primera cosecha

TÚ Y YO SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

Tú y yo somos polvo de estrellas. Tu eres Hepburn y yo Tracy, yo soy Gable, tu eres Lombard. Dialogamos en cabañas como Johnny Guitar y la Crawford, miénteme y dime que me quieres. Nos amamos mientras se cae su mundo y el nuestro se hunde como la chica de las pastillas tristes y el viejo aquel de las orejas. Nos citamos en lugares imposibles y tu me cuidas mientras yo hago fotografías indiscretas. Buscamos un tiempo donde nada nos haga daño, y donde tus pies de gato ni siquiera toquen el zinc caliente. Tu eres Bacall, yo soy Bogart, yo soy Grant y tu eres Kelly. Tu dominas el trigo egipcio desde tus ojos inmensos y yo dejo a tus pies un imperio como Marco Antonio Burton. Nunca pasaras hambre y a mi me importa un bledo mientras me sigas mirando. De aquí a la eternidad, Ojazos, sólo somos polvo de estrellas.

LA TRISTEZA DEBERÍA ESTAR PROHIBIDA EN MAYO

La tristeza se te mete como el agua de lluvia. La tristeza te envuelve en una manta vieja mientras te recuestas en el sillón y todo baja de volumen y la luz muere un poquito. La tristeza se disuelve en el aire y llena tus pulmones, y la respiras y sólo sueltas aire. La tristeza se cuelga de las cortinas y hace atardeceres de todos los minutos. La tristeza se descuelga del techo y ocupa el suelo y siempre pisas hojas con versos tristes escritos. La tristeza es lo más fiel porque no se va nunca con nadie, sólo se esconde, se agazapa, se encoge. Y entonces vuelve a lomos de aquella canción, de aquella foto, de este recuerdo. La tristeza duele, duele dentro, donde no hay esquinas para esconderse. La tristeza es sólo nuestra, porque nadie la entiende, nadie la posee como cada uno de nosotros. La tristeza se disfraza, te cautiva, te engaña, te molesta, te acompaña, te seduce, te enamora a veces. La tristeza es pesada como el Loctite cuando se te pega en un dedo y no puedes hacer nada por quitarla. La tristeza es como querer ir al servicio en medio de un viaje y no hay gasolineras a la vista. La tristeza es nuestra. La tristeza debería estar prohibida en mayo.

NUNCA MADRID FUE TAN BELLA

Hoy es quince de mayo, hoy es San Isidro. De nuevo, como en tantos años, como en tantos siglos. Es dificil amar Madrid, incluso en días como este San Isidro. Madrid nunca será París, ni Nueva York, ni Londres. Madrid nunca será Roma ni Praga, ni Los Ángeles o Berlín. Porque no es fácil amar Madrid. Porque quererla es amar sus defectos, sus calles sucias, su gente esquiva, sus basuras, sus atascos. Querer a Madrid es aceptarla como es, lo que no significa que no te gustara colocarla ante un espejo y adornar de carmín rojo los labios de sus calles, peinar sus parques, maquillar de colorete sus teatros, afirmar el escote de portales y de esquinas.

Pero es que Madrid si fuera mujer nunca sería Grace Kelly o Audrey Hepburn, y si fuera hombre se distinguiría bastante de Gary Cooper o aquel llamado Cary Grant. Madrid es Ava Garder saliendo de Chicote con una cogorza del quince para salir dos horas despues del Palace vestida de animal más bello del mundo. Madrid es golfa como Sinatra, como Jack Sparrow. Madrid no es que no sea bella, es que es una mujer fatal que te roba el corazón tras echarte el humo de su cigarrillo emboquillado en un atasco en la M-30.

Y hoy, San Isidro, debo recordar cuando creo que Madrid fue más bella. Y para mí, nunca Madrid fue tan bella como cuando quisieron destruirla. Nunca sus calles tuvieron tanta atracción como cuando se llenaron de escombros y sangre, de dolor y lucha, de sudor, orgullo y ganas de gritar “no pasarán”. Durante la Guerra Civil, Madrid resistió con su gente a quien queria quitarle esa belleza. Le quisieron quitas las ganas de vivir a base de bombas, hasta 36 toneladas algún día. Le quisieron borrar las curvas que delimitaban exactamente las mismas libertades de las que disfrutamos ahora. La quisieron violar y fue violada, pero siempre dijo no. Fue siempre bella bajo el humo, bajo los aviones alemanes, italianos y franquistas, bajo el metal, bajo el infierno. Nunca fue más bella que en el dolor de sus madres y hermanos, que en los ándenes de metro repletos de niños esperando a que dejarán de llover los odios. 

Madrid fue bella porque en aquellos San Isidros seguia siendo libre, porque la gente sabía a que jugaba, a que sufría, que esperaba tras las líneas de la Ciudad Universitaria, porque comprendía perfectamente que luego tendría que ir cabeza abajo y corazón arriba a los muros de la Almudena, a desviar balas antes de que se estrellaran en la piedra. Porque sabían que pasaría después lo que pasó, ni más ni menos. Que para besarse habría que ir a estaciones de tren, que para quejarse a Francia, que para escribir esconderse, que para soñar habría que esperar. Y Madrid fue bella porque no hincó las rodillas, se las partieron a bombas. Y Madrid fue hermosa porque la maquillaron de “pasamos” y de Días de la Victoria, y la obligaron a exhibirse, pero nunca dejó de ser Madrid.  Y se que es extraño, y que algunos pensaran que no vale la pena recordar, mover la mierda. Pero es tan simple como que para mi nunca mi ciudad fue tan hermosa y plena como cuando le dijo al mundo: no pasarán, y se puso de pie, y cerro los puños. Y entonces, entonces mi ciudad fue Gary Cooper en Sólo ante el Peligro. Y me siento muy orgulloso y agradecido de que defendiera de esa manera todo aquello en lo que creo. Ese es mi Madrid.

TENER MIEDO A PERDER

Todos tenemos miedo. Miedo de perder las cosas que nos rodean, que nos abrigan, que nos hacen dar un paso tras otro. Se que no es bueno vivir con miedo. Pero a veces lo tengo. Imagino que a todo el mundo le pasa. Imagino que todo el mundo se para un momento y siente que se le agarra algo al estómago y piensa que tiene miedo de perder algo querido. Pero también es bueno tener conciencia de lo que puedes perder. No está mal, de vez en cuando, pensar en las cosas que puedes perder, para poder apreciarlas mejor. Quizás sea el motivo de pensar esta noche en que perdería sin Ojazos durmiendo a mi lado. Perdería sus ojos inmensos, que por algo pongo yo los alias, a ver que pensáis. Ella es la única persona capaz de reir con ellos, de decir cosas que necesitarian miles de palabras y momentos. Tan sólo en una mirada, en un segundo. Perdería las mañanas de los días de fiesta en las que se despierta medio dormida y abarco todo mi mundo al abrazarla, acurrucada en un minuto entre mis brazos, cuando noto el calor de la cama entre su cuerpo y el mio. Perdería la persona con la que mejor se habla en este mundo, con la que siempre tienes que parar la conversación sin terminarla, porque hay que dar de comer a los niños, o se hace tarde. Perdería su manera de ver las cosas, de parar los pies a parte de mi cerebro y mi alma, haciéndolos indudablemente mejores de lo que son. Perdería tantas cosas que no se cual me haría mas daño. Su cuerpo, sus besos, su manera de andar, su pelo entre mis dedos, su sexo entre mis labios, sus segundos en los mios. Pero, dejémoslo, casi que ya está bien por hoy de tener miedo, que tampoco hay que pasarse… Mañana es viernes y habrá mucho que disfrutar, y no quiero perderme nada.

ERAMOS HOMBRES LOCOS Y VALIENTES

Eramos hombres locos y valientes. De aquello no había ninguna duda. Si no lo hubiéramos sido, jamás habríamos aceptado hacer aquel viaje que nos propuso El Viejo. Atravesamos alguno más de siete mares, alguno de ellos, más de uno, al que incluso tuvimos que poner nombre. Perdimos hombres buenos, como El Callao o El Portugues, ahogado mientras la tormenta calibraba las ganas que teníamos de llegar a nuestro destino. Pasamos sed, hambre, calor, frío, angustia y casi ninguna esperanza. Las espadas y los cañones cansados, las velas jirones, la madera llena de agujeros. Pero eramos la tripulación del Argonauta, y nuestro capitán era El Viejo. Y voto a bríos que todo mereció la pena cuando vimos a nuestro capitán arrodillarse delante de aquella sirena de ojos eternos y pedirla su mano para terminar sus días de pirata en aquella isla que Dios seguro que no había visitado nunca.

SUS OJOS GRANDES

Tijeras. Hacer un recortable de mis sueños, y enviarlo como carta pidiendo rescate para algún mal pensamiento que tengo secuestrado. No habré tenido nada que ver si lo liberan. Quiero el pago en deseos pequeños, sin marca ni correlativos. Y que haya el deseo de una ración de pulpo a la gallega. He dicho pequeños deseos. Los grandes no hay manera de venderlos luego.

Pegamento. Despues de pegar la nota de rescate, hay ciertos arreglos que hacer en el ala norte del alma. Pegar bien el Aeronfix de las ventanas del recuerdo, que llega el invierno y entran por todos lados los recuerdos fríos, los de tus besos en la nevada ¿Te das cuenta que ya será para siempre la nevada del 8? Hay papeles pintados a los que tampoco les vendría mal un repaso. La Sala de la Risa requiere muchos cuidados. Me es indispensable en el día a día, asi que pegaré unas cuantas fotos de tus ojos sonriendo.

Pegamento y tijeras. Cortar y pegar. Un recuerdo de allí para pegar en el futuro. Cuando llegue, fingiré no reconocerlo. Cambiar esta lágrima de aquí, por muy nueva que esté, por aquella mirada, tan maravillosamente usada. Se la limpia con un poco de verso por encima, y como nueva. Corto y pego. Corto noticias reales y pego escenas de los Marx, genialidades de Wilder por cualquier noticia referente a la Esteban, dos minutos contigo por cualquier roce con ellos, con esos, los de allí. Siempre hay un allí, siempre hay unos ellos, unos esos. Pero yo tengo tu mirada, y corto y pego.

No he podido negarme a escribir esto. Las Tijeras me miran con sus ojos grandes.

CRUZARTE CON ASESINOS

No queremos pensar. El mundo no es ese lugar seguro que nos enseñaron. Pippi Calzaslargas ya no tiene coleta y probablemente haya cambiado su calzas por una medias de rejilla negras y a su caballo por un 4×4 plateado de origen coreano. Ese tipo de la esquina puede estar tomándose el café de después de pegar a su mujer y aquel otro que le acaba de pedir fuego busca niños desnudos en internet mientras su mujer se la pega con el carnicero. Esa rubia viene del gimnasio y va al hotel porque hoy si le da tiempo a burlar la vigilancia horaria de su marido para acostarse con el que realmente ella cree que la desea, aunque en realidad hoy la va a decir que no pueden verse más porque no puede perder más clases de padel, aunque sea la compradora compulsiva de bolsos de chanel que tiene como esposa la que ponga como excusa. La chica de los zapatos rojos sabe que hoy necesita dinero para sus pastillas, o si no no podrá aguantar más mirarse al espejo cada día. Mickey Mouse es un alto ejecutivo y luce su aleta de armani al lado de las orejas de diamante. El Coyote ha sido despedido por hacer exactamente lo que le pedian, ser inutil en coger al Correcaminos, y no leer la letra pequeña de su contrato ACME. De los ocho que bastaban, 4 ya no tienen nada, 2 son adictos al valium y demás antidepresivos, a otro le llevan de gira en gira y el octavo ha firmado para ser guarda de Guantánamo. Es mejor no pensar, es mejor seguir mirando este lado del espejo. Es mejor soñar. Es mejor escribir estos puntos negros y refugiarse en cosas bellas. Es mejor no doblar las esquinas e intentar no contar con cuantos asesinos nos cruzamos por la calle.

LA CASA DE LOS MIL SUEÑOS Y EL ÚLTIMO BESO

Siempre he pensado que esa casa se merecía una buena historia, una de esas de leer de un tirón, de las que te tienen enganchado de la primera a la última página, de las que dice Ojazos que la cuesta despedirse. A veces me quedaba observándola desde la acera de enfrente. Es vieja, surcada de arrugas sus terrazas en forma de grietas, y en cada grieta un sueño que se quedó enganchado allí mientras dormían en ella. Tiene muchas grietas, así que quizás fueron mil sueños, o dos mil, o tres millones. Que alguien me enseñe a contar sueños. Un amor imposible entre vecinos, sellado por miradas de rellano y de soslayo en la escalera. Envidias traicioneras entre el cuarto y el segundo por un quítame allá esas luces que no encienden. Cientos de pasiones en sus camas, de rutinas, de ya está la cena y quítame la mesa, plánchate la camisa y plánchatela tú si es que eres tan hombre, a mi no me hables así, yo te hablo como me sale de los ovarios… Y hay una maleta más en la puerta y un inquilino menos en la escalera, y Doña Rosa aprenderá a vivir sola, y a enseñar a coser y a coser para la señora de la casa grande esquina Goya, hasta que la duelan los dedos de tanto intentar llenar la olla los días de diario y a invitar a sus hijos a una cañita (ella una clara con limón) los fines de semana. Y está el chico del tercero, el que supo que le gustaban los hombres el mismo día que aquel policia de ojos imposibles le pidió el carnet en el portal y un beso en el descansillo, aunque eso significo que Conchita le viera y tuviera que irse. Porque su madre lo entendía, pero el nunca había soportado verla llorar. Y aquel chileno del último piso, que decia que había sido amigo de Neruda y secretario de Allende, y que doblaba las esquinas casi por arte de magia, porque decía que así se habían llevado a sus amigos, y que de cualquier esquina te podía venir un billete al Estadio. Y él podia tener alma de poeta, pero no de futbolista. Mil sueños, mil risas cada mes, un kilo de abrazos al dia, más lágrimas de las que una sola persona pudiera soportar, y por eso si alguien lloraba, parecían ponerse tristes todos. Todo esto es mentira, o verdad, no lo se. Sólo se que sus arrugas me dicen que es viejo y que está cansado. Y quiero pensar que le ha merecido la pena pasarse por aqui.

Y pensar también que antes que la derriben para hacer otro edificio, que vivirá de otra forma pero no tendrá terrazas y si mucho cristal, con piscina cubierta, garaje y cámara en el portero, que volverán allí la pareja del segundo derecha, José y Carmina, y se pondrán como yo a mirar la que fue su casa de los sueños y de sus hijos, y se darán el último beso delante del portal, de esos apasionados que sólo sabia dar el Gary Grant o a lo sumo Gary Cooper, y se lo dedicarán a las arrugas que son las mismas que aparecen en su caras.

SI MI CORAZÓN FUERA DE LATA

Si mi corazón fuera de lata, quizás mis sueños se perdieran en horizontes de acero inoxidable, y mis deseos se fueran tras tornillos rosca-chapa. Si mis dedos fueran de metal, no notarían el frío de otro metal mientras lo recorrieran, y serían conscientes de la vibración producida en una plancha por la brisa de una mañana fría de verano. Si mis pies estuvieran hechos de hierro, andarían por railes dirigidos a estaciones grises donde las gotas de lluvía no cambiarían sus colores, y andaría en paseos entre árboles de escarpias y setos de clavos de distintos calibres. Si mi corazón fuera de lata, no querría perder la belleza, sólo verla de distinto modo.

UN ÚLTIMO ENCARGO

El cigarrillo rubio se consume en el cenicero. La mirada también, perdida en el escenario donde el pianista toca una canción perdida. Su dueño jamás la encontraría allí. La luz no merece ese nombre y el humo podría ser teñido para hacer cortinas. De castillo. De telón. Está seguro que alguien está llorando en algún rincón. Es un buen sitio para esconderse. Quizás por eso le gusta tanto. La persona más cercana está a menos de dos metros de distancia y a mil pensamientos de sus brazos. El whisky es malo, pero él nunca ha entendido de whiskys. Siempre ha entendido de miradas. Miradas duras pero quebradizas. Miradas de “no dispares”. Miradas clavadas una a una. Suena otra canción perdida. Lo mismo no sería mala idea disparar al pianista, y que las canciones escaparan buscando a sus dueños. Sonrie pensando la cara que pondrían al abrir la puerta y descubrir a la canción que perdieron hace tantos años. Una vez observó la última mirada de un compositor. La mirada le llevó a una sucia partitura. Quizas la estuviera tocando en su mente. Pero no cree que la hubiera pensado terminando en el sonido de una bala rompiendo su cabeza. Normalmente la calidad del whisky mejora con la cantidad, pero hoy le parece peor segun va terminando los vasos. Alguien se lleva los vacíos y trae otro medio lleno. Debe esconderse detrás de las cortinas de humo. Podría hacer lo mismo con las miradas. Está haciendo tiempo, y sabe que eso no funciona en su trabajo. Es tarde. La muerte pesa en la chaqueta como si tuviera forma de pistola, o quizás debiera pensar la frase del revés. Cuando la toca piensa en lo mucho que le gustaría recordar una mirada limpia, una caricia leve, un café caliente, una tierna sonrisa, una frase amable, un taxista callado, una calle con lluvia, un lento paseo, un amanecer de fiesta, un silencio lleno de palabras o el sencillo olor de un libro recién impreso. Pero sólo está la pistola. Y está claro que es una pistola antisueños. Sabe que es la hora. Es su trabajo, y no puede llegar tarde. Asi que apura el whisky, saca la muerte de su chaqueta y la apoya en la frente pensando que esta vez no sabrá como será la mirada que se lleva por delante la pistola.

DOÑA PAQUITA

Doña Paquita agarra el bolso un poco más fuerte y se pega a la puerta los escasos centímetros que le permite la casi total ocupación del vagón de metro. Se la ve intranquila por la presencia a su lado, que ella presume extranjero; que los españoles para ella se parecen a Alfredo Landa, como su marido, o a Antonio Banderas como el marido de su hija Cuqui, la pequeña, no a esos jugadores de baloncesto que tienen nombres raros y dibujos en la piel.

Y no es que ella sea racista, no. Hasta ha dejado de guardar cada día en un sitio diferente el dinero cuando viene María, la chica que le limpia, y ya lo deja sin temor en donde siempre, aunque lo vuelve a contar cada vez que se va. Al fin y al cabo, ha demostrado ser una buena chica, hace una paella para chuparse los dedos y no se ha quejado como otras de trabajar sin contrato. Eso es lo que hay, la dijo, y ella tan contenta.

No, ella no es racista. Sólo le dijo a su hija que no le parecía bien que su nieto jugase con aquellos ecuatorianos, que la envidia es muy mala, y como seguro que aquellos pobrecitos casi no tenían que comer, lo mismo le robaban algo, al pobre chaval. Incluso, piensa mientras agarra con más fuerza el bolso, ha dejado de mirar las vueltas que le da el nuevo ayudante del carnicero, que le parece que es rumano de esos.

Eso sí, Doña Paquita hay dos cosas que no entiende. Que den la nacionalidad española a gente que todavía no sabe hablar bien el español (pero como van a ser igual que ella, que nació en el mismísimo Barrio donde vivió Quevedo), y que con tanta crisis y paro que dicen que hay, siga viendo a tanta gente de otros paises trabajando en su Madrid.

El hombre a su lado, acostumbrado a Doñas, Señoras, Agarres de bolso, Miradas de lado y demás gente de malvivir, sólo se resigna y sonríe. Juan Carlos tiene 40 años, dos niños, dos abuelos que ya nacieron en España, un trabajo como aparejador, y la piel oscura. Como se bajará en la próxima estación, no podrá ver como a Doña Paquita le quita el bolso un chaval de 17 años, español de pura cepa y residente en Chamberí, aunque Doña Paquita juraría que le había oído hablar en italiano, ruso, o lo que sea eso que hablen en Rumanía.

PLAYLISTS EN BANCOS DE MADERA

Juntamos aquellos dos bancos de madera en aquella plaza que a veces era campo de fútbol y otras, campo de sueños. Allí, en aquel mini Bernabeu, fuimos pichichis, zamoras, butragueños, inventores del famoso regate al columpio por detrás con salto sobre el niño, y del pase de tacón sobre la pared  de la señora que nos pedía por favor que no levantáramos tanto polvo. Ella no sabia que aquello era la final de la liga de esa tarde, ni nosotros lo que jode tener que elegir entre limpiar el polvo o cerrar la ventana en Madrid en pleno mes de junio.

Y en aquellos bancos fuimos más cosas todavía. Fuimos jugadores de mus, ganadores de grande, dos a pares y 15 a juego si lleváis, perdedores de chicas sin necesidad ni de envidar, arregladores de mundos que ni siquiera comprendíamos, buscadores de fantasías entre futuros que siempre eran del color que nosotros elegíamos. Hacíamos citas para el año 2000 en la Puerta del Sol, y nos parecía todo tan lejano como hermoso. Nadie caería, nadie fallaría, todos estaríamos allí, por que el único problema que pudiera haber es que nuestros padres nos nos dejarán, y en el 2000 tendríamos ta y tantos, y un trabajo que te cagas, y un local de música, y al final no habría ningún final que no decidiéramos nosotros.

Y de vez en cuando, cantábamos canciones. Canciones aprendidas de memoria, con sabor a quedar a las siete y media en el banco, a ¿sabes si va Fulanita?, a mirar al futuro cuando tan sólo significa si este viernes vamos a Bravo Murillo al cine, pero al Crystal o al Lido, y luego nos podemos tomar una tortilla en Nebraska.

Fueron muchas, muchas canciones, pero no se porqué, me acuerdo especialmenre de Calle Melancolía

UNA MEMORIA DE COJONES

Angelines tiene 89 años. Y una memoria de cojones. Durante muchos años, cuando sus nietos la preguntaban donde estaba enterrado el abuelo Antonio, ella se llevaba las manos al pecho y contestaba: “Aquí, aquí dentro”. Y les hablaba de sus ojos de un verde imposible, aquellos que la conquistaron mientras no dejaban de observarla desde todas las esquinas del pueblo, aquellos que la miraron, haciéndola temblar de pies a cabeza cuando la pidió que se casarán y la regalo una figurita de la Virgen de Montebajo que había tallado para ella, y le dijo que había comprado para ellos la casa de la ladera norte con aquel huerto tan bonito.

Y entonces enseñaba a sus nietos la Virgen para que la desgasten un poco más, por que ella lo que quiere es contar de nuevo su historia. Contarles como a su abuelo se lo llevaron una noche del calor de su cuerpo el odio y la venganza, el frío y el rencor, y le metieron cuatro balas en el cuerpo con esos mismos nombres. Les contaba como tuvo que irse del pueblo de la misma manera cortante como se fue la risa de sus labios, con sus dos hijos y un saco mal cosido, y una Virgen de Montebajo aferrada entre sus manos. Y los nietos la escuchaban una y otra vez, porque cada vez añadía una historía más, de sus años en la capital sirviendo a Señoritos de manos y trajes limpios y manos sucias, de ahorros imposibles, de noches solitarias cosiendo para poder volver al pueblo.

Y les contaba como logró volver, y recuperar su casa en la ladera norte, y abrir todas las ventanas y que entrase el aire y la risa, y comenzar a plantar de nuevo el huerto, y dejar a la Virgen en la repisa de la cocina.

Ahora la vuelven a preguntar donde está enterrado el abuelo. Y ella vuelve a agarrarse el pecho, y a contestarles que allí dentro.

Y cuando se van vuelve a recordar aquella noche, los kilómetros andando entre el miedo y la oscuridad, con el cuerpo de su Antonio robado de la fosa en un despiste del Guardía Civil que esperaba a la blanca cal que intentaría oscurecer todas las memorias. Y como lo arrastró durante horas hacía aquel huerto suyo, y lo enterró allí con las manos cruzadas sobre el pecho, y le dió un último beso, para luego huir con los hijos, la virgen y aquel saco.

Y no le contara a nadie como lloró cuando tomó el primer fruto de aquel huerto, al volver al pueblo. Y cómo le supo a gloría, a ojos verdes, a esquinas de besos furtivos. Y aquel día se agarró el pecho, llorando. Y enterró por segunda vez a su Antonio, allí, allí dentro.

Y conservó, para siempre, una Virgen y una memoría de cojones.

PIENSAS QUE LOS LUNES SON UNA MIERDA

Piensas que los lunes son una mierda. Que incluso llegan a estropear las tardes previas de los Domingos. Piensas que volverás a ver las mismas caras, y las mismas mentiras, pero con menos ánimo para pasar de ellas. Piensas que el cielo está gris y que parece que no llega el verano si no es la Televisón que ya no aguantas. Piensas que han ganado los mismos de siempre, y que da igual quién hubiera ganado para poder escribir esa misma frase y que fuera cierta. Piensas que nada va a cambiar, y que queda mucha mierda por pasar hasta que salga todo un poco mejor, si es que alguna vez sale. Piensas que estás hasta los cojones de pensar.

Pues tienes toda la razón.

Sólo queda respirar, agachar la cabeza y apretar los dientes. Cerrar los oidos y los ojos a todo lo que no sea indispensable, y seguir adelante, aunque estes tan cansado. Poco te puedo ofrecer para mejorar la situación. No eres tonto, asi que te importa un bledo que te diga que tampoco es el mejor lunes de mi vida, porque eso no deja de mejorar una mierda tu situación. Sólo soy un blogger más que visitas, unas palabras más, una anotación más en tu reader.

Sigues teniendo razón.

Sólo una cosa. Dependiendo de lo rápido que leas, ya queda menos de lunes.

MIS PALABRAS ME CUENTAN COSAS DE MADRID

Me siento delante del ordenador y quiero escribir sobre Madrid. Pero eso es sumamente dificil. ¿De que escribir? Asi que solamente dejo salir a mis palabras, y que ellas decidan de que hacerlo. De sus ojos hechos ventanas mirando millones de historias transitando por sus brazos hechos calles y sus dedos convertidos en esquinas. Contar historias de enamorados de putas, de monumentos olvidados, de piratas sin barcos, de bares repletos de música de amor y amores sin banda sonora.

Es mucho más fácil vivir de Madrid y no escribir. Vivir de las calles que me vieron jugar y esconderme, de los portales desde los que vi la lluvia que se reflejaba en los coches que encharcaban las aceras y a los que nos estaban atentos. Imaginarme Blade Runner en el edificio de Schweppes de la Gran Vía, o a Bogart y a Ava Gardner salir del taxi del Fary para introducirse en el Chicote. Soñar con goles imposibles en el Bernabeu, mientras tus piernas aun puedan soñarlos, y aun despues, que coño, que para eso están los sueños, que se aguanten las piernas. Porque es más facil soñar de Madrid, vivir de Madrid, respirar de Madrid, que escribir de sus gentes.

Ir al parque urbano con el nombre más lógico del mundo, porque que otra cosa te apetece hacer alli que no sea retirarse, que hasta el mismo Diablo no ha hecho otra cosa sino eso. Ir al Rastro para seguir el susodicho de una revista de cotilleos de los años 50, de una figura que sólo está en esa calle para tí, de la chapa del Che, del pañuelo palestino, de la gorra militar, de las mallas blancas, del pollito rosa, del bocata a medio camino entre Campillo y Cascorro. Pasear entre miradas por el verano de la Castellana, subir mirando todos los libros que te comprarías en esta vida y en la otra por la Cuesta de Moyano, suicidarte sin hacerlo en el Acueducto…

Madrid es odiar y amar a manos llenas. A la gente que no para y al que no para a la gente, a las personas que no miran y a aquellos que no ven a las personas. Madrid es entrar un domingo de mayo por Princesa, para llegar a Plaza España y mirar la Gran Vía desde abajo, y sentirse de pueblo, de pueblo grande. Madrid es escribir sin sentido en este ordenador y en este blog tanto como vivirla con los cinco sentidos cada día que pases en, sobre o debajo de ella.

TENGO UNA HUCHA LLENA DE COSAS PÓSTUMAS

Tengo una hucha llena de cosas póstumas.  Tengo un par de “Adolfoquebuentipo” dichos a la puerta del tanatorio a la sombra de un cigarro y de los vigilantes que vigilan fuera. Pero tampoco es ningún mérito . Casi todo el mundo es buen tipo nada más visitarle la pesadita de la guadaña. Y mas en la escalera de la puerta mientras fumas. Asi que guardo cosas que me descubran cuando falte. Un tequiero callado en su momento, y del que ya no importe la respuesta. Versos tristes, de esos que luego se escriban en carpetas, blogs y en twitter, pero que nadie leería de saber que aun estás vivo. Casi todo el mundo es buen poeta cuando le tapa una losa de piedra. No sería mala idea redactar una lista de sonrisas a medias. Decir que me gustaba Jerry Lewis, que me jodía que a nadie más supiera lo bueno que era aquel interior izquierda del Madrid, nombrar todas las canciones del verano que siempre dije odiar y que silbaba a escondidas, revelar mentiras, expresar lo pesado que es siempre ver la misma película de Woody Allen estreno tras estreno. Confesar lo inconfesable. Saltarme las reglas que ya no importarán. Provocar asombro, risa, llanto. Es la hucha donde guardo el miedo a mirar, las penas que sonrio, las lágrimas que rien. Es donde me escondo para salir cuando ya no haga ninguna puta falta hacerlo. La mayoría de las veces ni siquiera quiero guardar nada. Me gustaría abrirla y empezar de nuevo, porque aquello que guardo es aquello que callo, y a veces pesa mucho, pero no se rompe la jodida, y lo peor es que quiero que tarde mucho en que alguien la rompa fumando en la escalera….

PASEO

Mira que buen día hace hoy, Ana. Seguro que no pasamos nada de frío y podemos leer tranquilamente el periódico, ya verás. Recuérdame que le pregunte a Esteban por lo de su hermano, ya sabes, el que se cayó como tú en la cocina. Si quieres, podemos ir luego al Bar de Tomás y tomar unos boquerones en vinagre. ¿Te acuerdas? Antes ibamos allí todos los domingos, antes de comer en casa de tus padres. Según nos veía entrar, ya estaban en la barra las dos cañas y la ración de boquerones. No, Ana, aquel era el padre de Tomás, ahora lo llevan él y su mujer, la que te conocía del pueblo. Si tienes calor te quito la chaqueta. ¿Que más da que nos miren?  Eso no te molestaba cuando ibas de mi mano tan guapa, bajando por Gran Vía hacia Plaza de España. Luego llamamos a los niños, que creo que Marina está otra vez con asma. Ya dijiste tu nada más verla que era todo corazón pero poquita cosa. Otro que se nos queda mirando. ¿Ellos que saben? No lo entienden. Sólo ven un viejo hablando sólo. Sólo. Ellos no saben que preferimos estar locos que estar solos, ¿verdad Ana?

TÚ ERES EL MEJOR BLOGGER DEL MUNDO

Es de noche. Es una verdad tan absoluta como que necesito estar vivo para poder escribir esto que lees. Mis dedos pasan de una tecla a otra y en la pantalla se crean puntos de luz. De color negro. Como el cielo de esta noche. No nos conocemos personalmente. Quizás nunca lo hagamos. No se tu aspecto, ni tu sexo, ni tu religión o ideología. No se tu plato favorito ni porque te gusta mirar el cielo o tocar el agua de las fuentes. Y sin embargo, aquí estamos unidos por unos puntos de luz. De color negro. Como el cielo. De esta noche.

Ahora imaginemos. ¿Por que no? Imaginar todavía no tiene impuestos añadidos, y es la forma más barata de viajar. Tienes un blog. Es tu manera de expresar algo que tienes dentro de tí. Tu aspecto, tu sexo, tu religión, tu ideología, tu plato favorito, que miras al cielo porque una vez lo miraste escuchando junto a ella una cinta de Deep Purple que siempre terminaba por enrollarse cuando ya no importaba que lo hiciera. Que tocas el agua de las fuentes porque te gusta sentir frío en las manos, y porque te hace sonreír pensando en como el Toto, el Kiko, el Pistas, el Chiqui y tu mojabais a la gente en la plaza, para salir luego por patas, mientras pensabais lo fácil que era comerse el mundo. Nadie me podrá contar eso como tú. Nadie podrá crear con sus dedos los puntos negros que cuenten tu historia. Nadie sabe de ti lo que tú. Asi que ahora se quien eres.

Eres el mejor blogger del mundo.

SERÉ ESPAÑOL

Seré español cuando quepamos todos. Seré español cuando lo sean todos aquellos que quieran serlo para ir hacia adelante. Seré español cuando no se utilice el serlo como arma arrojadiza, en el momento que no me lo escupan a la cara y se suban a la palabra para mirarme desde arriba. Seré español cuando la bandera no sea más que un trapo y no se use para fabricar capuchas y disfrazar conciencias, cuando eso no me aleje del resto, y signifique abrazo, y mano, y no puños ni marcas de tribu. Seré español cuando abra puertas, cuando signifique “tu también” o “ven aquí”. Seré español cuando España sea el mundo, cuando sea pradera y no castillo. Seré español cuando no necesite decirlo en una ciudad donde todos lo somos, y llevar banderas en coches que no salen nunca del país. Seré español cuando otros españoles no me examinen de traición por pensar diferente, cuando no me nombren en vano para justificar vanidades, envidias o agresiones. Seré español cuando mi historia sea para aprender y no para esgrimir.

Mientras tanto seré, simplemente, humano con un carnet de identidad.

Pertenecer a Madrid

Hay ciudades que te pertenecen. Puede ser por que la compraras con el primer beso, o puede ser que tu primera borrachera manchase alguna de sus paredes, hace ya demasiados años. Puede que un viaje te llevase una primera vez hacia ese lugar, y luego cada sueño te volviera a llevar hasta sus puertas. Puede que te montaras una tarde sobre los lomos gastados de algún libro y te decidieses a comprarla por un pedazo de tu alma. Yo tengo ciudades así, Nueva York me pertenece, Roma me pertenece.

Y sin embargo, por muchas ciudades que compre, visite o recuerde, yo pertenezco a Madrid. A cada una de sus calles y miserias, a cada uno de sus edificios y tristezas. Mi sangre es su sangre. Me alegran sus risas y las mías se unen a las suyas. Soy sus atascos, sus cielos, sus tardes, sus andamios eternos. Sus tardes de domingo y sus mañanas de verano.

Muchas veces, paseando por sus calles, sin ningún destino conocido, me paro y miro su cielo, y en esas ocasiones siempre termino por pensar que, a pesar de todo, o quizás por ello, me gusta vivir en esta ciudad, que la pertenezco. Yo soy Madrid, Madrid soy yo.