no hablo de alguien, de algo,
hablo de una noche a solas
frente al universo,
en el infinito,
a solas con el cosmos chispeante,
con preguntas fósiles,
con nosotros mismos,
con todo.
—  Fragmento de La noche, Isabel de los Ángeles Ruano
Falling in love with you sounded wrong in so many levels. Falling in love with your best friend was like falling in love with your brother. But time passed and I started feeling different. I felt less depressed, less invisible, I felt happiness, I felt alive. You changed something inside me, I don’t know why or how, but you did. Then, one day, we were having the time of our lives, we laughed our asses off and in that moment, I knew I was screwed. You occupied the major part of my thoughts, you were in my mind all day long, and I wanted you to feel that way about me too.
I loved you when you were happy, I loved you when you were sad or angry, I loved you no matter what your mood was. The words you said to me were like an ocean drowning me, and I was really in no need to go up and take some air. I loved spending time with you, it was special and priceless, we had something I never had with anyone before.
I was afraid of loving someone this much, I was afraid of getting hurt and finding out you did not feel the same way I did, I was scared by the idea of love. But then, you gave me a whole different definition about that word.
I swore I would never fall in love with you, but eventually, you ruined my plans.
And I’m glad you did.
The day we kissed for the very first time, you made me feel things I cannot really explain. I felt something beyond happiness.
That day, I went to sleep with a smile on my face knowing that the boy I was in love with, love me too, and oh god, how good it felt to be loved.
—  v.s Letter to my significant other
Hay un gran ensayo escrito por Sigmund Freud, al que llamó “La transitoriedad”. Y en el, cita una conversación  que tuvo con el poeta Rilke mientras caminaba a lo largo de un hermoso jardín. Y en un momento, Rilke veía como si estuviera a punto de llorar y Freud le dijo: ¿Qué pasa?  Es un hermoso día, hay hermosas plantas a nuestro alrededor esto es magnifico. Y luego Rilke dijo: No puedo superar el hecho de que un día todo esto se va a morir. Todos estos árboles, todas estas plantas, toda esta vida va a decaer.
Todo se disuelve en el sinsentido cuando se piensa en el hecho de que la impermanencia es una cosa real. Tal vez el mayor “fastidio” existencial de todos es la entropía. Y yo estaba muy sorprendido por esto, porque tal vez eso es el porqué cuando estamos enamorados, también somos un poco tristes. Hay una tristeza en el éxtasis. Las cosas bellas a veces nos pueden poner un poco tristes. Es porque hacen alusión a la excepción, una visión de algo más, la visión de una puerta oculta, un agujero de conejo temporal en el cual caer. Y creo que en la ultima instancia, esa es la tragedia. Es por eso que el amor nos llena a la vez de melancolía. Es por eso que a veces siento nostalgia por algo  que no he perdido todavía, porque veo su fugacidad. Y así, ¿cómo se puede responder a esto? ¿Amamos más fuerte? ¿Nos abrazamos con más ganas? ¿o nos apegamos al credo budista del no apego? ¿Pretendemos que no nos importa nada y todo lo que conocemos nos va a ser quitado? Y yo no sé si pudiera aceptar eso.
Me identifico mas con la cita de Dylan Thomas que dice: “No voy a entrar tranquilamente en esa buena noche, en su lugar voy a tener rabia contra la muerte de la luz”. Creo que desafiamos la entropía y la impermanencia con nuestras películas y nuestros poemas. Creo que nos aferramos el uno al otro un poco mas fuerte y decimos: no te voy a dejar ir, no acepto la naturaleza efímera de este momento, la voy a extender para siempre, o al menos lo voy a intentar…