plaza de los toros

Lo que me pareció más triste de todo, fue que mientras habían personas caminando hacia la entrada de la plaza de toros, y todos nosotros -los protestantes antitoreo- gritábamos algo como "allí están, esos son, los que matan por diversión" habían personas que en vez de ofenderse, de agachar la cabeza, de sentir pena, dolor, culpa, miseria, asco, o cualquier otra cosa, los desgraciados sentían orgullo, y bailaban, saltaban, y movían sus brazos porque se sentían orgullosos de hacer correr la sangre de un animal inocente e indefenso.

-El diario de Alejandro.