piltrafa

Ahora. Amor, amor.

Amor no significa amar a una mujer, amar a un hombre; amor también es a la poesía, a la literatura, a la música. Amor es aquello que no venderías por dinero. Aquello que no puedes dejar de hacer.

Hace falta gente enamorada.

Ama el cine, ama el cielo, las mariposas y las malditas flores, ama a tu puta madre pero ama algo.

¿Amar a un hombre o a una mujer? La amo por su cabello, lo amo por sus ojos, la amo por sus senos, lo amo por su dinero. Sucio remedo, piltrafa subhumana, basura, residuo cultural. No ames lo que se ve. No seas común, corriente, no seas tan pendejo para amar un pedazo de cuero; como si hablar de amor estuviera en la misma línea de pensamiento que comprar una bolsa de papas, un chocolate, de rentar un cuarto de motel.

Ama lo que está debajo del cuero, tejido entre los ojos, anudado al cerebro, soldado en el corazón, entre las tripas; aquello que no sudas, que no envejece, que no muere. Ama lo que va debajo de las uñas. No seas un infante, no seas un sucio ogro que se revuelca en su amor de consumo y desecho.

Hace falta amor; del amor que te llevara al infierno si ahí pudieras hacer lo que amas, del que te haría pelear con dios a mordidas, del que te haría vender a tu madre y a tu padre.

No ames como político comerciante que todo intercambia, que platican su amor a las masas, que lo comenta en las mesas. No ames como tu tía que platica sus desamores en estarbucs; quitando valor a cada palabra, multiplicándola hasta el infinito. No ames como los conciertos de justin biber que replica ideas en la cabeza de adolescentes estúpidas.

Lo que amas es privado, es secreto y se comparte con la gente que amas. No regales tu secreto, no lo repartas y le arranques el corazón comentándolo a tu estúpido amigo que se ríe con vídeos de Internet. No lo regales platicando con extraños. No lo comentes en el consultorio del psicólogo mediocre. Eso que amas es tuyo, es un tesoro; guárdalo.

Si intentas intercambiar lo que amas por dinero y si intentas vivir de lo que amas es prostituir a tu madre; no lo amas y se acabó.

No caigas en la trampa del dinero, del político, del templado que dice: “subjetivo. A veces si, a veces no”. Si lo amas no podrás dejar de pensar en ello, no podrás considerar dejar de hacerlo un segundo.

Encuentra algo que amar, eso es lo difícil; lleva años, milenios, varias vidas, varias almas, asesinatos, lleva a la muerte, sangre, dolor, sufrimiento. Encontrar algo que amar no sucede, no es un trámite, no te enamoras de un buen postor, de un recurso. Amar es rascar en la locura.

No hagas caso al cuerdo que ama; al que tiene reglas, parámetros, estereotipos; mediocres sin alma, estúpidos.

Amar implica apostar la seguridad, dejar de comer, tener más miedo de perder lo que amas que morir atropellado por un tren o violado por un monstruo de mil metros.

El amor te hará el esclavo más libre.

Si no estás dispuesto, no seas aburrido y pesado; no seas un eunuco y vete a casa a comer; vete a dormir; vete de mí vista que estoy harto de la gente tibia, sin fuego; que todo le viene igual; que se quiere suicidar, planos; que se preocupan por el grano, por la camisa, por el culo duro, por la barriga enorme, por el pene grande, el coche nuevo. Porque cuando ames te quedaras solo, no habrá nadie que pueda hacer lo que haces, no habrá nadie que pueda llegar tan lejos y no habrá nadie porque estarás loco y dispuesto a morir. Tu familia quedará muy atrás, tus hijos te odiaran, tu esposa se irá con otro, estarás solo; tú y lo que amas.

Si tienes fortuna, tu amor caerá en una persona; ambos caminaran a la muerte; si no, iras con un libro, con una pintura; iras con un hijo, una creación; y solo así tendrás, en la muerte, el mismo lugar que Dios.

Por José De la Serna