pueblos de jalisco

Un amor de verano

Calor, la brisa del mar, gritos y risas, pero sobretodo arena, mucha arena. El día a día de Guillermo se basaba en eso, debido a su amor por los animales marinos había decidido tomar clases de socorrista el año anterior y este año decidió pasar el verano completo en la playa, por un lado para que su madre no dijese que aquellas clases fueron tirar el dinero pero por otro lado para conocer gente nueva, era verdad que a Guillermo le costaba abrirse a la gente pero desde hace dos semanas que había comenzado a vigilar las playas de Alicante había conocido a muchas personas, principalmente estableció vínculo con una chica que hacía patrulla por las noches, su nombre era María; era bajita, de cabello castaño y corto, sus ojos eran cafés claro y era de piel blanca, era mona a decir verdad.

-disculpe señor mi pelota se fue flotando y mi mami no me deja ir por ella porque dice que me pueden comer los tiburones, ¿podría ir por ella?

-claro, ¿cuál es tu nombre?

-Carlos.

-bien, Carlos volveré en un instante con tu pelota, ¿vale?

A Guillermo no le molestaba que la mayoría de las veces tuviese que jugar con niños pequeños o ir a por sus juguetes al mar, era mejor que tener una vida en sus manos pues en dos ocasiones había tenido que salvar a jóvenes de ahogarse y eso le daba temor.
Regreso a la orilla en segundos pues la pelota no se alejó demasiado, era sencillo su trabajo.

-¡muchas gracias señor!

-no es nada Carlos, anda vuelve con tu madre.

El pequeño asintió y corrió en dirección de una mujer.

Guillermo volvió a su silla, desde esta veía a todos los niños y niñas corriendo por ahí, a chicas tomando el sol, a chicos jugando al fútbol, a parejas mayores caminando por ahí, amaba este ambiente.

-¡ayuda!-escucho Guillermo-¡mi primo se está ahogando!

Busco de donde provenía la voz, un niño de unos ocho años estaba llorando por su primo, Guillermo corrió hacia él, era su deber.

-¿qué pasa pequeño?

-mi primo estaba jugando conmigo, en el mar-su voz temblaba-y fue demasiado lejos y comenzó a ahogarse pero no pude hacer nada y no ha vuelto.

Guillermo corrió hacia el mar, logró ver unos brazos saliendo del agua y nado hacia estos, ni siquiera observó a quien salvaba pero seguramente sería alguien mayor pues era un cuerpo pesado el que llevaba en su espalda, tardó un poco en regresar a la orilla pero en esta dejo al joven en la arena, seguro sería dos años mayor que él, tenía una barba incipiente, y cabellos oscuro.

-¡Samuel! ¡Por qué no abre los ojos!-el menor seguía aterrado.

-tengo que sacarle el agua de los pulmones pequeño.

Comenzó a presionar con fuerza el pecho del joven, segundos después comenzó a escupir agua y despertó.

-¡Samuel!

Grito el menor antes de sentarse en el abdomen del chico y abrazarlo.

-¿que pasa Alex?-susurró el tal Samuel-¿no vamos a seguir jugando?

El mayor estaba consciente de lo que había sucedido mas no quería preocupar al pequeño.

-¡no! Mejor juguemos en la arena Samuel.

-será mejor que lo escuches, ¿qué hacías tan lejos tío? Te pudo haber pasado algo.

-¿y tú eres?

-Guillermo, soy el socorrista de esta playa.

-oh vale, gracias por salvarme Guillermo, tienes razón Alex mejor juguemos aquí, ¿que te parece si vamos con tus padres a comer algo?

Alex asintió y corrió hacia una pareja mayor, Samuel le regaló una sonrisa a Guillermo antes de correr detrás del menor.
Guillermo no paro de pensar en ese joven, Samuel tenía una sonrisa preciosa y una mirada igual de magnífica, lastima que no lo volvería a ver, o al menos eso pensaba.

-¡eh Guillermo!-como no reconocer aquella voz, su compañía de este verano-tío estas empanadisimo, ¿qué pasa?

Guillermo medito sobre contarle a maria, si era su amiga pero no todos entendían sus preferencias.

-he visto al chico más apuesto del universo hoy y seguramente jamás lo volveré a ver-Guillermo no pensó en sus palabras y se sonrojó al ver lo que había dicho.

-¿y por qué no lo buscas cuando se acabe tu turno?

-¿pero qué dices?-Guillermo suspiro pero una sonrisa se dibujó en su rostro, le alegraba que su amiga le apoyase-¿cómo lo encuentro entre tanta gente que viene? Además si lo veo, ¿que hago? Le digo hola soy Guillermo el que evitó que murieras ahogado, ¿quieres ir a tomar algo?

-sí, ¿por qué no?

-tú estás loca mujer.

-estoy hablando en serio Guillermo, ¿por qué no buscarse un amor de verano?

-a ver, suponiendo que lo encuentro y acepta a salir a tomar algo, ¿que hago si no le gustan los tíos?

-¿y si dejas de ser tan negativo y lo intentas por dios?

Guillermo suspiro, María tenía razón, debía intentarlo.

-o lo haces tú o preguntaré a los que están aquí quien se ahogo esta tarde y lo buscare.

-no te atreverías.

-¿quieres ver que si?

-joder, vale iré a buscarlo cuando se acabe mi turno, pero si no salen bien las cosas tú serás la culpable.

-si no salen bien las cosas te llevaré en nuestro día libre a ahogar las penas ¿trato hecho?

-trató hecho.

María se sentó en la silla que estaba al lado de la silla de Guillermo, charlaron mientras se acercaba la hora del término de turno de Guillermo.

-bien, son las seis, tienes que irte a buscar a ese tal Samuel.

-deséame suerte.

-que la fuerza este contigo Guillermo.

Guillermo río ante el comentario de star wars que dijo la chica, cuando se conocieron ella no paro de gritar de emoción al descubrir que a él también le gustaban aquellas películas.
Guillermo se dirigió a la cabaña en la que se quedaría este verano a cambiar sus ropas, decidió por unas bermudas negras y una camiseta blanca, calzo sus zapatillas favoritas y salió de ahí, camino un rato por los típicos lugares a donde iban los tíos de su edad y termino en los juegos de niños, para su sorpresa lo encontró ahí empujando en los columpios a su primo, en ese instante Guillermo se acobardó y se dio la vuelta para marcharse.

-¿en que demonios pensabas Guillermo? Solo le diré a María que no lo encontré y ya-dijo Guillermo para sí mismo.

Este se sentó en una banca un tanto alejada de aquel parque y suspiro, su verano estaba siendo una maravilla pero por cobarde se le jodería y no podría borrar a aquel chico.

-¿puedo sentarme?

-como quieras.

Guillermo se giró para ver el que se sentó a su lado, para su sorpresa era el chico de esa mañana: Samuel.

-creí haberte visto en el parque y quería agradecerte de buena manera por haberme salvado, quería impresionar a mi primo, soy como su héroe, ¿sabes? Pero termine en ridiculo.

-oh no has quedado en ridiculo, le pudo suceder a cualquiera, además es lindo tu esto, no todos los tíos de 20 años juegan con su primo en los columpios en lugar de ir a un bar o algo similar.

-tengo 19 en realidad aunque tienes razón, gracias.

Guillermo sonrío, Samuel le devolvió la sonrisa.

-estaba pensando si te gustaría ir a tomar algo por ahí.

Guillermo se sonrojó totalmente.

-¿y tu primo?

-se ha ido ya con sus padres y tengo la noche libre y por lo que veo tu turno de socorrista ha acabado y si no es así probablemente esa playa sea un caos.

-no no, mi turno acabo y si, me encantaría ir a tomar algo.

Ambos se pusieron de pie y se dirigieron al café más cercano, no pararon de hablar, lo pasaron muy bien pues fue una noche llena de risas, y un par de besos.

-igual y no nos volveremos a ver en la vida pero me encantaría pasar este verano a tu lado Guillermo.

-solo si prometes no ahogarte de nuevo.

-lo prometo-respondió riendo.

-entonces acepto, quiero que seas mi amor de verano.







Algo corto pero dejó el resto a la imaginación…

Escuche la de “summer love ” de one direction y se me ha ocurrido escribir algo así, llevo escribiéndolo desde hace horas pues borre muchas cosas que no me terminaban de gustar pero creo que así ha quedado bien.

No publiqué: “¿qué es el amor?” Porque viaje a un pueblo de Jalisco llamado Tequila y no tuve nada de tiempo libre.
Que tengan una gran semana!

4

De visita en el maravilloso pueblo de Teocaltiche, Jalisco, México.
Fue conquistado por Cristóbal de Oñate y Manuel de Ibarra en marzo de 1530, por orden de Nuño de Guzmán. Los evangelizadores de toda la región fueron Fray Martín de Jesús o de la Coruña, Fray Antonio de Segovia, Fray Miguel de Vadillo y otros. A su entrada a Teocaltiche, los insurgentes degollaron a algunos españoles: a don Juan José, a don Miguel González Laris y a don Ramón Ordorica. 

2

Hacienda Herradura.