pozo

-Le contaré una historia.
“Un poderoso hechicero, queriendo destruir un reino, arrojó una poción mágica al pozo adonde todo el pueblo iba a beber. Quien tomara de aquella agua se volvería loco.
A la mañana siguiente, la población entera bebió y todos enloquecieron, menos el rey, el cual tenía un pozo sólo para él y su familia y adonde el brujo no había conseguido entrar. Alarmado, el rey trató de controlar a la población imponiendo una serie de medidas, pero los policías e inspectores habían bebido del agua envenenada y encontraron absurdos los mandatos del rey y resolvieron no respetarlo de ningún modo.
Cuando los habitantes de aquel reino se enteraron de los decretos, se convencieron de que el soberano había enloquecido y escribía cosas sin sentido; a gritos llegaron hasta el castillo y exigieron que abdicara.
Desesperado el rey condescendió a dejar el trono, pero la reina se lo impidió, diciéndole: “Ahora vamos hasta la fuente y también beberemos. Así seremos igual que ellos”.
Y así lo hicieron: rey y reina bebieron del agua de la locura y enseguida comenzaron a decir cosas sin sentido. De inmediato, sus súbditos se retractaron de la decisión que acababan de tomar: si el rey ya estaba mostrando tanta sabiduría, ¿por qué no dejar que continuara gobernando el país?.
El país continuó en calma, aunque sus habitantes se comportaban de modo muy diferente a como lo hacían sus vecinos. Y el rey pudo gobernar hasta el final de sus días.“
-¿Sabe qué existe allá afuera, del otro lado de las paredes del manicomio?
-Gente que bebió del mismo pozo.
-Exactamente. Creen que son normales, porque todos hacen lo mismo. Yo fingiré que también he bebido de esa agua.
—  Veronika decide morir.