pelotas de goma

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Introducción a Julia, el primer personaje de Sésamo con autismo

Introduction to Julia, the first character on Sesame Street with autism

Vocab:

el autismo– autism

autista– autistic 

tímido(a)– shy (2:25 “¡Oh, así que es tímida! Ah, entiendo, a veces yo estoy tímido.” “Bueno, pero con Julia, no es solo eso. Veras, tiene autismo. Y le gusta que personas lo sepan.”) 

(Big Bird says, “Oh, so she’s shy! I understand, sometimes I can be shy!” “Good, but with Julia, it’s not just that. You see, she has autism. And she likes people to know that.”)

una pelota de goma– rubber ball

aletear– to flap one’s wings (4:07 “¿Cómo cuando aletea?” “Sí, cuando se emociona suele hacer eso.”) 

(“Oh, like when she flaps her arms?” “Yes, when she gets excited she tends to do that.”)

sensible– sensitive (5:47 “Sus oídos son muy sensibles.”) (“Her ears are very sensitive.”)

calmado(a)– calm

respirar profundamente– breathe deeply

muy gentil de tu parte– very kind of you

lanzó al aire la pequeña pelota de goma, y luego volvió a atraparla. el canino, un cachorro beagle de un año, observaba el objeto con ansiedad y se movía en su lugar. “¡corre, simba, corre!” exclamó la joven en el momento en que lanzó la pelota a lo lejos, cosa que provocó que el cachorro avanzara rápidamente en busca de ella. los ocelos esmeralda de persephone siguieron el recorrido de la pelota de goma, la cual aterrizó en el cuerpo de un transeúnte; situación que provocó que una carcajada escapara de sus labios. avanzó hasta la persona afectada, simba aún intentando hacerse con el juguete. “¿lo siento? no te vi pasando…” se disculpó, presionando sus carmesís entre sí para evitar reír.

Caras Opuestas: Capitulo 19 - Plan Fallido

-Creo que deberíamos comenzar con Ed. Él es el que se supone que está cuidando a Frank- le dije al grupo.
Frank suspiró y se pasó una mano por el pelo.
-Solía ​​ser amable conmigo, pero no sé lo que pasó. ¿Hice algo mal?- preguntó Frank, mirándome como si estuviera a punto de estallar en lágrimas.
Envolví un brazo alrededor de sus hombros.
-No, no. Son ellos, no tú- le dije.
Frank asintió y sorbió la nariz. Se apoyó en mí y cerró los ojos.
-Entonces, ¿cuál es el plan?- Preguntó Rubius, apretando su pelota de goma.
-Frank ¿Te acuerdas de algo que le gustara a Ed?- le pregunté, inclinando la cabeza para mirarlo.
-Él… Él tiene un mazo de tarjetas de béisbol que realmente le gusta. Algunas están autografiados. Me dijo que me las mostraría, pero cuando le pregunto ahora, dice…- Frank dejó de hablar a medida que bajaba la cabeza.
-¿Dice lo que?- presioné.
-Que no soy lo suficientemente digno o algo así- murmuró.
Está bien, vamos. Encontraremos su oficina y encontramos sus malditas tarjetas- gruñí y caminé hacia la puerta, oyendo el grupo tras de mí. Me dirigí a la parte del pasillo débilmente iluminado, manteniendo mis ojos y los oídos bien abiertos para detectar cualquier signo de los trabajadores o los guardias.
-Ales.
-¿Qué?
Cheeto apuntaba hacia arriba a un aparato en rojo en la esquina del pasillo.
Una cámara de seguridad .
-¡Mierda!- gruñí, sacudiendo la cabeza. Se arruinó.
-Espera, si puedo encontrar la oficina donde se guardan los vídeos, quizás pueda hacer que los vídeos no se graben- susurró Rubius de un poco más lejos.

Cada vez apretaba más esa pelota de goma. No pude evitar guiar mi mirada a ella.
-Ansiedad- murmuró Vegetta, se había percatado de que estaba mirando su mano.
-¿Qué?- pregunté.
-Ansiedad, ese es su problema- explicó -Tiene una dependencia a los aparatos eléctricos. Pero ahora la sustituyó con pasar tiempo con esa pelota de goma, y hablar con su amigo Mangel.
-¿Y por qué esa ansiedad?- pregunté curioso.
-Bullying. Cuando iba a la secundaria, era totalmente maltratado entonces- Vaya, no me esperaba eso.

-Bueno, cuando nos encontremos con la oficina de Ed, llévate a Mangel y encuentren la oficina- le dije a Rubius y luego continuamos por el pasillo. Una cierta emoción corría por mis venas, haciendo que mis dedos temblaran y mi corazón se aceleraba, pero me encantaba.
Me dirigí a las escaleras y luego me nos detuvimos en medio del pasillo.

Miré hacia atrás y vi a Mangel apegado a la pared respirando agitadamente. Rubius le tomó la mano y le susurró unas palabras de cerca.
-Ataques de pánico- me dijo Vegetta contestando a mi mente de nuevo.
-¿Por qué?- le pregunté esperando que el tuviera las respuestas de todo.
-A los espacios abiertos, al no poder asistido. En otras palabras al miedo- me dijo mirando a Mangel con algo de lastima.
-¿Qué le pasó?- volví a preguntar. Vegetta suspiró.
-Cuando pequeño, Mangel estuvo en medio del escándalo y tiroteo de un asalto a un banco, le dispararon a su madre frente a él. Desde entonces no puede ir a exteriores o hacer cosas sin estresarse.
Suspiré hondo, de verdad, las cosas están peor de lo que creía. Y yo pensaba que las cosas malas solo me ocurrían a mí.

-¿Estás bien, tío?- le pregunté, él asintió y caminó deslizándose por la pared. Caminamos hasta una sala. Empujé una serie de puertas dobles y miré por el pasillo, en busca de los rayos de luz que pertenecían a las linternas. Limpio.
-Vamos- susurré y seguimos por el pasillo.

-A mis seis- dijo Cheeto haciendo una seña en su espalda y continuó adelante.
-¿Por qué usa lenguaje militar?- pregunté mientras seguía caminando. Entiendo que esto es serio, pero no era para tanto. ¿No?
-Cheeto estaba en el ejército, pero cuando regresó se le diagnosticó un trastorno de estrés postraumático grave- contestó Vegetta en voz baja.
-¿Qué?- abrí los ojos.
-No querrás saber más- negó con mi cabeza la petición.
-Oh, mierda, Cheeto, si esto es demasiado para ti, puedes volver- dije, mirándolo.
No quería hacerle pasar por un episodio por una broma tonta.
Cheeto negó con la cabeza.
-No, tío, vamos estoy bien.
Asentí con la cabeza. Me dirigí por el pasillo y miré hacia la derecha para ver una puerta cerrada. Un letrero en la puerta de decía “Solo Personal autorizado”.
-Esta debe ser. La sala de seguridad.

Me giré para ver al grupo mientras Mangel y Rubius nos alcanzaban. Vaya, grupo, de verdad eras muy diferentes, pero unidos por lo mismo.
Frank está aquí porque algo malo y aterrador le ocurrió cuando era pequeño y estaba en la oscuridad, alguien le hizo algo en la penumbra.
Vegetta no puede permanecer solo, debe tener a alguien cerca de él, además no confía en si mismo, algún trauma de la infancia que jamás me ha contado.
Rubius sufrió de bullying en la secundaria, al parecer fue tanto el maltrato que recibió que se desarrolló un trastorno, y terminó aquí presionando una bola de goma.
Mangel… Pobre Mangel, miedo al miedo, no poder salir a exteriores, vaya eso si es serio. Ojalá su madre siguiera viva, de seguro que él tenía mucho afecto hacia ella.
Cheeto. Ni quiero imaginar las cosas vividas durante la guerra en la que estuvo.
Y yo… Bueno, gracias a mi padre estoy aquí.

Finalmente todos nos unimos por lo mismo. Por culpa de la sociedad, por culpa de como nos tratan, por el egoísmo de los demás, por todo eso es que estamos todos así.


Rubius entró con Mangel y desapareció en la oficina.
Miré a Cheeto a Frank y Vegetta.
-Vamos- susurré y seguí por el pasillo. Leí los nombres de las oficina y me detuve cuando leí Edward en un cartel. Abrí la puerta y me deslicé dentro. Su oficina estaba un poco desordenado como si hubiera pasado mucho tiempo jugando allí.
-Busca en los cajones y archivadores- dije a los demás. Me acerqué a su mesa y abrí los cajones sin hacer ruido, en busca de su colección.
-¡Lo encontré!
Me giré para ver a Cheeto retirar una caja de madera llena de cartas de un cajón. Le sonreí y vi una trituradora de papel a un lado.
-Tráelos- dije y conecté la máquina.
Cheeto se arrodilló cuando Vegetta cerró la puerta.
-Ven aquí, Frank- le dije.
Él se acercó y se arrodilló a mi lado.
Le entregué la primera tarjeta de la pila de autografiados.
-Puedes hacer los honores- le dije, al encender la máquina.
Frank la miró durante un segundo antes de tomarla cuidadosamente en sus manos. Tragó saliva y se colocó la tarjeta frente a la trituradora. Me miró.
Asentí con la cabeza, instándolo a continuar. Se merecía esto.
Frank asintió, entrecerrando los ojos con determinación. Metió la tarjeta hacia abajo, dejando que la máquina la rasgara en pedazos. Sacó más tarjetas y se las dio de comer a la máquina.
-Está bien, está bien, cálmate- le dije en voz baja, agarrando sus hombros.
Frank empujó la última carta con un grito de rabia. Se puso de pie y pateó la máquina, por lo que las tarjetas trituradas se desparramaron por el suelo.
-Mejor nos vamos- le dije a Vegetta. Me levanté y agarré firmemente Frank.
-Cálmate- le pedí y se retorció en mis manos.
-Vayan por Rubius y Mangel- les dije a los otros.
Asintieron y corrieron fuera de la habitación.
-¡Quiero ver su cara cuando vea lo que he hecho a sus cartas!- Frank gruñó, empujando la silla de Ed.
-¡Rob, ya basta!- gruñí y literalmente, lo arrastré fuera de la habitación.
-¿¡Alguien puede callar a ese tío!?- Rubius dijo cuando ya estaban cerca de nosotros.
-Eso trato- Puse mi mano en la boca de Frank.
Frank gritó debajo de mi mano y luego clavó sus dientes en mi piel.
Lo solté y lo lancé al suelo.
-¡Ostia puta! Maldito hijo de puta- Mi ira estaba llegando a mis venas.
-Cállense.

En unos segundos nos estábamos gritando los unos a los otros en medio del pasillo, mientras Mangel respiraba agitadamente. Los locos no podemos trabajar en grupo. Por poco y le apago las luces de la cara a Frank hasta que escuché una voz familiar.

-¿¡Quién anda ahí!?

Era Willy.