propia medicina

Los signos de agua y sus relaciones con gente tóxica

Estas personitas que van por ahí en plan vampiro, consumiendo en vida a quien es objeto de su malicia, se topan con unos huesos duros de roer: Los signos de agua.

Cáncer, Escorpio y Piscis se toman su tiempo para calar al tóxico de turno y para decidir qué hacer con él/ella. Y, ¡Ojo!, a veces deciden servirle varias cucharadas de su propia medicina.

Ya que hemos visto en estas situaciones a los signos de tierra y a los de fuego, veamos cómo se las ingenian los empáticos signos de agua. A ver si te gusta su estilo.

(A quienes no les gustará es a los vampiros.)

Cáncer

Cáncer es cambiante, muy receptivo a la persona que tiene enfrente. Enseguida capta las (malas) vibraciones de la gente difícil. Y, en lugar de huir, suele optar por quedarse e indagar de qué pie cojea el individuo en cuestión.

Su gran ventaja, aunque pueda parecer lo contrario, es su capacidad para adaptarse a la persona tóxica, como el camaleón que se mimetiza con el medio. Cuando recibe una dosis de veneno, Cáncer se la devuelve con intereses. Se hace poco o más tóxico que su atacante.

Y, después, si acaba muy herido en la contienda, actúa como el cangrejo. Da uso a su dura coraza para que los demás no sepan cómo le ha afectado. Se guarda el dolor para sí mismo/a.

Estas experiencias influyen bastante en sus siguientes relaciones. A veces, para mal. Aunque, si consigue curar sus heridas, el resultado es positivo. Cáncer se hace todavía más sabio en estas cuestiones.

Escorpio

Escorpio ataja las relaciones tóxicas en cuanto las ve venir, que es antes de que el tóxico se haya decidido a hacerle la vida difícil. Tiene el control. Tiene el poder y aguarda el momento justo para mostrarlo.

Cuando el tóxico ataca, Escorpio lo esquiva. Y, además, deja al individuo confundido y hundido en su propia trampa. Hasta ahí llego la historia.

No obstante, en esas veces en las que se impone su apasionamiento, Escorpio puede enredarse en una relación tóxica. Y, de ahí, la salida es difícil, porque a este signo le cuesta reconocer que se ha equivocado.

Además, no está dispuesto a abandonar fácilmente una relación en la que ha invertido tanto de sí mismo/a. Su salida de estas relaciones es lenta. Eso sí, cuando sale es para siempre. Jamás olvidará, pero el punto final es definitivo.

Piscis

Piscis tiene mucho instinto para calar a la gente, pero le gana la bondad, ya suele conceder el beneficio de la duda a todo el mundo.

Es más, como aprecie al tóxico de turno y tenga una relación con él/ella, es probable que se niegue a ver el daño que le está haciendo:

  • No quiere creer lo que otros le dicen;
  • Imagina excusas para justificar el mal comportamiento de quien le hiere;
  • Vive más en su mundo que en la realidad; etc.

Además, es muy adaptable. Muy resistente al sufrimiento. Demasiado. Y eso que, en una situación así, sufre más que otros signos.

Otro problema es que Piscis es demasiado crítico consigo mismo. Debilidad que puede aprovechar cualquier desgraciado/a. Porque Piscis va a confiar en la palabra del tóxico, cuando le ataque señalando fallos y defectos con el propósito de dinamitarle la confianza en sí mismo.

Para colmo, cuando se siente muy apegado a la otra persona, lucha hasta el final para salvar la relación (incluso cuando esa relación lo está destruyendo).

Pablo.-

Era extraño.

Todo eso era extraño, las cosas que sentía, el humo a su alrededor, el sabor que quedaba en su boca, era extraño y realmente no estaba seguro si le gustaba o si lo odiaba.

Pero lo toleraba, después de tanto tiempo, aprendió a tolerarlo.

Porque aunque no le gustara, lo hacía sentir bien, era como si todos sus problemas dejaran su mente y su cuerpo cada vez que el humo salía de su boca. Y aunque tampoco lo odiara, no era algo que hacia todos los días, había meses en los que no fumaba ni una sola vez, hasta que otra vez volviera a sentirse mal, cuando sus sentimientos lo controlaban más a él, de lo que él los controlaba.

Esos eran los momentos en los que volvía a fumar, era casi como su propia terapia, su propia medicina para los momentos cuando los pensamientos eran muchos y las soluciones eran pocas.

Y por esa misma razón no podía estar seguro si le gustaba o no, si lo odiaba o no, fumar le ayudaba a olvidar todo mientras lo hacía, pero a su vez lo hacía recordar lo malo cada vez que volvía a tener un cigarrillo en su mano.

Para ser honesto, era extraño, pero no iba a parar de hacerlo.