Ella está ahí, sentada, ¿la ves? Con el paso del tiempo cambió mucho. No solo ella, si no la gente, y ella todavía no entiende que fue lo que hizo mal. Pero aprendió de a poco, a estar sola. A no escuchar nunca un ¿cómo estás?, a no recibir muchos abrazsos, a no escuchar muchos “te quiero”, sola fue adaptándose a no depender de nadie. Cada vez que se acuerda de viejos tiempos, se le llenan los ojos de lágrimas. Cada vez que necesita alguien en quien confiar, no encuentra a nadie. Se la pasa sentada en la computadora, o en su habitación mirando al vacío. Sola, llora sin que nadie le diga que todo va a estar bien. Que todo tiene solución y que siempre después de una tormenta, vuelve a salir el sol.
Porque una se cansa

Se cansa de las mentiras,
de tener que sonreír,
cuando te estás derrumbando por dentro
se cansa de querer y desear,
de que te rompan los sueños
se cansa de los amores,
de los días malditos que parecen repetirse
se cansa de que nada bueno pase,
de que lo que parecía ser felicidad, sea una tristeza camuflajeada de serpentinas.
Porque una se cansa.
Estoy demasiado cansada.

Tutte le parole che raccolgo,
e tutte le parole che scrivo,
debbon spiegare instancabili le ali,
e mai smetter di volare,
finché là giungan, ove triste, triste è il tuo cuore,
e per te cantino nella notte,
oltre il punto dove muovono le acque,
oscurate da tempesta o luccicanti di stelle.
—  W. B. Yeats, Dove vanno i miei libri da Fiabe irlandesi
Me alegraba de no estar enamorado, de no ser feliz con el mundo. Me gustaba estar en desacuerdo con todo. La gente enamorada a menudo se ponía cortante. Perdían su sentido de la perspectiva. Perdían su sentido del humor. Se ponían nerviosos, psicóticos, aburridos. Incluso se convertían en asesinos.
—  Charles Bukowski.