ph: alan clarke

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Penda’s Fen (Alan Clarke, 1974)

“The public have lost the imaginary strength they had. Their sight and will to see what’s really going on has been steadily weakened by the entertainment barons for gain or the Yes Men for cravenness.

We’re not people anymore with eyes to see, we’re blind gaping holes at the end of a production line stuffing with trash.

We’re not even citizens, we’re dog-serfs on some mad Great Wall of China project. Our task masters are no Hitler, Stalin or Mao, but our own management class.

Our pink fat faces even begin to look alike.

There’s one hope for man only: when the great concrete mega-city chokes the globe from pole to pole, it shall already have bedded in some hidden crack the sacred seed of its own disintegration and collapse. Disobedience, chaos: out of those alone can some new experiment in human living be born.”

youtube

Current mood: groooovyyyy!
Band: FUSION
Album: Till I Hear From You (1979)
Song: Big Brother
Bass – Kenn Elson
Drums – Alan Clarke
Guitar – Nick Kershaw
Keyboards – Reg Webb
Vocals – Nick Kershaw, Reg Webb

https://www.youtube.com/watch?v=fRd3Ro1L9zA

Nadie ha arriesgado lo que Alan Clarke. Nadie. Fue un señor que hizo para la tv británica una serie de películas sobre temas controvertidos y personajes al margen que hay que verse del tirón la caja que editó el British Film Institute sobre él (Dissent And Disruption, The Complete Alan Clarke) para pasar a considerarle el mejor director británico de la historia. Y encima sin ínfulas de estrella ni pisar a los guionistas ni mierdas de esas: Alan se limitaba a hacer su tarea de la forma que creía era la correcta y ya, a por otra película. Grandes logros suyos fueron To Encourage The Others (sobre la condena a muerte de Derek Bentley, caso famoso en el sistema judicial UK pero que Clarke sacó a colación 2 décadas después de darse al ver que caía en el olvido el asunto y con ello las reformas que debían haberse dado), Diane (sobre una chica preñada por su padre), Baal (una rupturista -en lo formal- adaptación de la obra de Brecht con David Bowie haciendo de moderno Marqués de Sade), Penda´s Fen (un locurón que mezcla ángeles, demonios y paganismo con las dudas de un adolescente sobre política y su propia orientación sexual) y la famosa por su prohibición y veto de la BBC Scum, que luego haría también en versión cine. Hasta cuando le salía regular la cosa terminaba molando, pues al musical de snooker y vampiros Billy The Kid And The Green Daize Vampire y a la imposible mezcla entre peli a lo Bicivoladores y drama social anti Tatcher Stars Of The Roller State Disco a arriesgadas es imposible superarlas. En sus memorias póstumas gentes tales que Tim Roth, Gary Oldman y Stephen Frears cuentan que a puntito estuvo en Estados Unidos de hacer una película escrita para él por Hubert Selby Jr., además de una anécdota maravillosa: Alan Clarke tiene el honor de haber sido vetado de por vida tanto de la cafetería de la BBC como de los ascensores del ente. Lo primero por saludar a base de placajes a los directivos aun sin conocerles de nada, y lo segundo por pasarse un día entero haciendo botellón en uno de los ascensores hasta que se terminó montando en él el director general. Hay que quererle.

No obstante es cuando descubre al operador de steadicam John Ward -mientras visita a su amigo Stephen Frears en un rodaje- cuando Alan Clarke aportará una herramienta fundamental al cine naturalista, cuando dejará al resto de cineastas uno de los más grandes y a la vez más sencillos hallazgos narrativos que se hayan conocido jamás. Alan cae en que esa libertad de cámara permite una nueva forma de contextualización de personajes en su entorno, empieza a concebir desde Made In Britain una serie de secuencias que se limitan a seguir trasera y lateralmente a los personajes. Algo hipnótico de ver y que permite arrojar mucha información sin necesidad de verbalizarla ni de usar otras técnicas ni de recurrir al montaje, que ya se sabe que conlleva un sesgo siempre. Ya en The Firm y Road pule la técnica incorporando soliloquios de los personajes dirigiéndose a cámara y largas tomas corales. Todas estas películas de nuevo protagonizadas por skin heads iracundos, part time hooligans y desarrapados alcohólicos a los que nunca, bajo ningún concepto, entrará a juzgar. Con Elephant y Christine alcanzará un ascetismo minimalista que sin tener nada que ver en la forma –en la vida usará un plano detalle Clarke y jamás haría un Plano Labordeta (si se permite traducir así el término original aplicado a la creación de Clarke, Walking Shot) Bresson de haber conocido la steadicam en vida- pero sí en la reducción a sus mínimos elementos el drama, el obviar todo artificio y toda fullasca accesoria e irrelevante. Elephant Harmony Korine se la recomendó a Gus Van Sant vendiéndosela como su película favorita y a Gus le quedó luego de verla la mejor película de instituto de la historia, su homónima a la de Clarke; también fue una peli que Bertrand Bonello alquiló un cine para que la viesen todos los actores de Nocturama para explicarles qué esperaba fuese la primera mitad de su peliculón. Y eso por no hablar de las tomas soplanucas de Clarke, que desde Cuerpo En El Bosque a Tarde Para La Ira es incontable el número de films que las implementan. Sin ellas los hermanos Dardenne no sabrían ni qué hacer.

Christine es una película que se dice va sobre la droga cuando no es así. Christine va sobre la adicción a la droga. En el cine, al menos en Hollywood, siempre se trata la temática de la droga moralizando sobre ella y demonizándola mientras de forma simultánea –quién sabe si voluntaria o involuntariamente- se la mitifica, se le confiere cierto halo que aproxima en realidad dicho cine a la publicidad sobre las sustancias mostradas. Alan quería huir de ese tratamiento, asi que obvió todo lo consustancial a la droga para centrarse exclusivamente en lo que vertebra y sostiene la adicción: la figura del adicto, adicta en este caso. Y alguien es adicto a algo cuando de forma reiterada reincide en ese algo. Aquí Vicky Murdock es esa adicta, y se la muestra en su día a día. Deambulando entre las casas y patios de un barrio residencial, siempre con su bolsita del Tesco cogida de la mano. Va a ver a varias de sus amistades, mantiene charlas intrascendentes con ellas sobre cualquier trivialidad, se inyecta heroína, trapichea jaco y vuelta a empezar. Una y otra vez. La estructura de Christine en sus actos es la de la repetición, un día no se diferencia de otro mientras siga obteniendo con la venta de heroína el suficiente dinero como para seguir financiando su propia adicción al opiáceo. Los planos a ella pegados la muestran andando casi más que por propia voluntad atraída por una suerte de fuerza tractora procedente de cada una de las casas. No existen ralentís al ritmo del Heroine de Lou Reed y cucharas al fuego mientras suena el Another Girl Another Planet de los Only Ones ni nada. No hay ninguna épica en su adicción. Pero Alan se cuida también muy mucho de demonizar o de intentar ser falaz sentando cátedra sobre el porqué de la adicción. En Christine nada permite elucubrar que sea la pobreza o el entorno o lo que fuere el motivo de que la muchacha una y otra vez se tronche la vena. Es más, se cuida tantísimo de no incurrir en semejante lacra que cualquiera que en base a lo que se le ve hacer a la actriz Vicky Murdock se desmarque con unos corolarios sobre el porqué de la drogadicción estará al nivel de anormales como Amando De Miguel.    

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