo de siempre. Siento que no quiero nada y me siento culpable de ello. No quiero vivir de pie, o no puedo; quiero dormir. Estoy ciega para la realidad y para los otros. Ésta es la conclusión definitiva. Se que Dios no existe (es un problema que no me interesa), no hay vida futura, no hay nada, no me prohíbo nada, y, no obstante, no hago nada. Es mi única posibilidad de vivir. Una vez, no más. Y no obstante, no hago nada.
—  Alejandra Pizarnik, Diarios.